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15 jul. 2018

López Obrador, un progresista


El primero de julio ganó las elecciones en México Andrés Manuel López Obrador (AMLO), había sido derrotado dos veces, quedó atenazado entre los dos partidos mayoritarios, el Partido Revolucionario Institucional(PRI) y el Partido de Acción Nacional(PAN) y quejas de fraude electoral se presentaron, pero fue marginado del poder. La corrupción, la pobreza y el avance de las mafias prosiguió durante los últimos 12 años. Fundó un partido alternativo, Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), y se presentó con una coalición llamada “Juntos Haremos Historia” (Morena, PT y PES),  con la que podrá gobernar desde diciembre 2018. López Obrador, de origen izquierdista, ha sido calificado como populista, y más ahora con la canalización multitudinaria que hizo para formar la mayoría electoral. Podríamos analizarlo como un socialdemócrata, progresista, con rasgos populistas, pero de ninguna manera como un demagogo.

 La segunda oleada populista en América Latina (1999/ 2018), vio aparecer el neopopulismo socialista del siglo XXI, y otras formas de socialismo, surge a partir de la profunda fracturación de la Democracia por el actuar voraz del neoliberalismo privatizador de casi todos los servicios públicos que empobreció a vastos sectores sociales.

En América Latina ha operado en los últimos 17 años  que el populismo ha llegado al poder y ejercen gobiernos progresistas de atracción(Lugo en Paraguay; Lulla y Dilma en Brasil; Mel Zelaya en Honduras; Correa en Ecuador…),   pero muchos de esos dirigentes populistas no se toman el aparato del Estado para transformarlo, solo se desempeñan dentro de ese sistema administrativo, no lo adaptan a otras formas o instituciones nuevas, precisamente porque la institucionalidad oligárquica está montada desde años atrás y no las pueden desmontar al quedar entrampados en el legalismo. Reaccionan las élites desbancadas o destronadas, utilizan la justicia supérstite para enjuiciarlos, judicializan la actividad política y regresan al poder por la vía electoral. Ojalá a López Obrador, no le ocurra lo mismo porque quedaría maniatado ante las viejas instituciones, necesita promover una Constituyente.

El populismo es cíclico su aparecimiento se registra porque las mismas clases hegemónicas se debilitan y sus castas corroen el aparato del Estado perdiendo gobernabilidad y credibilidad, los partidos políticos ya no representan al pueblo, se fractura el bloque dominante en el poder, en esa clase de coyuntura, aparecen los dirigentes populistas. No aparecen porque sean espontáneos, no, son las condiciones creadas por el mal manejo de los gobiernos que han detentado y la malformación democrática. El populismo brota porque los sistemas electorales (así sean rígidos o defectuosos), permiten la competencia de partidos y movimientos políticos; cuando los partidos formalmente establecidos funcionan bien, se vive una “normalidad” democrática y electoral; cuando dejan de representar a vastos sectores, aparece una nueva voluntad general que se expresa de manera contrahegemónica, entonces la presión popular busca quien los represente, y aparecen los populismos.

Así se puede explicar el triunfo de AMLO por la pérdida total de credibilidad de la población en los dos partidos, el PRI y el PAN. El populismo moderado y encuadrado en medidas constitucionales lo podemos observar leyenda parte del listado de su programa: 1). Explorar la posibilidad de una amnistía para combatir la delincuencia. 2). Elaborar un plan conjunto (académicos, religiosos, organizaciones) para darle paz a México. 3). Invitar al Papa Francisco para lograr la paz en México. 4). Ahorro de 500 mil millones de pesos a través de recorte de sueldos, vender el avión presidencial y otras medidas de austeridad. 5). Reformar el artículo 108 de la Constitución para que el presidente en funciones pueda ser juzgado por delitos de corrupción.6). Reducirse el sueldo a menos de la mitad de lo que gana el presidente Enrique Peña Nieto.7). No utilizará los servicios del Estado Mayor Presidencial.8). Aumentar el sueldo de maestros, enfermeras, médicos, policías, soldados y marinos. 9). Cancelar la pensión a los expresidentes.11). No gastar más de lo que ingrese al erario.12). Cancelar el servicio médico privado a los altos funcionarios. 13). Revocación de mandato cada dos años. 14). Contemplar una reforma para reducir legisladores y quitar a los diputados plurinominales. 15). Sembrar en el sureste del país un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables. 16). Creación de 400 mil empleos en ejidos. 17). Salario mínimo del doble al actual en la zona fronteriza.18). Dar subsidios para los productores del campo. 19). Fijará precios de garantía a productos del campo.20). Producir en México todo lo que consumimos. 21). Congelar el precio de la gasolina.22). Vivienda asequible y bien localizada.23).Inhibir la expansión descontrolada de las manchas urbanas y se fomentar la densificación en su interior.

Un analista político mexicano, Saúl Vásquez, expresa dentro de un artículo publicado en la página Web FONDEA que, “El populismo es una herramienta de constitución de un grupo político, más que una ideología en sí. Es usada tanto por movimientos de derecha como de izquierda. Según el mayor referente teórico del populismo, Ernesto Laclau, el populismo es “una de las formas de construcción de la propia unidad del grupo… en consecuencia ‘el pueblo’ no constituye una expresión ideológica sino una relación entre agentes sociales”[1]. Es decir, populismo es el recurso discursivo de referirse al “Pueblo”. ¿Qué es el pueblo? Lo que el político define que sea. Es por ello que para Trump o Le Pen su pueblo son los blancos originarios de Estados Unidos y Francia ante la amenaza de los migrantes, mientras que para AMLO “Pueblo” sería todo aquel que se enfrenta a la amenaza de “La Mafia en el Poder”. El uso de esta relación dicotómica de Pueblo v. Mafia es constatable en el discurso público de Andrés Manuel desde sus primeros textos”.

A AMLO no se le puede endilgar incapacidad administrativa, fue alcalde de ciudad de México (DF) y llevó a cabo ajustes económicos y política de austeridad, persiguió en serio la corrupción, saneando las finanzas. Como Presidente asegura que rebajara las altas pensiones y prebendas de los expresidentes; ya anunció que no usará el avión residencial, ni la residencia oficial y disminuirá su propio sueldo. Está claro que su mandato ara destacarse deberá diferenciarse de estos 18 años continuos respecto a las acciones del PAN y del PRI.

 Respecto a las relaciones exteriores tiene un enorme desafío vecinal como no habría ocurrido en los últimos 90 años porque México ha sufrido muchas afrentas desde que en el siglo XIX le cercenaron o robaron el territorio, pero desde que asumió Trump las afrentas han sido en seguidilla. El Sr Donald Trump, presidente de los EEUU está persiguiendo a la población mexicana, intentando construir un muro de infamia, endureció la política antiinmigración, separó de manera infame a los niños de los padres latinos, y ha elevado los aranceles. Trump es de estirpe populista de derecha, nacionalista, supremacista, xenófobo y proteccionista del mercado nacional norteamericano. Toparse con un vecino así deja entrever unas relaciones exteriores turbulentas, porque tienen una frontera caliente, el narcotráfico no fue derrotado por Felipe Calderón, antes, por el contrario, fue alborotado y los carteles aumentaron, lo mismo la penetración de las autoridades y el debilitamiento institucional. AMLO es de estirpe populista de izquierda, cree que la Democracia puede ampliarse y modernizarse con sus propuestas, pero también es nacionalista y no va a dejar irrespetar a sus connacionales. Enrique Peña Nieto, como presidente actual, no salió bien librado de esta puja internacional, y ello seguramente afectó al electorado de su partido en las recientes elecciones.

[1] Laclau, Ernesto. La Razón Populista, Fondo de Cultura Económica. Pp.97

Por: Alberto Ramos Garbiras.  Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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2 jul. 2018

Matices del Populismo


Las diferentes formas de populismo confunden a la gente. Hay una variedad de matices, ello se debe a que cada líder de derecha o de izquierda que proviene de la política no formal, o es un Out Sider, convoca al pueblo y dice representarlo sin ser el pueblo consultado para decidir, solo es convocado a votar, después de la descarga incendiaria de discursos desde varios flancos: irrumpen en el escenario aprovechando la crisis o el malestar.

Ese pueblo como concepto o categoría política es una expresión que encierra varios significados. Puede decirse Pueblo para referirse a toda la nación de un país, por ejemplo, el pueblo colombiano. Dentro de ese país si a una persona le preguntan, Usted de dónde es, contestan: de Boyacá, o de Nariño, dependiendo del departamento de origen, nadie contesta soy colombiano. Si esa misma persona está en España y le preguntan, de dónde es: dice colombiano, incluyen el componente de la nacionalidad. Otra forma de usar la expresión Pueblo dentro del uso político interno, y en momentos de rebelión, protestas o insurgencia, es señalando a los que reclaman como “son gente del pueblo”. O sea con un tono despectivo. Esa es la explicación del origen de la palabra, al señalar a los que  marchan en contra de medidas gubernamentales y son guiados por algún líder, como parte del populismo.

Pero el Pueblo no es homogéneo. Está compuesto de sectores, clases, estratos, movimientos sociales, etnias, razas, campesinos, obreros, gremios, asociaciones, etc., por lo tanto para diseñar políticas públicas, aplicarlas con el presupuesto adecuado y resolver los reclamos, los antagonismos y conflictos, la única contradicción no es la del capital / trabajo; hay que resolver los antagonismos multiplicados en la sociedad por la desatención, las exclusiones y las políticas neoliberales en externo privatizadoras.

El populismo de izquierda es mirado por los sectores tradicionales de un país como la interrupción al sistema de  partidos establecidos, y alterador de la normalidad democrática, esta es la mirada de las élites tradicionales adscritas a los partidos políticos formales, apuntalados por la burguesía que, se mueven dentro de las democracias liberales.

El populismo de derecha es tolerado por la élites burguesas y empresariales porque no les afecta el nacionalismo o el proteccionismo que despierta, y porque saben que el régimen no lo van a alterar; ven en esos atractivos que el populista de derecha promueve, una forma de ganar imagen (con la promoción del paternalismo), pero que no alteraran la estructura del Estado oligárquico.

Ambos populismos, de derecha e izquierda, acuden en busca del pueblo para obtener la votación necesaria a fin de escalar al poder central. Los populistas de derecha se apoyan más en la invocación de la Democracia representativa; los de izquierda en la Democracia participativa (mecanismos contenidos en el artículo 103 de la Constitución). La Democracia participativa es una deriva de la representativa. En Colombia la Democracia representativa es un constructo teórico que juega con el concepto de soberanía, una vez elegidos los congresistas desenchufan a los electores y es muy difícil desatornillarnos de la curul porque no existe la revocatoria, solo un régimen de inhabilidades e incompatibilidades que saben sortear en los procesos ante el Consejo de Estado. Y la otra, la democracia Participativa ha sido obstruida por el rigor y complejidad para activar la participación del plebiscito(solo uno en 27 años, sobre la Paz, y errado; el referéndum constitucional (solo uno 2003, y fallido); la revocatoria del mandato de alcaldes y gobernadores en un número ínfimo y sin efectos para cambiar el poder local; el cabildo abierto (una burla a los líderes municipales, en  los concejos municipales), la iniciativa legislativa popular (solo 3 leyes en 27 años). Y no existe revocatoria presidencial.

La forma de ascenso al poder de los populistas (las elecciones), y la contemporización de los líderes de derecha con las estructuras del poder, hace que se mantengan actuando en la formalidad democrática. Esa formalidad construida por el derecho público (Constitucional, Administrativo e Internacional), los entrampa en una maraña de normas tejidas por los Congresos de la República anteriores que, impide el cambio del sistema porque el reformismo gradual con actos legislativos no hace mella a la estructura del poder oligárquico: la única forma de un cambio sustancial es a través de una Constituyente que, usualmente impulsan los populistas de izquierda. Los de derecha se mueven con los cambios en dosis de los actos legislativos, reformatorios de la Constitución. Razón que explica las propuestas de populistas de derecha para acomodarse y afianzarse acunándose en el autoritarismo que van imponiendo con contrarreformas o de facto con medidas administrativas durante el mando, coadyuvados a través de esos actos legislativos (cambios menores de la Constitución); y los populistas de izquierda con Asambleas Constituyentes para logar cambios de fondo que les permitan prolongar el período. Los populistas de derecha encuentran en la Rama Judicial un aliado porque con la interpretación jurídica dentro de las sentencias de constitucionalidad los apuntalan para proseguir reafirmando el poder cambiado.

El populismo de izquierda cuando llega al poder es una forma de Gobierno dentro de un Estado, pero se mantiene dentro del mismo sistema de derecho y allí quedan entrampados los dirigentes y el pueblo, amplían la Democracia, pero no avanzan lo suficiente para remodelarla. Democracias donde la única igualdad es ante la Ley: y esto es un espejismo del positivismo. El enredo lo van creando las élites dominantes durante las diferentes etapas de hegemonía, con la profusión de las normas del derecho. Se legisla para mantener el sistema. Como lo explicó Marx: el derecho es un instrumento de dominación de quienes detentan el poder. La Constituyente es la única forma de variar las instituciones para hacerlas más flexibles.  De cambiar luego el derecho que deriva de la fuente principal.

El populismo es reformista pero no transformador de la sociedad, ni radical: alivia la situación de la pobrecía, pero no los saca de la pobreza y menos de su condición de clase. El populismo en cualquiera de sus matices motiva la agitación política, es crítico dependiendo de los temas que enarbole, da la sensación de cambio, pero el aparato del Estado quedará igual sino se lleva a cabo un proceso destituyente y constituyente. Las tres formas de cambiar un régimen o sistema político son: la Revolución, el Golpe de Estado o una Constituyente.

Por: Alberto Ramos Garbiras. Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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19 jun. 2018

Populismo y agitación política


La inestabilidad democrática aparece donde las instituciones ya no operan o se ha fallado en las reformas de modernización; donde los partidos políticos se han convertido en aparatos sin capacidad de promover la participación de sus mismos afiliados o simpatizantes, y donde los problemas más cruciales de la población no ha sido resueltos, entre otros factores. La dinámica política de la sociedad que tiene un ente regulador para todos, el Estado, exige que siga la marcha de la administración so pena del desplome total o la anarquía, en esas circunstancias surgen líderes populistas para tratar de conducir amplios sectores y a competir para acceder a la toma del poder. Aparecen populistas de derecha y de izquierda.

 Las acciones constitucionales para hacer efectivo los derechos vivificaron la carta de derechos humanos, sociales, económicos, culturales y del medio ambiente. Esta Constitución colombiana de 1991 tiene en esa carta una estirpe progresista y en cuanto a los derechos sociales, una clara raíz socialdemócrata. En la medida que se han incumplido la materialización de esos derechos, que solo por sentencias judiciales se han reconocido, o por leyes graduales de reconocimiento de mínimos vitales: a los jueces los tildan de activismo judicial, a los magistrados de populistas constitucionales, algunos han terminado la magistratura y han sido candidatos a la presidencia (Carlos Gaviria, Jaime Araujo, José Gregorio Hernández, vice). Los magistrados con muchas sentencias han logrado la ejecución y goce de derechos sociales. Y algunos políticos en elecciones, desde afuera, también han prometido volver esos derechos realidad, surge así el populismo constitucional.

La elección presidencial en Colombia 2018 se desató en la segunda vuelta electoral entre dos populistas, candidatos opositores al gobierno del presidente Santos. Desde la derecha un partido nuevo, el Centro Democrático, nacido en el año 2014, de la mano de un expresidente, Álvaro Uribe, que practicó el neopopulismo de derecha durante 8 años; ahora  con una bancada de 39 congresistas se opuso a la mayoría de las iniciativas del gobierno y cuestionó duramente el proceso de paz, realizó unas encuestas internas entre 5 aspirantes y postuló al senador Iván Duque, alcanzando la presidencia con más de 10 millones de votos en coalición con los partidos tradicionales . De otro lado, Gustavo Petro, disidente del Polo Democrático, una coalición de fuerzas de izquierda que se desperfiló por la conducta desviada de su alcalde en ejercicio, Samuel Moreno Rojas, hoy en la cárcel. Petro, exguerrillero convertido en socialdemócrata, casi en solitario, empezó la campaña y logró motivar multitudes de indignados que lo llevaron a la segunda vuelta electoral, donde mostró con su programa de gobierno un populismo constitucional, realizable.

Loris Zanatta, analista político, profesor de la Universidad de Bolonia, explicó que el populismo resulta en la actualidad “la mayor alternativa histórica a la democracia liberal constitucional. Y su mayor desafío. Cuando la Democracia tal cual la entendemos no funciona, el populismo toma una fuerza fundamental y dice: Yo soy la verdadera democracia’”, señaló. Esta explicación la podemos entender al ver que la Democracia como sistema político ha venido fallando en casi todos los países de América Latina y en Europa también, donde hay serios brotes de populismo de derecha y de izquierda.

Un Presidente llegado al poder por la vía alternativa o como out sider, con elementos del discurso populista de izquierda, una vez instalado en el aparato del Estado trata de propalar sus ideas con más ahínco, apoyándose en el amplio respaldo de la población que lo eligió y extender el populismo con ropaje constitucional para ampliar las garantías biocéntrícas y antropocéntricas, como lo hicieron Rafael Correa y Evo Morales. Y por su influencia nacional destilaron ideas que sirvieron a la rama judicial para su trabajo de ponderación e interpretación de las normas, y así extender beneficios a la población con sentencias como fuente del derecho, e influyeron en la Rama Legislativa con su amplias bancadas para proyectar leyes con acento social. La social democracia como corriente económica es otra forma de difundir y hacer llegar elementos sociales dentro de la estructura capitalista que pueden ir desarrollándose, pero no siempre se incurre en el populismo, es el caso uruguayo con Tabaré Vásquez y Pepe Mujica.

Sobre los populistas de derecha, José Fernando Flórez, abogado constitucionalista de la Universidad Externado, aseguró durante la realización de las “VIII Jornadas colombo-venezolanas y I Jornadas grancolombianas de justicia constitucional”, realizadas en Bogotá, “que dichos discursos de derecha se renuevan, muchas veces sobre las verdades a medias y mentiras que pululan en redes sociales y también por la instrumentalización política de los temores de la ciudadanía”. Se trata de una política de miedos extendidos contra los otros, los extranjeros o los vecinos, con un lenguaje populista- nacionalista que desata indignación, temores contra los refugiados, los inmigrantes “delincuentes”, como hace Donald Trump; contra los extranjeros como lo predica Víctor Orbam en Hungría; contra los musulmanes, en varios países de Europa, como lo hacen partidos populistas de derecha en Francia, Dinamarca y Alemania; contra el castrochavismo como lo vimos en Colombia durante toda la campaña electoral; otros despiertan la xenofobia, el racismo, y hacen ver a muchos extranjeros como terroristas o narcos.

Dentro de la situación registrada en Cataluña con la agitación independentista citando a un referéndum que fue descalificado por el Tribunal Constitucional para evitar el brote nacionalista, y sobre las continuas declaraciones en contra del Presidente Rajoy impidiendo el mecanismo de participación popular, apoyándose en la decisión del Tribunal Constitucional de Madrid, se presentó un acto al revés, fue el Gobierno y la misma corte judicial quienes hicieron populismo constitucional llamando a la Unidad del Reino de España, mutilando el soberanismo regional.

 No todas las formas de populismo son vituperables o rechazables. El populismo es un término polisémico, utilizado para evaluar y comprender algunos fenómenos en América Latina, caracterizado en los medios de comunicación por su tenue o vacío rigor académico, sin embargo en materia de teoría política ha sido un concepto abordado con un análisis minucioso por académicos que trascendieron por su conceptualización y anclaje a la ciencia política. Este es el caso de Ernesto Laclau, que logró realizar un trabajo académico en torno al populismo como realidad y enfoque teorizado, al tanto que es una de las referencias constantes en la mayoría de los estudios sobre el término.

La búsqueda de Ernesto Laclau en el desarrollo de la política y lo político como dimensiones convergentes, pero diferentes, lo político y la política, en la que se reserva el primer término para referir a una lógica de producción del orden social (una función instituyente, aunque también destituyente) y el segundo como un campo o sistema encargado de gestionar el orden (como un ámbito instruido)[1].

Tenía tres preocupaciones sobre las mismas.
1.  Cómo pensar en un nuevo orden social y político para la articulación de diversas demandas y nuevos sujetos identitarios que no podían reconocerse ni entenderse bajo el viejo planteamiento de la ortodoxia marxista como sujetos de clases.

2.  Cómo se pueden analizar en el campo democrático en el contexto actual las dinámicas políticas con un escenario que logre la radicalización de la democracia en su momento bajo los pilares del estado de bienestar y hoy con la necesidad de restablecer la democracia bajo la hegemonía neoliberal. Es decir, hoy con dos tareas a resolver, restaurar la democracia y la radicalización de la misma.

3.  Cómo se constituyen las identidades políticas bajo una lógica en la que actores políticos que tienen en disputa la orientación de un proceso histórico, como su victoria y su orden. Aquí sería necesario abordar el término de hegemonía para comprender la tesis Laclauniana bajo su lectura de Antonio Gramsci.

 Ernesto Laclau desafía la dimensión del populismo que se le otorga tradicionalmente como ya se expresaba anteriormente como mera retórica, ante esto expresó: “el populismo es, simplemente, un modo de construir lo político”[2]. En otro sentido, populismo ya es una categoría que se adscribe a la política de hecho lo afirmaba de la siguiente manera: “no existe ninguna intervención política que no sea hasta cierto punto populista”.[3]

[1] Claude Lefort, Ensayos sobre lo político, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1991; Chantal Mouffe, En torno a lo político, Buenos Aires, fce, 2007.
[2] Laclau, La razón populista, 2005, p. 113
[3] Laclau, La razón populista, 2005, p. 185

 Por: Alberto Ramos Garbiras. (*)
Y Alejandro López Lasso (**)

(*) Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.
(**) Abogado de la Universidad Libre, Investigador social, miembro del Grupo Republica sobre temas de derecho público.

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9 jun. 2018

Populismo Constitucional


De cara a la segunda vuelta electoral reaflorará el populismo en ambos candidatos, Duque con el populismo de derecha y Petro con el populismo de izquierda. El populismo es multiforme. Y el que expondrán será un populismo constitucional. Ya antes de la primera vuelta lo fueron soltando en dosis, exponiendo cada uno lo que necesita Colombia y lo que no se ha cumplido que está estipulado en la Constitución dentro del Estado Social de Derecho.

 En medio de la segunda vuelta electoral Iván Duque y Gustavo Petro, afinaran y aumentaran el tono populista de ambos discursos, un populismo nada deleznable y creíble. El populismo constitucional (cercano al patriotismo constitucional). Álvaro Uribe Vélez lo practicó en sus dos campañas presidenciales (2002 y 2006), y en sus dos gobiernos, el populismo de derecha que le ha dado tantos réditos electorales, conservando una base de votantes que sobrepasa los 4 millones, con los beneficiados del asistencialismo envueltos en los programas, familias en acción, familias guardabosques, y el SISBEN, entre otras ayudas.

 Del otro lado, Gustavo Petro para hacer avanzar su ideario, saliéndose del lenguaje acartonado del populismo de izquierda latinoamericano del Siglo XXI, y renovando contenidos del socialismo clásico, en esta etapa electoral de cara al 17 de junio continuará exponiendo su programa bajo el manto del populismo constitucional, como ex Constituyente y ex legislador, argumentando todo lo que falta por hacer y que se desprende de la Constitución; con este lenguaje, además, le permite ahuyentar el miedo que han despertado contra él. Para dar solo dos muestras miremos estos aspectos: A). El primero de junio Iván Duque expuso ante la UNAD que ofrecerá educación universitaria gratuita a los estratos sociales 1 y 2. Petro durante el tramo anterior a la primera vuelta ha venido ofreciendo educación universitaria gratuita para todos. O sea, la emulación es evidente, y le cercena o limita dos estratos: populismo constitucional alrededor del inciso 4 del artículo 67 de la Constitución. B). Duque propone mejorar las condiciones de los pensionados y adultos mayores. Petro propone una pensión no contribuyente para las amas de casa como se estableció en Ecuador y en Uruguay.

 Duque lo hace con los atractivos de la economía naranja y un asistencialismo gradual; y Petro con la lucha contra el extractivismo y las formas para adecuar el país al cambio climático y flexibilizando el alcance de logros para gozar los derechos sociales, culturales y económicos. Otras propuestas se pueden citar. Duque cambiaría el modelo de las EPS, impulsará una Ley que impondría un plazo a las EPS para pagar en 90 días después de la prestación del servicio. Petro afirma que las EPS dejaran de ser intermediarios entre el Estado y los usuarios, y creará un fondo único que estará a cargo del recaudo, la administración, el pago y el control. Duque afirma sobre el medio ambiente que extenderá la concientización sobre la riqueza de la biodiversidad de Colombia con campañas de cultura ambiental empresarial y familiar, con siembras anuales; y revisar lo del fracking si afecta a los acuíferos y ecosistemas. Petro, hace hincapié en el uso de tecnologías limpias para combatir el cambio climático, invertir en la conservación de los bosques y reducir la deforestación.

Los dos discursos populistas utilizaran con esa terminología, un lenguaje remozado pero que busca atraer pueblo como motor del ascenso al poder. Y buscaran moderando el lenguaje conquistar los 5 millones de electores flotantes hoy, pero reales que, votaron por Fajardo y de la Calle. Buscaran llamar la atención sobre los electores del centro político, a los inclinados por el  voto de opinión que aumentó en estas elecciones superando al voto amarrado o voto clientelar (si sumamos los votos por Fajardo y el mismo Petro, más de 9 millones); a la ciudadanía asustada por la polarización, y a los nuevos electores o votantes jóvenes. Por esta razón ambos candidatos supérstites morigeraran y suavizaran el lenguaje utilizado antes de la primera vuelta electoral, para seducir y atraer. Moldeara cada uno de ellos un discurso que gane confianza.

La mejor forma o vía que tienen ambos candidatos es orientar las propuestas a todo aquello que tenga una raíz constitucional para hacerlo realidad desde la base de mínimos vitales con desarrollo legislativo o con decretos desde el ejecutivo central: artículos de la Constitución 13, y desde el 42 hasta el 77 para ampliar con mínimos vitales el Estado Social de Derecho con la materialización de los derechos sociales, culturales y económicos ; más el artículo 334 sobre la intervención del Estado en la economía teniendo en cuenta la regla de la sostenibilidad fiscal, aquí está la matriz del populismo constitucional posible porque la dirección general de la economía está a cargo del Estado “… para racionalizar la economía con el fin de conseguir en el plano nacional y territorial, en un marco de sostenibilidad fiscal, el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes, la distribución equitativa de las oportunidades y los beneficios del desarrollo y la preservación de un ambiente sano. Dicho marco de sostenibilidad fiscal deberá fungir como instrumento para alcanzar de manera progresiva los objetivos del Estado Social de Derecho. En cualquier caso, el gasto público social será prioritario”.

“El Estado, de manera especial, intervendrá para dar pleno empleo a los recursos humanos y asegurar, de manera progresiva, que todas las personas, en particular las de menores ingresos, tengan acceso efectivo al conjunto de los bienes y servicios básicos. También para promover la productividad y competitividad y el desarrollo armónico de las regiones”.

En la segunda vuelta también se pueden armar nuevas coaliciones o alianzas, pero se darán más adhesiones individuales: Gente del común, ciudadanos sin militancia en los partidos políticos, independientes preocupados por el rumbo del país, llamando a la pluriculturalidad con negritudes, indígenas y campesinos, los aherrojados de siempre... Los dos candidatos van a edulcorar el discurso como señuelo, aunque luego quien llegue al poder gire otra vez hacia el núcleo central de las propuestas originales del programa de gobierno.

Para toda la clase política y todos los partidos políticos el sustrato fundante es el pueblo, es decir todos buscan atraer a la población votante. Aflora el populismo cuando las instituciones y los partidos dejan de funcionar en medio de una crisis estatal, y entran a competir con la clase política tradicional instalada en el poder. Se exacerban los ánimos y esto motiva a algunos dirigentes a adoptar otras posiciones, por el quiebre de la democracia representativa y participativa. El populismo irrumpe más fácilmente en países donde la caída o desplomes de las instituciones se está dando; el derecho es inane y disfuncional; la justicia se hunde por inefectividad y lenidad, donde se cartelizan las sentencias con una cúpula de togados; la burocracia central y las burocracias regionales de corrompen, los organismos de control se desprestigian; los partidos políticos no representan a las comunidades y se apoderan de ellos figuras avezadas a las componendas, etc.

El populismo es una forma desesperada, o la única que encuentra el líder que se autoproclama, para hacer política y alcanzar el poder, lo hacen recorriendo la legalidad del Estado, cumpliendo las reglas electorales, concurriendo a las urnas. Se enfrentan desde la oposición o en solitario a la formalidad de los partidos tradicionales en coalición con el Gobierno en ejercicio pero que está en crisis o debilitado, para reemplazarlos. Podemos ver cómo han pasado a la segunda vuelta dos líderes populistas en sus variantes, derecha e izquierda. Arman nuevas alianzas con afines ideológicos, muchos se trasladan como mutantes, se adhieren con quienes se han enfrentado los últimos años, no tienen más alternativa y se desideologizan totalmente para compartir el poder. Luego vendrán las sorpresas y los incumplimientos entre personas, partidos y fracciones. 

 El aparecimiento de líderes populistas con eco o aceptación le plantea unas exigencias a la Democracia que debe modernizarse o acoplarse a la crisis para resolverla. El populismo no es un régimen ni un sistema, este encaja en la Democracia, no es una perversión de ella, sirve para superar la crisis porque es una forma de hacer política. Si el líder populista llega al poder se instalará y fusionará el liderazgo mesiánico con las funciones de la rama ejecutiva y tenderá a reducir los controles para hacer todo más expedito y poder alargar su permanencia o hacerse reelegir. Esto explica la tendencia a reformas para alcanzar la reelección, o disminución del Congreso a una sola cámara, o a reducciones de la rama judicial a menos cortes. Y luego retornará la “normalidad política” de la cual se apoderan nuevamente los partidos formales a la manera de élites aristocráticas dentro de la Democracia.

Los populistas acuden lógico al pueblo como actor político colectivo, lo convocan, lo movilizan, lo instrumentalizan y le inyectan motivacionalmente los valores nacionales con significantes flotantes como diría Ernesto Laclau: Democracia, ciudadanía, interés general, libertad, justicia, bien común, convivencia y otros. Los líderes populistas se apoyan en el pueblo, lo convocan, dicen representarlo, aunque no lo organicen ni lo reivindiquen plenamente al final del proyecto (los políticos tradicionales hacen lo mismo con otro lenguaje, mentiras, demagogia, embustes e incumplimientos). La clase política tradicional en América Latina, siempre lo ha hecho, pero se revisten de solemnidad; el clientelismo es una deriva del populismo. Los neopopulistas de derecha e izquierda también, con otro lenguaje (Perón, Menen, Fujimori, Chávez. Correa, Evo Morales, Lulla, Uribe…); instrumentalizan al pueblo, lo usan, lo conducen, pero no mejoran la movilidad social real; si alivian sus necesidades con el asistencialismo alimentario, en salud, educación, recreación, etc. Asistencialismo paternalista que mantiene la popularidad del líder como mesías. Este sostiene el lenguaje discursivo emocional, lo traslada a las normas de ayuda; el líder desde el poder despierta las actitudes motivacionales, maneja la opinión a través de los medios de comunicación y propala un ambiente comunitario que da la sensación de cumplimiento.

Por: Alberto Ramos Garbiras. Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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26 may. 2018

Política y Religión: cristianos en elecciones


La mezcla de la religión con la política nunca ha sido satisfactoria, se entrecruzan además las ambiciones de poder y las finanzas. Muchos ciudadanos se trastean de iglesia buscando liberarse de la opresión, mejorar la situación económica, resolver problemas de soledad y sentimientos de desamparo. Con el activismo proselitista se transforman algunas iglesias cristianas en movimientos políticos. La capacidad argumentativa /especulativa que tienen los movimientos religiosos para descalificar los fundamentos culturales del orden social a fin de combatir el estado de cosas y atraer seguidores, hace que la población sienta un bombardeo de discursos que ideológicamente los aliena, haciendo énfasis en los castigos divinos, algunos hablan de un plan de Satanás contra el país.

En muchos casos históricos la fusión política y religión ha terminado desatando el fanatismo y las acciones violentas. Miremos varios casos. Las tres cruzadas en la edad media buscaban recuperar los lugares santos o de la tierra santa ocupados por musulmanes para reimplantar el cristianismo a espada y sangre, persiguieron y aniquilaron no solo a musulmanes, también a: esclavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, prusianos y enemigos del cristianismo o del Papa, inicialmente Urbano II, cruzadas realizadas entre 1099 y 1291, con efectos nocivos hasta  el siglo XV. Luego las guerras religiosas que envolvieron la guerra de los 30 años hasta la paz de Westfalia en 1648; entre las razones políticas e internacionales (el interés de Francia de imponer su hegemonía sobre territorios geoestratégicamente favorables a sus intereses, estaba la búsqueda de la libertad religiosa para varios Estados. Y el caso dramático de la Yihad islámica o guerra santa del terrorismo liderado por ISIS o Estado Islámico contra occidente y los impíos, con dos frentes de acciones, el ejército desplegado en Siria e Irak, y los terroristas desperdigados en el mapa europeo atacando a ciudadanos de la coalición que los bombardea.

Desde la expedición de la Constitución de 1991 se restableció la libertad de cultos que había consagrado la Constitución de 1863 (o de Rionegro), y comenzaron a fundar iglesias evangélicas o protestantes, llamadas así porque en Europa surgieron por la protesta de Martín Lutero que, en 1517 con sus 95 tesis, siendo la principal la crítica a la venta de indulgencias, se produjo la ruptura. Muchos pastores han venido convirtiendo la práctica del credo religioso en una forma de participación política hasta fundar movimientos políticos o partidos y compitiendo electoralmente para obtener escaños y hasta buscar alcaldías y espacios de poder. La televisión por cable, las parabólicas, han permitido la proliferación de Telepastores que disertan sobre todos los temas a partir de los textos bíblicos. Los pastores manejan un discurso atrapador, pero dicen defender primero los valores de la familia.

Claudia Rodríguez de Castellanos entronizada en la cúpula de la iglesia “Misión Carismática Internacional”, fue senadora y en 27 años ha logrado 5 senadores, 7 representantes a la Cámara, concejales y diputados, en los últimos 16 años se ha movido como aliada del Uribismo y del Vargas Llerismo. En el tarjetón presidencial aparece la casilla de un aspirante cristiano, el Pastor Jorge Trujillo, de la Iglesia “Manantial de Vida Eterna”, y poco registra en las encuestas, esta es la prueba de que el voto cristiano no es homogéneo, el hecho de aparecer en el tarjetón no quiere decir que millones vayan a votar por él. Los partidos tradicionales (liberales y conservadores) transmutados en otras personerías jurídicas, como el Centro Democrático y Cambio Radical, en esta campaña emprendieron una especie de cacería de cristianos para sumar votos.  

En Colombia ya existen más de 5.000 iglesias inscritas ante el Ministerio de Gobierno, con más de 11.000 sedes en todo el país. Semanalmente se están inscribiendo hasta 10 iglesias protestantes nuevas. Más de 8 millones de colombianos pertenecen a esa iglesia, pero el voto cristiano no es homologable ni endosable, solo en el año 2014 alcanzaron 411.00 votos para el congreso con el Partido MIRA, tres senadores. En el año 2016 fueron decisivos para el triunfo del No contra la Paz, aupados por el antecedente de haber defenestrado a la Ministra de Educación Gina Parodi a quien le cuestionaron la ideología de género en unas catillas educativas. Para la campaña electoral 2018 se coaligaron varios pastores y crearon el movimiento “Colombia Justa-Libre”, lograron 3 senadores el 11 de marzo, dicen tener el 70% de las iglesias nucleadas, destacándose en la cúspide las iglesias, “Asamblea de Dios”, “Misión Panamericana”, “Iglesia Cuadrangular”, Manantial de Vida Eterna”, “Bethesda”, entre otras. Las iglesias cristianas tienen tres modalidades de participación política: 1). Con partidos políticos propios o movimientos políticos; 2). En alianza con otras fuerzas u organizaciones políticas; 3). Buscando incluirse en listas de otros partidos para lograr escaños en cuerpos colegiados (Congreso, Asambleas Departamentales o Concejos Municipales). Además, y es inevitable, en todos los partidos políticos hay cristianos, como en efecto, hay católicos.

El problema no es la pertenencia o la militancia de cristianos y católicos en los partidos o movimientos políticos, porque son ciudadanos y tienen los mismos derechos que los no creyentes o los apáticos arreligiosos. El problema surge con la creación de partidos políticos manejados por una iglesia porque fusionan totalmente la religión con la política y esto es incompatible con un Estado-Laico donde se ha separado el manejo de los asuntos gubernamentales en manos de los civiles, y donde las instituciones democráticas deben ser manejadas bajo el ordenamiento jurídico de un Estado Constitucional presidido por la Constitución y no por la Biblia. La interpretación y aplicación de ambos textos es totalmente diferente. El laicismo separa el conocimiento de la fe, pero ahora observamos un reafloramiento de iglesias que llevan a la postsecularización, entrometiéndose en la actividad política. En México, por ejemplo, se prohíbe que las iglesias formen partidos políticos.

La relación entre la Constitución y la Biblia la hacen los cristianos politizados o los católicos fanáticos. Con ello buscan avanzar en sus aspiraciones personales o intereses ocultos. Los ciudadanos desprevenidos o los apolíticos no caen en esa tentación. Los pastores cristianos o los católicos solapados que usan la religión para escalar políticamente negando ese retorcimiento le causan daño a las instituciones y a la gente. Esa es una razón principal para impedir que continúen apareciendo partidos o movimientos políticos manejados desde las iglesias: están confundiendo las actividades espirituales y religiosas con las actividades gubernamentales en la conducción del Estado. Y desde el otro lado, los políticos utilizan a las iglesias en alianzas electorales y viceversa.

Podríamos enfocar esta temática desde la óptica de la moral y el derecho, pero no es suficiente. Las religiones que fundan iglesias difunden unos lineamientos morales a sus seguidores de acuerdo a la interpretación de los textos bíblicos, guían y aconductan a la feligresía de acuerdo a esa suma de interpretaciones; desde cada iglesia se pronuncian discursos llenos de consejos, admoniciones y orientaciones. La conducta moral que van moldeando o forjando podría decirse que sirve para “formar buenos ciudadanos”; ningún pastor predica en público la exaltación a los delitos o violación de las reglas del ordenamiento jurídico.

Desde la edad media baja, Siglo XII, existió un debate teológico y jurídico por la relación entre la moral y el derecho: Pero como quiera que más adelante dentro de la formación de las Monarquías absolutas, los Reyes le entregaron a la iglesia católica la administración de la justicia apareciendo la Inquisición, entonces la moral practicada y difundida, más los dogmas de fe, se tomaron la justicia y el derecho quedó subalterno de la religión. Después de las revoluciones burguesas, y ya entrado el siglo XIX, en occidente, y con énfasis en América Latina, ante la falta de una separación clara entre la iglesia y el Estado, la producción legislativa ha permanecido influida por las normas morales que la iglesia católica difunde.

Los Estados laicos son gobernados por los civiles que llegan al poder dentro de las democracias establecidas, los estados teocráticos están gobernados por religiosos como en el caso de Irán. En los estados democráticos rige la Constitución y las normas infraconstitucionales  (Leyes, decretos, resoluciones, Ordenanzas, Acuerdos...), y la aplicación de las normas tienen unas reglas de validez; la jurisprudencia es una fuente del derecho como las otras; en los estados teocráticos la visión primigenia es la interpretación de la biblia o el Corán o el libro sagrado que se tenga de acuerdo al monoteísmo imperante.

Los religiosos fanáticos confunde la Constitución y la biblia y así distorsionan la aplicación de las normas, vulnerando derechos de segmentos poblacionales, de minorías, de sectores vulnerables, el caso más patético en Colombia recientemente fue la conducta del Ex Procurador Alejandro Ordoñez Maldonado; persiguió a minorías vulnerables, desconoció fallos de la Corte Constitucional como la sentencia sobre el aborto; se atravesó al proceso de Paz desconociendo la justicia transicional aplicable a una guerrilla no vencida militarmente, etc. Se lanzó a la campaña presidencial 2018 retirándose del Partido Conservador, organizó un movimiento ciudadano al que llamó “Patria en Pie”, se vinculó a la consulta interpartidista con el partido Centro Democrático, seleccionó como fórmula vicepresidencial a un Pastor cristiano de Barranquilla, David Name Orozco. De otro lado, Vivian Morales, miembro del partido Liberal, y perteneciente a una iglesia cristiana “Casa sobre la Roca”, entró en contradicciones con los principios del partido Liberal por profesar dogmas que su iglesia acoge, en la promoción de un referéndum discriminatorio que le costó la descalificación para su candidatura a la Presidencia por del partido con el logo rojo, del cual tuvo que retirarse.

Los cristianos o protestantes activistas buscan identidades, ser reconocidos en sus actividades locales, pero muchos se sobrepasan e incurren hasta en actos delictivos. La política cubre a toda la sociedad y no están por ello exentos de ser influidos por el discurso convocatorio las promesas que los atraen. Y son invitados a votar, claro. Pero creo deben y pueden votar por todo lo que se ajuste a los estándares bíblicos, votar por todo lo que consideren justo, lo más apegado o cercano a sus principios morales, como dijo un predicador neutral, “votar por todos aquellos aspectos que a Dios le agraden”. Los Estados democráticos no deben estar dirigidos por los curas, sacerdotes o pastores, o guías espirituales.

Por: Alberto Ramos Garbiras | Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.

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