11 may. 2016

Verificación de la ONU

 Una pregunta recurrente en los últimos 16 años que, se han hecho los académicos, gobernantes, dirigentes políticos, entre otros, es esta: por qué la ONU no ha intervenido de manera eficaz para ayudar a solucionar esta guerra interna que lleva 52 años sin resolverse?

Durante varios gobiernos se han formulado propuestas para que la ONU participe más a fondo, unas descabelladas, otras fallidas, otras no viables, y todo ha sido infructuoso. Uribe como gobernador de Antioquia planteó que se convocara a los cascos azules (sin saber que solo son un ejército de disuasión y ayuda humanitaria); en otro momento se propuso activar la comisión de encuesta; en otra época se invocó la presencia del relator especial; han invocado la intervención de la Corte Penal Internacional (CPI); en el año 2003 se  formuló la propuesta de la Fundación Seguridad y Democracia para que la ONU enviara una fuerza multilateral de carácter preventivo que ubicara tropas en las fronteras para evitar el desbordamiento del conflicto hacia los países vecino; se han suscrito Convenios para la erradicación de cultivos ilícitos ; la incorporación y veedurías para la operatividad del Derecho Internacional Humanitario y su cumplimiento; hemos tenido asistencia humanitaria para los desplazados del conflicto interno con las dependencias de ACNUR ; se ha logrado asistencia alimentaria de la FAO, ayudas de la UNICEF para la infancia; programas de desarrollo , etc. Y todos han sido llevados a cabo pero de manera parcial, preliminar, a medias, infructuosos o fallidos.

Recientemente el Presidente Juan Manuel Santos logró la presencia de un delegado de la ONU, el Sr Jean Arnault quien tiene experiencia por haber hecho parte de misiones de observación en Georgia, Afganistan, Burundi y Guatemala. Desde enero 19 de 2016 el gobierno colombiano y las FARC solicitaron a la ONU que conformara una misión de observadores para verificar los dos aspectos encomendados: 1) alto el fuego definitivo y 2) dejación de las armas. El mecanismo aprobado es tripartito: delegados del gobierno, de la guerrilla y del CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).Grupo de verificación tripartito para dirimir controversias, realizar recomendaciones y presentar informes. Se determinó en la Resolución No 2261 del Consejo de Seguridad, proyectada por el británico Matthew Rycroft, empezará a operar una vez se firmen los acuerdos de paz. La misión no tendrá un carácter militar y funcionará un año.

Como no se firmaron los acuerdos el 23 de marzo: el mecanismo quedó en suspenso. Desde los primeros días de marzo 2016 llegó a Colombia un equipo de la ONU (10 personas con el liderazgo de Jean Arnault), para diseñar la planeación tendiente a la verificación. La misión recibirá la colaboración del grupo de apoyo MAPP-OEA que ha evaluado de tiempo atrás los casos de reconfiguración de los fenómenos de la violencia. Nuevamente surge entre todos los entendidos: ¿Qué utilidad y efectividad tendrá esta intervención aceptada por la organización multilateral?.

Este proceso de paz que ya lleva tres años y siete meses ha tenido el componente de la internacionalización como forma de cooperación para la solución del conflicto, desde el principio por la presencia de los países amigos como buenos componedores : Cuba, Chile, Venezuela, y Noruega. Y en la fase final desde el año 2015 la presencia de delegados internacionales de UNASUR, la ONU, la Unión Europea (UE), los EEUU y Alemania. Con el ingreso del ELN a los diálogos, Ecuador es el otro país que entra al realizar un acompañamiento.

La internacionalización del conflicto colombiano es notoria dentro de este proceso de paz. Así, ha ganado notoriedad y preocupación mundial. Ello no quiere decir acatamiento  de las fuerzas insurgentes de plano porque esa justicia internacional tampoco opera con eficacia. Donde ha operado tarda más de 10 años en producir efectos. Y los internacionalistas saben que el derecho internacional tampoco ha podido frenar el desorden mundial respecto a Estados que usan la fuerza de manera ilegal cayendo en el campo del terror estatal. Entonces en nuestro conflicto colombiano para la solución las partes conocen que no opera la justicia ordinaria tradicional, ni los estados de excepción, ni el DIH; y se busca diseñar una justicia transicional. Así las transacciones para la transición están a la orden del día. En La Habana y en la ONU los delegados harán el trabajo de “manicuristas y estilistas”, para no hacer el papel de chaperonas invidentes.


La ONU ante el caos humanitario por el número flotante de desplazados que existe, casi 7 millones en los últimos años, una población equivalente a la de Bogotá, deambulan como miserables y NNs vivos por todos los tugurios y casas de hacinamiento de Colombia; y ante la barbarización con la violencia aplicada en la etapa final donde han aparecido grupos franquiciados para el control territorial, jalonados por un Clan como el de los urabeños un clan amorfo que extiende el caos. Esa población que deambula por todo el país, la mayoría sin lograr el retorno a sus terrenos, los 7 millones, es igual o superior a la población  de refugiados y expulsados de varias guerras alrededor de Europa que tienen en cisis a la Unión Europea hoy, sin resolver aún los cupos migratorios de ayuda humanitaria, está en vilo esa política por la radicalización del terrorismo agenciado por el califato islámico.

La ONU tendrá que aplicar un mecanismo de intervención para evitar un rebrote del conflicto hacia las fronteras vecinas (Venezuela, Ecuador, Panamá, Perú, Brasil). Así, como el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la verificación sobre esa Resolución, podría ampliarla con el envío de una fuerza de control, contención y apaciguamiento que evite la destrucción del proceso de paz y la consiguiente prolongación de la guerra. Ese efecto negativo en las fronteras de países que también hacen parte de la ONU le dan al conflicto una internacionalización de facto, sin ser una guerra binacional o internacional, pues sigue siendo un conflicto interno, pero las repercusiones compelen a la ONU a intervenir con mayor rigor que la mera acción notarial de verificación. Con la presencia de las fuerzas peacekeeping operation: a fin de vigilar que se lleve a cabo la decisión del Consejo de Seguridad y así ejecutar una verdadera operación de Paz.

Habría que   acudir a la doctrina y jurisprudencia internacional para sopesar cuando un conflicto interno que rebasa las fronteras contiguas, se desdobla en internacional; como en el caso Tadic donde se  probó el involucramiento de Yugoslavia en los conflictos  internos de Bosnia-Herzegovina y Croacia ; o el caso Rajic donde se demostró que la injerencia directa de las fuerzas armadas de un Estado en apoyo a organizaciones armadas de oposición en otro Estado, convierte al conflicto interno en uno de carácter internacional; o en el caso de Nicaragua y los contras antisandinistas por el apoyo de los EEUU la jurisprudencia internacional los valoró como agentes norteamericanos de facto.

La ONU ha adelantado misiones similares en Liberia(año 2003) para apoyar los acuerdos de cesación del fuego, proteger a la población civil, apoyar con asistencia humanitaria ; en Timor Oriental (año 2002) para proporcionar asistencia por dos años; en Nepal al final del conflicto entre esa Monarquía avejancada y los rebeldes maoístas la ONU hizo presencia (año 2006) con un comité de coordinación y monitoreo ; también en Etiopia y Eritrea (año 2000) cuando se firmó el acuerdo de paz, revisaron el cese de hostilidades, supervisando la ONU todos lo pactado en los diálogos, sirvió para garantizar los compromisos de seguridad  y establecieron un mecanismo para confirmar el alto al fuego; también en Kosovo (año 1999), entre otras actividades para : Restablecer el orden, coadyuvar a la normalización del trabajo en las esferas de la administración civil, verificar el establecimiento de formas democráticas de autogobierno, etc.; otras misiones similares se han llevado a cabo en El Congo(1999), Georgia( 1993); marruecos contra el Frente Polisario (1991); en El Líbano (1978), para verificar el retito de tropas de Israel; en la zona del Golán (1974), retiro de las tropas de Siria e Israel; en 1964 para evitar la prolongación de la lucha entre Chipriotas y Turcos.

Pero ahora en el momento en que la ONU se apresta a intervenir, en la etapa final del proceso de paz, aflora en Colombia con claridad una organización armada colectiva, amorfa y con varios tentáculos que, no es propiamente una organización paramilitar clásica (como hasta hoy se conoce), es un símil de esos grupos pero más complejo de enfrentar. Los Urabeños de BACRIM se desdoblaron en una sumatoria de varios grupos delicuenciales descompuestos, reciclados, rearmados y extendidos que, giran alrededor del narcotráfico a nivel macro y micro, sin ideología, sin proyecto político, pero con dominio territorial.

Hay un nuevo paramilitarismo, no con los moldes conocidos en Colombia durante los últimos 25 años; se trata de una nueva forma que podríamos mirar y estudiar como neoparamilitarismo, porque no tiene cohesión y financiación de un solo sector económico (ganaderos, bananeros, terratenientes, azucareros, etc.) o de un consorcio con enclave económico: petrolero, minero u otro. El nuevo clan o multiforme organización armada tiene vuelo propio y proyecto económico multipropósito: narcotráfico, extorsión, minería ilegal, tala de bosques para negociar con la madera, secuestros…

Este tipo de fenómeno se alimenta de todos los descontentos y exclusiones, captando adeptos que buscan lograr movilidad social personal, enriquecimiento ilícito, subsistencia familiar, etc. En este contexto este neoparamilitarismo sirve también como mano de obra armada para torpedear los procedimientos de restitución de tierras y generar nuevos desplazamientos.

Y digo aflora con evidencia el fenómeno porque existía de manera más fragmentaria en los últimos 7 años. El gran problema ahora es que su configuración ya detectada en esta dimensión puede entrar a torpedear en la práctica los últimos pasos del proceso de paz: el cese al fuego bilateral definitivo, la dejación de las armas y a reinserción de las FARC que, ante la apertura del dialogo con el ELN, hace repensar los mecanismos planteados, y eventualmente frenar los avances para el fin del conflicto.

En estas circunstancias las labores de verificación de la ONU se verían retrasadas, obstaculizadas o suspendidas y nuevamente Colombia no podrá ser ayudada por este organismo mundial que en 52 años no ha podido llevar a cabo una tarea efectiva para evitar el desangre nacional y alcanzar la paz que impide el funcionamiento de la justicia y la economía.

 Un tema polémico es el de las zonas de ubicación de las FARC como primer paso de la desmovilización y coetáneo a la dejación de las armas y antes de partir a los lugares de reinserción. Se ha hablado de 7 zonas ubicables en lugares donde la guerrilla ha operado desde hace muchos años y tiene influencia, en los departamentos fronterizos con Ecuador, en el centro del país en los departamentos de Meta y Antioquia, Arauca y Norte de Santander en la frontera con Venezuela y también en la región pacífica. Estos sitios deberán estar custodiados, vigilados al máximo para evitar un ataque de contrarevolucionarios, de paramilitares o de fuerzas que quieran romper el  proceso. Sitios identificados como viables para moverse a zonas de abasto, mercados, con vías carreteables y disposición de puestos de salud. La ONU tiene allí el trabajo de verificación y la CELAC en el acompañamiento. El criterio de las FARC es que no pueden ser campos de concentración, ni encierros sin posibilidad de contacto con los moradores para hacer trabajo político previo a la desmovilización definitiva. Sobre los procedimientos de manejo de estas zonas hay especulaciones sobre su conveniencia, inconveniencia y permanencia.

 Debe establecerse un reglamento que impida incumplimientos, sorpresas y saboteos. Y existe duda sobre la vigilancia porque consideran que si lo hace solo la Fuerza pública  podría darse un ataque súbito impostado; entonces se piensa en dejar con armas un grupo de la guerrilla que hagan el papel de escoltas y sea combinada la vigilancia. De todas formas debe haber protección para evitar una masacre. Con anillos de seguridad para todos los intervinientes. Aquí es donde puede operar la ONU con una fuerza  de peacekeeping operation: a fin de vigilar que se lleve a cabo la decisión del Consejo de Seguridad y se garantice la terminación del proceso de paz.

Por: Alberto Ramos Garbiras|
Magister en ciencia política de la Universidad Javeriana; PhD en Realidad Política Latinoamericana, Universidad Nacional (UNED) de Madrid España; profesor de derecho internacional, Universidad Libre.