Buscar este blog

16 abr. 2018

Reflexiones sobre el centrismo


A la altura del año 2018, en plena campaña presidencial, tomar cuerpo o empaque de centro político es más difícil, porque el bipartidismo fusionado en la última etapa desde el año 2002 ha tratado de posar como de centro en ejercicio de  4 gobiernos, por ser ese bipartidismo transmutado el soporte en 16 años de dos hombres al mando del Estado. Estos 16 años tienen una misma raíz con dos corrientes, el uribismo como imaginario político, y desdoblamiento en santismo por la discordia entre ellos. En retrospectiva y bajo un enfoque realista, el primer bloque de gobierno (2002-2010) recogió todo el espectro de la derecha liberal-conservadora, cabalgando en un neopopulismo que le dio réditos electorales al guía de este proceso. Paralelamente actuaba el populismo de izquierda con Chávez, desde Venezuela. Y el segundo bloque (2010-2018), actuó como el centro político por la inspiración de Juan Manuel Santos en la Tercera Vía, una vertiente descafeinada de la socialdemocracia, con políticas públicas sociales sin desarrollar a plenitud el Estado Social de Derecho.

Durante el segundo bloque el uribismo pasó a ser la derecha desnudada, teniendo que crear un partido nuevo, el Centro Democrático, para ejercer la oposición. La izquierda en los últimos años ha sido el Polo Democrático que ha llevado a cabo el control político con senadores estudiosos, pero el partido fue afectado por sus propios errores y fisurado por la conducta de los hermanos Moreno Rojas. El centro-centro desde el 2010, lo materializó el Partido Verde que, perdió la Presidencia dos veces ante Santos por la incapacidad de los candidatos para dar el debate y enfrentar la publicidad sucia: Mockus y Peñalosa. La izquierda radical ha sido en esos 16 años la guerrilla en oposición extraparlamentaria, hasta que se logró la paz parcial con una de ellas, las FARC; continúa el ELN en esa línea y en medio de un proceso de paz confuso.

“…Humberto de la Calle, prisionero de un partido Liberal en extrema crisis. Sin identidad, De la Calle y los notables de ese partido renunciaron hace tiempo a la definición histórica del liberalismo como una “coalición de matices de izquierda”. Su fórmula vicepresidencial, Clara López, declaró que no es de izquierda. Al igual que Jorge Robledo, el escudero de Fajardo, hace lo propio” (Sánchez Ángel, 2018)

Fracasó el intento de coalición con Sergio Fajardo, Según César Gaviria, por los desplantes del año pasado éste le propinó al partido Liberal; y ahora porque se deduce, el jefe del liberalismo ante la falta de crecimiento del candidato De la Calle, quiere atajar la desbandada graneada, en la primera vuelta, de los parlamentarios hacia las dos campañas de la derecha (Duque y Vargas Lleras);de esta forma sacrifica a De la Calle para mantener cohesionada la nueva bancada parlamentaria, y buscar Gaviria en la segunda vuelta, pactar la gobernabilidad que pudiere nacer.

El caso de Petro se puede visualizar aquí como el de un líder pertinaz y coherente con su trayectoria de izquierda desde el M-19, pasando por una desmovilización que lo llevó a la Asamblea Constituyente, luego a la política electoral con la Alianza Democrática(AD- M-19), posteriormente al Polo Democrático y a varios intentos con el progresismo; su paso fugaz por los verdes y finalmente con la corriente política Colombia Humana, cubriendo ahora el campo de la izquierda moderada, atemperado por su carácter de coartífice de la Constitución, legislador y gobernante de la capital del país.

El bipartidismo en connivencia llevó a los dos partidos políticos desde el Frente Nacional a ser de derecha, o a ser temporalmente de centro. El bipartidismo hegemónico disminuye a la izquierda combatiéndola o macartizándola, y a los de centroizquierda los señala como de izquierda radical para que la gente desopinada no los distinga. En otras etapas la oposición se ha ejercido con la violencia partidista, también eliminando al líder o disolviendo a las terceras fuerzas, en algunos momentos con la sicarización de los directorios políticos, o evitando la oposición creando formas de connivencia parecidas a la del Frente Nacional; o transmutando los partidos con el transgenerismo político; hoy renace la difusión del odio, llegando la polarización con ribetes de radicalización haciendo que el centro en la práctica quede invisibilizado pero paradójicamente todos reclamen ser del centro.

Los centristas confeccionan un discurso para atraer y usan también, en ocasiones, un populismo moderado. Su mixtura ideológica la transmiten al electorado y seducen a ciudadanos decepcionados del bipartidismo, de otros partidos que han incursionado en el campo político y han fracasado o desengañado a los seguidores; estos ciudadanos ahítos de mentiras, de frustraciones, desencantados, sin norte ideológico creen en las propuestas de centro, pero quedan navegando en la indefinición de una doctrina que no aparece: corren el riesgo de un nuevo desencanto.

 Los centristas necesariamente son confusos porque no se definen por uno de los dos extremos, esto los conduce a ser reformistas intermedios para poder demostrar acciones. El centrismo es volátil, cambiante y situacionista. Dependiendo de la situación, del momento crucial o crítico que viva el país, cambian de posición para sobreaguar las dificultades y no hundirse.

Los centristas dicen defender la Democracia, la Constitución política, el ordenamiento jurídico (estado de derecho), la institucionalidad, etc. Pero qué sucede si nada de esto funciona o funciona mal, como ocurre en estos momentos en Colombia con la justica(recordar el cartel de la Toga), con la contratación pública(corrupción desbordada en varias entidades: Reficar, Banco Agrario, Navelena, Odebrecht, etc.), con el medio ambiente(minería ilegal, páramos, ríos, humedales, ecosistemas sin protección, la biodiversidad destruida, etc.); con la salud robada(caso Palacino),  y la desatención continuada, con los costos de la educación privada en ascenso; con la fuerza pública desarticulada y la inseguridad en las ciudades; etc.; entonces los centristas proponen reformas alrededor de estos temas, pero nada parecido a cambios profundos, y se van acomodando al devenir.

En esta coyuntura electoral 2018 todos dicen ser del centro político. Pero los centristas son vistos por la izquierda radical como andróginos políticos, como usurpadores de las ideas de los otros, como moldeadores de las ideologías: de las políticas económicas y sociales. Los centristas logran armar una mixtura para imprimirle otro formato o empaque para navegar sobre las doctrinas de otros. Apropiarse y refritar, sería el resumen de lo que Dick Morris (estratega de Bill Clinton), aconsejaba: “La triangulación, o sea, apropiarse de las doctrinas de los contrarios para jalonar hacia el centro”.

Al contrario, Jaime Rodríguez-Arana, Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de La Coruña (España), defiende la actitud de los centristas exponiendo que, “Las políticas centristas son políticas racionales. Todas las políticas a emprender, o a criticar, pueden y deben ser objeto de estudio, de análisis. Desde el espacio de centro se hace pedagogía política sin caer la tentación de la crítica destructiva como regla. En otras palabras, desde el espacio del centro se recomienda dedicar tiempo a formar equipos que proporcionen ideas y contenidos sobre los que basar los proyectos…” (Rodríguez- Arana, 2016).

Pero la polarización  de la sociedad en esta campaña ya es imparable, mucho más con los embates contra el proceso de paz, desde la fase final de la implementación por la vía del fast track (segundo semestre del año 2017); la deformación de la JEP, existiendo una indefinición sobre el funcionamiento de la justicia ordinaria que está carcomida por la corrupción e inoperancia y, está nueva justicia, la transicional que aún no tiene un procedimiento redactado; sumado a ello, el truncamiento a la reforma política; los saboteos a la participación política del partido de las FARC; la manipulación de los recursos del postconflicto con una contratación aberrante; la sindicación de Santrich, sin esclarecerse la veracidad de las pruebas; el Presidente Santos queda entrampado porque debe adoptar una posición institucional severa y hablar de extradición o ejecutarla si todo resulta probado; en estas circunstancias  hacer hoy un llamado a la despolarización es ya tarde, los mismos que alentaron la polarización pueden ganar o perder, ganar si el candidato , Duque, sale adelante; o perder porque al alentar la confrontación política entre los colombianos extendieron la plataforma para que un candidato alternativo, Petro, creciera, desde abajo, sin partido y sin estructuras, aparece como la opción de los desencantados, ante la corrupción multiforme en las instituciones del Estado y la dilución de la Paz herida.

Por: Alberto Ramos Garbiras. Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional, Universidad Libre.

Citas:
Sánchez Ángel Ricardo. “Colombia: derechas e izquierdas”, artículo publicado en el periódico Un Pasquín, bajo la dirección de Vladdo, edición número 64, página 4, Bogotá, abril de 2018.
Rodríguez- Arana Jaime. “Que es el centro político”, artículo publicado en la página web www.somosprincipios.es, abril 19 del año 2016.

Siga Leyendo »

31 mar. 2018

El Centro Político


Afanosamente el centro político será conformado entre el 12 de marzo y el 26 de mayo, lo trataran de armar cada uno por su lado desde las campañas de Vargas Lleras, Fajardo y Humberto de la Calle. Esa trifurcación hará imposible la construcción de un centro político fuerte, por obvias razones: será una rapiña de votos para tres vertientes. El centro político en esta elección está condenado a ser disuelto porque los dos candidatos de los extremos, la derecha (Duque) y la izquierda (Petro), también estarán al mismo tiempo atrayendo ese electorado.

 Pero ante la polarización desatada desde la campaña del NO para el plebiscito de octubre 2016, el electorado con comportamiento concurrencial a las urnas ya está dividido, agrandada la brecha por la seguidilla de ataques y enfrentamientos del año 2017, con secuelas en la estima de las personas, el orgullo y sentimientos de odio inyectados, una consecuencia nefasta que, terminó por polarizar a amplios sectores de la población. Entonces, los ciudadanos votantes polarizados o radicalizados, evitaran jugar a ser del centro político, y apoyaran al más afín de los extremos del campo ideológico.

Como ninguno puede ganar en la primera vuelta electoral (ni la derecha, ni el centro, ni la izquierda), los tres campos del espacio político están fragmentados, entonces el mismo sistema electoral de dos vueltas constitucionales (con 3 semanas de distancia), y en este caso inevitables, hará que se anticipe la segunda vuelta desde la primera vuelta, en el sentido de la toma de posiciones. Y en la segunda vuelta electoral se repolarizarán. El centro político en esta ocasión solo servirá de abrevadero de los protagonistas de la polarización agenciada por las élites, en virtud a las posturas adoptadas sobre el proceso de paz.

El centrismo se presenta como una opción moderada de hacer política, como los portadores del consenso y de soluciones pactadas. Su inserción en el respeto a la institucionalidad hace a los centristas adoptar actitudes reformistas, contemporizadoras y poco conformacionales. De esta manera los militantes de izquierda ven a los centristas como tibios, indecisos y pancistas: querer estar bien con todos. El centrismo lleva a una mixtura ideológica entre la socialdemocracia, la tercera vía y la incorporación de criterios liberales que no rompan con las tradiciones. Los partidos de centro se alimentan de políticas progresistas, moderadas y dentro de los mecanismos de participación establecidos convocan a las acciones menos riesgosas para sus socios en el poder.

En Colombia para la coyuntura electoral 2018 frente a la primera vuelta electoral, después de los resultados de las consultas del 11 de marzo, tres sectores políticos quieren mostrarse como del centro político para ser competitivos respecto a la derecha política(encarnada por el partido Centro Democrático), y la izquierda política (liderada por Gustavo Petro, casi en solitario, no se puede decir encarnada por la UP o por el MAIS o por el  ASI, que lo acompañan); esos tres sectores mencionados son : el Vargasllerismo, una parte del liberalismo con De la Calle y Fajardo con tres formaciones políticas que lo respaldan(la Alianza Verde, el Polo Democrático y una corriente llamada Compromiso Ciudadano). La pregunta es esta: ´¿Por qué si existe el centrismo solo ahora lo quieren mostrar ?. El centro político si existe en la práctica debe actuar durante todo un Gobierno o un largo período, no se debe armar artificiosamente y a la carrera para demostrar que existe.

El Polo Democrático es una confluencia de movimientos políticos de izquierda que se desperfiló por la corrupción de un sector de la ANAPO enquistada en ellos; La Alianza Verde es otra agrupación variopinta con militantes de centro-centro, de  centro izquierda y trashumantes de otros partidos en disolución que, viene actuando como partido político desde el año 2010 y no ha podido exhibir el discurso verde, atomizados por infiltrados de otras formaciones que no tienen pertenencia real al Partido Verde; y Compromiso Ciudadano, la otra vertiente de Coalición Colombia, es un movimiento personalista de centro derecha que ha apoyado a Sergio Fajardo  en sus postulaciones como Alcalde de Medellín y Gobernador  de Antioquia; en varias ocasiones ha coqueteado con el Partido Verde, pero nunca se ha comprometido de lleno. La falta de realidad política respecto al momento histórico que vive Colombia les ha impedido armar una verdadera Coalición Colombia que acerque a todos los sectores del centrismo, de la izquierda y a los independientes excluidos de otras confrontaciones electorales.

Algunos partidos buscan el centro político por convicción ideológica con corrientes de pensamiento sobre los temas más transcendentales de la sociedad (el ecologismo, el feminismo, la justicia social, la legalización del consumo de las drogas, la eutanasia, el matrimonio de homoxesuales, el respeto a las pensiones, etc…); otros buscan ser del Centro Político como táctica electoral para atraer votos, evitar los debates con los candidatos radicales, para eludir posiciones sobre aspectos que espantarían votos (los impuestos, cargas tributarias, fijación del salario mínimo, etc.), para no asumir criterios extemporáneos sobre temas como los derechos reclamados por la comunidad LGTB, u otros.

 Por observación se podría afirmar que son verdaderamente centristas los partidos o movimientos políticos que permanente y sistemáticamente defienden temas durante todo el tiempo gubernamental de un gobierno o en sucesivos gobiernos, es decir defensa de ciertas políticas públicas progresistas. Y, al contrario, quienes en coyunturas electorales se presentan como del centro político, cacarean pertenecer al centro a través de propaganda y medios de comunicación, sin tener activismo en temas claves, están buscando tácticamente un provecho: atraer a amplias capas electorales que se sientan embelesadas con ese discurso.

 Los centristas se dividen en tres ramas: centro derecha, centro-centro y centro izquierda. En casi todos los países occidentales tratan de caracterizarse actuando con posturas moderadas, por no correr riesgos respecto a la movilidad social lograda, o ante los intereses económicos que han alcanzado. Los centristas de derecha alimentan el discurso político tomando ideas de varias ideologías, se inspiran en temas de ambos lados (derecha e izquierda) atemperando o modulando las temáticas; son descubiertos por los observadores y analistas debido el oportunismo que destilan; la radiografía final es la de: políticos mutantes. El caso más visible hoy es el del español Albert Rivera, líder del partido CIUDADANOS, a tal punto que ya quedó visualizado como el apuntalador del Partido Popular, otra vez en el poder gracias a este partido genuflexo que le facilitó nuevamente la investidura a Mariano Rajoy; ante la profundización de las crisis estos centristas se inclinan definitivamente hacia la derecha; no tienen sentido del momento histórico.

 Los centristas del centro-centro, acuden al autonomismo para afianzar sus posiciones; son reformistas por inclinación, para evitar tomar posiciones extremas; frenan los cambios más radicales con evasivas; invocan la concordia, el consenso permanente y el dialogo para limar asperezas; se inclinan por reconocimientos de mínimos vitales constitucionales, defienden ocasionalmente los derechos de las minorías. El liberalismo, por ejemplo, es parte del centrismo, solo en EEUU los liberales son considerados de izquierda por el conservadurismo del partido republicano. Emannuel Macrom, nuevo presidente de Francia pertenece al centro-centro, fundó el partido llamado Movimiento en Marcha, emergió como funcionario del gobierno de Hollande y logró atraer a una población desencantada. El PDCAT en Cataluña (España), evoluciono desde la vieja formación Convergencia y Unión , un partido regional nacionalista de centro que, contemporizó con todos los gobiernos después de la muerte del dictador Francisco Franco; pero desde que Artur Mass, y luego Puigdemont, agitaron el independentismo y el gobierno central se cerrara contra esta especie de soberanismo desbordado, se agudizó la situación y el PDCAT pasó a ser un partido de centro izquierda, han judicializado a sus dirigentes y están al borde de ser vistos como un partido de izquierda, es decir un tema agitado sistemáticamente y con profundidad puede hacer girar a un partido en el campo político.

Los centristas de izquierda se caracterizan por promover políticas de bienestar general, no son izquierdistas integrales, son la cara opuesta de la derecha y del centro derecha, agencian un populismo gradual. A los partidos políticos se les ubica por las políticas públicas adoptadas, es necesario preguntarse, ¿a quién beneficia determinada política pública?, y sopesar el carácter último del posicionamiento para ubicar a ese partido en el campo político 

Por: Alberto Ramos Garbiras | Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional, Universidad Libre.

Siga Leyendo »

22 mar. 2018

Coaliciones y confusión electoral (segunda parte)


Los resultados de las dos consultas interpartidistas y la nueva composición del Congreso, del domingo 11 de marzo marcaron la auténtica fotografía de quienes verdaderamente tienen opción de llegar a la presidencia Iván Duque y Gustavo Petro. Esa consulta se convirtió en una real encuesta, ya no una medición sobre 1.500 o 2.000 personas, sino un acercamiento a las urnas de más o menos 17 millones de personas. Se vuelve inevitable realizar varias consideraciones.

1). La consulta fue importante y marcará el rumbo de la competencia electoral, de estas elecciones, de cara a la primera y la segunda vuelta electoral.

2). la consulta se promovió como interpartidista y estuvo llena de discusiones internas con tira y aflojes notorios; Martha Lucía Ramírez solicitaba otra medición, las encuestas; su mentor, Pastrana Arango, amagó con retirarse; Alejandro Ordoñez, también presionaba creyendo tener mucha capacidad de arrastre; al final cedieron: En el fondo había un solo partido político, el Centro Democrático, fundado por el Ex Presidente Uribe. Los otros dos no tienen ni partido político. Ambos se habían retirado del Partido Conservador.
Y del otro lado Petro es un hombre sin partido político debido a los retiros que ha protagonizado y las inscripciones por firmas: se apartó de la Alianza Democrática AD-M-19 cuando ingresó al Polo Democrático, se apartó de esta confluencia política llamada Polo cuando realizó el debate contra los Moreno Rojas, por el carrusel de contrataciones descubierto en Bogotá; luego, organizó el movimiento Progresistas y lo disolvió al ingresar a la Alianza Verde, promoviendo la supresión del nombre Partido Verde; y ahora lidera la Colombia Humana con una lista de la decencia al congreso que obtuvo 4 senadores. Y lo avalan dos partidos minoritarios con personería jurídica: la UP y el MAIS. El otro nombre, Carlos Caicedo, tampoco tiene un partido político consistente de respaldo, logró el apoyo del partido ASI, también de estirpe indigenista como el MAIS. O sea, partidos prestados, pero consecuentes con el proceso político en curso.

3). Concurrieron a las urnas 17.445.000 millones de ciudadanos de 36.493.310 millones que tiene el censo electoral. Los 17 y pico de millones votaron para el Congreso, y solo 9.600.000 millones para las dos consultas, es una incógnita hacia donde se inclinarán los otros 8 millones en la primera vuelta electoral. Y continúa la alta abstención con 19 millones de personas que no participan ni se acercan a los puestos electorales. Vuelve a pensarse en el recurrente tema del voto obligatorio, aunque sea para que voten en blanco y depuren las listas repetitivas de los mismos candidatos a los cuerpos colegiados.

4). Se puede inferir que el resultado por Martha Lucía Ramírez, un total de 1.537.040, no es confiable para que voten por Duque en la primera vuelta porque gran parte lo hizo para sabotearlo a él e interferir en el proceso, lo mismo ocurre con los 384.000 votos de Ordoñez. Así que el techo electoral de Iván Duque quedó marcado, tiene 4. 032. 736 votos que son los de Uribe, lo que le quedó de un electorado que lo respeta y le sigue producto de ese asistencialismo populista llamado cohesión social y de seguidores que admiran su denominada seguridad democrática, aunque no logró vencer a las FARC, ni acabar con la violencia urbana en Colombia. Ese electorado se lo endosó a Zuluaga en la primera vuelta del 2014 y lo aplicó en el plebiscito de octubre 2016.

5). El resultado de Petro (2.848.868 votos) y Caicedo (514.806) es más confiable, ninguno de los dos lo había tenido antes, mirando la votación de cada uno en las alcaldías de Bogotá y de Santa Martha, o en otras incursiones electorales. Pero se colige que los ciudadanos acudieron a votar en medio de la polarización que en la coyuntura se vive en Colombia y están decididos a apoyar una alternativa distinta (una opción nueva encarnada en una izquierda moderada),al bipartidismo hegemónico, hoy metamorfoseado en otros partidos, los que han sobrevivido 8 años detrás de Uribe y 8 años trasteados detrás de Santos, es decir otro Frente Nacional camuflado. Se desideologizaron más los partidos y se desperfilaron, hasta atomizarse o fragmentarse y autodestruirse por una especie de nanopartidismo.

6). Lo más probable es que Duque y Petro saquen las votaciones más copiosas para pasar a la segunda vuelta electoral, en virtud a esa polarización se realinearan los electores de base, los ciudadanos sin directorio, movimientos políticos dispersos y sin personería, sectores sociales desarraigados, y algunas fuerzas sociales. De ambos lados los esfuerzos se harán para fortalecer el espectro de la derecha liderado por Duque y el espectro de la izquierda liderado por Petro.

7). Lo más paradójico es el origen de esta polarización, la firma de la Paz con concesiones a una guerrilla no vencida militarmente. La Justicia transicional para los desmovilizados y la conversión en partido político alteraron el temperamento de una derecha intolerante, así se expresaron con anticipación durante el plebiscito de octubre 2016, cuando distorsionaron el contenido de los acuerdos para exacerbar la conducta de los electores.
Otra paradoja, todo esto ha ocurrido en medio del desperfilamiento de los partidos políticos que, desde el año 2002 comenzaron a aparecer como nuevas formaciones políticas y en el fondo no eran sino nuevas fachadas con personería jurídica del bipartidismo transmutado, liberales y conservadores reagrupados alrededor de la figura presidencial, crearon Colombia Democrática, Alas Equipo Colombia, Convergencia Ciudadana, se fortaleció Cambio Radical, apareció después el partido de la U, etc.

8). Desde las otras candidaturas, tanto Fajardo como Vargas Lleras, cada uno desde sus sedes políticas trataran de organizar el centro político. Vargas Lleras se ha movido con velocidad inusitada para redefinir su fórmula vicepresidencial que anunció con un comodín afecto a sus filas (Luís Felipe Henao), y buscará afanosamente atraer al partido de la U, al partido Conservador y al Partido Liberal, los dos primeros sin candidato presidencial propio y el último, el liberal, un candidato abandonado por esta extraña campaña donde los forjadores de la paz se convirtieron en quemadores políticos (Santos, De la Calle y Timochenko).

Vargas Lleras tiene la ventaja de haber estado conviviendo más de 7 años en las entrañas de la Unidad Nacional Santista, así puede convocarlos para extenderles la mermelada 4 años más, y le creerán, no por convicción ideológica, sino por conveniencia. Y Santos le podría ayudar subrepticiamente para no afectarlo de frente, por una razón, no puede permitir que la otra derecha, la Uribista (desde donde lo han atacado inmisericordemente) le arrebate el poder que construyó en 8 años. Los afectos de Santos por De la Calle, lo han hecho dudar para definir su apoyo, ya no tiene sino esas dos opciones ante la premura de la entrega de los nombres con el tiquete completo: presidente y vicepresidente. La fórmula Vargas Lleras y Juan Carlos Pinzón parece un contrasentido para la continuidad de la implementación de los acuerdos de Paz, pues ambos obstaculizaron o guardaron silencio en varias etapas del proceso. Las “bancadas de la paz” durante el proceso y la refrendación no serán bancadas para la implementación durante el postconflicto. Otra dura realidad para Juan Manuel Santos que no ve despegar la candidatura de su escudero en estos años: De la Calle.
Pero fingir hoy ser del centro político no es rentable, Vargas Lleras quedará en evidencia que encarna la derecha bipartidista tradicional, oligárquica y clientelista. Vargas Lleras buscará también que se acerquen iglesias cristianas atomizadas en medio de la libertad de cultos. Ninguno de los dos bloques de derecha (el de Duque y el de Vargas Lleras) va a ceder durante la primera vuelta electoral. Y esto los dividirá, no pudiendo ninguno lograr ganar con más del 50 % en la primera vuelta. Es decir, la segunda vuelta electoral es inevitable.

9). Sergio Fajardo hará algo parecido, a partir de su alianza con el Polo Democrático y el Partido Verde, tratará de convocar otras fuerzas sociales, de armar el centro político que quedó sin una cara visible, pero esto ya es un imposible. En esta elección por la dinámica de la polarización de la sociedad (en diálogos interpersonales, en corrillos, sitios de trabajo, dentro de las familias, en las redes sociales…), la polarización se extendió por la exacerbación de los ánimos debido a los infundios, infamias, calumnias, mentiras, el destilamiento del odio, etc ; así, el centro político ya no tiene juego en lo electoral; y quien arme estructuras para posar de centro político, será absorbido o subsumido por uno de los extremos del campo político: la derecha o la izquierda. La negativa de Fajardo de atraer desde el año pasado a Humberto de la Calle, a Petro y otros, lo reducirá a un centro político sin capacidad de definición, solo servirá para que se dé una segunda vuelta por la dispersión de los votos. Además, los candidatos producto de consultas populares partidistas o interpartidista no pueden renunciar, sino agregar o aglutinar alrededor de su nombre, según la Ley 1475 del año 2011, artículo 7, esto dificulta las eventuales alianzas.

10). Petro pasó a ser el eje de la izquierda, el Polo Democrático perdió ese papel. Petro podrá crecer con todas las fuerzas inconformes, algunos movimientos sociales, pequeñas formaciones políticas, sindicatos, con sectores sociales excluidos, con segmentos poblacionales de la multiculturalidad colombiana arrumbada (indígenas, afrodescendientes, campesinos); con los inconformes de varios estratos sociales, con los indignados, con los profesionales independientes no enmermelados.

11). El populismo se esparció y sin excepción todos lo están practicando, ante la crisis de los partidos políticos y frente a la personalización de los liderazgos, con tintes mesiánicos. Uribe practicó durante 8 años un populismo de derecha con el asistencialismo miserabilista, y lo sigue practicando, mientras con la confianza inversionista permitía la depredación de los recursos naturales con una minería desbordada. Santos, también en 8 años practicó un populismo de centro o tercera vía, con mínimos vitales constitucionales como la vivienda de interés social y fabricó así al candidato sucesor: Vargas Lleras.

12). Tanto los partidos tradicionales desde sus directorios  de siempre y con los logos de siembre; lo mismo que lo bipartidistas transmutados en partidos de fachada, están practicando el clientelismo que sigue siendo la forma de mantener el electorado contabilizable y postrado. La confusión hoy es mayor para electorado común que aún no sale de la confusión de ver a los bipartidistas disfrazados desde el año 2002 con otros nombres y trasteándose con frecuencia; ahora ante la necesidad de armar coaliciones para ser competitivos, los ven refundirse para competir.

13). Ha caído hasta la credibilidad en la Democracia que, es el sistema. Entonces, ¿cuál sistema deberíamos tener? Las elecciones del año 2018 se realizan en medio de un doble desprestigio, A) del Congreso, B) de los partidos políticos. La alta cota que alcanzó la corrupción ha desencajado todas las instituciones. A tal punto llegó la crisis de los partidos políticos que el inmenso poder del presidencialismo como sistema, no funcionó en esta ocasión para dejar sucesor. Y de lograr dejar uno (Vargas Lleras), lo tendrá que hacer de manera vergonzante: a hurtadillas engomando a las fuerzas de la Unidad Nacional, sin aspavientos.

Por: Alberto Ramos Garbiras | Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional, Universidad Libre.

Siga Leyendo »

10 mar. 2018

Coaliciones y Confusión electoral


La campaña electoral 2018 hasta el 11 de marzo día de las elecciones para Senado y Cámara de Representantes, y dos consultas abiertas, ha estado llena de exaltación de los ánimos, crispado el ambiente político y polarizadas las posiciones virulentas, como no había ocurrido con tanta notoriedad desde el año 1991. La intolerancia se tomó las redes sociales con bulos, mentiras prefabricadas, insultos y calumnias sin autor conocido. Y las plazas públicas o los espacios escogidos para el despliegue del proselitismo fueron copados por ataques verbales, huevos arrojados a los candidatos, vidrios rotos de los carros de las caravanas y consignas radicales.

Lo más paradójico es el origen de esta polarización, la firma de la Paz con concesiones a una guerrilla no vencida militarmente. La Justicia transicional para los desmovilizados y la conversión en partido político alteraron el temperamento de una derecha intolerante, así se expresaron con anticipación durante el plebiscito de octubre 2016, cuando distorsionaron el contenido de los acuerdos para exacerbar la conducta de los electores. Error que cometió el presidente de la República al someter la Paz a votación, siendo un bien supremo y teniendo la legitimidad lograda en la elección del 2014, no era necesario; además, porque la paz es un derecho para todos, un bien común, y por ende contra mayoritaria. La Paz hay que lograrla y no consultar sobre ella.

Otra paradoja, todo esto ha ocurrido en medio del desperfilamiento de los partidos políticos que, desde el año 2002 comenzaron a aparecer como nuevas formaciones políticas y en el fondo no eran sino nuevas fachadas con personería jurídica del bipartidismo transmutado, liberales y conservadores reagrupados alrededor de la figura presidencial, crearon Colombia Democrática, Alas Equipo Colombia, Convergencia Ciudadana, se fortaleció Cambio Radical, apareció después el partido de la U, etc.  Todos giraron alrededor de Álvaro Uribe, que se había deslizado del partido liberal. Fueron ocho años de un pequeño Frente Nacional, y se repitió la formula con los 8 años de Santos en la presidencia, así se desideologizaron más los partidos y se desperfilaron, hasta atomizarse o fragmentarse y autodestruirse por una especie de nanopartidismo, o sea cada congresista, en virtud del voto preferente se volvió en el líder de sí mismo y realizaba las transacciones o canje de votos por proyectos y leyes, hasta dejar vacíos de ideología a los partidos políticos. Irrespetaron la ley de bancadas, el transfuguismo hizo carrera.

 Y la oposición se la dejaron a los “nuevos”, el Polo Democrático y el Partido Verde. El primero se fue difuminando después del éxito relativo de Carlos Gaviria Díaz; la corrupción por el carrusel de contratación de Bogotá acabó con la prestancia del Polo una agrupación de movimientos políticos, y dejó solo dos voces notorias e importantes, Robledo y Cepeda. Y en el Partido Verde, los egos, la falta de coherencia, la incapacidad de sus líderes exalcaldes, y el oportunismo lo han ido desdibujando, pero sigue siendo un partido importante para la reconstrucción de la Democracia en Colombia.

 Desde el 12 de marzo de este 2018 empieza la recta final de la campaña presidencial precedida de esta campaña al Congreso y de una polarización entre la derecha y la izquierda y quienes se disputan el centro político. Las coaliciones se han conformado, unos se fortalecen, otros transitan en solitario, pero en una coyuntura electoral como esta, nadie puede ganar en la primera vuelta sin coalición, y ni quienes la han conformado podrían lograrlo.

Por: Alberto Ramos Garbiras.
Politólogo, Universidad Javeriana.

Siga Leyendo »

28 feb. 2018

Matadero Municipal (segunda parte)


Inseguridad en Cali.
La ETA un grupo terrorista de España empezó a operar en julio de 1959 en pleno desenvolvimiento de la dictadura militar franquista, se iniciaron como una disidencia del Partido Nacionalista Vasco, liderados por José Manuel Aguirre, Julián Madariaga y Javier Imaz. La ETA ejecutó asesinatos selectivos que comenzaron a registrarse en 1968, fueron 52 años de presión al gobierno central de Madrid reclamando la independencia Vasca y 43 años de violencia sistemática que atemorizó a los españoles hasta el año 2011; un total de 829 crímenes perpetraron, reseñados así: 343 civiles y 486 miembros de la fuerza pública. Algunos datos difieren entre el Ministerio de Justicia, las fundaciones de víctimas del terrorismo y el libro Vidas Rotas, pero comparando las tres fuentes de datos, las muertes violentas no sobrepasan las 1000 personas en 43 años. Y esto horrorizó a la sociedad española.

Ya citamos la cifra espantosa de 28.000 asesinados en Cali en 15 años (del 2000 hasta el 2015), ningún año con menos de 1000 personas. Si tomamos los últimos 2 años de muertes violentas en Cali observamos que en el 2016 se registraron 1298 asesinatos, y en el 2017 un total de 1227(el año pasado figuró Cali como la ciudad más violenta de Colombia); esta realidad nos constriñe a la reflexión, nuevamente. Las muertes callejeras de Cali no son del conflicto interno, no son del terrorismo, son de violencia común multicausal dispersa.

El jueves 22 de febrero la Alcaldía anunció el comienzo de la operación Esperanza en 55 semáforos de la ciudad, actuaciones conjuntas de policía y fuerza pública, y en otros sitios calientes o hot points, operación o plan que reemplaza el Plan Atarraya del año pasado. Pero el despliegue de fuerza pública no será suficiente (siempre lo desmontan a los pocos días), se necesitan otras acciones de inclusión social. La violencia debe ser combatida con medidas de prevención del delito y con acciones de desarrollo social.

Se necesitan acciones para prevenir la violencia, entre ellas extensión de la educación, porque la falta de escolaridad y la desatención a los menores de edad incrementa los infractores de las normas vigentes. Y se necesitan fuentes de trabajo. La violencia en Cali es protagonizada en un 80% por la delincuencia común que opera independientemente a cualquier dirección o liderazgo porque los actores individuales, portadores de conductas desviadas no tienen proyecto de vida, son excluidos del sistema y la sociedad; no poseen escolaridad y menos movilidad social que les permita ascender, son desatendidos y marginales, o se lanzan a la comisión de  delitos y son mano de obra sicarial instrumentalizada para llenar las apetencias de terceros.

 La administración municipal no se puede engolosinar restando muertos de un mes o con respecto a otro mes, o del año anterior con el siguiente para pretender afirmar que la situación ha mejorado. La convivencia se logra cuando el respecto se extiende entre todos los pobladores y cuando sus necesidades básicas están resueltas. Una ciudad llena de desempleados, desplazados, de excluidos e indigentes debe centrar su labor en atender a la población desamparada, en coordinación con el gobierno central, antes de cualquier otra inversión, brindar los mínimos del bienestar social constitucional.

Reitero una afirmación que expuse en otro escrito, las muertes sistemáticas en Cali, sin contar los millares de lesionados en atracos, riñas, hurtos y demás violaciones a los derechos humanos, significan un fracaso palmario y público a la política de seguridad. La ciudad está convertida en un atracadero a cielo abierto, por el cúmulo de hurtos, robo de carros, fleteos continuos, asaltos express, desvalijamiento de casas y apartamentos, robos callejeros y en locales comerciales.

El narcotráfico es la hoguera que sostiene todas las actividades delictivas. Hasta que la Comunidad de Naciones, desde la ONU, no apruebe la legalización del consumo, este gran negocio seguirá siendo el propiciador de la violencia de Carteles y Miniárteles que alteran el orden público y social. Por fuera del comportamiento de o tras bandas delincuenciales.  

Por |  Alberto Ramos Garbiras
Politólogo egresado de la Universidad Javeriana

Siga Leyendo »

19 feb. 2018

Matadero Municipal


Cali figura entre las 10 ciudades más peligrosas del mundo y como la segunda ciudad más violenta de Colombia. El miedo está esparcido por toda la ciudad convertida en un matadero a cielo abierto. Entre los años 2000 al 2015 fueron asesinadas en Cali casi 28.000 personas así lo demostraron los periodistas Lina Uribe, Hugo Mario Cárdenas, Ossiel Villada y Ana María Saavedra, haciendo un estudio de gabinete, como ejercicio del periodismo de datos, con la publicación titulada “El mapa de la muerte: quince años de homicidios en Cali”.

Según el Instituto Nacional de Medicina Legal durante el año 2017, Cali fue la ciudad que registró la mayor cantidad de asesinatos en Colombia, 1.190. Dentro del mes de enero 2018 fueron asesinadas de manera inmisericorde 91 personas. En febrero el exconcejal Michel Maya fue atracado dos veces en solo 8 días, en el mismo sitio, detrás del Hotel Intercontinental, en Cali esa violencia urbana extendida disminuye la calidad de vida porque las personas reducen los espacios donde se mueven, no pueden gozar los espacios públicos de la ciudad con tranquilidad. Y parte de las potenciales víctimas, todos los que poseen bienes, se enferman por el pánico y la tensión diaria ante el eventual ataque súbito. Por la inseguridad urbana aumenta el enrejamiento de casas y apartamentos, y los más solventes tienen que acudir a la compra de inmuebles en unidades residenciales cerradas, aislándose de otras zonas de la ciudad y gravando la economía familiar.

Las formas más notorias de producción de muertes han sido el microtráfico, las venganzas privadas a través de sicarios y las confrontaciones de pandillas. Muertes en asalto a residencias, violencia intrafamiliar, robos callejeros, fleteos, hurto de celulares organizados por motociclistas y ladrones de a pie, venganzas, atraco a restaurantes y hurtos famélicos; despojo de pertenencias, son los actos más recurrentes cometidos por actores individuales que salen al rebusque violento. Y un delito de mucha frecuencia: la extorsión.

La comuna 21 es una de las más azotadas por la violencia, zonas delimitadas de manera invisible, son fronteras que no se deben cruzar, las pandillas dominan esos territorios. La delincuencia juvenil causa gran daño porque la inimputabilidad que gozan hasta ahora los hace objeto de búsqueda para ser contratados por cerebros asesinos, instrumentalizados y convertidos en mano de obra criminal.

Por la inseguridad urbana crece el ejército de vigilantes de seguridad privada con una gama de uniformes que parecen ejércitos de varios países desfilando en moto por la ciudad: ejércitos decorativos e inservibles. Su papel disuasivo, no efectivo, es conocido por los delincuentes armados y activos.

Hace varios años escribí que en Cali los funcionarios de la Alcaldía, ante la imposibilidad de frenar la violencia con una política criminal seria y efectiva, se inventaron una variable amorfa de la Violentología, la muertología, ante  la falta de aplicaciones rigurosas para comprender la epidemiología de la violencia. La muertología es una  técnica perversa que consiste en contar y descontar muertos para demostrar por meses, trimestres, semestres o cada año, de acuerdo a la época que se presente el informe, un “mejoramiento de la seguridad” resaltando un número de muertos menos, en uno u otro período.

La muertología, he podido inferir, tiene cuatro formas de ilusionismo, engaño y quiromancia jugando con lo letal de las cifras. 1) No acumular ni cruzar la información con las cifras de cadáveres que registra la Fiscalía General de  la Nación, Medicina Legal (la Morgue), la Policía Nacional, por eso los datos no concuerdan con los de CISALVA que si suma todas las fuentes de información. 2) Quitar o restar muertos en las fechas significativas: día de la madre, del padre, durante la feria, del 24 o del 31 de diciembre, etc. 3) Descartar algunos muertos porque la persona llegó herida desde alguna parte del área metropolitana. Esto sin narrar aquí la disputa por el trasteo y peloteo de cadáveres desde Yumbo o Jamundí, marrullas de la Fuerza Pública para demostrar cada comandante efectividad desencartándose de los cadáveres anónimos o NNs. 4) No contar a los sobrevivientes de los asaltos porque no murieron en el acto, no hubo levantamiento del cadáver, aunque muera después. Esa vístame queda figurando en la lista de lesiones personales. Esto se podría comprobar comparando las listas de los hospitales y centros de salud, y cruzando las cifras con los atracos callejeros, robo de residencias, carros, motos, etc.
Por: Alberto Ramos Garbiras.

Siga Leyendo »

3 feb. 2018

Las tierras

Durante el siglo XX se expidieron 3 leyes destacadas de reforma agraria (Ley 200 de 1936, Ley 135 de 1961 y la Ley 160 de 1994), todas frustradas porque les faltaba flexibilidad para la cesión de tierras o por formalismos excesivos para concretar los procedimientos de reforma y las concesiones estipuladas, o por los obstáculos que pusieron los terratenientes y la clase política coaligada a estos. Balzac en alguna ocasión dijo, “donde hay tierras hay guerras”.

La tierra y su concentración en latifundios han sido objeto de disputas y factor de la guerra interna. Todos los periodos de violencia en Colombia, las guerras civiles del siglo XIX, las etapas de violencia del siglo XX y sus microguerras, cada una caracterizada por diferentes motivaciones nacionales o regionales, están subrayadas por disputas por las tierras.

El INCORA fue extinguido en el año 2003, apareció el INCODER que asumió gran parte de sus funciones y pretendió cumplir los cometidos de la Ley 160 de 1994 y sus decretos reglamentarios. El INCODER fue extinguido en el año 2015 y se creó la Agencia Nacional de Tierras para que inició operaciones en febrero del año 2016. La delimitación y recuperación de humedales es una tarea pendiente para frenar a los desecadores, a los constructores y a los usurpadores de tierras. La recuperación de baldíos es otra función de este aparato administrativo adscrito al Ministerio de Agricultura.

Como lo expuso la periodista Alejandra Medina, la Agencia Nacional de Tierras administrará los baldíos de la Nación, se encargará de los programas de acceso a tierras, delimitará zonas de reserva campesina y empresarial, por nombrar algunas obligaciones.

Por | Alberto Ramos Garbiras

Siga Leyendo »

22 ene. 2018

Trump, primer año

Desde los primeros días del año 2017, apenas  posesionado Donald Trump, escribí dos columnas para el Diario Occidente y la revista Caja de Herramientas (www.viva.org.co), tituladas “Trump y el populismo”, y “Formas de populismo”, unas reflexiones sobre la conducta, las mentiras o técnica de la postverdad que utilizó durante la campaña  y en prospectiva lo que sería el gobierno de este magnate inmobiliario y populista televisivo que, posaba de presidente electo.

Y todo ha salido como se expuso, o más grave aún por los despropósitos que ha cometido con temas en exceso como adelantar  la prolongación de un muro xenofóbico  en la frontera con México, impedir la entrada de musulmanes confundiéndolos con terroristas de la Jihad islámica , desmontar el Obamacare, tratar con desdén a los inmigrantes calificando a algunos países con términos coprológicos; o peor, el manejo del tema nuclear frente a Corea del Norte e Irán, o el dislate de reconocer a Jerusalén como capital de Israel congelando de ipso facto el proceso diplomático del reconocimiento de los dos Estados , única solución a la violencia prolongada.

Como observador de su conducta no era necesario que pasara el primer año para decirlo después de los hechos consumados, bastaba utilizar de la ciencia política los métodos deductivo, el  comparativo y el método conductista, analizar sus discursos de campaña, las frases dispersas en Twitter, y haber leído sus disparates pronunciados en un reality de televisión que el orientaba, pero sobre todo su lenguaje soez contra Hillary Clinton y sus referencias machistas contra las mujeres, como lo había hecho contra la reina venezolana Machado.

Donald Trump no es un hombre ponderado, no es un diplomático, no es estadista, no conoce la historia universal, ni había administrado los asuntos públicos en ninguna gobernación de EEUU; no tiene una sólida formación académica, no sabe de política internacional, y menos de derecho internacional,  inicialmente confundió a Turquía con Egipto. Los testimonios recogidos por Michael Wolff para el libro “Fire and fury”, confirman su enorme desgano para leer, por lo tanto tampoco se puede esperar que analice con detenimiento cada situación, quedando en manos de asesores. Ahora el  problema que tiene la clase política y el mundo es como defenestrarlo, el procedimiento existe pero es engorroso.
Por| Alberto Ramos Garbiras


Siga Leyendo »

4 ene. 2018

Armero: sin gestión del riesgo

Desde noviembre 13 de 1985, la palabra Armero se convirtió en Colombia en sinónimo de tragedia. Una rápida revisión a estos hechos nefastos de la naturaleza, casi que así lo demuestran: Terremoto de Tunjuelo (año 1644); Terremoto del Virreinato de Nueva Granada (año de 1785); El terremoto de Cúcuta (año 1875); El terremoto de Tumaco ( año de 1979); Terremoto de Popayán (año de 1983); La tragedia de Villatina (año de 1987); La sequía o “apagón de Gaviria” (año de 1992); El terremoto de Armenia (año de 1999); La tragedia de Girón (año de 2005); La tragedia de Belalcázar (año de 2008); La temporada invernal en Colombia (años de 2010 y 2011); La tragedia de Salgar (año 2015); Tragedia de Mocoa (2017).

La tragedia de Armero: Ocurrió el 13 de noviembre de 1985, cuando aproximadamente a las 11:30 pm, una avalancha del río Lagunilla, ocasionada por la erupción del cráter Arenas del volcán nevado del Ruiz, borró del mapa a la población de Armero, y dejó un saldo aproximado de unos 25.000 muertos, 20.611 damnificados y heridos, muchos de ellos mutilados y gravemente afectados psicológicamente, e incalculables pérdidas económicas. Ha sido la tragedia de mayor magnitud en la historia de Colombia.

La temprana mañana de ese luctuoso día las noticias de los medios de comunicación dejaron aterrado a todo el mundo: un aviador de Venadillo, desde una avioneta de fumigación, quien madrugó a realizar su oficio en los ricos prados algodoneros y arroceros del Tolima, vio con sus propios ojos esa imagen terrible de la catástrofe cuando sobrevoló el municipio de Armero y solo encontró un valle desolado por el barro y la desilusión y algunas construcciones derruidas que en efecto probaban que allí en ese sitio había existido hasta el día anterior.

Es tan alto el significado de la tragedia de Armero y especialmente las enseñanzas que le deja a los colombianos de todas las edades, que cualquier argumento cinematográfico serviría para contarla: aquí se utiliza uno muy usual, sobre el cual gira la película hasta el final desastroso, como es el de una pareja joven que no puede tener hijos y hace lo que puede para tenerlos. Una estilista y un mecánico, que es también recolector de algodón y que sirven de muestra a la sociología propia de las poblaciones pequeñas de Colombia, en donde se mezclan la picardía, la amistad, los secretos, las premoniciones, la solidaridad y las necesidades cotidianas de los parroquianos.

Lo que realmente la hace importante es el mensaje nacional sobre varios hechos relevantes de lo que representa una tragedia ocasionada por la naturaleza en nuestra idiosincrasia colombiana y que se ven en la cinta y también de aquellas circunstancias de la época que no aparecen. Si se fijan posteriormente, si falla cualquiera de estos, es muy difícil dar manejo a los excesos peligrosos de la naturaleza, llámense terremotos, avalanchas, inundaciones, sequias, derrumbes, vendavales, incendios explosiones, etc.

Los políticos: Incluyen al Alcalde, senadores, representantes a la cámara. Fueron culpables todos por su negligencia criminal: Desde octubre de 1984 se había advertido de una eventual erupción; cuando se presentaron fumarolas en el volcán nevado del Ruiz, clara evidencia de lo que se gestaba. Fue una tragedia anunciada, que sirvió para que la toma del Palacio de Justicia, ocurrida la semana anterior, el 6 de noviembre, pasara a un segundo plano en las noticias. En la película, los políticos de mayor jerarquía pronunciaron frases como estas, cuando conversan todos ellos después de que el político sensato presenta el informe de técnicos extranjeros quienes hicieron el seguimiento a la evolución del volcán, durante 10 meses:

Se muestra la instalación de una estación sismológica y un grupo de expertos trata de tomar precauciones y establecer alertas, pero con falta de continuidad y seguimiento apropiado. Y elaboraron un mapa de riesgos, , pero no tenían expertos en conocimiento y reducación del riesgo Fueron 10 meses de monitoreo al volcán, en octubre de 1984 e volcán inició su actividad, desde 1845 no presentaba este comportamiento el volcán. Colombia estaba lejos todavía de poseer una legislación sobre riesgos y desastres. Había un vacío normativo por lo tanto una ausencia de regulación del riesgo y por ende de previsión y certeza científica para tomar decisiones.

 En otros países desde ante de 1985 ya funcionaba la relación desastres y derecho. En Colombia después del desastre de Armero solo 3 años después se expide la Ley 46 de 1988 para atender eventos similares, nacieron los CLOPAD y se aumentó el socorrismo , fortaleciéndose la Defensa Civil, La Cruz Roja, los bomberos, los Boy Scouts; pero resultó ser una legislación socorril con ausencia de cientificidad para el conocimiento del riesgo, la reducción y la previsión quedó anclada en la atención de los desastres, hasta que en el año 2012, luego del desastre diluvial del fenómeno climatológico la niña del 2010/ 2101 que inundó la mitad del país se expidió la Ley 1523 que creó el sistema nacional de gestión del riesgo y se fundó la UNGRD , con una capacidad económica para actuar inmediatamente y con la estructuración de una planta de expertos y científicos que  han atendido eficientemente desastres como el de Salgar y el de Mocoa,  han previsto y evitado otros desastres por deterioros que se han controlado y reducido. Este sistema de instituciones y de actuaciones debe vincularse al Sistema nacional ambiental, aunque en algunas corporaciones autónomas  aún no han entendido como se debe actuar porque tampoco aplican las reglas de adecuación al cambio climático, así sin protección de los ecosistemas terrestres  acuático, sin atender las instrucciones del SISCLIMA, las medidas adoptadas por el Ministerio del Medio Ambiente, y las recomendaciones de la ONU tomadas en el COP 21 de París, dan palos de ciego al no adoptar medidas serias y complementarias con otras autoridades .

El género cinematográfico con el que se puede clasificar  esta película es el de catástrofe con un alto componente  de cine ambiental, pero la realización se desvía al género dramático/familiar. Armero es una película de bajo presupuesto, realizada con austeridad y decoro, pero no impacta y se pierden recursos que se hubiesen podido utilizar como los archivos fílmicos, tomas de la tragedia de corresponsales nacionales y extranjeros e imágenes de archivo de los noticieros, pudiendo realizar una fusión entre el cine argumental y el documental, que algunos directores de cine ejecutan para lograr más realismo.

Esta película tiene problemas en la narración, se diluye casi en la primera mitad del metraje al detenerse demasiado mostrando el acercamiento, enamoramiento y aspectos personales de la pareja protagonistas(Omaira y Ramiro), y en los aspectos que muestran los intentos, el esfuerzo de ella para poder quedar en embarazo, se realizan escenas con una hechicera que la lleva a un acto chapucero de purificación y a la prescripción de un “medicamento”, un brebaje que la deteriora después; y escenas de Ramiro como recolector de algodón en jornadas agotadoras; la pareja quiere procrear pero el director se extiende en detalles como una prioridad, eso está bien, pero se sale del tema central: el desastre. El director trató de armar un eje narrativo para llevar el filme desde la óptica de la pareja, pero se extendió y diluyó en los detalles intimistas/familiares, perdiendo tiempo para avanzar en una película de catástrofe que es un género serio y complejo como lo hemos visto en películas de corte internacional, para citar unas pocas, Terremoto, infierno en la torre, Un día después, Lo imposible, la luz del día, Armagedón, Impacto profundo, el Núcleo, Terremoto: la falla de San Andrés, Volcano, Avalancha, y otras; en cambio, esta película colombiana se ralentiza o lentifica la acción, quedando con muchos planos sin vigor.

La ignorancia de la comunidad: Quizás es el peor factor negativo de la tragedia, pero más bien como consecuencia y no como causa de la misma. La rutina y la ignorancia de la gente de los pueblos les genera una confianza peligrosa, como bien se muestra en las escenas del billar del pueblo y en la creencia de que el volcán estaba muy retirado de Armero. No fue suficiente que en el día trágico, cayera sobre Armero un manto descomunal de ceniza sobre las calles y todas las construcciones e incluso sobre los sembradíos de algodón. Ni siquiera Petra, la bruja del pueblo pudo vaticinar la desventura, pues como cosa rara la gente del pueblo nunca hace consultas sobre las desgracias que puede ocasionar la naturaleza, no hace parte de su lógica primaria de vida.

Mensaje final: Si usted amigo lector hace una simple y rápida reflexión con esta educativa película, debería exigir en su territorio que exista un plan municipal de gestión del riesgo y una estrategia de respuesta a las emergencias como condición fundamental para que estas tragedias no ocurran  o si ocurren no tengan mayores consecuencias negativas. Véala en familia y difúndala con sus vecinos. Seria además un buen ejemplo de cultura ciudadana como prevención de los desastres en Colombia.

Alberto Ramos Garbiras | Fue columnista de cine del periódico El País durante 10 años; realizó estudios de historia del cine en Suecia (1982) y edición cinematográfica en España (1983), becado por FOCINE y el ICETEX-.

Ernesto Pino Londoño | Economista, con especialización en marketing social. Miembro del CPE Centro de Pensamiento Democracia y Postconflicto. Coautor de otros artículos de cine, como “Todos tus muertos” y “el soborno del cielo”, “La mujer del animal”, publicados en el semanario Caja de Herramientas.

Ficha técnica:
·       Escrita y dirigida por Carlos Mantilla
Actores principales:
·       Omaira: Juliet Flórez
·       Ramiro: Benjamín Herrera
·       Juaco: Edgar Rojas
·       Sacerdote: Walter Ardila
·       Leopoldo (el piloto): Jaime Serrano
·       Betty: Damaris Esparza
·       Carmen: Aida Morales
·       Bruja Petra: Norida Rodriguez
·       Políticos: Toto Vega, Mauricio Figueroa, Alejandro Buenaventura, Humberto Arango.
·       Alcalde: Omar Duran



Siga Leyendo »

8 dic. 2017

Manuela Sáenz, la independentista

El próximo 27 de diciembre se cumplen 220 años del nacimiento de Manuelita Sáenz. Antes de conocer a Simón Bolívar ya se había alineado contra la monarquía española, sin importarle que su padre fuera de ese país, y sus 4 hermanos medios hijos de dos españoles. En Quito la reconocían desde los 18 años de edad (1816) por su coraje y temperamento impetuoso, no se arredraba ante los hechos que implicaran riesgo. Exhibió una conducta osada por fuera de los parámetros de la época. Y ya había permanecido en Lima casada con el médico Thorne, donde se codeó con los altos círculos de una sociedad en transición: de la colonia a la inminente República. En este período antes de conocer a Bolívar ya había incursionado políticamente es acciones antimonárquicas apoyando a patriotas y combatientes durante el protectorado de San Martín al Perú. Le tocó conocer en su adolescencia varias ejecuciones extrajudiciales a los patriotas de Quito y Lima, y observar los desafueros, las arbitrariedades de autoridades virreynales. Luego, el General San Martín la distinguió con la Orden del Sol, en ello influyó su amistad con la preferida de San Marín, Rosita Campuzano.

Bolívar y Manuela inician la relación amistosa a partir de junio de 1822 desde el gran baile y festejo organizado por Juan Larrea para celebrar los avances de la guerra de independencia que permitían a Quito librarse de la opresora y fatigante presencia del ejército realista -español, logrando el Libertador con el esfuerzo del ejército patriota ir venciendo los reductos de tropas españolas en Ecuador. En medio de todas las dificultades y apremios Simón Bolívar saca tiempo para encontrarse con manuelita, se escriben con constancia; la necesidad de moverse de los campamentos, de ubicarse en otra localidad (Guaranda, Pasto,..), les impide la continuidad de las visitas, pero se buscan con empeño. La correspondencia va dejando marcado ese derrotero y trasegar de ambos.

Intrépida en sus decisiones participó en tres batallas que sirvieron para redondear la guerra de independencia demarcada con la batalla de Boyacá en 1819; ella participó en roles y funciones necesarias y combatió uniformada a la manera de los patriotas en algunas refriegas de la batalla de  Ayacucho y en la logística operativa en las batallas de Junín y Pichincha. Sobre todo, se impuso por su carácter, pese al papel relegado y con desdén que le asignaban a las mujeres en esa época, se hizo respetar. Bolívar en agosto de 1824 comunica a Manuela que la Junta de Generales de División le otorga el grado de Capitán de Húsares, encomendándole labores administrativas y de sanidad. Bolívar le asigna a ella desde el cuartel general de Chalhuancadas, durante el trasiego en la zona de Huascarán, previo a la batalla de Junín, labores de confianza como capitana que le permitieron tomar decisiones. Por su valor y astucia ha sido comparada por algunos historiadores con otras mujeres arrojadas como la mexicana Antonia Nava, o con la chilena, Javiera Carrera, y hasta con Catalina de Rusia. Por todo ello Manuela Sáenz es considerada como una heroína.

Su rol como independentista es indiscutible, se desprende y colige de documentos oficiales que fue una activista, de varios testimonios de la época, de las mismas cartas de Bolívar, de la certificación de Antonio José de Sucre sobre su valentía en las refriegas militares, se su solicitud para ingresar al ejército libertador, de la distinción como capitana de Húsares y luego como generala, del rol que desempeño ayudándole a Bolívar a concebir la creación de un país como Bolivia, de sus actividades en ayuda hospitalaria y administrativa en la Batalla de Junín, de lo aguerrida que fue en la Batalla de Ayacucho, y se convirtió en consejera del Libertador al regresar Bolívar a la Gran Colombia durante parte de 1827, en 1828, 1829 y 1830. Y de su innegable valor al evitar el asesinato del Bolívar dentro de la conspiración septembrina.

La participación como independentista la hizo en múltiples acciones y concibiendo la práctica política para ejecutarlas. Fue un independentismo con todos los riesgos que implicaba enfrentarse a un ejército realista todavía no vencido, pero si ya desmoralizado. En esa época no se trataba de impulsar un mecanismo de participación para reclamar la independencia; la democracia no se había instalado, se trataba de acciones clandestinas e intrépidas para coadyuvar con el avance de las tácticas patriotas, buscar consolidar la derrota de los españoles y construir el Estado-Nación para obtener un ordenamiento jurídico propio, sin instituciones foráneas y explotación de todos los recursos minerales y de especies que apuntalaron a los españoles en el contexto europeo de los siglos XVII y XVIII. Se incluyó en todo lo que implicaba enfrentarse a un imperio con dominios en ultramar que aún no había perdido todas las posiciones.

Y es considerada una predecesora del feminismo por el reconocimiento de los derechos de la mujer y por la defensa de los derechos humanos, como lo fue la francesa Olimpia de Gouges. No le importó que fuera objeto de dimes y diretes burlescos y zaherida por ser una hija bastarda, en medio de una sociedad pacata y bimoral. Y una adúltera que enfrentó la infidelidad sin tapujos, reclamando romper el matrimonio que la había llevado a una rutina y juntura de pareja que ella rechazaba y encaraba ante todos.

Sostuvieron Bolívar y Manuela una relación amorosa larga y con sobresaltos. A pesar de los devaneos, filtreos y rumores de Bolívar con mujeres hermosas como Manuelita Madroño o con Juana Costas, entre mayo de 1824 y abril de 1825; cada que pasa el furor y la lascivia de esos encuentros carnales con otras, Bolívar continúa su relación con Manuela Sáenz, no deja de pensar en ella. En una de esas infidelidades de él Manuela lo recrimina, trata de suicidarse, se queja del desamor, intenta apartarse. El incidente del Zarcillo o el arete de una amante furtiva de Bolívar que, Manuelita encontró entra las sábanas de la cama, desató los celos más expresivos y la decisión de apartarse del Libertador. Las cartas y mensajes consecutivos que Bolívar le envía demuestran su temor de perderla y le expresa una eroticidad vivida durante la relación de manera explícita como no lo había hecho en otros textos del epistolario, pidiéndole perdón y comprensión.

Las cartas cruzadas entre Bolívar y Manuelita, rescatadas, compiladas y citadas por varios autores, entre ellos Arturo Andrade, Eugenio Gutiérrez Cely, Fabio Puyo, Blanca Gaitán, Cacua Prada, Alberto Abello, para citar unos pocos, nos dejan ver esas cartas, leídas de conjunto o saltuariamente, que de este género literario epistolar se desprende una narrativa política y erótica muy valiosa que, sirve para comprender pasajes de la historia de Colombia y los países andinos, y valorar la destreza de Bolívar para describir situaciones y la dimensión de Manuela para emularlo o estar a la altura de su interlocutor.

Una mujer hermosa e inteligente que atrajo y enamoró al Libertador Simón Bolívar, no pudo haber sido una mujer común, su coraje, agallas, sus maneras y estilo conquistaron la atención y entrega de Bolívar a ella. Lo acompañó casi 8 años en dos grandes regiones de la Gran Colombia, Ecuador y Santa Fe; y en dos países  más: Perú y Bolivia, en uno como Presidente y el otro como fundador, animado por ella; lo acompañó en los momentos del ejercicio pleno del poder (1822 hasta 1830); conoció previamente decisiones de Estado, le ayudó a concebir proyectos, y lo acompañó en las dificultades, enfrentado intrigas y conspiraciones; librándolo de otras acciones pérfidas; no tuvo aspiraciones personales de ascenso gubernamental o administrativo, y fue solidaria en lo personal y en lo amoroso.

Manuela Sáenz influyó mucho desde mayo de 1825 sobre la forma como Bolívar podía resolver y llevar la relación político -administrativa con el General Francisco de Paula Santander, a partir de la decisión insolidaria que tomó el Congreso de la Gan Colombia al retirarle a Bolívar todos los poderes extraordinarios para continuar en las misiones ejecutadas en el Sur, sobre todo en el Perú. Leyendo el largo cruce de correspondencia entre Bolívar y Santander a partir de esa fecha se detecta y percibe el malestar in crescendo entrambos por lo que ocurría sobre cada asunto de Estado. Se visualiza cómo flota el distanciamiento gradual.

Un valor agregado innegable que debe reconocérsele a Manuelita Sáenz fue la forma como sorteó las adversidades sus reacciones rápidas y sin temor. Sin proponérselo ni buscarlo, a Manuela le endosaron los odios y animadversiones que despertó Bolívar en quienes querían apartarlo del gobierno y del vasto poder; desde Lima comenzó a sufrir ataques y ser objeto de afrentas por las resistencias que creaban las medidas del Libertador, quienes se incomodaban con él, se incomodaban con ella. Los conspiradores, los ambiciosos, los desleales, los mediocres, los faccionalistas, los corruptos, los secesionistas, a quienes el Libertador señaló, enfrentó y algunos, castigó. Manuela en esos sectores y círculos fue odiada por ser de confianza del Jefe de Estado, ser fiel y ser oída por la máxima figura de estos Estados andinos.

Por: Alberto Ramos Garbiras.

 Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional, Universidad Libre, Coautor del libro “Bolívar y el Constitucionalismo”.

Siga Leyendo »