20 sept. 2015

Refugiados, migraciones y éxodos

La globalización de las comunicaciones nos está mostrando imágenes diarias de refugiados y migrantes no voluntarios que cruzan fronteras exponiendo la vida porque ya no pueden permanecer en su país de origen, recalan a otro estado y se exponen a la expulsión, a la xenofobia y a las humillaciones. Los rechazan porque no quieren verlos cerca a las barriadas de donde llegan, por un asunto de piel, por la disputa de los puestos de trabajo, por temor a brotes de violencia. Los países de donde más están saliendo son: Siria, Afganistán, Irak, Eritrea, Sudan, Nigeria, Pakistán.

Guerras y conflictos sociales graves en el Oriente Medio y África. De estos países en crisis están saliendo las poblaciones despavoridas en éxodos continuos que tienen la Unión Europea (UE) en alerta y a los sectores de derecha echando chispas. La solución debe encontrarse de manera multimodal: 1) con  la aplicación de la tasa Tobin (el 1% de todas las transacciones destinadas a combatir la pobreza y a generar empleo); 2) con la autoridad de la ONU si funcionara el Consejo de Seguridad, frenando a los dictadores que causan genocidios; 3) controlando el calentamiento global para evitar desastres naturales que también desplazan población.

Estos éxodos crean una presión a los países donde llegan los refugiados y migrantes, y evidencian el caos humanitario que padecen sus países de origen. Demuestran además que planetariamente el sistema multilateral no tiene procedimientos de respuesta, quedando claro el desorden mundial actual. Y de contera gran porcentaje de estos éxodos, por fuera del factor económico, están atravesados por la radicalidad religiosa que subyace entre los monoteísmos: el islamismo y el cristianismo.

Estos éxodos masivos desequilibran el mercado  laboral, pero hay que buscar las soluciones. La población que deambula por varios países aumenta el número del precariado en cada Estado y es un ingrediente de las  verdaderas protestas sociales en doble vía. La Comisión Europea está recomendando la recepción de la población flotante con una fórmula que tiene en la cuenta la extensión de cada país, su número de habitantes y su economía. Alemania recibió en el año 2014 a 200.000 migrantes, en el 2015 autorizo un cupo de 800.000. Países como Suecia, Italia, también han recibido con desprendimiento, en cambio otros como Hungría, República Checa, y Eslovaquia, tajantemente han dicho que no. Por esta razón el Ministro alemán  de R. Exteriores está promoviendo una votación de mayoría cualificada para que el 55% de los estados con el 65% de la población pueda decidir, porque de otra manera está asegurada la negativa.

Si hay “flujo migratorio ilegal” con los que quieren traspasar las fronteras sin llevar visas y sin portar pasaportes es porque en sus países hay desorden y no tienen oportunidades, y si no hay control en esos países ni desarrollo es porque existe un desorden mundial. Entonces buscan países donde hay más desarrollo. Ello quiere decir que el desarrollo asincrónico o desigual ha concentrado la riqueza en los países del Norte del mapamundi, por lo tanto, el desarrollo ha sido negado en otras partes y esas poblaciones están huyendo  por guerras internas, por hambrunas, por desastres naturales incrementados por el calentamiento global, por las dictaduras no castigadas ya que la comunidad internacional no afina los procedimientos de sanción, o sea, la globalización del derecho penal no opera.

Son migrantes a la fuerza por la situación interna de sus países, por la guerra o el hambre: miles se quedan como desplazados internos. Uno de los casos más dramáticos es el de Siria. Un gobernante ambicioso y contumaz, Bachar Al Assad, no le hizo caso a las protestas masivas de la primavera árabe e inició una brutal represión que desencadenó las matanzas. Los protestantes se convirtieron en rebeldes, desatándose la guerra civil. Y la correlación de fuerzas internacionales en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU impidió que se sancionara al gobernante déspota. Sobrevino el caos humanitario, muchas ciudades fueron destruidas, el terrorismo se expandió, llegaron mercenarios internacionales, gasearon los niños, los éxodos internos aumentaron, apareció el califato islámico, todo se caotizó. La indefinición de la ONU también tiene la culpa. Hasta que se ahogó el niño Alan Kurdi en Turquía al zafarse de los brazos de su padre, difícil de sostenerlo en un bote endeble y con sobrecupo. Y se desato otra vez el debate.

Por| Alberto Ramos Garbiras
 Profesor de derecho internacional, Universidad Libre.