1 oct. 2016

Ciudadanía universal imposible

La ciudadanía universal y el derecho a la hospitalidad que Immanuel Kant concibió en su ensayo “La Paz perpetua”, sobre la reflexión  de que, “Tal derecho se basa  en la posesión común de la superficie de la tierra; los hombre no pueden diseminarse ilimitadamente por el planeta, que tiene una superficie limitada y, por ello, deben tolerar libremente su presencia, porque nadie tiene más derecho que otro a estar en un sitio determinado del globo”. “Si se tiene en cuenta el comportamiento inhospitalario que siguen los Estados civilizados de nuestro continente, principalmente los que se caracterizan por su comercio, llaman la atención las injusticias que cometen cuando “visitan” pueblos y tierras extrañas. Para ellos, visitar es sinónimo de conquistar”. (Kant, 1775)

Hoy en plena globalización desbordada la idea Kantiana de una ciudadanía mundial o cosmopolita es una quimera por todas las trabas aduaneras, policiales y fronterizas que existen. Por la xenofobia rabiosa, el celo con los puestos laborales y el temor al crecimiento de la inseguridad.  El preámbulo  de la Carta de las Naciones Unidas, ONU, al expresar que Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana; Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias. Y los artículos 13 y 14 quedan sin funcionalidad en medio de esta crisis humanitaria por los conflictos no frenados por la misma ONU. Artículo 13. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso el propio, y a regresar a su país. Y el artículo 14.  1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. 2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Estos textos jurídicos que hacen parte de la constitución mundial (la declaración Universal) según algunos tratadistas del derecho internacional, no  se compaginan con lo que está sucediendo  en Europa, con el tratamiento dado a los refugiados, cercados por vallas y muros, o confinados en hangares. La globalización de la economía sirve para la circulación de mercancías a fin de ganar mercados los  países exportadores, y la circulación de turistas para exprimirles sus ganancias y ahorros, pero no para la circulación de los que buscan amparo, oportunidades o refugio, porque no tienen nada. Y creen ilusamente que por ser seres humanos pueden reclamar los contenidos de la declaración universal de los derechos humanos.

El investigador Edgar Varela Barrios, filósofo y magister en historia, en su obre titulada “La soberanía transformada”, reflexiona sobre si es posible avanzar hacia una ciudadanía cosmopolita, planteando varios interrogantes sobre la noción de ciudadanía especialmente en la interrelación social; sobre los reconocimientos reales a la diversidad cultural; sobre la ciudadanía continental o subcontinental, tipo UE; sobre los alcances de una universalidad de la Democracia; sobre los esfuerzos de configuración de políticas públicas globales que generen espacios de ciudadanía ampliada y concluye afirmando que: “Los argumentos de la ciudadanía global o cosmopolita pueden ser objetados prioritariamente por su carácter utópico y por las excesivas ilusiones respecto de la facilidad con la cual se lograrían los procesos de democratización global. Hasta ahora el tratamiento internacional a los desplazados, refugiados  emigrantes forzosos, aunque sean estos últimos motivados no solo por persecuciones étnicas, políticas y religiosas, sino también por causas económicas, evidencian el arraigo(en los países receptores de los emigrantes) de criterios de exclusión, marginalidad y xenofobia. El resurgimiento de la neoderecha fascista y racista en Europa occidental es una clara prueba de ello.”(Varela, 2007).

En pleno siglo XXI el mundo conoce y está presenciando la construcción de nuevas murallas de contención para no dejar avanzar a los vecinos, separarlos, excluirlos, segregarlos y al final matarlos. Empezando la segunda guerra mundial, los alemanes construyeron el muro de Varsovia para aislar a  los judíos, confinarlos, maltratarlos, reducirlos  y luego deportarlos a cinco campos de concentración como el de Treblinka. Al finalizar esa abominable guerra, el muro de Berlín se construyó a fin de separar dos poblaciones bajo la bipolaridad desprendida de  los acuerdos de Yalta y Postman. También vemos hoy fronteras resguardadas  por ciclópeos muros levantados entre la India y Pakistán, entre Kuwait e Irak´, en medio de las dos coreas, entre Zambia y Angola, o en Chipre. Todos con el argumento de la defensa nacional, para evitar el paso de actores armados, terroristas, guerrilleros, fundamentalistas, militantes islámicos, invasores, inmigrantes indeseables, refugiados, desplazados vecinales; bajo la visión de la amenaza a la seguridad ciudadana y laboral: xenofobia y racismo. Estamos ante la neobarbarización de  las relaciones por la inutilidad de los linderos territoriales para separar los espacios estatales, la disfuncionalidad de la soberanía y la inoperancia del Derecho Internacional Público.

El gobierno de Israel construyó un  muro en la zona de Cisjordania, proyectado a 700  kilómetros de largo, para aislar a los palestinos en confrontación desde la última intifada. De nuevo se prueba la ineficacia de la justicia internacional. La decisión de la Corte Internacional de la Haya no fue acatada. La decisión de la Asamblea General de la ONU, tampoco. Y eso que la  ONU le dio vida al Estado de Israel. El unilateralismo cunde en las relaciones internacionales, la soberanía se diluye y los conflictos se barbarizan como en  la antigüedad.

Hoy el problema con la llegada de refugiados de varios países a Europa se ha convertido no solo en un tema de las campañas políticas, sino prioritariamente en asunto gubernamental y de política pública; y en discusión recurrente en los círculos elitistas y confrontación intensa entre xenófobos y cosmopolitas; esos círculos perciben el problema como una amenaza a sus economías. Luís Fernando Afanador, reseñando al filósofo esloveno Slavok Zizak en su libro “La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror”, de editorial anagrama, plantea que una actitud meramente compasiva hacia los refugiados elude el problema de fondo: la economía global que genera nuevas formas de esclavitud y oculta la lucha de clases. El filósofo de izquierda cree que la lógica capitalista sin cortapisa y sin freno, lleva a la destrucción de la propia humanidad.

Esta crisis por los miles de refugiados sin atención constituye un drama humanitario impresionante que, dejó a la Unión Europea al descubierto ante el mundo, al verse claramente que el bloque de países más “civilizado” del  planeta no tiene la capacidad de asistencia humanitaria y dejó colapsar el sistema internacional de protección de los derechos humanos que se instaló en la ONU. Esto está ocurriendo por la falta de decisiones acertadas, por el temor de muchos países al sentirse invadidos de hambrientos  que no pueden o  no quieren  atender, por la xenofobia aumentada ante el temor de infiltrados terroristas, por el racismo reverdecido, por los mercados laborales copados, etc. Pero sobre todo porque no se ha diseñado una política pública paneuropea de atención humanitaria que, debe partir de ajustar  el derecho de asilo para ingresar a las personas con un nivel de protección adecuado.

La figura jurídica del asilo conectada al Convenio de Dublín se vuelve un obstáculo para las personas que huyen de Afganistán, Siria, Irak, Somalía, Pakistán, Yemen, Palestina, y otras partes; porque ese convenio contempla que el derecho de asilo se obtiene en el  primer país al que se llega. Y la mayor parte de las rutas conducen mayoritariamente a Grecia después de trasegar por el mar egeo. El mar, ante los naufragios en algunas ocasiones se ha convertido en sepultura salada, los sobrevivientes a las travesías son objeto de hostigamientos, perseguidos y encerrados como si fueran portadores de lepra.

Hacer el trámite en Grecia se expone a no ser atendido por la crisis económica de este país. Continúa entonces la ruta de escape para llegar a otro Estado como Austria, Hungría o Alemania, pero se encuentran con Vallas, cercas, alambradas, muros, bloqueos militares y obstáculos de cercamientos que les impiden pasar por Serbia, Croacia o Macedonia, taponándoles el tránsito.

Los refugiados se están viendo entrampados entre Turquía y Grecia, el primero los recepciona concentrándolos con mala atención y el segundo es impotente para solucionar el problema de asistencia humanitaria adecuada. Para entender el drama basta observar las fotos de lo que ocurre en la isla de Lesbos y en la localidad de Idomeni. Europa ante las guerras no resueltas por la ONU con intervenciones efectivas está actuando insolidariamente para tratar de sostener sus cimientos económicos.

 La xenofobia ha crecido en Europa después de las acciones terroristas de noviembre 2015 en París y marzo 2016 en Bruselas. No solo grupos neonazis atacan a los refugiados musulmanes, también se han presentado manifestaciones y protestas contra ellos. El domingo 27 de marzo, 5 días después de los ataques en Bruselas se registró una manifestación antiterrorista muy numerosa protagonizada por hooligans en la plaza de la bolsa.

La concentración de refugiados en campos, instalaciones, aislados por vallas y medidas militares permite la lectura de la crisis y la comprensión de cómo las guerras irresueltas, de los conflictos de Oriente y África, son el  principal factor de los éxodos forzados. Se revive así la historia de los campos de concentración nazis que, sin el exterminio con la cremación hoy, están degradando la dignidad humana; pisoteando todos los derechos, afectando la calidad de vida de quienes tenían un entorno al menos estable y soportable. Ahora la incertidumbre por su paradero y destino final no está siquiera determinado: sin protocolos de retorno, reinstalación o asentamientos más dignos. Esta situación los coloca de hecho en la esfera del precariado como una variable de esa clase social porque al Salir de sus ciudades y países perdieron todo incluida la posición de clase a la que pertenecían.

Otro muro de infamia para separar dos fronteras y evitar el paso de migrantes es el propuesto por Donald Trump, deslindando a México, país al que insistentemente ha tildado de un mal para los EEUU pues el paso de criminales y violadores viene en gran parte de allí, según él. Su xenofobia contra los latinos empieza por México y se extiende a toda Latinoamérica. El Presidente Peña Nieto ha sido tímido para confrontarlo o rechazar al menos las frases despectivas.

“En nuestro mundo global, las mercancías circulan libremente, pero NO las  personas, ya que están surgiendo nuevas formas de apartheid. El tópico de los muros porosos, de la amenaza de que nos inunden los extranjeros, es estrictamente inmanente al capitalismo global, y constituye un índice de la falsedad de la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran que la libre circulación global se ampliara de las mercancías a las personas. Desde el punto de vista marxista, hay que relacionar la libertad de movimiento con la necesidad del capital de contar con mano de obra “libre” (millones de personas arrancadas de sus formas de vida comunitaria para poder encontrar empleo en fábricas donde se las explota como ocurre hoy en día en China o México), y también con la libertad realmente universal del capital para moverse por todo el globo. La manera en que el universo del capital se relaciona con la libertad de movimiento de los individuos es, por tanto, inherentemente contradictoria: necesita individuos “libres” como mano de obra barata, pero al mismo tiempo necesita controlar sus movimientos, pues no se pueden permitir las mismas libertades y derechos para todos” (Zizek, 2016).

Bibliografía.
Kant Inmmanuel. “La Paz perpetua”. Ensayo publicado a finales del siglo XVIII y reeditado por múltiples editoriales, entre ellas Longseller de Argentina, con prólogo de Susana Aguilar. Texto original de Kant, 1775.
Varela Barrios Edgar. “La soberanía transformada”. Libro publicado por ECOE ediciones y la Universidad del Valle, colección textos universitarios, páginas 27 y 29, Bogotá, febrero del año 2007.
Zizek Slavoj. “La nueva lucha de clases”. Los refugiados y el terror. Libro publicado por la editorial Anagrama. Colección argumentos. Primera edición, páginas 63 y 64, Barcelona, España, abril del 2016.


Por| Alberto Ramos Garbiras: Abogado con especialización en Derecho Constitucional de  la Universidad Libre Seccional Cali; Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.