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1 sept. 2018

Cali, otro molde territorial


El anuncio y concreción de la conversión de Cali en Distrito -Especial contenido en la Ley 1933 del año 2018 volvió a activar las opiniones sobre si este es el molde de orden territorial que necesita la ciudad para resolver una serie de  nudos de planeación y desarrollo que tiene.  Como Distrito-Especial dejaría el modelo de  las 22 comunas y se reagruparían los barrios transformándose en 5 localidades con alcaldes menores; cada localidad tendría un plan de desarrollo según sus especificidades; además el Plan de Desarrollo Municipal vigente tendría que reajustarse, los miembros de las JAL pasarían como ediles a devengar sueldos; el 10 % del presupuesto municipal se distribuiría en las alcaldías menores; algunos recursos de participación podría aplicarse a los institutos de cultura como Incolballet y Bellas Artes; los dineros correspondientes a las regalías se manejarían directamente, la sobre tasa ambiental se afirma, podría manejarse con autonomía; y otras “ventajas”, argumentan los defensores de la conversión.

El asunto central a resolver es como llevar a Cali hacia un modelo o molde territorial apropiado sin que los municipios de la vecindad ya anexos de hecho por la conexión con sus límites territoriales en todos los extremos, por el crecimiento de sus perímetros urbanos, por la interrelación diaria a través de sus vías, puestos de trabajo, comercio, banca y la prestación de los mismos servicios públicos, agrave y acogote a la administración central de la ciudad eje del área: Cali. Conurbada por Jamundí, Yumbo, Vijes, Palmira, Candelaria. Y con sobrecargas desde Pradera, Florida, La Cumbre, Dagua; y el peso sin planeación de ciudades caucanas circunvecinas: Miranda, Puerto Tejada, Villa Rica, Guachené, Santander de Quilichao, Caloto y Corinto, que giran alrededor de Cali. Cuál es ese modelo territorial, el Área Metropolitana (Ley 1625 del año 2013), el Distrito Especial, la Ciudad –Región, las provincias nucleadas de la LOOT (Ley 1454 del año 2011), o qué tipo de entidad administrativa. Podría intentarse una forma híbrida entre el área metropolitana con el distrito especial empalmando aspectos normativos de las dos leyes que no son excluyentes.  Cali, sin una unidad de planeación intermunicipal establecida, crece a un ritmo desorbitado que la convertirá en Megalópolis, y esto agravará todo el manejo.

Desde otra óptica, los observadores agudos consideran que se presentaran inconvenientes con esta forma de ente territorial denominado Distrito Especial que, es un copy/page de la Ley 1617 del año 2013 para extenderlo a varias ciudades con generalidades, sometiendo a implementación por acuerdo municipal lo que será el Distrito-Especial con precisión para el caso de Cali. Una situación traumática de entrada para comenzar a operar. El Distrito especial sirve para reorganizar la ciudad hacia dentro pero no resuelve los problemas de la región que la bordea.

Cali no ha sido área metropolitana y debió haberlo hecho desde hace 20 años al menos, así no hubiese tenido que soportar el peso de la prestación de servicios públicos sin la concurrencia de los otros entes territoriales (agua, basuras, mataderos municipales, telefonía distribución de energía…), habría tenido un organismo de Planeación conjunto con las ciudades circunvecinas, ampliado sus vías de comunicación para la interconexión con la concurrencias de los otros municipios( Jamundí, Yumbo, Palmira, Candelaria, incluso Puerto Tejada que no es de este Departamento); Cali ya se acerca a ser una Megalópolis lo cual le exige que primero se convierta en Ciudad-Región donde se puedan manejar con curia y dedicación los ecosistemas que la soportan.

El río Cauca sigue siendo una cloaca al que le han declarado la partida de defunción, el mismo Director de la CVC, Rubén Darío Materón, “busca soluciones” sin tener en la cuenta al río Cauca al descalificarlo tácitamente por contener aguas intratables, por eso ha anunciado como solución traer aguas de La Salvajina a través de un inmenso tubo paralelo al río Timba y construir un acueducto en Jamundí, para reconducirlas; la CVC, en otros momentos, ha presentado la opción del trasvase de los ríos del Pacífico para construir un embalse en Pichindé; y celebran la idea de filtrar el lecho del rio para extraer agua a profundidad, en vez de intentar salvar el lecho del río Cauca.

Al dejar pasar casi 20 años sin convertirse Cali en Área Metropolitana se creció la problemática sin resolver lo más gravoso: el manejo ambiental de los ecosistemas del área. Las dos autoridades ambientales más fuertes no han hecho SINA, ni la CVC, ni el DAGMA, por la rapiña de los recursos de la sobretasa ambiental. Cali como epicentro de la metrópolis de facto no es viable ni sostenible por el detrimento que ha sufrido el río Cauca  y los seis ríos que descienden del Parque Natural Los Farallones. Y son las mismas autoridades encargadas de preservar el agua las coautoras en gran parte de su destrucción. La CVC y EMCALI convirtieron en una caño de aguas residuales a tres ríos (Cañaveralejo, Meléndez y Lili), al entamborarlos en el colector CVC-Sur a través de la carrera 50, pasando por la avenida Simón Bolívar, y hacerlos drenar directamente al rio Cauca en el corregimiento de Navarro, volviéndolo más putrefacto y agravando el tratamiento de la planta de suministro en Puerto Mallarino.  

Liberar estos tres ríos y recuperar sus rondas hídricas en tarea pendiente, mientras tanto el delito ambiental sigue impunemente en marcha. Ninguno de sus 6 ríos que discurren por la ciudad se han recuperado las rondas hídricas, principal tarea de adecuación al cambio climático: por lo tanto la ciudad no es viable. Las únicas aguas que se captan antes de descender hacia ese caño institucional, son las del rio Meléndez, con el acueducto de La Reforma; los otros dos, el Cañaveralejo y el Lili, sus aguas son desperdiciadas, y los agresores por minería, agricultura inadecuada y asentamientos ribereños, no son regulados, ni reordenado el territorio. Entretanto las aguas del río Cauca llegan contaminadas desde el Departamento vecino, por residuos tóxicos y detritus de la zona industrial Páez, aguas sanitarias de los municipios sin PTAR, vestigios de minería ilegal en el departamento caucano, empalizadas de los ríos Desbaratado y El Palo, vertimientos de porquerizas y caballerizas clandestinas, lodo de las orillas por aflojamiento de los suelos ante la tala incontrolada, etc. Así cómo se pretende erigir a Cali como ciudad Distrito Especial sin la conservación de sus ecosistemas compartidos, con un desorden urbano conurbado.

Existe una realidad innegable, Cali es ya una ciudad macrocefálica que se extendió sin la planeación urbana adecuada. Grandes zonas de la ciudad crecieron a golpe de invasiones, tugurización y hechos violatorios del ordenamiento urbano; por laxitud de los Alcaldes; proselitismo de la clase política para ganar adeptos; expansión en zonas de protección ecológica; alteración de los cerros tutelares; contaminación de los ríos que la atraviesan; desecamiento de humedales; conurbación tipo metrópolis sin ser área Metropolitana, llevando la carga de las ciudades dormitorio; freno a los procesos de arborización, encementamiento de áreas protegidas; alteración del Parque Natural Los Farallones; crecimiento dado por las migraciones voluntarias, el desplazamiento forzado de las varias guerras o violencias cruzadas de los últimos 35 años y del conflicto interno desde 1964; por ser polo de atracción de los habitantes del suroccidente colombiano en cuanto al pretendido logro de movilidad social que pudiesen lograr, se convirtió en una ciudad de colonias; centro de operaciones del narcotráfico y luego por la atomización en minicarteles que tiñen de sangre  las calles .

Otto Francisco Quintero, en su tesis de grado de  la universidad Javeriana, titulada “Ciudad región y el proyecto regional. Una mirada sobre la reconfiguración territorial en Colombia”, Expresa con acierto que,”  La “ciudad-región” se refiere a territorios extendidos en los cuales es posible identificar vínculos cercanos relacionados con su actividad económica, su perfil histórico-cultural y sus condiciones físico-ambientales, y en donde dichos vínculos se vienen convirtiendo en fuerzas socio políticas que rompen con las delimitaciones administrativas vigentes. La ciudad expande sus límites y abarca territorios en los que se ubican infraestructuras globales de tipo aeroportuario, universidades, parques científicos y zonas francas”.

 Esta situación demanda nuevas formas de gobernanza y administración y principalmente, dentro de nuestro interés específico, la creación de nuevas formas de enfrentar el ordenamiento territorial y el proyecto diseño regional integrado. Del planeamiento territorial propio del siglo XX que se enfocaba sobre el manejo del crecimiento poblacional y sus implicaciones en la ocupación del suelo, es necesario trasladarse a principios del siglo XXI, hacia una visión estratégica que permita determinar las mejores acciones, las menos costosas y las de mayor repercusión ( en eco a los enunciados de Rem Koolhas), que se deben llevar a cabo dentro de una región para lograr modificar las tendencias existentes y reorientarla hacia la dirección que puede responder a las nuevas condiciones locales y globales”.

Por | Alberto Ramos Garbiras: Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre, Cali; Ex Procurador Ambiental y Agrario del Valle.

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3 ago. 2018

Universidad y política


Por Alberto Ramos Garbiras (*)
Ricardo Sánchez Ángel, para el desarrollo de su investigación titulada “Universidad y Política”, tomó dos ejes: el movimiento estudiantil de Córdoba-Argentina (1918), y la insurrección universitaria en Nanterre/ París (1968). Ambos momentos históricos signados por la búsqueda de una mayor autonomía universitaria y de Co-gobernabilidad. Claro, estos hechos en cada país son inescindibles de los acontecimientos precedentes en cada uno de esos Estados-Nación, y de la conexión con los hechos internacionales que repercutían en la formación, conceptualización y planes de estudio, dentro de cada ámbito universitario: pero fueron estos sitios los claves para marcar la evolución de los estudios universitarios y del papel de la universidad en la sociedad.

 Se trata de una crónica histórica que no pretende ser totalizadora, ni abordar a fondo el desenvolvimiento del embrión universitario (las bibliotecas) en la antigüedad, hasta hoy. Tampoco la explicación detallada del aparecimiento de las universidades desde la baja edad media. La saga referente a la formación de centros educativos y sus antecedentes está reseñada de manera apretada, para no ser diletante, desde la mención de los libros de arcilla en la antiquísima Mesopotamia, pasando por la biblioteca de Hammurabi en Babilonia; para relievar en Grecia la Academia de Platón y el Liceo de Aristóteles, llegando a la construcción de la biblioteca de Alejandría, obra de Ptolomeo, condiscípulo de Alejandro Magno y su emprendimiento en Egipto. También reseña el aparecimiento de las universidades medievales en Bolonia (1088), la Universidad de París a mediados del siglo XII, y las del siglo XIII: Montpellier, Salamanca, Colonia y Cracovia.

La obra de Ricardo Sánchez es una investigación valiosa sobre las repercusiones de la insurgencia universitaria en el siglo XX y lo que está por hacerse en el siglo XXI, porque sin esos centros de formación e investigación (las universidades), la sociedad no tendría rumbo. Por ello, todo lo que está por corregirse en el plano de la educación debe ser acometido en Colombia para reconducir a la sociedad y al Estado.

Otro momento importante del recorrido del pensamiento libre hasta hoy fue el de la ilustración, se abrieron paso: el enciclopedismo, el contractualismo y el constitucionalismo, tres corrientes intelectuales en la Francia ochocentista (finales del siglo XVIII), donde la razón afloró para que subsiguientemente a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), se pudiera enarbolar la libertad de pensamiento, de cátedra, de opinión, apoyados en el crecimiento de la imprenta, en la secularización de la sociedad y la formación del Estado- laico. El distanciamiento del dogmatismo permitió unas opiniones razonables, fue el período de las sociedades teocéntricas a las antropocéntricas.

Si no hubiese sido por el aparecimiento de la imprenta la difusión de las obras habría continuado en la clandestinidad de los monasterios como lo describe Umberto Eco en su obra “El nombre de la Rosa”, y el acceso a los textos solo en manos de las élites medioevales. Gracias al invento de Johannes Gutenberg (1459), fue superado en parte el clericalismo y el oscurantismo, aunque quedaba un largo trecho por recorrer para vencer la horrible cacería de brujas, la tortura como forma de confesión judicial y todo el aparataje de la inquisición; entonces, sobrevino el despegue de la lectura porque facilitó la reproducción de textos; la imprenta fue un instrumento vital durante el renacimiento, se propaló la reforma luterana, y las universidades ampliaron su radio de difusión. Se puede afirmar que la imprenta y la edición ciclópea de la Enciclopedia orientada por Diderot, permitieron el crecimiento y la funcionalidad de las universidades.

La autonomía universitaria es sin dudarlo la principal conquista de los estudiantes para lograr un mejor desenvolvimiento. La tradición autonómica colombiana puede encontrarse en apreciación de Ricardo Sánchez, en el cimarronismo de los africanos esclavos, en el movimiento comunero de 1781 con la reacción santandereana contra las imposiciones del Virrey Manuel Antonio Flórez;  en la guerra de independencia y su embrión, las juntas de Gobierno y los gritos desde los cabildos que llevaron al constitucionalismo pre-Republicano; se observa también en las proclamas y disputas dentro de la controversia entre Federalismo y Centralismo, luego las confrontaciones entre los artesanos a mediados del Siglo XIX, al surgir las  Sociedades Democráticas, abril de 1854, aparece una especie de República de artesanos.

El equivalente de la autonomía universitaria es la autonomía personal, y a nivel macro es la soberanía estatal. El Estado que decide con quien se relaciona, el Estado que ejerce sus relaciones internacionales en el contexto de la globalización y su comercio transfronterizo, lo hace en ejercicio de su soberanía, o sea su autonomía estatal; el ser humano igual hace con su voluntad y libre arbitrio al decidir cómo se forma, como actúa, desempeña, etc.: y los estudiantes integrados como comunidad lo hacen pronunciándose, reclamando, exigiendo para mejorar las condiciones internas del claustro y del campus: buscan orientar la conducción de la universidad.

Indudablemente los hechos registrados en la ciudad de Córdoba (Argentina, 1918) fueron los que marcaron el nuevo rumbo de las universidades para América Latina; el comienzo de la autonomía universitaria destacó las causas y factores larvados y sirvió para las repercusiones que se han dado en estos 100 años del devenir universitario. La reforma planteada por el Rector José Nicolás Matienzo sirvió para impulsar las reflexiones de los estudiantes y motivar la actitud radical reclamando autonomía, impugnando la Ley Avellaneda, cuestionando los rezagos de la educación colonial que se prolongó en el siglo XIX, y el lastre de la educación clerical y confesional, detentada por congregaciones religiosas que fundaron las universidades de los siglos XVI y XVI en las colonias españolas de América, con enorme influencia sobre las autoridades estatales en el despuntar del siglo XX.

El Frente Nacional, una reforma constitucional concebida en Sitges y Benidron, dos balnearios españoles, por dos cerebros del bipartidismo, Laureano Gómez y Alberto Lleras, para dizque acabar con la violencia de los años 50, insuflada por las mismas élites de los partidos, se hizo a través de un plebiscito (1957), aunque en el fondo fue un referéndum, y en la práctica una contrarrevolución preventiva para monopolizar del aparato del Estado, esta institucionalidad bipartidista diseñada para 16 años, conllevó a la  apropiación de las universidades públicas con el mismo esquema, el de bipartidizar el profesorado y oficializar la educación vigilada. Fueron personajes como José Félix Patiño, Fals Borda, Camilo Torres, Leonardo Posada, Umaña Luna, y otros los que contribuyeron a expandir la semilla de la autonomía Universitaria heredada del movimiento de Córdoba.

La década de los años 60s fue convulsa, el hipismo como corriente contestataria juvenil fue calcado del movimiento estudiantil norteamericano; la guerra de Vietnam fue repudiada por ser una intromisión injusta en indochina después de la liberación del yugo francés; las universidades en Europa y Colombia no fue ajena, realizaron serias protestas antiguerra que alimentaron la conciencia nacional por la violencia que no terminaba en lo interno; los hechos independentistas del Congo y Argelia dieron claridad sobre los procesos de liberación; el movimiento feminista incorporó a la población estudiantil de género; todos estos acontecimientos mundiales repercutirán en la posturas del mayo del 68 parisino.

En Colombia, las terceras fuerzas anti bipartidistas canalizaron el descontento contra las élites (el MRL, la ANAPO y el Frente Unido);  afortunadamente el magisterio comenzó a organizarse nucleándose alrededor de FECODE; las universidades privadas crecieron y alcanzaron en número a las universidades públicas según datos recopilados por Marco Palacios; el libre comercio creció en medio de la alianza de empresarios, sector financiero y burguesía cafetera; los estudiantes presionaron por la libertad de cátedra y la democratización de la sociedad; la revolución cubana influyo en la extensión del foquismo guerrillero, surgieron las guerrillas de las FARC y el ELN que llevaron a cabo la oposición armada y cooptaron dirigentes estudiantiles para guiar al campesinado; la teología de la liberación fue la expresión de un catolicismo social;  las universidades privadas crecieron y desbordaron a las pública, en 1985 de 127 universidades, 78 eran públicas y solo 49 privadas, se utilizó la educación y disminuyó el presupuesto para la educación pública en detrimento de la investigación y capacitación profesoral. Se tomó más conciencia de la reclamación por una amplia autonomía universitaria, la formación intelectual estuvo signada por las lecturas del marxismo, de los textos de Lenin, de Ernest Mandel, de Sartre, Trotsky, Gramsci, Bujarin, y la difusión de los contenidos de las ciencias sociales en textos de varias editoriales.

 Entre el año 68 y el año 73, las universidades públicas en Colombia expresaron la necesidad de cambios culturales, programáticos, de ruptura con la dirección empresarial de los organismos de dirección en los claustros docentes, figuras de los gremios venían coludiendo empotrados en los Consejos Superiores para hacer negocios y millonarias contrataciones con los dineros públicos, bajo el ropaje de la FES en el Valle dilapidaron cuantiosas sumas; los estudiantes denunciaron estos negocios que se replicaban en otros departamentos, cuando fueron descubiertos, se apartaron para fundar universidades privadas y hacer lo mismo con los ingresos de las matrículas. Los acontecimientos de 1971 que desafortunadamente tomaron a Luís Carlos Galán, de sorpresa, contenían esa efervescencia larvada desde el año 68 y la acumulación de malestares.

 (*) Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre, Cali.

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21 jul. 2018

La Oposición con Estatuto


La oposición en ciencia política consiste en debatir desde un cuerpo colegiado (Congreso, Asamblea Departamental o Concejo Municipal), las medidas que se van a aprobar para ingresar al ordenamiento jurídico, y las adoptadas por el mandatario de la Nación o del ente territorial respectivo. La oposición, en estricto sentido, se puede hacer con la elección a un escaño en esos cuerpos colegidos, para realizar el control político al gobernante y evitar las arbitrariedades administrativas, los abusos de autoridad, el autoritarismo, los errores que le harían daño a la población, o los excesos en la contratación administrativa y el gasto público, o la aprobación de normas lesivas, por ejemplo. Quienes hacen oposición representan al pueblo que los eligió.

Giampaolo Zucchini, dentro del diccionario de ciencia política compilado por Bobbio y Matteucci, escribió que, “Podemos definir la oposición como la unión de personas o grupos que persiguen fines contrapuestos a aquellos individualizados y perseguidos por el grupo o por los grupos que detentan el poder económico o político o que institucionalmente se reconocen como autoridades políticas, económicas y sociales respecto de las cuales los grupos de oposición hacen resistencia sirviéndose de métodos y medios constitucionales-legales o de otro tipo que pueden ser ilegales y violentos”.(Zucchini, 1988).

 Hacer oposición a un Gobierno es ejercer la crítica constructiva para lograr hacer corregir los excesos del gobernante. No es salir a gritar a las calles, megáfono en mano, ni marchar o realizar un plantón, eso se llama protesta; y si dura varios días la protesta con consignas de no acatar la decisión de un mandatario porque se siente injusta la medida, se llama entonces, desobediencia civil. Esta forma de expresión la realiza la población cuando los problemas sociales crecen y no se observan inversiones o mejoras. La protesta no se puede acallar con represión, se disuelve solucionando la esencia de los reclamos. Colombia va a presenciar una mezcla de oposición y protesta popular acompasada por la dinámica de los hechos. La democracia avanza si se corrigen los excesos, por lo tanto, no hay que mirar la protesta como subversiva sino como expresión de reclamo colectivo ante la inefectividad del reclamo individual, donde el ciudadano se siente acogotado y desconocido.

 Colombia durante toda su vida republicana (196 años) no ha tenido una oposición reglamentada con Ley Estatutaria, la oposición que ha habido se organiza por los partidos perdedores de la elección; muchos de los perdedores se pasan a la bancada oficial por intercambio de favores, y forman el partido de Gobierno, o el partido de los contratistas, es decir rodean al Presidente para pedir y extorsionar a cambio de votos aprobatorios de las leyes, así ocurre con el “Control” a los Gobernadores y Alcaldes. Con esas transacciones torticeras se ha declinado en Colombia el ejercicio de una oposición seria, a punta de deslizamientos de los perdedores hacia el bloque de gobierno: son comprados o granjeados.

 En otras épocas la oposición ha sido violenta como las 8 guerras civiles del siglo XIX; o los períodos de violencia crónica y encadenada del siglo XX desde 1946. El pretexto al construir el Frente Nacional fue aplacar la violencia bipartidista que las mismas élites de los dos partidos habían insuflado, desde que se inició el exterminio del movimiento gaitanista. La connivencia frentenacionalista generó otras formas de violencia y no dejó desplegar la oposición parlamentaria. Afloró la oposición extraparlamentaria, impulsada por las guerrillas, ante el cierre de los espacios políticos formales. Terceras fuerzas en la década del 60 trataron de jalonar la oposición, el MRL, La ANAPO y el Frente Unido, camilista. La primera se disolvió por el retorno del jefe al partido liberal; la segunda fue afectada por el fraude electoral de 1970; y la tercera por un error estratégico, el padre Camilo es inmoló en la lucha armada. Durante el post-frente nacional (1974 / 1990), la oposición fue caótica sin reglamentación y se dio con chantajes desde la rama legislativa al presidente de turno, se disolvieron las ideologías de los dos partidos tradicionales y la violencia se practicó con la sicarización de los directorios políticos para eliminar al oponente. La única excepción de oposición reglamentada se intentó durante el gobierno Barco Vargas (1986/1990), pero la costumbre de pedir, chantajear y volverse bloque de gobierno, alteró la propuesta del Ministro Cepeda.

Solo después de 27 años de expedida la Constitución de 1991 empezará a regir el primer estatuto para ejercer la oposición en Colombia, producto de una norma dictada el año pasado durante el trámite del Fast Track o vía rápida, se trata de la Ley estatutaria 1909 sancionada el 9 de julio de 2018, con 32 artículos, norma tramitada  ante la necesidad de regular la relación de los partidos con el Gobierno, de reconocerle derechos a las fuerzas políticas minoritarias y de apuntalar la participación política del naciente partido de las FARC .

Gustavo Petro, disidente del Polo Democrático, exguerrillero convertido en Constituyente, legislador y alcalde de la capital, casi en solitario, empezó la campaña presidencial 2018 y logró motivar multitudes de indignados que lo llevaron a la segunda vuelta electoral, donde mostró con su programa de gobierno un populismo constitucional, realizable. Con más de 8 millones de votos se convirtió por el hecho político en jefe de la oposición del nuevo gobierno que empezará el 7 de agosto de 2018. El interrogante es: cómo podrá desenvolverse esa oposición? Por los anuncios que circulan en redes sociales y por las declaraciones del mismo Petro se hará en una combinación de oposición parlamentaria (dentro del Congreso), sobre lo que sea necesario cuestionar, y combinada con el respaldo popular en las plazas públicas como mecanismo de participación popular en vivo, sin formalismos de trámite normativo, aprovechando la inmediatez de las redes sociales para convocar, o sea activando la política digital.

 Para que una oposición en cualquier país sea fuerte, consistente y efectiva, es conveniente que este unida, conglomerada bajo unas guías, parámetros y liderazgos, los que corresponden a las fuerzas políticas que la componen. La oposición desperdigada o fragmentada en igual número de partidos políticos y movimientos políticos que no llegaron al poder se torna débil e inconsistente, porque si bien es cierto que cada uno cuestionará al ejecutivo central (en otros casos los poderes ejecutivos locales); sus errores o desaciertos, fraccionados no lograran la votación homogénea o grupal para obstaculizar los desafueros o abusos del derecho.

La oposición indisciplinada o fraccionista no obtiene resultados efectivos porque la suma de voceros políticos no está solo para lucirse individualmente con discursos emotivos, sino para interconsultarse a fin de encontrar coincidencias que les permita votar en bloque una decisión que logre impedir la aprobación de una ley injusta o contraria al interés general. O adelantar una moción de censura que de resultado.

Dentro de una Democracia funcional, la oposición debe ser reconocida y respetada; y a su vez, la oposición bien conducida y racional puede contribuir a ganar en cultura política y civilidad. No reconocer a la oposición es querer no ser controlado o vigilado, es pretender gobernar sin observadores con voz, y afianzarse con los cómplices. En las democracias la oposición es la contraparte de quien gobierna. El triunfo lo da la mayoría en las urnas, pero esas mayorías de votantes no tienen como controlar a sus elegidos, lo deben hacer los perdedores que si compitieron en las urnas y que pretenden ser alternativa de poder para el próximo período.

Con una oposición en funcionamiento gana la Democracia porque habrá un control al gasto de la hacienda pública; gana el pueblo burlado en otras horas y no representado debidamente; gana el buen gobierno porque el desempeño deberá ser transparente. Por todo esto la oposición debe ser racional y actuar con ponderación, no se trata de negar, criticar y atravesarse sin fundamento porque la gente capta si lo denunciado es real o mera espuma de escándalos, así los mismos opositores pierden credibilidad. 

El Exministro Rudolf Hommes, sugiere un esquema de gobierno y oposición moderado, refiriéndose al ejercicio del gobierno que empezará el 7 de agosto, manifestando que ojalá fuere un poder blando; y a la oposición desde el Congreso aspira sea moderada para renunciar a posiciones intransigentes. Este anhelo expuesto en una columna de prensa publicada el 16 de julio, lo condensa en la siguiente frase: “Este panorama lo puede introducir el nuevo presidente y sería radicalmente diferente del que se ha agitado durante el debate electoral que pondría a la oposición a vociferar permanentemente en el Congreso, a hacer política en los juzgados penales y a organizar manifestaciones en las calles  y las plazas públicas mientras la administración se ocupa de destruir los avances alcanzados en el proceso de paz y descuida la economía, el progreso social y el buen gobierno”. (Hommes, 2018)

El anhelo del exministro Hommes, bien expresado y ponderado no se va a dar, al menos en la primera fase del gobierno porque loa ánimos aún están caldeados, producto de la polarización de las partes desde el año 2016 con tres justas electorales que resumieron esas posiciones hirsutas. Así el nuevo Presidente, Iván Duque, quisiera guardar el equilibrio, los debates e imputaciones fuertes marcaran la primera fase de la relación Gobierno/Oposición, por temas sensibles como lo que falta para la implementación de la paz, el aniquilamiento de líderes sociales, la corrupción extendida en todos los entes territoriales y Corporaciones Autónomas Regionales, la justicia ordinaria disfuncional, la JEP desconfigurada por los ataques desde diferentes flancos, la sociedad expuesta al detrimento económico por la falta de movilidad social, y el descontento con el gabinete ministerial anunciado que tiene un énfasis gremial, alteró hasta a los “socios “ de la segunda vuelta electoral que ya anuncian oposición legislativa de centro, aunque son marcadamente de derecha.

Citas:
Zucchini Giampaolo. Concepto de oposición. Diccionario de ciencia política. Compilación de Norberto Bobbio y Nicola Matteucci. Siglo XXI Editores. Quinta edición en español, página 1132, Madrid, España, 1988.
Hommes Rudolf.  “Gobierno y Oposición”. Columna publicada en el periódico El País de Cali,Página A-8, julio 16 de 2018.

Por: Alberto Ramos Garbiras |  Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana;  PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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15 jul. 2018

López Obrador, un progresista


El primero de julio ganó las elecciones en México Andrés Manuel López Obrador (AMLO), había sido derrotado dos veces, quedó atenazado entre los dos partidos mayoritarios, el Partido Revolucionario Institucional(PRI) y el Partido de Acción Nacional(PAN) y quejas de fraude electoral se presentaron, pero fue marginado del poder. La corrupción, la pobreza y el avance de las mafias prosiguió durante los últimos 12 años. Fundó un partido alternativo, Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), y se presentó con una coalición llamada “Juntos Haremos Historia” (Morena, PT y PES),  con la que podrá gobernar desde diciembre 2018. López Obrador, de origen izquierdista, ha sido calificado como populista, y más ahora con la canalización multitudinaria que hizo para formar la mayoría electoral. Podríamos analizarlo como un socialdemócrata, progresista, con rasgos populistas, pero de ninguna manera como un demagogo.

 La segunda oleada populista en América Latina (1999/ 2018), vio aparecer el neopopulismo socialista del siglo XXI, y otras formas de socialismo, surge a partir de la profunda fracturación de la Democracia por el actuar voraz del neoliberalismo privatizador de casi todos los servicios públicos que empobreció a vastos sectores sociales.

En América Latina ha operado en los últimos 17 años  que el populismo ha llegado al poder y ejercen gobiernos progresistas de atracción(Lugo en Paraguay; Lulla y Dilma en Brasil; Mel Zelaya en Honduras; Correa en Ecuador…),   pero muchos de esos dirigentes populistas no se toman el aparato del Estado para transformarlo, solo se desempeñan dentro de ese sistema administrativo, no lo adaptan a otras formas o instituciones nuevas, precisamente porque la institucionalidad oligárquica está montada desde años atrás y no las pueden desmontar al quedar entrampados en el legalismo. Reaccionan las élites desbancadas o destronadas, utilizan la justicia supérstite para enjuiciarlos, judicializan la actividad política y regresan al poder por la vía electoral. Ojalá a López Obrador, no le ocurra lo mismo porque quedaría maniatado ante las viejas instituciones, necesita promover una Constituyente.

El populismo es cíclico su aparecimiento se registra porque las mismas clases hegemónicas se debilitan y sus castas corroen el aparato del Estado perdiendo gobernabilidad y credibilidad, los partidos políticos ya no representan al pueblo, se fractura el bloque dominante en el poder, en esa clase de coyuntura, aparecen los dirigentes populistas. No aparecen porque sean espontáneos, no, son las condiciones creadas por el mal manejo de los gobiernos que han detentado y la malformación democrática. El populismo brota porque los sistemas electorales (así sean rígidos o defectuosos), permiten la competencia de partidos y movimientos políticos; cuando los partidos formalmente establecidos funcionan bien, se vive una “normalidad” democrática y electoral; cuando dejan de representar a vastos sectores, aparece una nueva voluntad general que se expresa de manera contrahegemónica, entonces la presión popular busca quien los represente, y aparecen los populismos.

Así se puede explicar el triunfo de AMLO por la pérdida total de credibilidad de la población en los dos partidos, el PRI y el PAN. El populismo moderado y encuadrado en medidas constitucionales lo podemos observar leyenda parte del listado de su programa: 1). Explorar la posibilidad de una amnistía para combatir la delincuencia. 2). Elaborar un plan conjunto (académicos, religiosos, organizaciones) para darle paz a México. 3). Invitar al Papa Francisco para lograr la paz en México. 4). Ahorro de 500 mil millones de pesos a través de recorte de sueldos, vender el avión presidencial y otras medidas de austeridad. 5). Reformar el artículo 108 de la Constitución para que el presidente en funciones pueda ser juzgado por delitos de corrupción.6). Reducirse el sueldo a menos de la mitad de lo que gana el presidente Enrique Peña Nieto.7). No utilizará los servicios del Estado Mayor Presidencial.8). Aumentar el sueldo de maestros, enfermeras, médicos, policías, soldados y marinos. 9). Cancelar la pensión a los expresidentes.11). No gastar más de lo que ingrese al erario.12). Cancelar el servicio médico privado a los altos funcionarios. 13). Revocación de mandato cada dos años. 14). Contemplar una reforma para reducir legisladores y quitar a los diputados plurinominales. 15). Sembrar en el sureste del país un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables. 16). Creación de 400 mil empleos en ejidos. 17). Salario mínimo del doble al actual en la zona fronteriza.18). Dar subsidios para los productores del campo. 19). Fijará precios de garantía a productos del campo.20). Producir en México todo lo que consumimos. 21). Congelar el precio de la gasolina.22). Vivienda asequible y bien localizada.23).Inhibir la expansión descontrolada de las manchas urbanas y se fomentar la densificación en su interior.

Un analista político mexicano, Saúl Vásquez, expresa dentro de un artículo publicado en la página Web FONDEA que, “El populismo es una herramienta de constitución de un grupo político, más que una ideología en sí. Es usada tanto por movimientos de derecha como de izquierda. Según el mayor referente teórico del populismo, Ernesto Laclau, el populismo es “una de las formas de construcción de la propia unidad del grupo… en consecuencia ‘el pueblo’ no constituye una expresión ideológica sino una relación entre agentes sociales”[1]. Es decir, populismo es el recurso discursivo de referirse al “Pueblo”. ¿Qué es el pueblo? Lo que el político define que sea. Es por ello que para Trump o Le Pen su pueblo son los blancos originarios de Estados Unidos y Francia ante la amenaza de los migrantes, mientras que para AMLO “Pueblo” sería todo aquel que se enfrenta a la amenaza de “La Mafia en el Poder”. El uso de esta relación dicotómica de Pueblo v. Mafia es constatable en el discurso público de Andrés Manuel desde sus primeros textos”.

A AMLO no se le puede endilgar incapacidad administrativa, fue alcalde de ciudad de México (DF) y llevó a cabo ajustes económicos y política de austeridad, persiguió en serio la corrupción, saneando las finanzas. Como Presidente asegura que rebajara las altas pensiones y prebendas de los expresidentes; ya anunció que no usará el avión residencial, ni la residencia oficial y disminuirá su propio sueldo. Está claro que su mandato ara destacarse deberá diferenciarse de estos 18 años continuos respecto a las acciones del PAN y del PRI.

 Respecto a las relaciones exteriores tiene un enorme desafío vecinal como no habría ocurrido en los últimos 90 años porque México ha sufrido muchas afrentas desde que en el siglo XIX le cercenaron o robaron el territorio, pero desde que asumió Trump las afrentas han sido en seguidilla. El Sr Donald Trump, presidente de los EEUU está persiguiendo a la población mexicana, intentando construir un muro de infamia, endureció la política antiinmigración, separó de manera infame a los niños de los padres latinos, y ha elevado los aranceles. Trump es de estirpe populista de derecha, nacionalista, supremacista, xenófobo y proteccionista del mercado nacional norteamericano. Toparse con un vecino así deja entrever unas relaciones exteriores turbulentas, porque tienen una frontera caliente, el narcotráfico no fue derrotado por Felipe Calderón, antes, por el contrario, fue alborotado y los carteles aumentaron, lo mismo la penetración de las autoridades y el debilitamiento institucional. AMLO es de estirpe populista de izquierda, cree que la Democracia puede ampliarse y modernizarse con sus propuestas, pero también es nacionalista y no va a dejar irrespetar a sus connacionales. Enrique Peña Nieto, como presidente actual, no salió bien librado de esta puja internacional, y ello seguramente afectó al electorado de su partido en las recientes elecciones.

[1] Laclau, Ernesto. La Razón Populista, Fondo de Cultura Económica. Pp.97

Por: Alberto Ramos Garbiras.  Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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2 jul. 2018

Matices del Populismo


Las diferentes formas de populismo confunden a la gente. Hay una variedad de matices, ello se debe a que cada líder de derecha o de izquierda que proviene de la política no formal, o es un Out Sider, convoca al pueblo y dice representarlo sin ser el pueblo consultado para decidir, solo es convocado a votar, después de la descarga incendiaria de discursos desde varios flancos: irrumpen en el escenario aprovechando la crisis o el malestar.

Ese pueblo como concepto o categoría política es una expresión que encierra varios significados. Puede decirse Pueblo para referirse a toda la nación de un país, por ejemplo, el pueblo colombiano. Dentro de ese país si a una persona le preguntan, Usted de dónde es, contestan: de Boyacá, o de Nariño, dependiendo del departamento de origen, nadie contesta soy colombiano. Si esa misma persona está en España y le preguntan, de dónde es: dice colombiano, incluyen el componente de la nacionalidad. Otra forma de usar la expresión Pueblo dentro del uso político interno, y en momentos de rebelión, protestas o insurgencia, es señalando a los que reclaman como “son gente del pueblo”. O sea con un tono despectivo. Esa es la explicación del origen de la palabra, al señalar a los que  marchan en contra de medidas gubernamentales y son guiados por algún líder, como parte del populismo.

Pero el Pueblo no es homogéneo. Está compuesto de sectores, clases, estratos, movimientos sociales, etnias, razas, campesinos, obreros, gremios, asociaciones, etc., por lo tanto para diseñar políticas públicas, aplicarlas con el presupuesto adecuado y resolver los reclamos, los antagonismos y conflictos, la única contradicción no es la del capital / trabajo; hay que resolver los antagonismos multiplicados en la sociedad por la desatención, las exclusiones y las políticas neoliberales en externo privatizadoras.

El populismo de izquierda es mirado por los sectores tradicionales de un país como la interrupción al sistema de  partidos establecidos, y alterador de la normalidad democrática, esta es la mirada de las élites tradicionales adscritas a los partidos políticos formales, apuntalados por la burguesía que, se mueven dentro de las democracias liberales.

El populismo de derecha es tolerado por la élites burguesas y empresariales porque no les afecta el nacionalismo o el proteccionismo que despierta, y porque saben que el régimen no lo van a alterar; ven en esos atractivos que el populista de derecha promueve, una forma de ganar imagen (con la promoción del paternalismo), pero que no alteraran la estructura del Estado oligárquico.

Ambos populismos, de derecha e izquierda, acuden en busca del pueblo para obtener la votación necesaria a fin de escalar al poder central. Los populistas de derecha se apoyan más en la invocación de la Democracia representativa; los de izquierda en la Democracia participativa (mecanismos contenidos en el artículo 103 de la Constitución). La Democracia participativa es una deriva de la representativa. En Colombia la Democracia representativa es un constructo teórico que juega con el concepto de soberanía, una vez elegidos los congresistas desenchufan a los electores y es muy difícil desatornillarnos de la curul porque no existe la revocatoria, solo un régimen de inhabilidades e incompatibilidades que saben sortear en los procesos ante el Consejo de Estado. Y la otra, la democracia Participativa ha sido obstruida por el rigor y complejidad para activar la participación del plebiscito(solo uno en 27 años, sobre la Paz, y errado; el referéndum constitucional (solo uno 2003, y fallido); la revocatoria del mandato de alcaldes y gobernadores en un número ínfimo y sin efectos para cambiar el poder local; el cabildo abierto (una burla a los líderes municipales, en  los concejos municipales), la iniciativa legislativa popular (solo 3 leyes en 27 años). Y no existe revocatoria presidencial.

La forma de ascenso al poder de los populistas (las elecciones), y la contemporización de los líderes de derecha con las estructuras del poder, hace que se mantengan actuando en la formalidad democrática. Esa formalidad construida por el derecho público (Constitucional, Administrativo e Internacional), los entrampa en una maraña de normas tejidas por los Congresos de la República anteriores que, impide el cambio del sistema porque el reformismo gradual con actos legislativos no hace mella a la estructura del poder oligárquico: la única forma de un cambio sustancial es a través de una Constituyente que, usualmente impulsan los populistas de izquierda. Los de derecha se mueven con los cambios en dosis de los actos legislativos, reformatorios de la Constitución. Razón que explica las propuestas de populistas de derecha para acomodarse y afianzarse acunándose en el autoritarismo que van imponiendo con contrarreformas o de facto con medidas administrativas durante el mando, coadyuvados a través de esos actos legislativos (cambios menores de la Constitución); y los populistas de izquierda con Asambleas Constituyentes para logar cambios de fondo que les permitan prolongar el período. Los populistas de derecha encuentran en la Rama Judicial un aliado porque con la interpretación jurídica dentro de las sentencias de constitucionalidad los apuntalan para proseguir reafirmando el poder cambiado.

El populismo de izquierda cuando llega al poder es una forma de Gobierno dentro de un Estado, pero se mantiene dentro del mismo sistema de derecho y allí quedan entrampados los dirigentes y el pueblo, amplían la Democracia, pero no avanzan lo suficiente para remodelarla. Democracias donde la única igualdad es ante la Ley: y esto es un espejismo del positivismo. El enredo lo van creando las élites dominantes durante las diferentes etapas de hegemonía, con la profusión de las normas del derecho. Se legisla para mantener el sistema. Como lo explicó Marx: el derecho es un instrumento de dominación de quienes detentan el poder. La Constituyente es la única forma de variar las instituciones para hacerlas más flexibles.  De cambiar luego el derecho que deriva de la fuente principal.

El populismo es reformista pero no transformador de la sociedad, ni radical: alivia la situación de la pobrecía, pero no los saca de la pobreza y menos de su condición de clase. El populismo en cualquiera de sus matices motiva la agitación política, es crítico dependiendo de los temas que enarbole, da la sensación de cambio, pero el aparato del Estado quedará igual sino se lleva a cabo un proceso destituyente y constituyente. Las tres formas de cambiar un régimen o sistema político son: la Revolución, el Golpe de Estado o una Constituyente.

Por: Alberto Ramos Garbiras. Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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