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19 ene. 2020

Bolívar y el gobierno fuerte


Por: Alberto Ramos Garbiras. (*)
La Constitución que redactó el Libertador para el naciente Estado de Bolivia en 1826 se aplicó en el Perú, y calculó Simón Bolívar que debería también adaptarse en La Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador), con la idea de conformar una confederación de naciones regidas por la misma Carta Magna con 5 vicepresidencias y una presidencia vitalicia, pero no hereditaria. Propuesta que le surgió al calcular los peligros que corrían los 5 territorios liberados del yugo español y que sin unidad podrían disolverse por la retoma que llegaren a alcanzar los españoles o por las rencillas de los caudillos regionales que alentaran la separación en virtud a los nacionalismos despertados, o los apetitos de poder agenciados por camarillas de aduladores que rodeaban a los líderes de la independencia.

 No fue el napoleonismo que lo devoró como han dicho los críticos de esta propuesta, para rebatir este señalamiento se puede indicar que la presidencia de La Gran Colombia no la ejerció desde1822, se la dejó a Francisco de Paula Santander, para continuar la guerra a fin de expulsar a los invasores españoles que estaban aún en Ecuador y en el Perú. Cuando culminó el trabajo militar que inició el General San Martín, que terminó el Protectorado, la dirección militar de Bolívar triunfó en Junín y Ayacucho con la ayuda de Antonio José de Sucre, y valientes soldados; procedió a rechazar títulos ostentosos que pretendieron darle, similares a monarca o emperador; cuando triunfo en el alto Perú y fundó Bolivia, le entregó la presidencia a Sucre. Desde Angostura propuso una presidencia republicana normal para reemplazar las instituciones monárquicas, precisamente.

La insistencia de aplicar la constitución de Bolivia deviene de las condiciones de ingobernabilidad que estaban tomando los estados liberados que no supieron desarrollar las instituciones republicanas que él impulsó. Los sucesos entre 1827 y 1830(conspiraciones, corrupción, secesionistas, caos en la legislación, desatención de la población, élites discriminadoras, desprecio por los afrodescendientes, los indígenas y los campesinos…), reseñados por los biógrafos, le dan la razón a Bolívar sobre lo que pretendía en ese momento. La Constitución de Bolivia fue pensada para un momento de excepción con el objeto de resolver una crisis en desarrollo y para contener un proyecto multinacional confederativo, a la par que impulsaba la Liga de las Naciones con el Congreso Anfictiónico de Panamá (una especie de OEA para encausar la política exterior de las naciones latinoamericanas recién liberadas).

 La Constitución de Bolivia contemplaba un gobierno fuerte, pero contenía los mismos frenos al poder desbordado, y creó una cuarta rama del poder, la rama electoral. Como lo expone el biógrafo John Lynch, “La nueva Constitución preservaba la división de poderes clásica (legislativo, ejecutivo y judicial) y añadía uno más, el electoral, que permitía a los grupos de ciudadanos de cada provincia nombrar electores que formaban colegios encargados de elegir representantes y nombrar a los alcaldes y los jueces. El poder legislativo se dividía en tres órganos compuestos por tribunos, senadores y censores, todos ellos elegidos por voto popular. Los Tribunos se encargaban de iniciar las leyes relativas a las cuestiones financieras y a las principales cuestiones políticas; los Senadores eran los guardianes de la Ley y se ocupaban de los reglamentos eclesiásticos; los Censores eran los responsables de la preservación de las libertades civiles, la cultura y la Constitución (con lo que resucitaba su anterior y problemática idea de un poder moral)”.(1)

El Libertador desde que escribió la Carta de Jamaica, estampó su visión geopolítica que debería tener la guerra de independencia. En 1815 la geopolítica no existía como disciplina de la ciencia política, y esta como ciencia autónoma pero relacionada con las ciencias sociales, tampoco existía. O sea, Bolívar fue un adelantado futurista en el ámbito de las relaciones internacionales. Ambas, la ciencia política y la geopolítica nacieron a finales del siglo XIX, se adelantó 70 años a la conformación de estas. Seguramente sus lecturas sobre Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Condillac, D Alembert, Lalande, Mably, Rollin, Helvetius, Locke, Fergusson; los autores griegos, los romanos, etc, le permitió formarse criterios y asimilar conceptos que procesó y adaptó a su época para resolver el enfrentamiento con un imperio y concebir la formación de un Estado republicano de gran tamaño. Se formó una visión continental de la independencia, de un subcontinente (América Latina), oprimido durante casi 300 años por los miembros de un país que pertenecía a otro continente (Europa), y desde allá se volvieron potencia a expensas de los territorios dominados en medio de la sociedad feudal mercantilista.

Esa misma visión futurista con el componente geopolítico la permitió prevenirse ante los EEUU para enfrentarlo por lo que él barruntaba tendrían intentos de absorbernos a pesar de que eran un Estado naciente. Al comienzo pensó que sería apoyado por haber surgido los EEUU también de una guerra de independencia; trató de lograr la ayuda o cooperación para enfrentar a los españoles en 1818 y 1819, pero no encontró respuestas positivas, ejecutaron actos contrarios a la neutralidad y toleraron la venta de armas a los españoles y fue denostado por periodistas de ese país. Lo atacaron al burlarse de la liberación de La Florida que había estado en manos de los españoles, una negociación turbia con compra simulada le permitió a los norteamericanos desconocer es independencia; no reconocieron el nacimiento de La Gran Colombia con la ley de Angostura; las relaciones con James Monroe fueron hoscas; por eso no quería invitarlos al Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826; y muchas otras trabas que se narran en las biografías sobre Bolívar.

Terminada el viernes 20 de diciembre de 2019 la presentación de la serie Bolívar producción de Netflix, que el canal Caracol programó a las 9 pm con 60 capítulos que los colombianos acogieron  para conocer pasajes de la historia de Colombia, los tres últimos capítulos destacan la incomprensión de muchos contemporáneos sobre el proyecto continental y de una presidencia fuerte que Simón Bolívar comenzó a diseñar desde 1826 para evitar la disolución o desbaratamiento de la gran República que el concibió, previendo que la derrota de los españoles debía reafirmarse con un Estado grande y fuerte para no ser retomado nuestro territorio como había ocurrido en 1815 cuando se produjo la reconquista y el extermino que trajo Pablo Morillo con 12.000 militares para someter a los patriotas de la primera fase de la guerra de independencia (1810- 1815). Un rumor difundido con perfidia extendió la versión de querer Simón Bolívar convertirse en dictador. Voy a intentar explicar por qué no fue Bolívar un Dictador como se entiende la palabra hoy.

 El Libertador Bolívar a partir de la guerra de independencia y luego con el diseño constitucional logró fundar un enorme Estado llamado en los libros de historia, La Gran Colombia, fundado por partes. Liberó la Nueva Granada (hoy Colombia), con las Batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá (1819); luego Venezuela con la batalla de Carabobo (1821), y después liberó a Ecuador con las batallas de Bomboná (en Consacá para poder entra al Ecuador) y Pichincha (1822); extendió las instituciones definidas en la Constitución de Angostura (1819) aplicadas en considerable medida a la Constitución de Cúcuta (1821), y durante su vigencia aplicó algunas normas homologándolas con sobresaltos en el Perú, durante los años 1824 hasta 1825, luego redondea y ajusta las instituciones en la Constitución de Bolivia (1826) que buscó convalidar en el Perú y posteriormente en la Gran Colombia con la más cuestionada figura de la presidencia vitalicia para poder controlar los 5 estados, por ello propuso un plebiscito que permitiera la unión confederativa de los 5 Estados, con el fin de bloquear definitivamente a los españoles ya derrotados pero con deseos de regresar.

La guerra espaciada que Bolívar sostuvo desde 1811 hasta 1824, y luego en el Alto Perú, derrotando a Pedro Antonio Olañeta, para fundar Bolivia, esta guerra espaciada nos permite afirmar a la manera de Norberto Bobbio que, llevó a cabo la guerra como fuente del derecho, creía que esa guerra era justa o necesaria para lograr independizarnos de 300 años de sometimiento y vejámenes. Colombia nació de una guerra de liberación y para ensanchar o ampliar el Estado grande que él deseaba, lo hizo con una guerra subcontinental, y para sostener ese Estado en crecimiento necesitaba del uso de la fuerza pública, con el ejército guerrillero que organizó, lo llevó a ejército patriota y al gobernar lo convirtió en ejército institucional, o Fuerza Pública estatal, ejército al que él consideraba en verdadero fundador del Estado. Al hacer actuar la Fuerza Pública con medidas fuertes para evitar el desorden, buscaba conservar la unión de las 5 regiones, hoy 6 estados (con Panamá), para evitar la secesión o separación, como en efecto se empezó a dar y se consumó después de su muerte.

 Estos fueron algunos de los tropiezos y dificultades que se le presentaron a Bolívar para terminar de construir el Estado grande que fundó. Todo se hundió en la posguerra colonial (después de derrotar a los españoles), en medio de la implementación. El Libertador Bolívar al querer mantener despejado de españoles el territorio liberado, endureció las medidas para conservar el territorio, a la vez que sin españoles en la escena, los “liderazgos” de oportunistas o ambiciosos para querer gobernar cada Estado liberado (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia), se destaparon las ansias de poder regional, y emprendieron un forcejeo que terminó en disolución. Todo se enrevesó con alegatos “legales”, constitucionales y embriones partidistas.

 En efecto, para frenar las conspiraciones internas tenía Bolívar que tomar determinaciones drásticas como el fusilamiento de los autores del atentado septembrino, etc. Y los que no entendieron la actitud de Bolívar posteriormente lo vieron, equivocadamente como el fundador del partido conservador. Los grupos regionales del poder, sus anteriores colaboradores en la guerra de independencia, se volvieron jefes de fracción y facciosos, para asumir el poder cada uno (Páez, Mariño, Peña, Santander, Juan José Flórez, Bustamante, La Mar...), desarticulando el Estado Grande o subcontinental que Bolívar forjó. Capítulo aparte es el tema de Los criollos, mestizos y nativos colaboradores con las autoridades españolas, entreguistas o colaboracionistas que actuaron como realistas, cientos de pastosos, ecuatorianos y peruanos, pusilánimes y erráticos; esos una vez se vence y expulsan a los españoles, se convierten en insidiosos ( como Camacho, Saldarriaga y otros...), y con intrigas, chismes y mal interpretaciones pérfidas, retorcieron a personajes que lo acompañaron en la campaña libertadora  y fueron sus amigos con los que concibió el proyecto independentista, como el General Santander o el General Páez, entre otros.

 Sobre la presidencia vitalicia, trato de ubicar el contexto más amplio que le correspondió actuar a Bolívar porque él pensó que era la forma de evitar la desagregación y fortalecer el subcontinente. Un Republicano que no declinó el nuevo sistema mientras que San Martín y O Higgins querían una Monarquía constitucional con un príncipe Inglés, para el resto de la Región subcontinental. Bolívar una vez concluyó de vencer a los españoles en El Alto Perú, procedió a fundar Bolivia, o sea se inició la etapa del postconflicto o posguerra colonial, debiendo reconvertir el Estado colonial en Estado Republicano, pero dentro de un Estado inmenso que necesitaba no solo el cambio de normas monárquicas por normas Republicanas, requería además la implementación de un sistema político nuevo, encontrándose con los apetitos de caudillos que querían regionalizar el poder para sí, para grupos con apetitos personalistas sin visión amplia.

(1) Lynch John. “Simón Bolívar”. Editorial Crítica, Barcelona, serie mayor. Barcelona, España, 2008.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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23 dic. 2019

Bolívar y la presidencia fuerte

Por: Alberto Ramos Garbiras (*)

Terminó el viernes 20 de diciembre la presentación de la serie Bolívar producción de Neflix, que el canal Caracol programó a las 9 pm con 60 capítulos que los colombianos acogieron con agrado para conocer pasajes de la historia de Colombia. Los tres últimos capítulos destacan la incomprensión de muchos contemporáneos sobre el proyecto continental y de una presidencia fuerte que Simón Bolívar comenzó a diseñar desde 1826 para evitar la disolución o desbaratamiento de la gran República que el concibió, previendo que la derrota de los españoles debía reafirmarse con un Estado grande y fuerte para no ser retomado nuestro territorio como había ocurrido en 1815 cuando se produjo la reconquista y el extermino que trajo Pablo Morillo con 12.000 militares para someter a los patriotas de la primera fase de la guerra de independencia (1810- 1815). Un rumor difundido con perfidia extendió la versión de querer Simón Bolívar convertirse en dictador. Voy a intentar explicar por qué no fue Bolívar un Dictador como se entiende la palabra hoy.

A la altura de 1826, con El Libertador ocupado en las labores que ejecutó en Perú y Bolivia, ya habían hecho propalar la especie de que Bolívar era un militarista desbordado con ínfulas de autoritario que, quería hacer retroceder “lo mejor” de la Constitución de 1821. El denostado militarismo de Bolívar no debe entenderse como la intención de hacer primar los valores, posiciones y privilegios militares, por encima de los civiles, sino como un celo y cuidado que tuvo El Libertador para tratar de conservar lo alcanzado al vencer a los españoles, porque el ejército seguía siendo la institución que había consolidado la independencia y la fundación del Estado. Y como quiera que a los militares no les estaba vetado hacer política: los políticos eran militares y civiles, también. Además, como el Estado se hallaba en período de construcción, los militares ocupaban un doble papel: eran defensores de la institucionalidad creada y políticos en ascenso. La campaña sucia para desprestigiar a Bolívar la hicieron difundiendo la especie sobre su interés para restablecer los intereses monárquicos, lográndolo encasillar como un ‘godo’, mote de la época para señalarlo de conservadurista.

En la constitución para Bolivia, que pretendió se adoptará en Colombia, él incluyó los controles suficientes para no caer en la dictadura, compensando así la figura de la presidencia vitalicia que invocaba para lograr la estabilidad institucional, y no por pretender establecer un cesarismo ni una monarquía constitucional, pero si un gobierno fuerte. El Libertador avizoró rápidamente que las elecciones traían intrigas y actos de violencia, también por esta razón planteo la presidencia vitalicia.

La decisión de Bolívar de concentrar poderes se debió  a la   forma como se estaba manejando el Estado que él fundó; esto se explica por la precipitud de muchos al tomar decisiones sin saber de administración pública y a la exultación excesiva al tener un territorio liberado con sus propias instituciones sin poseer experiencia, desgreñando la hacienda pública.

Cuando tomó decisiones unilaterales su conciencia impelía a reconocerlo en público y la transitoriedad de las medidas denotaban su espíritu democrático; además la concentración del poder siempre le produjo desazón, por eso lo entregaba, lo cedía o lo compartía.

El Historiador alemán, Gerhard Masur, escribió: “Sólo aceptó retener su autoridad hasta que los peores peligros del Estado hubieran pasado... su dictadura fue de preparación, que intentó madurar a un pueblo no desarrollado. Su dictadura no puede compararse con el abuso de poder que caracteriza a los totalitarios de nuestros días... fue sólo dictador a medias, jefe únicamente de territorios conquistados por él en la parte oeste del país... Bolívar fue conducido a la adopción de medidas tan extremas no sólo por la amenaza política interna, sino también por la situación militar existente”.

Después de 1821, ante los desequilibrios del orden institucional que sufriría la naciente República, Bolívar previó que había que dotar al Ejecutivo de instrumentos jurídicos excepcionales para el manejo del orden público y las agresiones externas. En uno de sus escritos políticos reclamando atribuciones para el Presidente expresó: «... conectémosle al Ejecutivo la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconvenientes anexos a nuestra reciente situación, el estado de guerra que sufrimos y a la especie de los enemigos externos y domésticos».

Desde el 10 de febrero de 1824, cuando el Congreso del Perú decide nombrar a Bolívar como dictador buscando evitar la hecatombe, le correspondió actuar con mano dura y erradicar el poder español impuesto por la fuerza; colaboró con la presencia de cuatro mil hombres colombianos, entre marzo y mayo de 1823, en calidad de jefe del Ejército de la Gran Colombia; simpatizó con Riva Agüero cuando éste tenía el firme propósito de extirpar la presencia de los ibérico - borbónicos, y lo atacó hasta someterlo cuando Riva pretendió congraciarse con los españoles. Con las batallas de Junín y Ayacucho libertó al Perú. Aún faltaba someter a las tropas del Callao. La mano dura permanece sólo hasta que triunfa, y allí decide renunciar a la investidura dictatorial.

Continuó ejercitando el poder del Perú hasta 1825, rechazó las dádivas ofrecidas por el Congreso y se dedicó a definir las instituciones para el Perú, atando la idea de este nuevo territorio liberado para avanzar hacia la gran unión de naciones en una sola: una Federación de Estados Suramericanos. Sus enemigos, que no entendieron el proyecto panamericano, vituperaron y denostaron contra él. Un pliego de cargos rayano en la infamia está expuesto en la novela de Fernando Cruz Kronfly, La ceniza del Libertador, versión lúcida, contiene todos los dicterios y calumnias contra Bolívar:

Aunque el General Bolívar recibió mucha influencia de la conducta de Napoleón, rechazó siempre las propuestas de proclamarse emperador o de mantenerse como dictador. Las medidas que tomó deben ser valoradas en las diferentes épocas (1813, 1824, 1826, 1828), como excepcionales o transitorias para resolver las crisis frente a los españoles, o los conflictos internos. La convicción de tener un Estado fuerte dentro del sistema republicano, la dejó entrever Bolívar desde su discurso de Angostura. En 1828 Bolívar utilizó las medidas de excepción para salvaguardar el orden establecido, frente a los constantes hechos conspirativos como secuela de la noche septembrina.

En varios de sus textos políticos, Bolívar mencionaba la necesidad de acudir a normas de emergencia para enfrentar situaciones delicadas en el manejo del gobierno. Su decreto de estado de sitio (1828), revestido de poderes supremos, lo utilizó para conjugar las conspiraciones y las disputas intestinas lideradas por la fracción santanderista; este decreto cumplió funciones constitucionales hasta 1830, a la manera de un acto institucional. Vladimiro Naranjo, citando a Pierre Lenoir, dice: «Los romanos oponían la dictadura a la tiranía; aquella estaba limitada en el tiempo y tenía una finalidad específica, en tanto que esta era indefinida en el tiempo y en los objetivos». Bolívar con ese decreto, más que un estado de excepción, dio un auto golpe necesario, entendió la dictadura transitoria a la manera romana, sin el ejercicio de la tiranía.

El Libertador Bolívar a partir de la guerra de independencia y luego con el diseño constitucional logró fundar un enorme Estado llamado en los libros de historia, La Gran Colombia, fundado por partes. Liberó la Nueva Granada (hoy Colombia), con las Batallas de Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá (1819); luego Venezuela con la batalla de Carabobo (1821), y después liberó a Ecuador con las batallas de Bomboná y Pichincha (1822); extendió las instituciones definidas en la Constitución de Angostura (1819) aplicadas en considerable medida a la Constitución de Cúcuta (1821), y durante su vigencia aplicó algunas normas con sobresaltos en el Perú (País que terminó de liberar con las batallas de Junín y Ayacucho), expidiendo normas durante los años 1824 hasta 1826; luego redondea y ajusta las instituciones en la Constitución de Bolivia (1826) que buscó homologar en el Perú y luego en la Gran Colombia con la más cuestionada figura de la presidencia vitalicia para poder controlar los 5 estados, por ello propuso un plebiscito que permitiera la unión de los 5 Estados, con el fin de bloquear definitivamente a los españoles ya derrotados pero con deseos de regresar.

La guerra espaciada que Bolívar sostuvo desde 1811 hasta 1824 permite afirmar a la manera de Norbert Bobbio que llevó a cabo la guerra como fuente del derecho, creía que esa guerra era justa o necesaria para lograr independizarnos de 300 años de sometimiento y vejámenes. Colombia nació de una guerra de liberación y para ensanchar o ampliar el Estado grande que él deseaba, lo hizo con una guerra subcontinental, y para sostener ese Estado en crecimiento necesitaba del uso de la fuerza pública, con el ejército guerrillero que organizó, lo llevó a ejército patriota y al gobernar lo convirtió en ejército institucional, o Fuerza Pública estatal, ejército al que él consideraba en verdadero fundador del Estado. Al hacer actuar la Fuerza Pública con medidas fuertes para evitar el desorden, buscaba conservar la unión de las 5 regiones, hoy 5 estados, para evitar la secesión o separación, como en efecto se empezó a dar y se consumó después de su muerte.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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10 dic. 2019

Vándalos de ocasión, en Cali


Por: Alberto Ramos Garbiras (*)
El martes 3 de diciembre se reunieron en Cali al menos 40 consejeros territoriales de PAZ, del Valle y del Cauca, para aportar desde estos dos Departamentos, ideas en la construcción de una política nacional de convivencia, reconciliación y no estigmatización. Y para afinar los mecanismos de trabajo ante los retos venideros que, tienen estos Consejos locales de PAZ. Entre los propósitos que tienen en mente esta la política criminal que se aplicará en estos territorios, cómo construir una red de alcaldes para la PAZ (teniendo en la cuenta que en enero se posesionan los nuevos mandatarios y no se conocen sus inclinaciones), cómo insuflar el ánimo dialogante con el presidente de la República, y cómo superar las guerras saltuarias y la actual dispersión de actores armados no políticos. La preocupación de las autoridades en Cali es mayúscula pues los indicadores registrados en el paro del 21 de noviembre dejan varias lecturas. Precisamente el mismo día, 3 de diciembre, el Comité Nacional del Paro y el Gobierno Nacional, no se pusieron de acuerdo sobre la no presencia del ESMAD para las marchas del 4 de diciembre, y sobre el uso del derecho de réplica para hacer conocer el pliego de peticiones, entonces se pararon de la mesa.

El pasado 21 de noviembre las marchas resultaron pacíficas y llenas de colorido con proclamas contra el paquetazo tributario. Pero al final de la tarde aparecieron los llamados vándalos que enturbiaron la jornada, pero nada tenían que ver con los convocantes ni con los marchantes. Aparecieron de forma abrupta y comenzaron una jornada que inquietó a toda la ciudad y levantaron sospechas sobre su accionar por la flagrancia como actuaron y el despliegue múltiple/coetáneo en varios sitios de la ciudad, parecían fletados y animados por agentes oscuros. Fueron atacados 19 buses del MIO (transporte público similar al Transmilenio), más 5 estaciones del MIO, la fachada de Unicentro, 35 vehículos particulares, el almacén Herpo, supermercados y otros locales. La gente se quejó porque en un comienzo no aparecía la policía, solo el helicóptero rondaba los barrios, con un carácter disuasivo.

El Alcalde Maurice Armitage, ante los primeros aparecimientos de ataques a locales había decretado el toque de queda y en la práctica la ley seca, todos teníamos que encerrarnos desde las 7 pm, como si estuviéramos en Estado de Sitio. La mayoría de la población ejerció la protesta pacífica en la noche con un ecoico cacerolazo contra el gobierno nacional y un toque de disgusto con el gobierno municipal porque afloró la evidencia de la ausencia de un pie de fuerza pública suficiente para controlar la situación, inclusive el comandante de la policía Hugo Casas había renunciado hacía pocos días.

Andrés Arango Velasco, colaborador del Blog www.elpacifista.com, expresó, “La ciudad colapsó y las alarmas estallaban a gritos, los disparos nos dejaban sin habla, vándalos atentaban contra la integridad física, emocional y material de los ciudadanos; Cali empezaba a abrir sus fauces, a devorarnos lentamente para que conociéramos el vértigo y nos diéramos cuenta de que aquello que pensábamos invisible, en realidad no lo es, y su fuerza es descomunal (…) Surgió de nosotros la necesidad implacable de entrar en el juego de la intimidación y salimos de nuestras casas armados con palos, escobas y traperos; varillas, piedras y cuchillos que parecían machetes para defender nuestras cosas, nuestro territorio, del monstruo que nos acechaba”.

Hubo pánico en toda la noche del 21 -N y se extendió el miedo al 22 de noviembre, los negocios al día siguiente comenzaron a ser cerrados a las 11 y 10 de la mañana y creció la fragilidad ciudadana, quedando aquel viernes al final de la tarde como si fuera un domingo, con poco tráfico. Según datos oficiales, al menos 300 vándalos se esparcieron en algunos barrios. Los barrios afectados fueron en el oriente, el Manuela Beltrán y el Ulpiano Lloreda, donde saquearon panaderías y prenderías. Hubo perturbaciones a la propiedad y dispersión de vándalos en los barrios Valle del Lilí, La Hacienda, Primero de Mayo, Cañaverales, Vegas-Comfandi, El Caney, Meléndez, Santa Helena, Chiminangos, Ciudad 2000, en el centro de Cali y el Bulevar del Río. Se registraron saqueos a 56 establecimientos comerciales, almacenes de ropa, y fachadas de las sedes bancarias del Centro, para un total de 22 policías heridos. Hicieron saqueos, se entraron a las unidades residenciales, se enfrentaron a los residentes que con palos y armas los repelieron.

Pero el miedo no dejó dormir a gran parte de la ciudadanía por que las alertas esparcidas por las redes sociales con videos inquietantes comentaban que estaban los asaltantes regados por toda la ciudad. Los residentes se agruparon en bloque de defensa; exhibieron armas que los vecinos no sospechaban poseían: pistolas, escopetas, rifles. Y otros con palos, a la manera de la guardia indígena. Este evento de zozobra demostró sin proponérselo nadie que, Cali es una ciudad pistolizada.

El proceso migratorio que ha sufrido Cali desde de la década de los años 50s, incrementó las violencias que sumadas en diferentes periodos ha dado como resultado un comportamiento delictivo de ciertos sectores poblacionales durante los lapsos de asentamiento y búsqueda identificadora con el espacio urbano. Los continuos éxodos producidos por las violencias cruzadas e imbricadas del paramilitarismo, las guerrillas, las autodefensas y los excesos de la fuerza pública han producido en Cali el crecimiento de barrios con asentamientos incompletos, y una mixtura de subculturas, los hacinamientos y los espacios reducidos en las viviendas no invitan a la convivencia. Ese tipo de vivienda incrementa la irascibilidad, la depresión, se dan los malos términos, el deterioro del lenguaje y la pérdida de respeto.

Esta situación se vierte hacia la calle. La violencia callejera, pública y común de actores individuales, independientes, famélicos o avezados al delito como método de subsistencia adoptan una conducta para resolver los conflictos interpersonales por la vía privada, eludiendo a los juzgados e instancias judiciales legalmente instituidas: la imposición de la juridicidad agenciada por las autoridades choca con la anomia social que porta la masa poblacional flotante.

Las muertes sistemáticas en Cali, sin contar los millares de lesionados en atracos, riñas, hurtos y demás violaciones a los derechos humanos, significan un fracaso palmario y público a la política de seguridad. La trasgresión masiva de los derechos humanos en Cali deja en vilo el funcionamiento del ente territorial municipal, como parte del Estado. La falta de seguridad impide la paz y no brinda tranquilidad: la paz como derecho síntesis  almacena todos los derechos. La violencia en Cali es protagonizada en un 80% por la delincuencia común que opera independientemente a cualquier dirección o liderazgo porque los actores individuales, portadores de conductas desviadas no tienen proyecto de vida, son excluidos del sistema y la sociedad; no poseen escolaridad y menos movilidad social que les permita ascender, son desatendidos y marginales, o se lanzan a la comisión de  delitos y son mano de obra sicarial instrumentalizada para llenar las apetencias de terceros.

 La administración municipal no se puede engolosinar restando muertos de un mes o con respecto a otro año para pretender afirmar que la situación ha mejorado. La convivencia se logra cuando el respecto se extiende entre todos los pobladores y cuando sus necesidades básicas están resueltas. Una ciudad llena de desempleados, desplazados y excluidos debe centrar su labor en atender a la población desamparada, en coordinación con el gobierno central, antes de cualquier otra inversión. Desde 1990 cada año se registran un promedio de 1600 muertos en las calles (no muertes naturales). Cali ha figurado en los últimos 6 años entre las 10 ciudades más violentas del mundo.

Pero lo que sucedió el 21 de noviembre es muy extraño, porque  los actores violentos siembre actúan con cautela en estos 29 años, para no ser sorprendidos ni capturados en el acto. El 21 de noviembre aparecieron en grupos como si se hubiesen puesto de acuerdo, o estuvieran dirigidos por un grupo superior. Por eso comenzó a circular desde el 23 de noviembre un video y unos textos que reseñaban la teoría del pánico que agencia el mismo Estado para asustar a la población y luego aparecer como salvador de la situación, recibiendo los agradecimientos de la comunidad, diluyendo así los objetivos de la protesta.

Entonces se están barajando dos hipótesis para explicar la irrupción de estos vándalos de ocasión actuando coetáneamente en muchos barrios de la ciudad. 1) .Los delincuentes fueron fletados, estimulados  y alentados para que actuaran con franquicia, sabiendo que no los irían a reprimir, ni capturar.  2). Los delincuentes llegaron a envalentonarse aprovechando el día de las marchas desde distintos sitios de la ciudad, se agruparon y actuaron por cuenta propia.

 Lisandro Duque Naranjo en su columna de El espectador, titulada La Cacerola, expreso, “En la puerta de mi edificio, muchachos, muchachas, señoras y hasta las mascotas, que sacaron sus cacerolas al aire libre, recibieron una bomba aturdidora y gases lacrimógenos que pusieron a toser y a llorar a todos los residentes. La cosa iba en serio. A la misma hora comenzaron los rumores de que en Cali estaban asaltando casas y que los dueños de estas se defendían con armas largas, bates y hasta espadas samuráis. Anticipos de la famosa ley que promueve el texano Cristian Garcés, del CD, para que los civiles porten armas. Sospechosos todos esos sincronismos de vándalos fantasmagóricos. Clara López cuenta por WhatsAap que por su barrio, en Bogotá, los “encapuchados” eran habitantes de calle drogados. En Cali fue igual, aunque en este mundo tan fotografiado es muy extraño que no quede una sola foto como evidencia. Y si la hubiera, demostraría que fue un plan orquestado con el lumpen para que aprovechara el anticlímax para sus tropelías, sirviendo de pretexto para exaltar a los “héroes” como garantes de la defensa ciudadana. Es una alianza clásica esa. Además, el Gobierno no iba a quedarse empezado después de los preparativos de guerra que hizo contra la marcha. Ya metido en gastos..."

(*)  Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho Público con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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30 nov. 2019

La visión continental de Bolívar


Por: Alberto Ramo Garbiras (*)
Simón Bolívar tenía una mirada continental de lo que debería ser la independencia, seguramente consideraba que, si Hispanoamérica había sido sometida por el mismo imperio y había sufrido las mismas atrocidades, debería obtener la libertad paralelamente aprovechando la coyuntura internacional del decaimiento de España ante la arremetida napoleónica y que entonces no debería aflojar el entusiasmo independentista que despertó como oleada desde México hasta Argentina. El quid del asunto era como implementar una revolución continental que no podía ser resuelta por un solo hombre ni siquiera con sus círculos de amigos y de apoyos; pero si barruntaba que los efectos dominó y de mímesis se darían, por eso en la Carta de Jamaica, o en el Congreso Anfictiónico de Panamá el lenguaje que usó fue de expansión vecinal y de confederación de esfuerzos. El General Santander también fue un rebelde contra la Corona Española, pero una vez liberado el Virreinato de la Nueva Granada su visión se redujo y no fraternizó con ánimo respecto a la liberación de Ecuador, menos con el Perú, ni concibió ayudas a la Florida, Cuba o a Puerto Rico, como si llegó a plantearlo y exponerlo Bolívar.

Si se trataba de diseñar una especie de protocolo para la fundación de Colombia, Simón Bolívar y sus amigos cercanos coincidían en la aplicación constitucional como fórmula para la creación de un Estado que brotara de la guerra de independencia. Esta fórmula era la única que el Libertador consideraba le daría una ritualidad apropiada para luego ser reconocido internacionalmente porque el constitucionalismo como corriente política le había dado vida a la Norteamérica y la Francia antimonárquicas, porque esa corriente político-jurídica ya tenía una aceptación internacional para el nacimiento de estados-nación como repúblicas, o sea sistemas políticos diferentes a la monarquía absolutista de tres siglos de permanencia. Esto explica los tres grandes momentos desde Angostura: 1) La declaración de 1818; 2) El discurso de Angostura y el proyecto de Constitución de febrero 1819; y 3) La Ley fundamental de diciembre 1819 reconvirtiendo al Virreinato en República con tres departamentos, citando para una constituyente en Cúcuta a realizarse en 1821.

 El Congreso de Angostura y el de Cúcuta funcionaron a la manera de  un parlamento europeo, por la elección indirecta, o sea nuestro sistema presidencial surgió con anclas en el parlamentarismo. En dos ocasiones se designó a Bolívar como Presidente, en febrero 1819 Presidente de Venezuela mientras avanzaba en la guerra de independencia, y en diciembre como Presidente de la Gran Colombia, mientras preparaba avanzar al sur para liberar a Ecuador. La conexión con el Congreso de Cúcuta que se realizaría en 1821 para moldear una Constitución que se discutió sobre la base de la que él presentó en Angostura y que se aprobó en agosto 1819; una vez termino sesiones el Congreso de Cúcuta lo eligió Presidente por tercera vez, pero sobre todo el territorio de lo que hoy son tres países; era la  forma de construir la República en medio de la guerra porque podía fortalecer las finanzas y los recursos para  reconstruir el ejército patriota, como ocurrió de cara a la batalla de Carabobo (junio de 1821), y le permitía desde el punto de vista legal obtener finanzas a partir de los impuestos del territorio liberado, como se dio  para las batallas de Bomboná y de Pichincha (1822), aunque el Vicepresidente Santander, en funciones, le hubiera reducido los giros.

La rebelión de Rafael Riego en España, la interrupción del reclutamiento u organización del ejército de refuerzo para enviarle tropas a Pablo Morillo, el despertar reformista gaditano de 1820, y la exigencia de los rebeldes para restablecer la Constitución de Cádiz; todo ello interrumpió la dinámica de la reconquista que venía sufriendo el Virreinato de la Nueva Granada, para inyectarle un aire constitucional a la Monarquía Fernandino-Borbónica (el intento que se había perdido en 1814), con un efecto de alivio ante la aplicación de procederes menos recios del monarca sobre las colonias basados en los lineamientos constitucionales de la Carta Magna expedida en Cádiz (1812), lo cual “alivio” la etapa final de la confrontación de los patriotas contra los realistas durante los enfrentamientos posteriores del ejército supérstite del Rey en los lugares o reductos donde se resguardaron o acantonaron, sin la posibilidad de fortalecerse más por el no envío de nuevas tropas desde la península ibérica. Esto explica que en la batalla de Carabobo el ejército patriota hubiese tenido 6.500 soldados, y el realista 4.000, y explica la superioridad militar de las tropas de Bolívar, en las batallas de Bomboná y Pichincha, para ir despejando el territorio.

 “Bolívar concibió la guerra como elemento capaz de construir paz; le dio a la guerra el reconocimiento y carácter de primera tarea del Estado. Algo que los legisladores, fundamentalmente neogranadinos, no lograron comprender. Bolívar intuye que los estados se construyen en medio de las guerras y después de las guerras, sobre todo revolucionarias; como Francia tras la revolución, o Estados Unidos tras la independencia. La guerra concede un principio de identidad a los americanos y le permite a Bolívar mantener la unidad de los pueblos. Bolívar sabe que esas cinco naciones que él ha liberado necesitan, para permanecer unidas, continuar en la guerra contra España. Por eso, después de Ayacucho, Bolívar piensa en el Congreso Anfictiónico de Panamá como estrategia para unir a América con el propósito de liberar a Cuba, el bastión que conservan los españoles en América”. (Atehortúa, 2019).

El Libertador desde que escribió la Carta de Jamaica, estampó su visión geopolítica que debería tener la guerra de independencia. En 1815 la geopolítica no existía como disciplina de la ciencia política, y esta como ciencia autónoma pero relacionada con las ciencias sociales, tampoco existía. O sea, Bolívar fue un adelantado futurista en el ámbito de las relaciones internacionales. Ambas, la ciencia política y la geopolítica nacieron a finales del siglo XIX, se adelantó 70 años a la conformación de estas. Seguramente sus lecturas sobre Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Condillac, D Alembert, Lalande, Mably, Rollin, Helvetius, Locke, Fergusson; los autores griegos, los romanos, etc., le permitió formarse criterios y asimilar conceptos que procesó y adaptó a su época para resolver el enfrentamiento con un imperio y concebir la formación de un Estado republicano de gran tamaño. Se formó una visión continental de la independencia, de un subcontinente (América latina), oprimido durante casi 300 años por los miembros de un país que pertenecía a otro continente (Europa), y desde allá se volvieron potencia a expensas de los territorios dominados en medio de la sociedad feudal mercantilista.

Esa misma visión futurista con el componente geopolítico la permitió prevenirse ante los EEUU para enfrentarlo por lo que él barruntaba tendrían intentos de absorbernos a pesar de que eran un Estado naciente. Al comienzo pensó que sería apoyado por haber surgido los EEUU también de una guerra de independencia; trató de lograr la ayuda o cooperación para enfrentar a los españoles en 1818 y 1819, pero no encontró respuestas positivas, ejecutaron actos contrarios a la neutralidad y toleraron la venta de armas a los españoles y fue denostado por periodistas de ese país. Lo atacaron al burlarse de la liberación de La Florida que había estado en manos de los españoles, una negociación turbia con compra simulada le permitió a los norteamericanos desconocer es independencia; no reconocieron el nacimiento de La Gran Colombia con la ley de Angostura; las relaciones con James Monroe fueron hoscas; por eso no quería invitarlos al Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826; y muchas otras trabas que se narran en las biografías sobre Bolívar.

Antes de estas dos batallas (Bomboná y Carabobo), Simón Bolívar permaneció en Cali 26 días, en enero de 1822, como lo explica Alberto Silva Scarpetta, miembro de la Academia de Historia del Valle,”tuvo la oportunidad de escuchar de primera mano todo lo ocurrido durante los últimos 12 años en la región. Supo de sus sacrificios, conoció todo acerca de los mártires, valoró sus aportes económicos y por fin entendió en su real dimensión, el esfuerzo y protagonismo de los vallecaucanos, hasta el punto, que no reclamó para él, ni para ningún otro personaje distinto de ellos, el mérito de sentirse libres en ese momento. Bolívar en el Valle no gastó ni un solo tiro. Sin embargo, tuvo el coraje de reclamar la leva, esto es, reclutar 1.000 hombres más para completar los regimientos de su ejército, los batallones Bogotá y Neiva, que venían diezmados por las enfermedades, a lo que la región vallecaucana respondió como siempre, con el aporte de sus hijos más jóvenes. Un testimonio incontrovertible de este hecho es la carta de Bolívar a Santander fechada el 5 de enero en Cali”. (Silva Scarpetta, 2019).

Esta permanencia de Bolívar en Cali fue importante porque no solo logró 1.000 soldados más para agregarlos a los 2.000 que traía en su marcha hacia la independencia del Ecuador para concluir la tarea guerrea de despejar de españoles el Virreinato, sino porque seguramente captó por tradición oral, la dimensión del aporte de los vallecaucanos para llevar a cabo la primera batalla de la independencia dentro del territorio granadino llevada a cabo en el Bajo Palacé en marzo 25 de 1811, con el aporte de tropas cundinamarquesas, los caleños se habían apoyado en la Junta Suprema de Bogotá para que delegaran al militar Antonio Baraya. El 1 de febrero de 1811 se había instalado una Junta en el Valle con representantes de las 6 ciudades que se van a llamar Ciudades Confederadas (Toro, Cartago, Anserma, Buga, Cali y Caloto), cada una aportando tropas para enfrentar a los españoles acantonados en Popayán desde donde gobernaba el Sr Tacón y Rosique.

Como lo explica Alonso Valencia Llano, en Cali, desde el primer brote del juntismo, 1809, se organizó una junta revolucionaria, que expresó a las autoridades españolas en la región. El ACTA del 3 de julio de 1810 desde Cali, reconoce al Rey, denosta de Napoleón, pero hace un planteamiento importante, se pregunta: ¿Qué pasará si los franceses siguen ocupando España definitivamente? Seamos libres para elegir una forma de gobierno. Allí dejaron abierta la rebeldía. Todo el esfuerzo de los patriotas vallecaucanos que llevaron a cabo el movimiento de las Ciudades Confederadas puede observarse en el anhelo de tener un Estado Provincial y lo palpamos en el contenido de la Constitución de Popayán de 1814. Vencido el Gobernador español de Popayán, Miguel Tacón y Rosique, los aliados de las Ciudades Confederadas, crean la provincia de Popayán que integra a las 6 ciudades mencionadas, más Pasto, Almaguer, Barbacoas, Iscuandé y las regiones del Raposo y Micay. (Valencia Llano, 2017).

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Derecho con énfasis en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

Bibliografía
Atehortúa Adolfo León. “La Independencia jamás contada”. Libro de ediciones Aurora. Primera edición. Impresión: Xpress Estudio Gráfico y Digital SAS. Colombia, 2019.
Silva Scarpetta Alberto. “Tras de Sucre”. Columna de prensa publicada en el periódico El País, diario vallecaucano, el 11 de noviembre del año 2019.
Valencia Llano Alonso. “Ciudades Confederadas del Valle”. Símbolos y ritos en la formación de su cultura política. Libro de la colección artes y humanidades. Historia. Universidad del Valle, programa editorial, Cali, julio de 2017.

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