14 abr. 2019

Momentos de irrupción del populismo


Cuando el populismo es de izquierda existen unos linderos a veces difíciles de marcar o separar entre progresismo y populismo. El populismo trata al pueblo como un conglomerado o una masa y no como una población de ciudadanos. El populismo está indisolublemente ligado al mesianismo en cualquier forma, izquierda o derecha. Igualmente, en las dos formas el discurso del populismo es anti-elitista. Los populistas desde uno y otro lado acuden al nacionalismo o al soberanismo, no siempre, pero en el discurso de la derecha populista la xenofobia es exacerbada, todo lo pretenden explicar asignándole la culpa a los extranjeros. Por ejemplo, Donald Trump con su enfoque supremacista y nacionalista encuentra la razón de la problemática interna de los EEUU en los inmigrantes musulmanes, africanos, latinos, mexicanos (los quiere separar con un muro), macartiza a los centroamericanos y recientemente la ha emprendido contra los colombianos, por desubicación, al ser un iletrado confunde a Colombia con un país centroamericano.

“… por qué es un problema que el multimillonario Trump se haga pasar por la voz de los desposeídos: su función estratégica es evitar que los desposeídos se defiendan ellos mismos. En ese sentido Trump no se limita a ser incoherente: lo que aparenta ser incoherencia es el centro mismo de su proyecto. De esta incoherencia se hacen eco dos reacciones a la victoria de Trump que deberían ser ambas rechazadas por inaceptables y en última instancia autodestructivas. La primera es la fascinación arrogante ante la estupidez de los votantes ordinarios que no se dieron cuenta que estaban votando en contra de sus propios intereses y se creyeron la demagogia superficial de Trump; la segunda es la llamada a emprender una contraofensiva inmediata que extrañamente se hace eco de la posición antiintelectual del propio Trump. Judith Butler ha señalado con gran claridad que, tal como pasa con todas las ideologías populistas, Trump le está dando al pueblo “permiso para no pensar, permiso para no tener que pensar. Pensar equivale a pensar en un mundo global muy complejo y él lo está simplificando todo muchísimo” (Zizek, 2017).

 El investigador Omar Rincón, expresa, hemos sido populistas eternamente porque seguimos siendo política premoderna.  La cultura política es lo que debe enseñarse a los  jóvenes, una cultura que los emocione para que la practiquen y la promuevan. Debemos estudiar las culturas políticas, por ejemplo la colombiana es populista porque el clientelismo lleva décadas siendo practicado por el bipartidismo. El populismo existe porque no somos capaces de entenderlo. El populismo de Trump va a cambiar a Estados Unidos y va a hacer que pase algo porque evidencia que el sistema político no funcionaba. Los populismos, también, son necesarios. Aquí no los hemos estudiado porque creemos que le hace mal a la democracia, pero de pronto le hace mucho bien. A Colombia le faltó un populismo democrático que nos modernizara.

Eric Fassin, sociólogo y catedrático de ciencia política en la universidad de París-8 Vincennes- Saint-Denis, para identificar en un país el momento populista hace un esfuerzo teórico en su libro “Populismo de izquierdas y neoliberalismo”, expone que en realidad hay que ver la palabra “populismo “como un arma más que como un concepto. Dice que a partir del año 2016 cuando se produce el segundo dialogo entre Chantal Mouffe y Jean Luc Melenchon, candidato de la Francia insumisa que compitió con Macrom, se registra el giro de Melenchon, reconoció haber adherido al populismo de izquierda, venía siendo reacio por el encasillamiento de populismo con la derecha de los Le Pen. Afirma Eric Fassin, no se trata solamente de una “explosión”, o sea de un hecho empírico; este momento (populista) es también, para la filósofa (Mouffe) y para los políticos que en él se inspiran, una oportunidad que no hay que dejar escapar. Significa que este concepto está cambiando de signo: ya no es obligatoriamente negativo.

Casi se podría hablar de una inversión del estigma, tanto en el análisis filosófico como en el discurso político. El populismo ya no es exclusivamente una injuria, la etiqueta puede adoptar un carácter positivo. Ya no es necesariamente percibido como el revés demagógico de la Democracia; en adelante puede presentarse como una forma de renovación democrática, incluso dentro de la izquierda”. (Fassin, 2015)

 La gente no se siente representada y por ello acude a defender los intereses sectoriales de su entorno, trabajo y sobrevivencia. En estas circunstancias los sectores sociales sin ser parte de los aparatos de los partidos políticos, sin ser movimientos políticos, ni sociales (aunque sus miembros tuvieran alguna conexión), porque son sujetos políticos, se convierten en estas circunstancias en actores claves para los nuevos cambios político- administrativos. Quien sepa convocarlos para las elecciones regionales o locales puede ampliar su espectro de acción electoral sumándolos a la alianza conformada, o coalición lograda. En el caso de las religiones, desde la ideología espiritual que portan, son atraídos o usados por las iglesias que deciden formar un partido o un movimiento político.

Veamos como a partir de una ideología, la religión, existen múltiples sectores sociales que componen la feligresía. La religiosidad no produce o construye una clase social porque estos feligreses también provienen de diferentes clases sociales; pero de la articulación de esos sectores sociales y clases sociales bajo una iglesia, sobre todo las iglesias cristianas, resultan movimientos políticos liderados por pastores y aparecen partidos políticos, sus líderes/pastores llegan al Congreso y a los cuerpos colegiados, o cargos de elección popular. Desde la iglesia católica existe una relación con la política, no de militancia o afiliación partidista en directorios o sedes políticas, sino de identificación y apoyo con los gobiernos, sobre todo con los conservadores, en el caso colombiano, ligados al tríptico tradición, familia y propiedad, mezclan la teología y la política, y tienden a inclinarse por el acento teocrático en las decisiones de las políticas públicas. Se ha visto además que varios sacerdotes se retiran de sus congragaciones y emprenden campañas políticas en los pueblos donde han sido párrocos.

En momentos con esas características puede aflorar un populismo democrático, o un populismo progresista; Chantal Mouffe, citando a su esposo Laclau, expone que el populismo es una forma de construir lo político y que no está asociado a contenidos ideológicos específicos o a prácticas de grupos particulares. Se trata exclusivamente de un modo de articulación de demandas que pueden ser de diversa naturaleza. Es un modo de articulación que opera según una lógica equivalencial cuyo resultado es la creación, a través de una cadena de equivalencias entre una multiplicidad de demandas heterogéneas, de un pueblo. El profesor Errejón refiriéndose a las posiciones en el tablero expone que, se construyen discursivamente, por agrupaciones del tipo amigo/enemigo y se negocian permanentemente. Siendo así, el discurso populista es el que unifica posiciones y sectores sociales muy diversos en una dicotomización del campo político que opone a las élites tradicionales al pueblo, o nuevas ciudadanías, como construcción por la cual los sectores subalternos reclaman con éxito la representación de un interés general olvidado o traicionado. (Errejón y Mouffe, 2015).

 Veamos como en Colombia un militar que llegó al poder, el General Rojas Pinilla, invitado por las élites del bipartidismo para gobernar y controlar la violencia desatada desde finales de los años 40s, asumió el gobierno con un “golpe de estado atípico”, y resultó al final del mandato 1953-1957 practicando dosis de populismo que lo hicieron prestigioso; aplicó como católico sensible la doctrina social de la iglesia, se inspiró en Jesucristo y Simón Bolívar, los medios de comunicación lo inflaron como pacificador y luego lo homologaron como libertador, al final le imputaron actos de corrupción; luego fue procesado desde a Cámara de Representantes, querían como expresó Alberto Valencia Gutiérrez, en su investigación, La invención de la desmemoria, hacerle una especie de ritual orientado a cerrar definitivamente las posibilidades de regreso del militarismo y el populismo, como alternativas políticas en Colombia. El Tribunal Superior de Cundinamarca lo absolvió, el Senado avaló este fallo judicial, y Rojas Pinilla se recompuso en imagen, creciendo electoralmente. El Ex General fundó en su momento la ANAPO, una tercera fuerza política.

 Jorge Giraldo Ramírez, doctor en filosofía, apoyado en reflexiones de César Ayala, escribió que, “Durante los años sesenta se decantó lo que, siguiendo a Daniel Pecaut, podríamos llamar el tercer momento populista de la historia colombiana. Se acumularon los nombres, los mitos y los agravios. El discurso de la ANAPO se perfeccionó y se actualizó. De un lado, un programa amplio de nacionalizaciones en el sector primario de la economía, controles al capital extranjero, una noción vaga respecto al problema agrario centrada en la colonización y la infraestructura vial, educación y salud gratuitos, y una política de vivienda. Del otro, e Anapismo incluyó la narrativa tercermundista y, de contera, las consignas antiimperialistas y otras expresiones forjadas en el marxismo. Cuando el MRL empezó a resquebrajarse en 1964, la Anapo recibió a gran  parte del radicalismo liberal, los restos del gaitanismo y sacerdotes de la teología de la liberación, configurando un populismo polifónico” (Giraldo, 2018)

Por: Alberto Ramos Garbiras |  Con especialización en Derecho Constitucional de  la Universidad Libre Seccional Cali; Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre. 

Bibliografía:
 Errejón Iñigo y Mouffe Chantal.  Libro “Construir Pueblo”. Hegemonía y radicalización de la Democracia. Editorial ICARIA, Barcelona (España), primera edición mayo del 2015.
Fassin Eric. “Populismo de izquierdas y neoliberalismo”. Libro producido por editions Textuel de París (2017), y Herder Editorial, de Barcelona (2018), imprenta Reinbook, España, 2018.
Giraldo Ramírez Jorge. “Populistas a la colombiana”. Libro editado por  la colección DEBATE, del grupo editorial Penguin Random House; primera edición, Bogotá, mayo del año 2018.
Zizek Slavoj. “La tentación populista”. Ensayo dentro del libro “El gran retroceso”, un debate internacional sobre el reto urgente de reconducir el rumbo de la Democracia. Editorial Seix Barral, compilación de ensayos de  17 autores, edición original en alemán, primera edición para Colombia, Editorial Planeta, mayo de 2017.