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16 oct. 2020

Estatuas, verdad histórica y memoria social

  

Texto de  Alberto Ramos Garbiras

 Siguen los ataques a las estatuas, el 12 de octubre vimos el registro de imágenes en Quito contra Isabel la Católica, y en México contra Cristóbal Colón. Los monumentos suelen estar en los espacios públicos, en museos o instalados en salas de arte o sitios de memoria histórica. El tema de las estatuas tiene que ver con la verdad histórica, la memoria social, la inclusión y el reconocimiento. Bajo el entablado de la verdad histórica y la memoria histórica. Y la construcción de la sociedad nacional, procurando procesar los traumas de la Conquista y el colonialismo. Sirve además para la búsqueda de la sociedad nacional mestiza.

  Evaluar el uso del espacio público con los monumentos y estatuas. Se trata de repensar el espacio público como un lugar de memoria histórica y de verdad histórica. Hoy los negacionistas impiden la claridad sobre la raíz del conflicto colombiano, o distorsionan esa realidad. Así ha ocurrido en diferentes etapas. Podemos hacer la diferencia con los museos donde también se instalan estatuas de personajes de una u otra índole, no sólo héroes. El patrimonio histórico no es patrimonio de un sector o una casta, le pertenece a todo el pueblo, el patrimonio histórico no es rígido ni estático, y puede o debe interpretarse con nuevos enfoques para dilucidar el pasado de una nación. Puede resignificarse o interpretarse con nuevas miradas para que ese pasado no permanezca distorsionado por una versión absoluta o inamovible debido a los errores de otros intérpretes que, no tuvieron claridad o no estudiaron de contexto la época en la que el personaje estatuado se movió. Se puede entender por monumento uno de los lugares de memoria más importantes que habitan el espacio público de nuestras sociedades. El debate abierto con la estatua de Sebastián de Belalcázar nos permite comprender este asunto.

  La Columna de Eduardo Escobar, “Vindicación de Belalcázar”, publicada en el periódico El Tiempo, es un despropósito literario muy bien escrito, pero mal planteado. Reconoce que Sebastián de Belalcázar mataba, robaba y aniquilaba indígenas y peleaba con los españoles que le competían; pero que, como había confrontaciones entre nativos, él intervenía en una época donde la historia del mundo era la de las batallas y tenía que guerrear; y que como ningún pueblo se ha librado de la guerra, le tocó esa época. Eso es un exabrupto porque no todos mataban en la Edad Media, como no todos matamos hoy, y aún hay guerras en varios países y se cometen atropellos, pero no todos somos asesinos. Descalifica a los defensores de los indígenas por haber ocurrido esas matanzas hace más de 450 años, los llama cagalastimas o rumiadores de rencores. Los derechos humanos si bien es cierto que se declaran, configuran y se expanden en las constituciones a partir de 1789, antes desde el siglo XII, ya los teólogos, filósofos y juristas blandían y defendían los derechos naturales, siendo el más importante la vida.  Eduardo Escobar reivindica a Belalcázar argumentando que, “integró un movimiento de la humanización de la tierra, trajeron un alfabeto y proscribieron él canibalismo...”, frase equivocada porque no contribuyó a la humanización, fue un atrabiliario, Bartolomé de las Casas lo explica en su Brevísima narración sobre la destrucción de estos territorios, Belalcázar era analfabeta entonces no enseñó a nadie nada, lo mismo Francisco Pizarro y Diego de Almagro que desestructuraron a los Incas. En el Valle del Cauca había unas 23 comunidades indígenas y pocas en las montañas, practicaban el canibalismo, lo dice Pedro Cieza de León, cronista español que acompañó a Belalcázar. Pero las otras etnias eran pacíficas.

 Los monumentos son necesarios para recordar el pasado, para conmemorar los hechos históricos y fundacionales, para destacar a las personas que se la jugaron toda por los demás, para mantener la memoria viva, para prolongar la existencia de los que empujaron el proyecto de Estado, de los que liberaron el territorio, etc. Por esas razones el monumento no debe erigírsele a un sujeto que hizo daños o destruyó comunidades. El monumento permanece en el tiempo, supera y traspasa generaciones y será una correa de transmisión constante entre el pasado y el futuro.

  No se le puede imponer a las generaciones futuras una figura nefasta con distorsiones a la realidad, con malformaciones del pasado; personajes funestos que la historia descubrirá, desenmascara, o revelará su verdadero origen. Los métodos históricos de investigación permiten comprender con otras miradas, lecturas e interpretaciones lo que verdaderamente sucedió. Las placas explicativas permiten apuntar el perfil y los rasgos esenciales del personaje. Así el texto sea una síntesis o una sinopsis, allí se puede expresar el porqué de ese monumento. O también corregir con el paso del tiempo y resignificarlo.

 Un monumento no se le debe levantar a cualquier persona, o a un hecho u objeto, porque se llenaría el espacio público, o los museos con esculturas innecesarias que encierran estulticias. Debe encarnar o envolver un valor apreciable con el paso del tiempo. Si una estatua o efigie de bronce o cualquier material es impuesta como símbolo para honrar la memoria histórica de un pueblo y encierra un engaño de quienes ordenaron construirla, no se puede perpetuar el engaño a una nación o parte de ella porque están obligando a honrar al personaje equivocado, máxime cuando la verdad histórica queda comprobada al confrontar varios cronistas, y otras fuentes primarias. Sostener un engaño en la actualidad basado en un engaño del pasado, es un doble engaño.

 Los monumentos son tan importantes que, con el paso de los años, y si se quiere, de los siglos, son a veces con la arquitectura (otra bella arte), lo único que queda de una comunidad para recordarla. Sobre todo, cuando no existía la pintura, ni la fotografía, ni el cine. Pero, aunque aparecieron las formas digitales en 3D, las Tics; las estatuas siguen siendo una obra de arte importante para el espacio público, su ornato y complementan el paisaje. La función del monumento en el espacio público necesita repensarce, revalorarse. No creo que los avances audiovisuales ni las tecnologías de la comunicación puedan hacer desaparecer las estatuas, por la existencia de pantallas gigantes emplazadas en calles o avenidas; ni sustituidas por archivos, libros, que cada habitante tenga acceso para examinar en la intimidad de sus casas todo tipo de imágenes sobre el pasado en enciclopedias, CDs, blurays.

 Las estatuas seguirán siendo importantes en parques y plazas, pero hay que saber instalarlas, tener claro a quien se le dedican, a quien exaltan. Las generaciones de ciudadanos, las etnias, los grupos sociales, la diversidad cultural, reflexionan sobre ellas y encuentran si son innecesarias. Los monumentos sirven para que las comunidades o las naciones conserven la memoria de los héroes y personajes vitales; se pongan de acuerdo sobre sus referentes históricos y se les haga un homenaje permanente al plantarlos en el espacio público.

 Hay muchas clases de estatuas, están relacionadas con quien representan: Héroes, estadistas, políticos, músicos, artistas, deportistas, cantantes, etc. Hay estatuas que no generan pasiones desbordadas, odios o debates irascibles. Las estatuas relacionadas con el régimen político o con los orígenes de un Estado son las más propensas a ser atacadas por iracundos o iconoclastas para cambiarlas, reubicarlas, derribarlas o sustituirlas, cuando cambia el régimen político o se descubre la catadura de lo que hizo o fue el estatuado. Se trata de borrarlo del escenario público y que deje de ser la encarnación de la nación. Basta citar pocos casos: Sadam Hussein en Bagdad 2003, Cristóbal Colón en Varias ciudades 2020, Francisco Pizarro en Lima, Napoleón en París 1871 en la plaza de Vendóme, Nerón quitado por la dinastía Flavia, derruyendo el coloso que lo representaba y su opulenta Domus Aurea, estatuas de Lenin después de la caída del muro de Berlín, etc. Sucede más con los monumentos que ocupan el espacio público, no con los instalados en museos o recintos cerrados. Se colige: agreden la memoria colectiva impuesta y no representativa. Monumentos ubicados en sitios privilegiados de las ciudades, de manera inmerecida. Las otras estatuas no son atacadas. Todo depende de la ideología de los atacantes. En ocasiones equivocados. Otras, acertados.

 El monumento no es inalterable (en principio debería serlo), está sujeto a la relación con las comunidades futuras que, lo evalúan, reexaminan, buscando la identificación con él. Los nuevos métodos para estudiar la historia y comprenderla influyen en la conducta de las generaciones presentes y futuras: La verdad histórica y la memoria social determinan la calificación sobre el monumento, su permanencia, traslado o derribo. Los actos de iconoclastia hacia ciertos monumentos en varios países obligan a las autoridades a repensar sobre la permanencia o traslado de una estatua. “ Durante la segunda mitad del siglo XX, la misma función política del monumento ha venido siendo cuestionada, en parte por el surgimiento de una tendencia posmoderna en el arte, la arquitectura y el urbanismo; en parte por la irrupción del acontecimiento límite/traumático(genocidio, desaparición forzada, segregación, etc.) y la inadecuación del monumento tradicional para representarlo/rememorarlo” (Vargas, 2018).

 La escultura sigue siendo el arte más usado para las representaciones en espacios abiertos, pero los cambios y mutaciones que la sociedad presiona y requiere respecto a ciertos monumentos, sobre todo las estatuas políticas, se hace con mayor exigencia. Los homenajes también se hacen en las ciudades con la expansión vial y los nuevos barrios, exaltando a otros personajes relevantes bautizando las calles y avenidas con sus nombres, o hasta barrios en su memoria.

 Bibliografía:

 Escobar Eduardo. “Vindicación de Belalcázar”. Columna de prensa, periódico El Tiempo. Bogotá, septiembre 21 del año 2020.

 Vargas Álvarez Sebastián. “Después del bicentenario: Políticas de la conmemoración, temporalidad y nación”. Libro publicado por la Universidad del Rosario. Primera edición, Bogotá, abril de 2018.

 

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27 sept. 2020

El germen de los partidos desideologizados

 

Texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

En 1885, durante la segunda presidencia de Rafael Núñez dentro de la etapa del Olimpo Radical (1863-1886), casi 23 años de gobiernos liberales, ya el radicalismo estando en el poder, se consideraba que no estaba en el poder, era la derecha del liberalismo la que gobernaba. Rafael Núñez, presidente de origen radical había formado una disidencia llamada liberalismo independiente y coqueteaba con amplios sectores el partido conservador para organizar un nuevo partido que se llamó Partido Nacional. Desde antes de su primera presidencia (1880-1882), el período era de dos años solamente (norma de la Constitución de 1863) que, se incluyó para frenar los sucesivos gobiernos de Tomás Cipriano de Mosquera); a partir del gobierno de Julián Trujillo (1878-1880), Núñez como mentor de este gobernó en cuerpo ajeno.

 Ejerciendo la presidencia del Congreso, Rafael Núñez, se desprendió del liberalismo radical e influyó durante todo el mandato sobre el  presidente de la república, o de la Unión como se decía; un gobierno en medio de  presidentes federales, la mayoría, miembros del Olimpo Radical, en los estados de Cundinamarca, Magdalena, Tolima, Cauca, Bolívar, Antioquía; con la ventaja de tener el presidente nacional ,urdió el plan de desestabilizarlos promoviendo guerras locales o estaduales, o generar crisis institucionales, para tumbarlos y colocar presidentes federales de su entorno a fin de asegurar la elección en el período siguiente, todo apuntalado por Julián Trujillo, en contravía de la norma constitucional que requería neutralidad del presidente de la república, utilizaron la Guardia Nacional para este plan de guerras regionales: la guerra instrumentalizada para llegar al poder. Durante este gobierno Núñez fue el artífice de las políticas públicas y emprendió un calculado programa para socavar a los ejecutivos de los estados regionales, un plan maquiavélico para la toma del poder.

El Olimpo radical fue un período con muchas convulsiones sociales, 35 revueltas entre estados, durante la vigencia de la Constitución de 1863.Cada Estado federal tenía su propia Constitución regional, su código civil, penal y fiscal. Casi todas las rentas estaban asumidas por los estados federales, pocas de ellas eran arbitradas por el gobierno nacional o de la unión. Núñez llegó al poder apoyado por la mitad del partido Liberal (independientes) y por los conservadores aliados. Empezó a conformar el Partido Nacional, un primer Frente Nacional en la historia de Colombia. Logró obtener la mayoría en esa especie de colegio electoral que era la convocatoria a los 9 presidentes federales para que escogieran al presidente de la república. Después Rafael Núñez va a influir en los dos años siguientes como designado en los gobiernos de Zaldúa y Otálora (1882-84), preparando su reelección.

La división del radicalismo alentada por Rafael Núñez fue fraguada para accionar un proceso de desconstitucionalización de la Carta Magna de 1863 y la preconfección de lo que sería la carta magna para 1886. Núñez al decidir apartarse de los liberales radicales, se apartaba del modelo federal de gobierno para concebir el retorno del centralismo con énfasis en el presidencialismo, la concentración unipersonal del poder alargando el período a 6 años. Hasta 1991 se mantuvo el armazón institucional patentado en 1886, ni siquiera las 42 reformas constitucionales que se hicieron en 105 años debilitaron la carta política que el diseñó con Miguel Antonio Caro, y sus aliados los conservadores que, cogobernaron hasta la muerte de Núñez en 1894 (un Frente Nacional decimonónico), y siguieron los efectos hasta 1930 con los cambios que introdujo la reforma de Rafael Reyes en 1905.

Ya como presidente en 1885 Núñez concluyó su tarea de acabar con los liberales radicales; le declararon la guerra atacando primero al presidente federal de Santander y ante las arremetidas de Gaitán Obeso en la costa atlántica, Núñez decidió para fortalecer la Guardia nacional, formar un cuerpo armado que no estaba en las estructuras del ejército, delegó en Leonardo Canal, líder conservador, la formación de un cuerpo armado llamado Guardia  Urbana o ejército de la reserva, a través del  Decreto 26 de 1885, en la práctica un grupo paramilitar amorfo  de 3.765 conservadores para ir a la guerra contra los liberales. Su esposa, Soledad Román, ante la enfermedad transitoria de Núñez, coordinó la entrega de las armas (suplantación de funciones).

Indalecio Liévano Aguirre en la biografía sobre Núñez dice que antes de todo este accionar, él trató a de reformar al partido liberal desde adentro, pero no pudo por los dogmas que propalaba Manuel Murillo Toro, aspirando conducir la sociedad colombiana garantizando las libertades absolutas que había asimilado de la revolución francesa y de los socialistas europeos de la mitad del siglo XIX. Núñez lo hizo desde la prensa y la tribuna, con columnas de prensa daba a conocer la clase de sociedad que debería tener el país, esos escritos se condensaron en artículos de la constitución de 1886. Afirma Gonzalo España, “Núñez estaba formado en la filosofía de Spencer, el positivismo inglés, por lo tanto tenía la idea de que las sociedades son organismos que evolucionan mediante la acción de fuerzas contrapuestas y en permanente colisión, conduciendo de la homogeneidad a la heterogeneidad.

El federalismo fue derrotado en 1886 con el ascenso de la Regeneración (1886-1905), y opacado hasta hoy como modelo territorial pese a los reiterados intentos y proyectos para revivirlo. Allí comenzó el desperfilamiento de los dos partidos que nacieron en la mitad del siglo XIX, habiendo sido gestados durante los primeros gobierno de la Nueva Granada(Santander, Márquez, Alcántara, Obando, Mosquera),después de la etapa gubernamental Gran Colombia, donde embrionariamente se delinearon las ideas de los partidos porque había más interés en construir el Estado que los subsistemas. Cerca de esa mitad del siglo se fortalecieron las ideas liberales con la conversión Política de Mosquera, de Hilario López y de Obando. Y el conservatismo enervó la confrontación desde la dirección y presidencia de Mariano Ospina Rodríguez: liberales y conservadores tuvieron otros períodos de hegemonía unipartidista. Después de produjeron los efectos y coletazos de La Regeneración y sus seguidores tardíos en el poder (1905-1930); Siguió la Republica Liberal (1930-1946), sobrevino la tenaza conservadora de Laureano y Mariano (1946- 1953) como expresión del falangismo colombiano; el gobierno militar de transición pactado por el bipartidismo en la figura de Rojas Pinilla y el interregno de los quíntuples (1953-1957);luego pactaron otro Frente Nacional en 1958 hasta 1974, siguieron cogobernando en el Post-frente (1974-1991)  y que aún hoy gobiernan con otras alianzas multiformes, mutando desde adentro en los cuatro períodos (16 años) de los presidentes Uribe Vélez y de Santos Calderón. Un bipartidismo trasmutado pero supérstite relacionado con la dirección del Estado.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.

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14 sept. 2020

Estallido social


Texto de  Alberto Ramos Garbiras

Abuso policial, exceso del uso de la fuerza pública, la muerte del ingeniero-abogado Javier Ordoñez, se parece a la muerte de George Floyd en los EEUU, extralimitación de la fuerza para reducir o doblegar una persona que cometió una infracción, ni siquiera un delito; grabación en video, circulación en redes sociales, indignación popular, protestas, manifestaciones, reclamos y en medio de todo aparece el vandalismo. Un remolino sangriento hemos visto en los medios de comunicación en los días siguientes a la muerte por electrocución y golpes a un padre de familia. Podría pensarse que los poderes ejercidos por la policía para el control sanitario de la pandemia concentrados en las calles, durante las cuarentenas escalonadas desde marzo, los hizo empoderar y se desfasaron o se confunden de Estado, creen que se diluyó  la Democracia o en verdad se está disolviendo camino al autoritarismo.

Otra mirada es esta: las manifestaciones exaltadas de la población porque ven el caso de Javier Ordoñez como el espejo de lo que a cualquiera le puede ocurrir en un evento callejero, o sea el peligro extendido. Pero la crudeza del asunto lleva a  pensar que el cúmulo de carencias evidenciadas dentro del término de la pandemia, la no llegada del aporte solidario a los que ni figuran en el SISBEN, los obstáculos para obtener la Renta Básica, la recesión generalizada, el manejo equivocado de los bancos que asfixian a la población, el destino de los dineros para  la recuperación de Avianca y no de los microempresarios, el desempleo galopante, las masacres de jóvenes sin esclarecer, la paz obstruida, etc., hacen que la gente reaccione y ante un florero de Llorente como esta ejecución pública, los ánimos  de caldean y se presenta el estallido social.

En tres artículos de prensa publicados entre abril y mayo de este año, parcialmente aquí, en el Diario Occidente y en las revistas virtuales Caja de Herramientas y la Revista Sur, preví ese estallido social, ante las protestas que se venían dando por física hambre y ante el desespero por el encierro, expresando que: El coronavirus ha destapado todas las falencias del Estado y de la sociedad. En Colombia la incapacidad administrativa, la falta de políticas públicas de bienestar  social, la corrupción que desvió los recursos con los cuales habría podido desde hace décadas hacerse justicia social, la mezquindad de los gremios económicos, el neoliberalismo desbordado, la ausencia de planeación administrativa de los recursos, la no realización constitucional del Estado Social de Derecho, etc., todo se expresó y ante esta calamidad por el contagio de un virus galopante, el coronavirus, todo está aflorando para mostrar esa falencias.

Estas revueltas o brotes de explosión social produjeron disturbios y llegarán a actos de violencia sino se atiende a la población necesitada. Reclamación social con actores no ideologizados, movidos por la desesperación, la necesidad y el hambre. Sectores informales y semiformales respecto al trabajo y la libertad de oficios; miembros de la tercerización económica, desempleados, integrantes del precariado; personas que no tienen ahorros, empleo ni ingresos; o desempeñan oficios sin estabilidad que ante las restricciones no los pueden ejercer durante el tiempo de la cuarentena. Estas revueltas son diferentes a las protestas sociales antes de aparecer el coronavirus. Esas protestas sociales motivadas por otras inequidades, el paquetazo de la reforma tributaria, el pretendido desmonte de COLPENSIONES, la justicia sin eficacia, surgidas desde la base popular.

Dije que no eran revueltas de inspiración ideológica o movidos por “agitadores especializados”, o grupos políticos que quieran desestabilizar al gobierno nacional ni a los gobiernos locales; no se trata de vándalos prepago, ni enemigos agazapados de los gobiernos en cada ciudad, o terroristas camuflados. Son personas del ámbito de la economía terciaria, miembros del precariado, excluidos, marginados, sin techo, desempleados, que llegaron a la situación límite: el encierro sin comida, ni ingresos.

Son víctimas como todos lo somos de una pandemia transportadora de un virus como enemigo invisible, raudo y letal. Y la cuarentena fue una medida sanitaria necesaria. Pero ellos no tenían reservas, ni un plan B. A los revoltosos sociales no se les puede endilgar delitos por el hecho de reclamar (distinto a quienes sean individualizados por hechos concretos); el tratamiento no puede ser criminalizarlos, hay que resolver de inmediato el tema de la alimentación, no con discursos ni oriflamas: con abastecimiento: la Renta  Básica se hace más necesaria.

Las revueltas sociales seguirán porque no hubo previsión para subsidiar a esta población en épocas de “normalidad”, y menos previsión para atender una pandemia inesperada e inédita con amenazas a la salubridad nacional. Pueden surgir disturbios, reyertas, resquebrajamiento del tejido social. La entrega de mercados y ayudas, sin censos, sin logística adecuada, sólo con la base de datos del SISBEN,  se salió de las manos a muchos municipios, reapareciendo los disturbios, revueltas y reclamos airados. El problema para los protestantes y para las autoridades que controlan el orden público es el de la  filtración de vándalos en las protestas que, no tienen conciencia del daño que hacen a los ciudadanos airados por la situación de orden público y la crisis económica.

Pero si hubiese existido un desarrollo legislativo para hacer realidad es Estado Social de Derecho, es decir hacer efectivos los derechos sociales, culturales y económicos de la población (artículos 42 hasta el 77 de la Constitución), con auténticas políticas de bienestar y prosperidad social en estos 28 años de vigencia de la Constitución de 1991, no estaría pasando esta emergencia que puede ser más caótica. Las políticas de bienestar de estos seis gobiernos neoliberales no han sido integrales ni sistemáticas, sino saltuarias y a medio camino. Y los programas de bienestar hasta ahora adelantados se han ejecutados torticeramente para instrumentalizar a los marginados, políticamente. Con censos y asistencialismo miserabilista para volverlos sujetos políticos de campañas electorales, atraídos con auxilios diseminados para captar sectores sociales y volverlos adherentes de una forma de gobierno que no los reivindica socialmente.

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26 ago. 2020

Presidentes imputados y procesados


Un texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

Para comprender lo que puede suceder en el escenario político de un país, ante una medida judicial tomada sobre la conducta de cualquier mandatario conocido a nivel nacional, e influyente en un país por su trayectoria, recorrido o ejecutorias, haya sido o fuere presidente, o primer ministro, se puede abordar el análisis desde la ciencia política utilizando uno o varios métodos de investigación. En este caso ante la decisión de la Corte Suprema de Justicia que profirió una medida cautelar de detención domiciliaria en el caso del expresidente Álvaro Uribe Vélez, voy a basarme en el método comparativo tomando varios casos ocurridos en Colombia.

Miraremos repercusiones políticas frente a una medida judicial o una decisión tomada dentro de un juicio político o impeachment, por la diferencia del procedimiento de investigación (dentro de la Rama Judicial o en el cuerpo legislativo-Congreso); de todas maneras se traduce en una defenestración, terminación del mandato o modificación del gobierno, si está en ejercicio del poder; o en efectos en el campo de lo político si se trata de un exjefe de Estado con enorme influencia dentro de la sociedad que pueda repercutir en la reconfiguración de las fuerzas políticas, por los efectos que tiene frente a la sociedad, los partidos políticos y las fuerzas sociales.

El estudio de los fenómenos de la vida política, inclusive, desde antes de aparecer la ciencia política a finales del siglo XIX, ya la doctrina política miraba y se apoyaba en los trabajos de Aristóteles en su obra La Política, que contiene análisis comparativos de diferentes constituciones y regímenes políticos de su época. Aproximaciones comparativas se encuentran también en las obras de los principales antecesores y precursores de las ciencias sociales como Maquiavelo, Tocqueville y Karl Marx. Y los politólogos modernos no han abandonado este método comparativo.

 En Colombia varios presidentes han sido enjuiciados. Los casos más conocidos fueron los de Antonio Nariño, Presidente de Cundinamarca en 1811 (hoy Colombia) y vicepresidente de la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), el expresidente José María Obando (dos veces procesado), Tomás Cipriano de Mosquera (presidente 4 veces), el expresidente José María Melo, y los expresidentes Rojas Pinilla y Ernesto Samper. Las acusaciones contra Antonio  Nariño son las más inicuas e injustas de la historia colombiana : Por traducir los Derechos del Hombre y el ciudadano, la primera vez, y, por malversación de la tesorería de diezmos, por  traidor a la Patria, sin haberla traicionado y sin haber nacido la patria, dizque por haberse entregado voluntariamente en Pasto al enemigo, cuando era General en Jefe la Expedición del Sur el año de 1814; y por no tener el tiempo suficiente de residencia en Colombia para ejercer un cargo, y había estado ausente por fuerza mayor, la segunda vez.

José María Obando, fue procesado la primera vez en 1839 al ser imputado como autor intelectual del asesinato del héroe Antonio José de Sucre, sindicado por José Erazo, quien hospedó a Sucre la noche antes de morir. Obando dijo se presentaría al juzgado, pero decidió convocar a la guerra contra el Presidente Ignacio De Márquez, desarrollándose la guerra civil de los Supremos entre finales de 1839 y 1841 que había empezado como guerra de los conventos, fue vencido y huyó hacia el Perú. La repercusión política de esta guerra prolongada para evitar un proceso judicial fue la consolidación de los líderes bolivarianos que sucedieron a Márquez en el poder (Alcántara1841/1845y Mosquera 1845/1849), y la extinción política de los santanderistas.

 Tomas Cipriano de Mosquera, militar caucano fue imputado ante el senado en 1867 durante su cuarta presidencia para frenarle la reforma agraria que adelantaba; el cuartelazo y el juicio se originaron para continuar con la titulación de baldíos a los criollos y terratenientes, igual que para reversar las expropiaciones de los bienes de manos muertas, quitados a la iglesia. A José María Melo, presidente en 1854, le hicieron un juicio y lo desterraron del país por sublevación al protagonizar un golpe de estado animado popularmente por los artesanos que pedía proteccionismo a sus productos, Melo no pretendía la presidencia, los artesanos de la ofrecieron a Obando para que diera un autogolpe y ese enfrentara a los librecambistas (burguesía comercial en desarrollo), no aceptó entonces Melo los protegió. La repercusión política fue la coalición de expresidentes contra él organizando un ejército (Alcántara Herrán, José Hilario López y Mosquera), se sumaron además, caudillos agrarios regionales contra Melo. La repercusión fue: El ciclo de presidentes liberales reformistas se interrumpió lo cual aprovechó el partido conservador que retornó al poder con: Manuel María Mallarino y luego, Mariano Ospina Rodríguez, después del breve interregno de José de Obaldía. A Obando, ya como expresidente en 1855 se le vuelve a juzgar, pero políticamente por no haber frenado el golpe de Estado que dio Melo, y se le sanciona.

Al general Gustavo Rojas Pinilla (presidente 1953 a 1957), el Congreso lo declaró indigno por abuso de autoridad y concusión en 1959. Se le hizo un juicio por abuso de poder, por haber ordenado a través de la aduana la importación, sin aranceles, de 180 reses, ganado que debía pagar su ingreso o gravamen, las reses fueron decomisadas y puestas en remate. Después fue exculpado. La repercusión política fue el crecimiento de la imagen de Rojas Pinilla que le permitió fundar un movimiento político la ANAPO en los años 60s, lo cual le permitió ganar las elecciones en abril de 1970, resultado que fue trucado en la Registraduría en un fraude no comprobado, que además originó la reacción de seguidores de izquierda dentro de la ANAPO, fundando el M-19.

Otro caso de juzgamiento fue el de Ernesto Samper (1994/1998), por la financiación ilegal de su campaña con dineros del narcotráfico ante la laxitud del candidato con la conducta de gerente Fernando Botero y del tesorero, Santiago Medina. La imputación se hizo ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara, pasó a plenaria de la Cámara, pero no hubo juicio ante e el Senado, y por ende no pasó a la Corte Suprema de Justicia. Repercusión: El desprestigio de Samper fue de grandes proporciones y ocasionó el desplome del partido Liberal. Este partido llevaba cuatro periodos casi sucesivos en el poder (excepto el interregno del gobierno de Belisario Betancourt), con: López Michelsen, Turbay Ayala, Virgilio Barco y César Gaviria. No supieron hacer gobiernos de partido teniendo la posibilidad, compartieron el poder con el conservatismo y se desideologizaron.

Ante la situación que afronta el Senador Uribe Vélez, una repercusión política es la mayor polarización del país entre defensores y detractores porque se trata de una figura que lleva casi 20 años influyendo en la política colombiana como presidente dos veces, como expresidente, como jefe de un partido, como senador y gobernador en la década de los años 90s. Hoy con la polémica desatada por la medida de la CSJ se afectaría más la paz por la tensión entre los tipos de justicia que hay en Colombia (la ordinaria y la de especial JEP); ninguna opera cabalmente, ni las anteriores como la de excepción, la de los estados de excepción durante el siglo XX, ni el Derecho Internacional Humanitario DIH. En Colombia, además por la sumatoria de cuestionamientos a los gobiernos desde 1970, con más énfasis, hay una erosión de las tres ramas del poder público, una deslegitimación crónica conformándose un descrédito del Congreso, de la Justicia y de la Presidencia.

NOTA. Este artículo entregado al BLOG elciudadanoenlared.com.co no se reproduce totalmente por razones de espacio, hace parte de un trabajo más largo titulado, “Decisiones judiciales y repercusiones políticas”.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.

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8 ago. 2020

Sebastián de Belalcázar: Oro, tierras y genocidios


Segunda parte
Texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

La llamada conquista de América se convirtió en una invasión porque el encuentro de poblaciones entre los dos continentes, Europa y América, no se tradujo en intercambio de culturas, aprendizaje botánico, conocimiento de lenguas, gastronomía, turismo o estudios étnicos, no, se tradujo en vasallaje, exacción, saqueo, pillaje y dominación por las tierras y el oro. Los españoles llegaron en 1492, en pocos años despegó el Renacimiento en Europa. Los españoles llegaron en medio de los pequeños reinos medievales, iniciaron la conquista de las Antillas expoliando a los tahinos de la hoy República Dominicana; luego arrasaron en las islas de Cuba, Jamaica, Puerto Rico y sus alrededores con otras comunidades de indígenas sin freno o regulación; hasta que ascendió al trono el Monarca Absoluto Carlos V.

Este Rey no detuvo las masacres, solo intervino tardíamente impulsándolas leyes de Burgos después que los curas doctrineros de la orden de los Dominicos, con Montesinos a la cabeza y luego con Bartolomé de las Casas, promovieron las quejas y los debates en la Universidad de Salamanca. Fue tanta la crueldad y las crueldades que incitaron a la expedición de esas leyes admonitorias, más que sancionatorias, para sofrenar el exterminio; debates donde participaron también Francisco de Vitoria, Melchor Cano y Domingo de Soto. Empezaba el Renacimiento (1515), pero los que a estas tierras llegaron permanecían en el oscurantismo, porque no vinieron siendo letrados (con excepciones), la mayoría eran analfabetas, para citar solo dos casos de famosas figuras: Francisco Pizarro y Sebastián de Belalcázar. Quienes por su ignorancia desconocían las publicaciones que ya circulaban por la imprenta en funcionamiento, o el estudio de las Bellas Artes. Ni se enteraron de la proclama o protesta de Martín Lutero en 1517, que solicitaba renovar las prácticas de la iglesia.

Inmenso número de españoles continuaron realizando viajes a ultramar después de la tercera navegación de Cristóbal Colón(1498), decían venir a evangelizar (traían curas doctrineros) para extender el cristianismo, en medio de estos viajes, a los pocos años, se conforma la Monarquía Universal Católica con la posesión de Carlos V en 1516, pero la mentalidad de esos aventureros españoles seguía enfrascada en el fanatismo de las cruzadas, y en las aventuras de los libros de caballerías como la del autor Garci Rodríguez de Montalvo, o las producidas antes y después de la  titulada  Amadís de Gaula. Además, los españoles fueron invadidos por los moros desde el siglo VIII y solo en enero de 1492 lograron expulsarlos después de la toma de Granada. Esta invasión de 7 siglos los había fanatizado y radicalizado más en el aspecto religioso, con énfasis desde la regencia de los reyes católicos de Castilla y Aragón, y luego el ascenso del Carlos I en España y V en otros territorios.

“Así como los mahometanos creían que quienes cayesen en una guerra santa contra los perros cristianos irían en el acto al cielo, así también los cristianos ibéricos estaban convencidos de que Dios favorecería en especial a quienes lucharan por el evangelio de Cristo. El impulso de la Fe y el engrandecimiento de Portugal o España significaban a menudo una y la misma cosa. Eso se daba por entendido; ni siquiera Dios ejecutaba milagros en el vacío. Por lo tanto, el Papa en Roma, ofrecía indulgencias plenarias a quienes perdiesen la vida en peligrosos viajes a África, la India o el Nuevo Mundo, donde los soldados de la Cruz tenían aún que entablar muchas batallas y salvar muchas almas (…) De tal manera, la religión se convirtió en una motivación profundamente sentida, para los protestantes tanto como para los católicos, en su impulso de expansión más allá de los mares” (Wrigth, 1972)

La mayoría de los españoles que arribaron a América y los que penetraron a la tierra firme (Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela), para mencionar solo Centro América y el norte de Suramérica; asesinaron indígenas sin piedad, siendo católicos no practicaron los mandamientos ni la caridad cristiana, con el pretexto de que eran barbaros ateos. Sebastián de Belalcázar practicó el ataque con muertes masivas o genocidios en Panamá, Nicaragua, Honduras, Perú y Ecuador, antes de llegar al Valle del Cauca cuando tenía 56 años. Fue segundo al mando de militares asesinos como Pedrarias Dávila, Hernández Córdoba y Francisco Pizarro, o sea tenía de aprendizaje la escuela más cruel de arrasamiento. Entre Panamá y Nicaragua, en diez años (1514 / 1524) asesinaron a más de 800.000 personas, con las instrucciones de Pedrarias Dávila y Hernández Córdoba quienes fungían de Gobernadores y Belalcázar de Capitán. Hicieron exacciones de más de un millón de Castellanos, dinero de la época, y reportaron al Rey en mercedes o pagos solo 3.000 castellanos, o sea defraudación al fisco Real.

Los españoles al llegar a América trasplantaron el feudalismo, modo de producción con el que convivían, pero como no trajeron campesinos a trabajar, ni labradores, peones, siervos de la gleba para cultivar la tierra, o sea, no trajeron agricultores para cultivar y cosechar; si venían campesinos como el mismo Belalcázar y miles más, pero llegaban con el proyecto ambicioso de apoderarse de la tierra a nombre del Rey, y a convertirse en encomenderos, por esta razón a los indígenas que sobrevivieron a los genocidios (excepto los que se pudieron escapar), los obligaron a trabajar la tierra, dedicarse a la búsqueda del oro y los obligaron a ser cargueros de todo lo que necesitaban transportar: La esclavitud indígena. Con el pretexto de convertirlos a la religión católica, sacarlos de la impiedad, o aniquilarlos para la salvación eterna sino se sometían al trabajo agrícola.

Belalcázar venía del Ecuador, eliminando indígenas, almacenando oro, perlas y joyas; quemaban las aldeas con casas de techo de paja, a los sobrevivientes los herraban para tomarlos como esclavos; la metodología la explicó Fray Bartolomé de Las Casas y la sinteticé en mi anterior columna titulada “Estatuas y falsos héroes”, publicada en la Revista Sur. Antes de llegar al Valle venia de invadir la zona de Timbío y sus alrededores, atacó a los Timbas con dos ejércitos, los militares españoles y los indígenas reclutados para la guerra como felones; primero llegaba una avanzada para aplacar a los indígenas. Bartolomé de Las Casas dice que practicó guerras injustas, crueles, sangrientas y tiránicas. Mataban a los hombres adultos, dejaban vivos a los jóvenes y a las mujeres para esclavizarlas en la servidumbre de todo tipo. Según este cronista de quien nadie duda que recopiló información con otros capellanes, “los indígenas en gran parte de las ocasiones no se opusieron a la llegada de los españoles “cristianos”, porque no sabían de sus intenciones y modo de obrar, pero, los trataron peor que a las bestias, como estiércol de plaza. Todos han muerto sin fe ni sacramento, ¿entonces dónde quedaba la evangelización? ”.

En la segunda edición del libro “Brevísima relación de la destrucción de las indias”, publicado con ajustes y ampliaciones en 1552, un año después de la muerte de Belalcázar en Cartagena, en la parte  final del libro, Bartolomé de Las Casas, anexa una carta de 8 páginas donde un militar español que acompañó a Belalcázar entre Cali y Cartago, menciona oros españoles que protagonizaron varios eventos con él ese año de 1536, entre ellos, Miguel Muñoz, Alonso Sánchez Nuita, Pedro Lobo, Morán, Pedro Solano, Antonio Redondo, Marco Márquez, Francisco Gaviria Tobar, Martín de Aguirre y otros. Narra en esta carta las atrocidades cometidas. Juan De Ampudia ya había llegado como avanzada al pueblo denominado Palo, enviaba los indígenas Yanaconas adelante (los que les servían como ejército colaboracionista), para ubicar las tribus y robarles la comida que los indígenas tenían almacenada, quitarles el ganado de ovejas, estos Yanaconas comían solo el corazón y los sesos de las ovejas. Ampudia fundó la villa de Ampudia: cuatro comunidades había en las cercanías: Los Jamundí, Los Palo, los Soliman y los Bolo.

Sobre la masacre de los Lilies se observa en esta carta encontrada en una imprenta de Sevilla (España) que, después de quitarles las cosechas guardadas, quemaron sus casas, les quitaron las tierras, durante muchos días combatieron con ellos y apresaron a los sobrevivientes. Lo mismo sucedió con la comunidad indígena de los Tolilicuy; Belalcázar les solicitó oro, y les expedían una certificación o Cédula (redactada por un amanuense porque Belalcázar no sabía escribir), luego el indio que no mostrara la Cédula, era presa de los perros mastines que los destrozaban. Así, algunos de los sobrevivientes huyeron a las montañas y quedó desolado el sitio. Otra táctica de Belalcázar era poner a pelear o hacer enfrentar a los indios de las montañas con los de la planicie (los de la montaña eran belicosos y algunos antropófagos), como los Olomas y los Manipos, generando guerras Inter-tribales.

Narró el cronista arrepentido en esa carta que durante el ataque de Jun de Ampudia y su ejército contra los indígenas Bitaco, cayeron el primer día en un hoyo-trampa los españoles Antonio Redondo y Marco Márquez. En retaliación los miembros de esa escuadra militar mataron a 100 indígenas ese día, arrojándolos y enterrándolos en el hoyo-trampa y quemando sus casas. Empezó la guerra y los demás fueron alanceados. Ampudia, su teniente, le contó a Belalcázar la situación del entierro en el hoyo, dice el cronista que este le contestó, “bien hecho, así lo hice en Riobamba” (Ecuador). Contra los de Anserma, actúo apoyado del militar Francisco Gaviria Tobar.

El cronista Pedro Cieza de León, relata que no todos los indígenas de la sierra (montañas de la cordillera occidental detrás de Cali), eran antropófagos, sembraban las tierras y bajaban a recoger maizales. Sobre los terrenos del Valle del Lilí describe acequias y quebradas. Había naranjos, limas, limones, granados, platanales y cañaverales; piñas, guabas, guanábanas, paltas, y uvillas; caimitos, ciruelas, melones, verduras y legumbres de España, y sembraban trigo.

Bibliografía:
Cieza de León Pedro. “Crónica del Perú el señorío de los Incas”. Obra publicada inicialmente en 1553.
De las Casas Bartolomé. “Brevísima relación de la destrucción de las indias”. Edición Sarpe, Madrid, España, 1985
Wrigth Louis B. “Los conquistadores de lo imposible”. Los descubrimientos renacentistas. Titulo original en inglés. “Gold, Glory and the Gospel”. Edición original Atheneum Publisher. 1972

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.


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1 ago. 2020

Estatuas y falsos héroes


(Primera parte)
Sobre Sebastián de Belalcazar.

Un texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

Derribar estatuas, decapitarlas, trasladarlas de sitio o mancharlas con tinta roja para resaltar el pasado sangriento de los que allí posan, esas son imágenes que hemos visto en la televisión internacional por cable en los dos últimos meses, cuando se desató una oleada de protestas en EEUU por la muerte atroz de George Floyd, un afrodescendiente que la policía de Minneapolis asfixió porque supuestamente había entregado un billete de 20 dólares falso. Las protestas se extendieron a varias ciudades del mundo, primero contra los esclavistas, luego los racistas, los xenófobos, los genocidas; lo cual ha generado una corriente de revisión histórica sobre las biografías de estos estatuados, sus leyendas, mitos, verdades o mentiras: para develar si fueron héroes o antihéroes.

 Así hemos visto derribar en Inglaterra la estatua de Edward Coltson (Bristol), mercader esclavista del siglo XVII y la de Robert Millligan; de Jean Baptiste Colbert, en Francia; Cristóbal Colón, tumbado en Boston y Los Ángeles, por haber ocasionado con sus viajes el comienzo del fin para múltiples etnias exterminadas por la codicia de los españoles; Hernán Cortés, que combatió al Cacique Montezuma y asesinó a los mayas de Tabasco(México); San Junípero Serra, frayle español mallorquín del siglo XVIII, adoctrinador de indígenas induciéndolos a la sumisión; Leopoldo II de Bélgica, sus estatuas derribadas por las torturas bárbaras y el racismo extremo aplicado en el Congo; los militares sureños confederados, Jefferson Davis y Robert Lee, durante la guerra civil estadounidense (1861-1865), porque se oponían a la abolición de la esclavitud propuesta por el presidente  Lincoln; y otros monumentos en diferentes ciudades.

Las estatuas integran el patrimonio arquitectónico, inmaterial y cultural de una ciudad. Hacen parte de una de las bellas artes: La escultura. Algunas obras de arte, de civilizaciones antiguas son rescatadas por los arqueólogos y para su configuración física, apoyados por los paleontólogos. Las estatuas ocupan espacios públicos y el espacio público es de todos los habitantes, no puede ser escriturado. Las estatuas se fabrican e instalan para realizar homenajes de exaltación a líderes, héroes, deportistas, escritores, estadistas o figuras destacadas que ameritan ese recuerdo permanente, nunca se instalan para denigrar de alguien o para destacar un daño causado a la ciudad o el país. Esas referencias se dejan para los museos o galerías de arte con las debidas indicaciones en placas, como Hitler, Mussolini, Billy the kid, Al Capone, o Dillinger en museos, etc.

 Las generaciones de ciudadanos van decantando la información y con el paso del tiempo descubren las claves históricas ocultas o encriptadas y revaloran lo que se impuso por otros gobernantes que no estudiaron o no se percataron del pasado oscuro de quien encarna una efigie. Las que no ameritan la exaltación de generaciones van siendo trasladas a otros sitios menos emblemáticos, como hicieron con Francisco Pizarro en Lima. “Ya sean derribadas, destruidas, pintadas o garabateadas, estas estatuas personifican una nueva dimensión de lucha: la conexión entre los derechos y la memoria. Destacan el contraste entre el estado de los negros (y los indígenas), y los sujetos poscoloniales como minorías estigmatizadas y brutalizadas, y el lugar simbólico dado en el espacio público a sus opresores, un espacio que también conforma el entorno urbano de nuestra vida cotidiana”, afirma Enzo Traverso, profesor de la Universidad de Cornell (EE.UU.), uno de los más destacados especialistas en estudios de la memoria histórica. (Traverso, 2020)

El espacio público, su amoblamiento, paisaje y ornato es y debe ser gozado por todos, hace parte del medioambiente, de los corredores, parques, avenidas y calles comunes depende la movilización, el esparcimiento y recreación de todos. Por eso todos opinan y sobreviene la lucha por y contra los símbolos. Las sociedades evolucionan y se van percatando de las imposturas. Esa es la explicación para entender las reacciones y los cambios respecto a esos referentes llamados monumentos. En 1956, en Hungría derribaron la estatua de Stalin; en el 2003, en Bagdad, derribaron la estatua de Hussein; con la desmembración de la URSS, tumbaron estatuas de Lenin; en España movieron una estatua de Franco de una calle, hace pocos meses removieron su sarcófago del Valle de los caídos porque estaba al lado de las  víctimas de la guerra civil española que el mismo alentó; hace 5 años en Nairobi tumbaron la estatua de la Reina Victoria; en Libia tumbaron las estatuas de Gadafi; en Sudáfrica removieron el monumento de Cecil Jhon Rodes, también en la universidad de Oxford; en Chile atacaron las estatuas del general Baquedano, de Pedro de Valdivia y la de Diego Portales,  etc.

Resignificar, reexaminar y revisar la historia, es tarea de los historiadores cuando tienen más fuentes de información o han avanzado los métodos de investigación. La pregunta de los decolonizadores y críticos hacen es: ¿Qué tenemos como memoria pública de la nación? Los héroes o personajes encumbrados deben ser dignos de esa estatua. Buscar personajes locales, víctimas de las políticas de opresión y deculturación, o de una invasión como la de la conquista española. Los derribadores de estatuas ejercen una especie de objeción de conciencia, proponen revisar el pasado histórico con nuevos enfoques, enfrentar a los negacionistas.

En Cali, que celebró un año más de su fundación el pasado sábado 25 de julio, se está abriendo un debate municipal, sobre la resignificación del conquistador español Sebastián de Belalcázar por su conducta nefaria. El concejal Terry Hurtado, miembro del partido Alianza Verde, propuso trasladar la estatua a otro lugar, abriendo la discusión. Las opciones hasta ahora barajadas son. 1) Si la estatua es llevada a un museo, 2) si debe ser relocalizada en otro espacio público. 3) Si se necesita una reciprocidad con las victimas que él ocasionó (por exterminio de indígenas que ordenó), construyendo en cercanías o al lado una estatua compensatoria con el Cacique Petecuy o la representación de las etnias que con el ejército español invasor, asesinaron (Lilies, Jamundíes, Gorrones, Lamas y Manipos de la Montaña; Bugas, Calimas, los Bolos, los Soliman, los Dagua, los Tolilicuy, los Bitaco, los Anserma, los Birú, y otros. 4) si deben colocarse placas explicatorias sobre su pasado y origen donde quiera que sea reubicado. 5) Que sea introducido en un contenedor y devuelto a España donde lo consideran un adelantado y héroe. 6). Si debe ser demolida o cubierta de enredaderas como propone William Ospina, y, 7) Mientras el debate avanza, el columnista del periódico El País, Carlos Jiménez, propone que sea empacado o cubierto mientras que los descendientes de indígenas, y la sociedad civil deliberante, adelantan la discusión.

Sebastián de Belalcázar, un campesino medioeval, leñador analfabeta, su verdadero apellido era Moyano, vivió 71 años (1480/1551), nació en Gahete, nombre original de un pueblo de la Extremadura Castellana, que luego lo rebautizaron Belalcázar, por eso lo adoptó para ocultarse y darse realengo, porque había ocasionado un gran daño y era perseguido por su propio hermano. Viajó a América en 1507, a los 27 años de edad, se embarcó después de conocer a Pedrarias Dávila. Viajó como aventurero porque se oía que los emprendedores conseguían trabajo y fortuna, y lo novedoso después de 1492 era embarcarse para adquirir tierras y minerales: La conquista de América fue una empresa de pillaje y saqueo.

Se estableció en El Darién de Panamá, en 1514 convirtiéndose en Capitán de Pedrarias Dávila; en 1522 se trasladó a Nicaragua, al mando de Francisco Hernández Córdoba y él como capitán,  donde permaneció hasta 1527 cuando se trasladó a Honduras; posteriormente viajó al Perú (1531-1533) bajo el mando de Francisco Pizarro, de Gobernador y él como capitán; se alzó en disidencia distanciándose de Pizarro y emprendió su propia empresa de consecución de tierras y de fundador de aldeas, moviéndose  hacia Ecuador en 1533, actuando con el mismo modus operandi: conquista, dominación, vasallaje y exterminio, practicado en las regiones mencionadas. Esa forma de operar se resume así. 1) Solicitaban el oro y las joyas a los caciques de las etnias, 2) luego robaban en las casas de las aldeas, 3) saqueaban las tumbas porque los indígenas enterraban a sus difuntos con piezas de oro, 4) secuestraban a los hijos de quienes ellos presumían tenían oro sin entregar, 5) declaraban la guerra a los rebeldes e insumisos, 6) esclavizaban a los indios para trabajar en las minas y labraran la tierra dentro de la “potestad” que les daba la encomienda tras la capitulación firmada, todo lo hacían a nombre del Rey, Dios y la Biblia.

El sacerdote Bartolomé de las Casas que llegó a Santo Domingo en 1502, hoy República Dominicana (cinco años antes que Belalcázar),  luego pasó a Cuba en 1513 como capellán y le asignan una encomienda (le entregan tierra e indígenas a su servicio), en 1514 renuncia a esta asignación y se propone defender a los indígenas por el maltrato y las crueldades que presenció. Decidió escribir en 1542 una crónica narrando las atrocidades que presenció y las que escucho de boca de capellanes y sacerdotes evangelizadores en las islas y en tierra firme. En 1552 reajusta sus versiones y las difunde con mayor énfasis, también con el título original: “Brevísima relación de la destrucción de las indias”.

Bartolomé de las Casas se refiere a Sebastián de Belalcázar en cuatro capítulos del libro, los titulados De la tierra firme, donde reseña su presencia en El Darién de Panamá; De la provincia de Nicaragua, sucesos que escuchó ocurridos entre 1522 y 23; De los grandes reinos y grandes provincias del Perú, narrando las incursiones sangrientas que realizó con Pizarro en el Perú, donde  otros cronistas han reseñado las masacres de Cajamarca, Loja, Azuay, Cañar, Chimborazo, Tungurahuay y Cotopaxi; y el capítulo Del Nuevo Reino de Granada. Sobre Panamá escribió el sacerdote Bartolomé, con el lenguaje de la época: “En El Darién. Este gobernador  y su gente inventó nuevas maneras de crueldades y de dar tormentos a los indios porque descubriesen y les diesen oro. Capitán hubo suyo que en una entrada que hizo por mandado de él para robar y extirpar gentes mató sobre cuarenta mil ánimas, que vio por sus ojos un religioso de San Francisco que con él iba que se llamaba fray Francisco de San Román, metiéndolos a espada, quemándolos vivos y echándolos a perros bravos y atormentándolos con diversos tormentos”. (De las Casas, 1552)

Sebastián de Belalcázar, se afirma, fundó a Quito en diciembre de 1534 pero la ciudad ya existía, era la segunda ciudad del Imperio Inca después de la destrucción de Tomebamba; el hermano de Atahualpa, el cacique Rumiñahui quemó Quito para dejar a los invasores comandados por Belalcázar, sin refugio y se llevó los tesoros. El español ordena reconstruirla trabajo que le encarga a Diego de Almagro. En 1535 se acerca a la zona de Timbio, se enfrenta a los Timbas y asesinan a centenares de ellos venía con dos ejércitos, uno de españoles y otro de indígenas colaboracionistas/entregados; se dirige hacia el Valle del Cauca en busca del Dorado, se enfrenta a los Liles o Lilies, a los gorrones y a los Jamundíes, entre otras etnias. Bartolomé de las Casas, anota sobre ese recorrido: “Desde los reinos del Perú por la parte de la provincia del Quito, penetraron grandes y crueles tiranos hacia el dicho nuevo reino de Granada y Popayán e Cali, por la parte de Cartagena y Urabá, y de Cartagena otros malaventurados tiranos fueron  a salir al Quito, y después otros por la parte del rio de San juan, que es a la costa del sur (todos los cuales se vinieron a juntar), han extirpado y despoblado más de seiscientas leguas de tierras, echando aquellas tan inmensas ánimas a los infiernos; haciendo lo mismo el día de hoy a las gentes míseras, aunque inocentes, que quedan.”

Otros cronistas del siglo XVI que señalan la conducta destructora de Belalcázar son los cronistas Pedro Cieza de León, López de Gomara, Gonzalo Fernández  de Oviedo y Agustín Zárate. Cieza de León en su libro “Crónica del Perú el señorío de los Incas”, quien acompañó a Belalcázar en Cali y Popayán, dice que el sitio donde se fundó Cali, la segunda vez, en 1537 por el capitán  Miguel Muñoz López, de allí se extendió la ciudad,  porque Belalcázar la fundó más al sur en el Valle del Lilí en 1536 pero ese emplazamiento fue trasladado, dice Cieza que ha sido el paraje más hermoso que el haya visto en sus recorridos de tierra firme.

Todo este valle desde la ciudad de Cali hasta estas estrechuras fue primero muy poblado de muy grandes y hermosos pueblos, las casas juntas y muy grandes. Estas poblaciones e indios se han perdido y gastado con el tiempo y con la guerra, porque como entren ellos el capitán Sebastián de Belalcázar, que fue el primer capitán que los descubrió y conquistó, aguardaron siempre de guerra, peleando muchas veces con los españoles por defender su tierra, y ellos no ser sujetos, con las cuales guerras, y por la hambre que pasaron que fue mucha, por dejar de sembrar, se murieron todos los más”

También hubo otra ocasión para que se consumiesen tan presto, y fue, que el capitán Belalcázar pobló y fundó en estos llanos y en mitad de estos pueblos la ciudad de Cali, que después se torna reedificar donde ahora está. Los indios naturales estaban tan porfiados en no querer tener amistad con los españoles (teniendo por pesado su mando) que no quisieron sembrar, ni cultivar las tierras, y se pasó por esta causa mucha necesidad, y se murieron tantos, que afirman, que falta la mayor parte de ellos”. (Cieza de León, 1553)

Bibliografía:
Cieza de León Pedro. “Crónica del Perú el señorío de los Incas”. Obra publicada inicialmente en 1553.
De las Casas Bartolomé. “Brevísima relación de la destrucción de las indias”. Edición Sarpe, Madrid, España, 1985
Traverso Enzo. “Derribar estatuas no borra la historia, nos hace verla más claramente”. Artículo publicado en la revista española Sin Permiso, SP.Barcelona, Junio 27 del año 2020.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.

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