15 sept. 2016

Defenestración en Brasil

     La simpatía por un gobernante dura hasta que su prestigio se conserve, al detectarse un acto de corrupción y un rumor pasa a convertirse en investigación judicial, con indicios y pruebas creíbles, el  prestigio se desmorona. Así sucedió en marzo 2016 con el Presidente Lulla Da Silva, cuando se conoció la trama en PETROBRAS la gente comenzó a rechazarlo y las protestas sociales no se hicieron esperar. Al parecer la decisión de la gobernante en funciones Dilma Rousseff al nombrarlo Ministro de la presidencia era darle rango especial para adquirir un fuero  y protegerlo de la investigación abocada por el Juez de Paraná, Sergio Moro, para que el caso de Lulla pasara a competencia del Supremo Tribunal Federal, sin las tensiones que tenía en ese momento. En las manifestaciones la gente indignada portaban pancartas con máscaras de Lulla y frases como Forazumbi, clamaban la no posesión y el inicio del impeachment o juicio político, contra la señora Rousseff. La participación en las manifestaciones  del otro Juez, Itagiba Catta Preta, trajo malestares por la posición radical o no neutral y objetiva. Pero mucha gente lo vitoreo.

    Las razones que condujeron a la gente para salir a las calles nuevamente fueron el desgobierno que palparon, factores de corrupción y la recesión económica profundizada: la gente conoció datos sobre el maquillamiento presidencial de los informes financieros de la economía brasilera durante el 2015. Indudablemente las protestas callejeras influyeron en el ánimo de jueces y diputados sobre el impulso al juicio político o impeachment. La acusación contra la Presidenta Rousseff versa sobre la manipulación de las cuentas públicas, traslado de dineros para otros gastos estatales a fin de beneficiarse con más votos durante la campaña presidencial del año 2014.

     La señora Dilma perdió un aliado de coalición en la cámara de diputados, el PD que la acompañó hasta principios de abril 2016. Y el vicepresidente Michell Temer rápidamente empezó a conspirar contra ella. Temer, miembro del Partido Movimiento Democrático Brasileño, preparó con antelación un discurso de asunción donde le hacía guiños a la derecha y a la izquierda. Y coqueteos con gobernantes municipales de todo el país sugiriendo condonaciones de deudas territoriales. La Cámara de los diputados aprobó el juicio que pasó al Senado con 81 miembros, si la mitad más uno aprobaba su remoción quedaría defenestrada.

     Las manifestaciones y protestas se presentan de ambos lados con impulsores de la salida de la Presidenta Rousseff y con simpatizantes, más bases de apoyo que ven la gestión social iniciada desde el Gobierno de Lulla como benéfica y no la consideran corrupta por los traslados presupuestales.

    El proceso ante el Senado que destituyó a Dilma Rousseff, pero no la inhabilitó políticamente, estuvo acompañado de marchas populares saltuarias a su favor, protestando por lo que denominaron un golpe de Estado parlamentario, maquillado de juicio político para apartarla del poder. Dilma Rousseff no fue acusada de un delito concreto, su juicio se inició por, “utilizar créditos suplementarios sin aval del Congreso y usar dineros de bancos federales para cerrar las cuentas fiscales”. Sus opositores no dejaron citar a nuevas elecciones que habrían dado un manto de legitimidad a la sucesión presidencial montada a horcajadas.

     Integrantes de varios movimientos sociales beneficiados con los subsidios estatales, realizaron las protestas multitudinarias con sus seguidores y los receptores de programas sociales asistencialistas durante casi 14 años de los cuatro gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), durante las presidencias de Lulla y Dilma. Ahora vendrán recortes a esos programas, reducción de proyectos económicos, frenos al gasto público, disminución al tiempo de las jubilaciones (la carga es muy alta, en Brasil la edad de jubilación está en 54 años y con Michel Temer se establecerá a los 65 años), habrá menos inversión al programa de alimentación y bajas en los pagos de la seguridad social.

     Pero también hubo marchas multitudinarias y protestas a favor del cambio o relevo gubernamental, críticas contra los partidos políticos que están incursos casi todos en la financiación de sus campañas con dineros de la empresa estatal Petrobras , incluidos varios miembros del PMDB, partido político de Michel Temer, nuevo Presidente en propiedad. El propio Temer está acusado por Marcelo Odebrecht que, lo sindica de haber solicitado 3 millones de dólares para “financiar” al PMDB. Estuvo también implicado en el año 2009 en otro delito por lavado de dinero, operaciones que hizo en la llamada trama del Castelo de Areia. Y el impulsor del juicio político, Eduardo Cunha, expresidente de la Cámara, también del PMDB es investigado por corrupción en 7 procesos. Se colige que se trató de una puja para apoderarse del aparato del Estado y encubrirse. Otros 35 parlamentarios de ése partido están implicados en el escándalo del Lava Jato.

      La destitución con 61 votos que hizo el Senado de la presidenta elegida, contra 20 a favor, permite una lectura contraria a la realidad institucional aplicada, así: Una persona elegida por 54 millones de ciudadanos es apartada del Gobierno por 61 senadores. Bajo la teoría constitucional de la representación y delegación es entendible. Pero si el juicio es manipulado y el procedimiento viciado, la voluntad popular queda truncada porque no se seguirá aplicando el programa por el cual votaron ya que variará la política pública de asistencia social y se implantaran las privatizaciones y los recortes.

        A la presidenta defenestrada le queda aún la instancia judicial ante el Tribunal Supremo para agotar la debida defensa. Al pueblo elector y simpatizante le queda la vía de las protestas como expresión de inconformidad. Tampoco se puede medir el número de manifestantes que han salido y saldrán con el número de los apoyos o respaldos reales que tiene porque todos los inconformes no pueden salir a las calles por variadas razones. Aquí también se puede aplicar la teoría de la representación. El Presidente Temer no goza de popularidad amplia, prueba de ello es que al final de los juegos olímpicos en Río, se abstuvo de ir a la clausura porque sabía que la rechifla sería ecoica: inmensa.
     Es un mal signo que un partido de izquierda como el PT, primero en la historia de Brasil en llegar al poder, haya perdido la presidencia en un juicio o impeachment parecido al que se adelantó contra Collor de Mello, y dejar en evidencia conductas ilícitas de algunos miembros del partido que perjudicaron la rectitud de sus dos presidentes (Lulla y Dilma); la gestión de ambos fue benéfica para casi 40 millones de pobres, prueba de ello es: el respaldo popular aún continua. Lulla supo llevar a cabo programas sociales que tímidamente habían iniciado presidentes del centro moderado como Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso.


    Por| Alberto Ramos Garbiras. Abogado con especialización en Derecho Constitucional de  la Universidad Libre Seccional Cali; Magíster en Ciencia Política Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre.