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18 dic 2020

Rafael Uribe Uribe, el liberalismo y las guerras.

Texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

     Rafael Uribe Uribe, un polifacético personaje colombiano, de antepasados vascos, abogado de la Universidad del Rosario, escritor, congresista, agricultor, defensor e impulsor del cooperativismo, abanderado de los cafeteros , impulsor del Ministerio de Agricultura, defensor de la paz pero forzadamente los acontecimientos lo arrojaron a la guerra, promotor de la libertad de prensa. Con antepasados y familiares colonizadores y fundadores de municipios (Amagá, Fredonia, Valparaíso, Sevilla), defensor acérrimo del liberalismo, escribió el libro “El liberalismo no es pecado”, que por intrigas palaciegas ante El Vaticano, fue prohibido por el Papa.

    Además fue precursor del derecho laboral en Colombia y por efecto pionero del derecho al trabajo en Suramérica, así lo afirmó Guillermo Cabanellas, en carta dirigida a Otto Morales Benítez, quien le envió la documentación que permite aclararlo, lo anotó Ricardo Sánchez Ángel, en conversación reciente. “¿Cómo existe un precursor de tantas ideas, ignorándolo nosotros; cómo se esconde, se oculta –valga la palabra– un verdadero creador del Derecho del Trabajo, un pensador, ¿un hombre que ha abierto un camino que otros recorremos ignorando quién fuera el artífice de la obra?“ (Morales Benítez, 2001)

   Rafael Uribe Uribe, un antioqueño que se inclinó por la política y el periodismo, le tocó ser militar, se debatió en 4 guerras civiles, no pudo ver gobernar a su partido con tranquilidad pues desde que tenía 17 años fue a la guerra de 1876 a defender al partido político que la familia seguía (en la guerra de las escuelas, guerra religiosa), y el triunfo fue capitalizado por Rafael Núñez que sin haber combatido se apoderaría del alma del militar triunfante, Julián Trujillo Largacha, postulado por Núñez a la presidencia, de esta forma cooptándolo y utilizándolo para crear otra formación política, el Partido Nacional, un partido político andrógino entre liberales y conservadores, para construir el régimen de La Regeneración.

   Luego cuando Uribe Uribe tenía 21 años, el liberalismo radical perdió el poder por el transfuguismo de Rafael Núñez desde que obtiene la primera presidencia (1880-1882), ya tenía la meta de cambiar la Constitución de 1863 desbaratando el orden territorial federal para llevar a Colombia hacia el centralismo. Núñez desemboza su proyecto político centralista, hegemónico, autoritario y unipersonal: La Regeneración administrativa para obtener la concentración del poder. Un cálculo político para vencer a sus ex-compartidarios liberales que habían establecido el radicalismo desde la Constitución de Rionegro con todas las garantías del liberalismo puro de estirpe francesa. Núñez como converso salió del anticlericalismo que expropió curas, como Ministro de Hacienda, con la confiscación de bienes de manos muertas y regresa al catolicismo monacal-confesional, para “resarcir a la iglesia”, ayudándoles a recuperar las “pérdidas” y los privilegios coloniales almacenados en 300 años.

   A Rafael Uribe Uribe, le correspondió vivir una época de transición entre los rezagos coloniales en medio de la República en marcha y el despuntar del siglo XX, sin que la formación plena del Estado-nación hubiese podido lograrse. Para defender al partido liberal-radical tuvo que acudir a tres cruentas guerras civiles en 1885, 1895 y 1899, las tres las perdió contra el ejército oficial de La Regeneración; estuvo preso varias veces; fue Representante a la Cámara, pronunció más de 30 discursos importantes donde dejó ver su impronta de doctrinante; comando batallones, fue herido en combate; ejerció las relaciones internacionales para conseguir pertrechos y suministros de combate, se alió con presidentes vecinos para buscar el triunfo y cambiarle el rumbo al país, fue ministro plenipotenciario en Suramérica; enfrentó inquinas e intrigas; descuidó a su familia por acudir a las guerras; renovó la política liberal, fue el último radical sin haber sido fundador de esa corriente y fue asesinado por denunciar la corrupción de los bicéfalos del partido nacional (liberales y conservadores) hermanados por Rafael Núñez para manejar el país durante varios períodos presidenciales. Gabriel García Márquez, se inspiró en la vida, vicisitudes y avatares de Rafael Uribe Uribe y creó el personaje del coronel Aureliano Buendía en Cien años de soledad, con el perfil de este político-militar, aplicándole actos del realismo mágico.

    Según la investigadora Ivonne Suárez Pinzón, “parece indudable que García Márquez recupera en su obra fundamentalmente al Uribe militar para el personaje de su ficción, es el líder guerrillero que se debate incansablemente por la libertad y la justicia (…) García Márquez construye un personaje que comporta además algunos aspectos fundamentales de la personalidad y del pensamiento de Uribe. Crea un coronel para quien la acción militar es secundaria, tal como fuera en realidad para su modelo y, a lo largo de su complejo relato, invita al lector a profundizar en otros aspectos de la vida del personaje ficticio y, en consecuencia, de su arquetipo histórico. Es evidente que la descripción del coronel Aureliano Buendía que García Márquez presenta en Cien años de soledad, coincide en muchos aspectos con el modelo histórico de dicho personaje, tanto en lo físico, como en lo moral e ideológico, (Suárez Pinzón, año 2009).

    Con gran coraje Uribe Uribe, enfrentó ideológicamente a Rafael Núñez y a su socio Miguel Antonio Caro. Los señaló y criticó por la forma como habían manejado la hacienda pública en un festín bipartidista. Estudió cuidadosamente la Constitución de 1886, obra jurídica para demoler el Federalismo y achicar al oponente, manejar o dominar la rama judicial, y diseñar con antelación el fraude electoral, controlar el sistema bancario remozado y sobre todo facilitar el acceso del sector privado (empresarios y comerciantes) al manejo de las instituciones creando la correa de transmisión entre lo público y privado para destazar el presupuesto estatal.

    Al ver que el liberalismo radical sucumbía, Uribe Uribe, fue el primero en iniciar la renovación del partido liberal, basta leer su discurso de 1896, su disertación de 1904, su análisis de 1911, sin descartar otras piezas oratorias; en estos tres años sentó las bases de la renovación liberal. Estos tres discursos con los otros 30 del Congreso, abarcan todos los tópicos: La economía, la educación, la salud, la agricultura, el trabajo etc. Y el papel que podría desempeñar el liberalismo. Le tocó enfrentarse a los conservadores nacionalistas y a los liberales independientes que, habían abandonado a sus respectivos partidos políticos para crear un tercer partido, el partido nacional, instalándose en sucesivos gobiernos como un frente nacional decimonónico (Núñez, Caro, Campo Serrano, Eliseo Payán, Carlos Holguín Mallarino, Marroquín, Sanclemente; y se enfrentó al comenzar el siglo XX a otro partido andrógino transmutado, El Republicanismo, con la juntura de liberales y conservadores, que construyeron otro frente nacional después de terminada la guerra de los mil días.

    En su discurso de 1896 Rafael Uribe Uribe, dijo que La Regeneración se apuntalaba en el empleo permanente de la dictadura, la Constitución reconocía el sistema de representación simultánea de todos los partidos en las corporaciones deliberantes, pero “La Regeneración no ha permitido en 10 años venir al Congreso sino a dos representantes del liberalismo y ha desterrado sistemáticamente a sus voceros de todas las asambleas y de todos los cabildos; el que pregona la libre organización y funcionamiento de los verdaderos partidos político, cuando el gobierno declara ilegal al liberalismo y ejerce persecución sañuda contra todas las manifestaciones legítimas de su fuerza; el que proclama la política del justo medio, cuando la vuestra no consiste sino en trajinar por todos los extremos de la reacción autoritaria, rehusando toda transacción, como incompatible con vuestra existencia política; el que solicita un gradual ensanche de las instituciones seccionales y municipales, cuando vosotros habéis implantado un centralismo de hierro y destruido la vida autónoma de los municipios; el que preconiza la sustracción del poder electoral a la dependencia directa del ejecutivo”. (Uribe Uribe, 1896)

   Para entender a Rafael Uribe Uribe, hay que conocer y entender el desenvolvimiento del partido liberal en el curso del siglo XIX, y las causas de las guerras civiles desde 1839, también conocer la evolución de las variadas reformas constitucionales. En virtud a su experiencia negativa en 4 guerras civiles se aparta de las iniciativas violentas y clama por el progreso y la concertación; por eso elaboró un discurso intermedio, pero con elementos de la seguridad social europea, sin que aquí avanzara al mismo ritmo el desarrollo de la burguesía, ni del proletariado, ni los dirigentes acoplaran los progresos europeos a la realidad nacional, como lo expone José Fernando Ocampo.

    En 1904 dijo Uribe Uribe que profesaba el socialismo de arriba para abajo, por la amplitud de las funciones del Estado. El socialismo de Estado propuesto se reduce a un intervencionismo de Estado que permitiera ampliarle las funciones económicas y políticas al poder ejecutivo. Esbozó una posición intermedia entre el socialismo y el capitalismo, una primera aproximación al Estado del bienestar, a la social Democracia. Se apartó del socialismo real marxista. Ya había leído a los socialistas europeos de mitad del siglo XIX, como en su momento lo hizo José María Melo, a Fourier. Sant-Simon, Blanc; y seguramente había tenido acceso a los textos marxistas (Marx escribió profusamente entre 1850 y 1883), pero se abstuvo de citar a Marx.

    Podemos mirar a Rafael Uribe Uribe, como el último liberal radical del siglo XIX y el primer liberal renovador del siglo XX. Un doctrinante, todos los jefes y presidentes liberales del siglo XX lo citaron en sus discursos o en las plataformas programáticas, sus textos sirvieron de cantera ideológica para Olaya Herrera, López Pumarejo, Eduardo Santos, Jorge Eliécer Gaitán, Lleras Camargo, López Michelsen y Luís Carlos Galán. Ese liberalismo primigenio con la impronta y aceptación de ideas foráneas que trasladó y adaptó Simón Bolívar para fundar el Estado (no Francisco de Paula Santander, cómo equivocadamente se ha sostenido), el pensamiento de Bolívar les sirvió a quienes lo habían acompañado y abandonado, luego convertidos en  liberales reformistas y conversos en la mitad del siglo (José Hilario López, Tomás Cipriano de Mosquera y José María Obando), para modernizar el Estado después del gobierno de Mariano Ospina Rodríguez. Y a José María Melo, él más intrépido para inyectarle ideas socialistas al liberalismo, 1854. Y luego les sirvió a los liberales miembros del Olimpo Radical, Murillo Toro y el mosaico de dirigentes (1863-1885), posteriormente el radicalismo se fue disolviendo no por falta de ideas sino por las persecuciones bélicas, inicialmente la guerra civil de 1885 provocada por el cierre de todos los espacios políticos, y las otras dos del fin de siglo.

       Durante la retoma del poder, después de 44 años de estar por fuera de la dirección del Estado, el liberalismo durante la Republica liberal (1930/1946), con las presidencias de Olaya Herrera, López Pumarejo, Eduardo Santos y Alberto Lleras, aplicó parte del ideario de Uribe Uribe como lo explicó Otto Morales Benítez, en el ensayo aquí citado. En 1946 ante la pérdida de las elecciones por la división liberal entre Gaitán y Turbay Avinader, se presentó otra racha de violencia contra el gaitanismo (decenas de líderes asesinados), Laureano Gómez extrapoló las formas de la guerra civil española con la persecución violenta contra los rojos (falangismo/fascismo). Y durante la violencia de los años 50s, reducido el liberalismo a sangre y fuego; luego transmutado durante el Frente Nacional (1958/1974), de manera bicéfala (liberales y conservadores amartelados) por hibridación e hibernación, desideologizándose, hasta desperfilarse totalmente en el postfrente nacional por los pactos de consocios (volviendo a lo andrógino de La Regeneración 1886-1905), conducta replicada durante el republicanismo (1905/1930). Después del Frente Nacional, definitivamente el liberalismo se desperfiló y se volvió amorfo con cantidad de fracciones personalistas o de microempresas (1974-1990), y después de la Constitución de 1991, en un partido neoliberal, agenciando intereses corporativos, privatizador y sin vocación de poder, sin realizar gobiernos de partido, y permisivo (Gaviria y Samper); dos de sus hombres Uribe Vélez y Santos, se retiran, nace una constelación de partidos, personalizan el poder y dejan el liberalismo expósito y al garete.

    El gran analista, escritor e investigador social Ignacio Torres Giraldo, fundador del partido socialista y autor de varios libros, entre ellos “Los Inconformes”, “María Cano, mujer rebelde”, “La histórica huelga de las bananeras”, reconoció que se nutrió del pensamiento de Uribe Uribe, leyéndolo en Pereira, así lo escribió en el periódico “El Martillo”. La evolución del pensamiento de Torres Giraldo, lo llevó de esa primera atracción por el liberalismo radical y socializante de Uribe Uribe a convertirse en uno de los socialistas y luchadores en pro de la clase obrera,  más importantes de Colombia.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.

Bibliografía.

Morales Benítez Otto. EL Pensador Uribe Uribe. Citando a Cabanellas. Revista Derecho del Estado N. 10, www.dialnet.uniroja.es, diciembre 2001.

Ocampo José Fernando. Prólogo al libro Escritos políticos. Publicación El Ancora Editores. Primera edición. Preparación litográfica: Servigraphic Ltda. Bogotá, 1984

Suárez Pinzón Ivonne. “Rafael Uribe Uribe y Aureliano Buendía en “Cien años de soledad”. Laboratorio de investigaciones ES 3224, Fance.   www.historia-actual.org, año 2009.


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28 nov 2020

Perú, crisis política e institucional

 

Texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

Martín Vizcarra asumió la presidencia en el año 2018 cuando fue defenestrado el presidente PPK en un juicio político exress, siendo acusado dentro del escándalo de Odebrecht; le aplicaron también la figura de la incapacidad moral. Su fórmula vicepresidencial había sido Martín Vizcarra, ex Gobernador de Moquegua. La misma forma de sacarlo del poder que ahora lo dejó por fuera del palacio presidencial. Esta salida abrupta sumió a Perú en una crisis política, institucional, económica y jurídica. Muy preocupante porque la pandemia hizo aflorar todas las lacras que estaban dormitando o camufladas.

  La fórmula de la incapacidad moral es una especie de revocatoria indirecta sin participación popular porque no le consultan al pueblo sino a sus representantes; los congresistas deciden según lo prescrito en el artículo 113 de la Constitución y el Tribunal Constitucional, se pronuncia sobre su procedencia. Esta forma de sacar a un presidente del poder aparentemente es “benéfica” porque es un control rápido para cortar el mandato de un mal gobernante; pero se presta a manipulaciones, arreglos y desvíos, Y se convierte en una confusión entre el proceso penal en la Fiscalía y el proceso congresional de control político que, en la práctica viola el debido proceso. Las acusaciones en su contra por dos contratos de obras públicas, entre el 2013 y el 2014, en Moquegua, sobre un hospital regional y una obra de irrigación, sobre ellas aún no ha concluido la investigación penal.

  Las protestas de noviembre en Perú se pueden explicar como la reacción inmediata por el descontento acumulado desde el año 2017 cuando todo el país se enteró que sus sucesivos presidentes desde el año 2001 estaban incursos en el escándalo de Odebrecht; luego la expulsión del presidente Kuchinsky en marzo de 2018 que revestía aspectos de la misma trama; ascendió su vicepresidente Martín Vizcarra y comenzó a aplacar los ánimos al enfrentar la corrupción desbordada. Y aparentemente lo hizo bien porque se distanció de la clase política en descomposición al punto de disolver el Congreso en septiembre 2019, llamar a elecciones y tratar de cambiar el cuadro político.

  Vizcarra cometió un error garrafal al no presentar listas propias o hacer alianzas en esas elecciones atípicas, se quedó sin congresistas y en un país donde el Congreso es unicameral la situación es más inestable al no tener bancada de partido, apoyos directos y quedar al albur de arreglos ocasionales, máxime en Perú donde existen al menos 24 partidos políticos: Un pluripartidismo desbordado y una falta de coherencia de los viejos partidos. Aún los peruanos no han podido vencer el lastre del fujimorismo y su fardo de corrupción que ha corroído a todos los estamentos de la administración pública.

   Más de la mitad de los congresistas están siendo investigados, se reprodujeron en la elección con cuadros políticos de los mismos jefes que dominan la escena política, no hubo cambios sustanciales y la enfilaron contra Vizcarra el menos corrupto de la clase política. Como lo describió la periodista Stephany Echavarría, “Vizcarra quedó a merced de un grupo de bancadas inexpertas, con agendas subalternas”. Pero tenía un pecadillo ejecutado en la Gobernación de Moquegua desde el año 2014, sobredimensionaron el supuesto delito pues aún no había sido juzgado formalmente y acudieron a declarar la vacancia, una especie de revocatoria directa que se obtienen con la mayoría de esa sola Cámara compresional, a través del artículo 113 numeral 2 de la Constitución: incapacidad moral. Un injerto amorfo del parlamentarismo que lo ha utilizado con tinte extorsivo.

  Perú tiene un Congreso unicameral con 130 legisladores. Funciona este Congreso como un remedo del sistema parlamentario europeo, en la práctica. Sobre el gabinete se aplica la moción de censura para que los ministros dependan del control político directo que hacen los congresistas; los presupuestos dependen del escrutinio y aprobación del Congreso; el presidente puede disolver el Congreso y llamar a elecciones anticipadas; el Presidente nombra una especie de primer ministro que obra como jefe del gabinete. Estas formas obran en la práctica como injertos del parlamentarismo dentro del presidencialismo, un híbrido.

  Organizaron a horcajadas una mayoría de investigados y perturbados por las políticas de Vizcarra que, quería corregir el rumbo del país. Ya lo había intentado hace dos meses y no les funcionó. Lo que hicieron fue hacer explotar la olla donde la cocción no aguantó más y la gente rechazó la impostura de Manuel Merino que con su presidencia efímera y espuria hizo reventar la caldera social. Manuel Merino no era el personaje competente para encarar la crisis. Solo permaneció 5 días en el cargo; es un hombre gris, mediocre, sin formación académica, obtuvo solo 5.000 en la última elección a Congreso y viene haciendo presencia desde el  año 2002 sin aportes en leyes significativas. Manuel Merino, un dirigente de Tumbes que pertenece a un partido de centro-derecha (Acción Popular). Merino en esta última etapa ha venido agenciando los intereses del sector privado que manejan las inversiones en las universidades. Precisamente el presidente Vizcarra había presentado una reforma educativa para mejorar la calidad de la educación superior que está en gran proporción en manos de “directivos académicos”, con aspiraciones comerciales: La mercantilización de la educación. Ellos hicieron parte del lobby para lograr la expulsión de Martín Vizcarra. El Sr Merino armó rápidamente un gabinete nombrando como Primer Ministro a Antero Flores-Araoz, de poca reputación, racista y negacionista de los derechos de las minorías, esto generó inmensas reacciones. Merino ante la oleada de protestas tuvo que renunciar, parte de la misma clase política que lo entronizó le aconsejó que renunciara para calmar los ánimos. Escogieron a Francisco Sagasti, un ingeniero industrial de buen nombre, vinculado a la academia y con una hoja de vida pulcra. Volvieron las expectativas favorables.

  No era conveniente ni oportuna esa declaratoria de vacancia contra Vizcarra por la situación actual, el problema sanitario creado por la pandemia del Covid-19 y el frenazo económico del país. El período de Vizcarra era el de PPK y estaba por cumplirse en abril 2021. Los hechos delictivos que le imputaron no estaba cumplida la investigación. Ese estallido social reventó ante la acumulación de eventos desagradables que venían dándose: Los escándalos sobre Fujimori revividos por la conducta desviada de su hija Keiko, con una bancada de congresistas de conducta aviesa ; las investigaciones judiciales contra los expresidentes Alejandro Toledo, Ollanta Humala, PPk Kuchisnsky, y las dudas sobre la conducta de Alan García ante el suicidio. Todo se acumuló para desatar la ira popular.

   En Congreso está desprestigiado y los partidos políticos, también. La gente se mostró indignada contra la clase política, gritaban la expresión “ni Vizcarra ni Merino”. Perú tiene una constelación de partidos políticos con un pluripartidismo inestable, sin liderazgos sobresalientes, en medio de una corrupción galopante, en connivencia con el sector privado. Como lo expuso un analista: “Los financistas de la política peruana trabajan para dinamitar el estado de derecho, para que no se inmiscuyan ni afecten sus negocios”. Así, poco a poco, hicieron colapsar el derecho y la política. Los populismos de derecha y de izquierda ya se ensayaron, despertaron fervor y triunfos, y al final, produjeron desconcierto y desanimo.

   Se fraguó una especie de golpe de Estado atípico por la vía del Congreso, que como ha ocurrido  el diferentes ocasiones (Honduras, Paraguay, Brasil, Bolivia), acuden a cancamusas  y ardides o artilugios constitucionales para sacar al presidente del poder y, entre una coalición de congresistas de diferentes partidos políticos que no pudieron ganar la elección presidencial buscan obtener la presidencia y el manejo de todo el aparato del Estado por la vía de una juicio simulado, orquestado por un sector que busca conquistar el manejo del presupuesto estatal.

   Ni Curzio Malaparte quien categorizó las clases de golpe de Estado, intuyó ni incluyó el que le hicieron a Evo Morales (Bolivia), A Mel Zelaya (Honduras), a Fernando Lugo (Paraguay), a Dilma Rouseauf (Brasil), a Pedro Pablo Kuchimsky (PPK) y a Martín Vizcarra (Perú). Peor aún, está en marcha un golpe de Estado más torticero, el que intenta Donald Trump, quien sin posesionarse el nuevo presidente electo, Joe Biden, busca no dejarlo posesionar intentando  seis fases de obstrucción. 1) Las demandas electorales ante las autoridades federales, 2) El bloqueo con de las certificaciones que expide la autoridad federal electoral , 3) Las legislaturas federales ante la indefinición, convertidas en colegio electoral regional, 4) Buscar que el congreso defina o dirima el paralelismo de colegios electorales, tratando de cuadrar la mayoría republicana, 6) Entrabar la situación, al esperar que la Corte Superna de Justicia  resuelva todo el galimatías generado, habiendo cuadrado la mayoría de magistrados previamente.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.

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19 nov 2020

Vetusto Colegio Electoral

Texto de Alberto Ramos Garbiras. (*)

Joe Biden, nuevo presidente de los EE.UU, un demócrata serio, preparado y cuerdo. Reemplazará a Donald Trump, un hombre sin conocimiento de las relaciones internacionales, ni del Estado, impreparado e impulsivo. El mundo ha estado en vilo estos casi 4 años, corriendo riesgos por las intrépidas acciones que desplegó Trump contra Corea del Norte, Irán, Afganistán, Irak, Palestina y otros países. Se peleó de manera caprichosa con sus colaboradores más cercanos, con su abogado y con asesores. Estos lo acabaron de desprestigiar revelando sus sandeces, equívocos y conducta errática. Biden hizo una campaña serena, mesurada y anunció acogerse al acuerdo del Cambio Climático, París 2015, la mejor decisión para la humanidad. Hasta el sábado ya entrando la tarde se confirmó que Biden superó los 270 votos claves dentro del Colegio Electoral, llegando a 290 y faltaban estados por consolidar la información.

Los televidentes y usuarios de las redes sociales en todo el planeta volvimos a escuchar la enredada conformación y funcionamiento del Colegio Electoral que decide quién es el presidente, solo se reunirá el 14 de diciembre, pero de las cifras obtenidas depende la decisión que tomarán 538 miembros. En los EEUU rige un sistema presidencialista-federal, pero la votación de la ciudadanía no elige directamente al presidente, cómo en Colombia, sino indirectamente, como en el sistema parlamentario, pero no se hace dentro del parlamento con las mayorías de los legisladores elegidos. Se hace de manera diferida en un Colegio Electoral con un número igual al de los senadores y representantes a la cámara, son 538 personas solo seleccionadas para ritualmente votar por el presidente electo (líderes políticos de los estados, donantes o personas afectas a los partidos). Un vetusto sistema electoral que rige desde 1787 creado en Filadelfia para impedir el voto directo de los afrodescendientes en todo el país.

En Colombia tuvimos el sistema del Colegio Electoral en el curso federalista del Siglo XIX. “El presidente de la República y su vicepresidente, por lo general fueron elegidos por sufragio indirecto o de segundo grado, por asambleas o consejos electorales, que decidían en votación colegial el Jefe de Estado, sus senadores y representantes, por simple mayoría absoluta al comienzo, y después por mayoría absoluta. El Congreso decidió algunas veces en ballotage la sucesión presidencial y vicepresidencial (…) Sin embargo, ello no fue realidad sino una sola vez, en 1856, cuando elegido por votación popular directa el presidente, Mariano Ospina Rodríguez, para un período de cuatro años, (1857 a 1861), se produjo el alzamiento que generó la única revolución triunfante en Colombia: la encabezada por el General Tomás Cipriano de Mosquera, quien había sido electo presidente, entre 1845 y 1849. Sobre esta excepción se basó la regla general electoral de votación indirecta y de segundo grado por colegios y organismos electorales” (Gómez Lobo). En 1849 la elección de José Hilario López (Liberal), apoyado por los artesanos, se realizó de manera indirecta, el Congreso de 84 miembros actuó como Colegio Electoral reunido en el templo de Santo Domingo  el 7 marzo, se requerían 43 votos para ganar, procedieron a la elección ante la falta de una mayoría clara entre los tres candidatos, ninguno con mayoría absoluta en las urnas, dos conservadores (Rufino Cuervo y José Joaquín Gori). Se hicieron 4 rondas de votación hasta que José Hilario López logro 45 ante este cuerpo colegiado: Lo cual conllevó a trastornos y conatos de violencia. “…en la época del federalismo pleno (1863-85) hubo una descentralización total del sistema electoral, que permitió a los Estados soberanos organizar las elecciones de la manera que más les gustara; y mientras algunos reafirmaron el sufragio democrático, por lo menos en lo que al hombre se refería, otros volvieron a restringirlo”. (Bushnell)

Con la expedición de la Constitución de 1863 o de Rionegro, el país pasó  a llamarse Estados Unidos de Colombia,  se redujo el período presidencial a 2 años y se prohibió la reelección inmediata. El artículo 75 creó un Colegio Electoral, bajo el siguiente tenor: “La elección del presidente de la Unión se hará por el voto de los Estados, teniendo cada Estado un voto, que será el de la mayoría relativa de sus respectivos electores, según su legislación. El Congreso declarará elegido presidente al ciudadano que obtenga la mayoría absoluta de los votos de los Estados. En caso de que ninguno tenga dicha mayoría, el Congreso elegirá entre los que reúnan mayor número de votos”. Es decir, un Colegio Electoral de 9 presidentes seccionales de los estados Soberanos de: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima.

 Rafael Núñez , cuando decidió separarse de los liberales Radicales, ideó la estrategia de ganarse la presidencia de los estados soberanos regionales con amigos que lo eligieran para 1880, utilizó al presidente de la Unión, Julián Trujillo, llevando a cabo un plan de alentar guerras regionales disfrazadas de intervención militar con el ejército nacional de la Unión para resolver problemas de orden público, o sea golpes de estado simulados, así logró la mayoría de votos para ser presidente la primera vez, luego fue presidente tres veces más y alargó el periodo a 6 años en la reforma constitucional de 1886. Violó así de manera torticera el artículo 19 de la Constitución de Rionegro que expresaba: “El Gobierno de los Estados Unidos no podrá declarar ni hacer la guerra a los Estados sin expresa autorización del Congreso, y sin haber agotado antes todos los medios de conciliación que la paz nacional y la conveniencia pública exijan”. Podría decirse que 8 guerras civiles del siglo XIX en Colombia el factor del fraude electoral fue una de las causas, unas con el acento religioso, otras por el modelo territorial, otras las disputas entre terratenientes esclavistas contra liberales progresistas, la confrontación interpartidista, pero con firmeza, las guerras civiles de 1885, 1895 y 1899, las tres últimas del siglo fueron de carácter político y básicamente impregnadas del fraude electoral.

En EEUU cada Estado federal tiene un número de cupos de acuerdo a la población total de cada uno. En general el censo electoral llega a la cifra de 218 millones aptos o habilitados para votar. El candidato que más votos obtenga en las urnas por mayoría simple, se lleva todos los asientos de ese Estado (winer take all) el ganador se lleva todo. Para el votante esto puede parecer un raponazo porque le trasladan sus votos al mayoritario, distinto en los sistemas de mayoría simple o con doble vuelta donde, después del escrutinio final se proclama al ganador, pero los votos del perdedor siguen en la contabilidad a su nombre y partido político, solo que al ganador se le otorga la legitimidad del triunfo y el reconocimiento de la entidad electoral le da la credencial de ganador. Por ejemplo, California tiene 39 millones de habitantes y 55 cupos en el Colegio Electoral, Texas 38 cupos, Nueva York 29, Michigan 16, Carolina del Norte 15, Wyoming 3, Florida 29, Arizona 11, Illinois 20, Idaho 4, etc., y en cada Estado rigen normas electorales diferentes. Los habitantes de Puerto Rico y Guan no tienen representación en el Colegio Electoral. Por eso la elección del día 3 de noviembre se convirtió en 51 elecciones paralelas. Deberían ser los congresistas electos ese mismo día los que conformen el Colegio Electoral porque son elegidos por el pueblo y pertenecen a los partidos concurrentes a la elección, pero lo conforman otros. Esa votación indirecta a través del Colegio Electoral aproxima el presidencialismo norteamericano al parlamentarismo europeo para elegir el jefe del ejecutivo, pero de manera deformada, porque las mayorías del partido político ganador y su coalición en el parlamento le dan el triunfo; en EEUU tienen que ser mayorías del partido en todos los estados, esto mutila el pluripartidismo, deja en indefensión a las terceras fuerzas y fortalece al bipartidismo, de contera se exponen a los infieles o traidores que se atrevan a cambiar la reglas del juego, dejando la voluntad popular de los partidos minoritarios sin opción de pertenecer al Colegio Electoral

 Los miembros del Colegio Electoral no tienen votos populares son elegidos por la convención del partido o son legisladores regionales, y su responsabilidad no está clara porque podrían cambiar el voto. Solo en 33 de los 51 entes territoriales con delegados al Colegio Electoral, tienen leyes que exigen que voten por el candidato prometido; en otros como Oklahoma pueden ser denunciados por incurrir en delito grave. Aunque no ocurre con frecuencia, esto le resta estabilidad a la Democracia norteamericana. O sea, el sistema electoral no es equitativo.

Allyson Waller, analista política y reportera del periódico New York Times,  hizo una reflexión que resume esta inequidad, reseñada por muchos autores en diferentes columnas de prensa. En el año 2000 Al Gore sacó más votos populares en las urnas y menos en el Colegio Electoral, por la disputa en el Estado de la Florida (se hizo recuento) y luego debate judicial ante la Corte Suprema de Justicia, perdió ante George Bush Jr. En el año 2016 Hillary Clinton ganó en las urnas y perdió en el Colegio Electoral; en 1888 el Sr Grover Cleveland, perdió habiendo obtenido más votos en las urnas, y el aspirante Benjamín Harrison, ganó con menos votos, pero logró más electores del Colegio Electoral; otros dos presidentes que alcanzaron el triunfo con menos votos populares fueron: Quincy Adams (1824) y Rutherford Hayes (1876). Otros han ganado con una mayoría relativa (sin superar el 50%, que podría verse como falta de legitimidad, pero el sistema lo admite, como ocurrió con tres presidentes de prestigio internacional: Lincoln en 1860, Kennedy en 1960 y Clinton en 1992. Las regiones-Estado los han ungido con el voto de los delegados. Evidentemente el sistema electoral norteamericano es vetusto y desfasado, pero las reformas intentadas se han frustrado. Esa votación indirecta no es similar al parlamentarismo ni al presidencialismo, es un híbrido amorfo que trae consecuencias internas y externas, miremos este razonamiento y explicación.

Precisamente sobre los triunfos inequitativos de George Bush (año 2000) y Donald Trump (año 2016), respecto a la votación popular, citados en el párrafo anterior, el jurista y columnista Rodrigo Uprimny, escribió una columna titulada “Un constitucionalismo cosmopolita”, donde basándose en el concepto del filósofo alemán Emmanuel Kant, sobre el cosmopolitismo expuesto en el ensayo “La paz perpetua”, uno infiere que acerca de la ciudadanía universal, todos los ciudadanos del mundo deberían tener tránsito libre para recorrer los diferentes países, sin talanqueras, obstáculos, muros, visas y prohibiciones porque el planeta tierra es de todos; así mismo la seguridad debería ser mundial y la gobernanza multilateral (la ONU) actuar preventivamente para evitar amenazas como las del terrorismo, el Covid-19 o el cambio climático. Los derechos humanos son patrimonio de la humanidad en la Declaración Universal de 1948, pero en la práctica solo rigen con dificultad y mutilaciones dentro de las fronteras de cada país. Deberían regir de verdad en todas las naciones, aquí está el quid del asunto. Como hacer para que imperen los derechos humanos, y de esa misma manera que se expandan otras garantías, las sociales y las ambientales. Hay que encontrar la forma de hacerlo para que además funcione la multilateralidad y que la gobernanza de la ONU sea respetada, podría ser con una constitución cosmopolita, o mundial, producto de un pacto entre los organismos multilaterales o con una modalidad de imperancia de los ODS de la misma ONU. Esta aspiración kantiana de una u otra forma ha sido trabajada teóricamente por autores como Ferrajoli y Habermas.

 El investigador socio jurídico, Rodrigo Uprimny, refiriéndose a las elecciones del 3 noviembre en los EEUU, con ese defectuoso sistema electoral, dice que conlleva a una discrepancia entre decisiones nacionales que tienen efectos globales, sugiere que la Democracia y el constitucionalismo no deberían estar atrapados en el marco del estado-nacional. El triunfo de George Bush sobre Al Gore, agravó el calentamiento global. Es decir, una elección nacional (con sus defectos) tuvo repercusión mundial al reconocer como triunfador a un negacionista con intereses en la industria del petróleo sin importarle los daños a la atmósfera que, además adelantó la invasión a Irak alentado por los halcones y petroleros con el lobby ante Dick Cheney, desconocieron al panel de cambio climático de la ONU y sus recomendaciones, lo mismo que las directrices de las cumbres mundiales sobre el tema. 20 años de daños a la atmosfera que se habría evitado si a Gore se le hubiera reconocido su votación sin truculencias. Y ahora Trump habiendo perdido pretende quedarse en el poder con la ficción de un fraude, como si la Democracia de ese país pudiera ser manipulada por la vía africana o centroamericana, y de muchos otros sitios. A ese nivel llegaron por haberle tolerado 4 años de desquiciamiento. El daño podría ser mayor si hubiera sido reelegido. Evidentemente perdió e insiste en quedarse, no reconoce aún el triunfo de Biden, impide el empalme administrativo para allanar la transición, tratará a la brava continuar al mando convirtiendo la transición democrática en una comedia de equivocaciones.

 Donald Trump, otro negacionista, no ganó en las urnas (2016) y su gobierno desestabilizó la institucionalidad interna de los EEUU y alteró el orden mundial. Con Trump la cuestión racial pasó al rojo vivo, la supremacía blanca se empoderó, el acceso a la salud fue diezmado, conservatizó la CSJ asegurando tener la  mayoría de votos para un diferendo electoral, no frenó el porte de armas y crecieron las matanzas ejecutadas por tiradores lunáticos, desconoció a la OMS e hizo un manejó caótico sobre la pandemia; gobernó virtualmente con twitters a punta de fake news(mentiras); sobre el cambio climático no se adhirió al acuerdo de París y sus ODS, enrareció las relaciones con México insistiendo en el muro antinmigración, entorpeció los trámites del derecho de asilo; conmocionó oriente medio con acciones intrépidas contra Irán(ordenó el asesinato de Quessen Soleimani, y desconoció del pacto nuclear suscrito por Obama 2015), se inventó un Ucrania-gate preparando el desprestigio del contrincante Biden, se entrometió en el diferendo Israelí-Palestino al reconocer a Jerusalén como capital de Israel; más otros disparates y barrabasadas.

Bibliografía.

Bushnell David. “Las elecciones en el siglo XIX”. www.banrepcultural.org

Gómez Lobo Alirio. “Las elecciones en Colombia”. www.scielo.org.co, 1999.

Uprimny Rodrigo“Un constitucionalismo cosmopolita”. Columna publicada en el periódico El Espectador. Noviembre 8 del año 2020.

Waller Allyson. “El Colegio Electoral: ¿qué es y cómo funciona?”. Columna publicada en el periódico New York Times. Noviembre 3 del año 2020.

 

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.

 


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