17 jul. 2015

Desescalamiento e intervención internacional

El nuevo anuncio de desescalamiento del conflicto colombiano, oficialmente comunicado por el Presidente Santos el domingo 12 de julio 2015, tiene otras características al anuncio de noviembre 2014 que se inició en diciembre de ese año. Ahora las FARC expresan que será por un mes y dependiendo de los ataques de la fuerza pública, así podrán ir prolongándolo; el Gobierno le coloca un plazo a la terminación de las negociaciones, cuatro meses, para agilizar la agenda en la Habana. Y anuncia que tomará medidas de desescalamiento pero que no dejará de ejercer la fuerza del Estado. La lectura inmediata que produce este cruce de expresiones es: Las dos partes quedaron chasqueadas con los ataques desde abril, el escalamiento, las hostilidades, los bombardeos, el terrorismo ambiental, el sabotaje, la afectación a la  población civil, etc. Las dos partes  se convencieron que no deberían seguir infringiéndose golpes, que si bien es cierto tenían capacidad de ataque, también había respuesta, y que el proceso de paz se iba a desbaratar irremediablemente.

Pero también se deduce que ambas partes quieren seguir intentando la continuidad de las conversaciones para redondear la agenda y llegar a unos acuerdos. Santos ya cambió la cúpula militar y al Ministro de Defensa que, era díscolo. La derecha colombiana seguirá insistiendo en boicotear el proceso, por esa razón ambas partes de la mesa tendrán que ser más cautos hasta en las declaraciones que proporcionen a los medios. También quedó claro que Gobierno y Guerrilla entraran en una etapa que con actos de desescalamiento en la práctica se inicia un cese bilateral del fuego. Ninguno va a tolerar en demasía ataques desproporcionados.

El 25 de noviembre del 2014 dentro de una conferencia que dicté en la Cumbre por la Paz de la Universidad Libre, expuse sobre esta temática que, se necesitaba confeccionar una tabla de elementos constitutivos del desescalamiento, entre ellos, los ceses unilaterales, el mismo cese bilateral, el desminado, la no conscripción de menores, la disminución del lenguaje agresivo de funcionarios de resonancia, de los mismos organismos de control, lenguaje agresivo que mueve los ánimos en contrario y cambia la tesitura de los que están en la mesa de conversaciones, porque los alteran con ataques personales y descalificaciones, y entre otros aspectos el comportamiento de los mismos medios de comunicación con enfoques errados o volviendo un espectáculo lo que está sucediendo.

Y la forma de asegurarse el funcionamiento de 4 meses acercándose más en la mesa y otros escenarios hasta el 20 de noviembre, es con la intervención internacional de la ONU y de UNASUR. Los dos organismos internacionales enviaran delegados a la subcomisión que opera como parte de la mesa de negociación. Un delegado del Secretario General de la ONU y un delegado de la presidencia de UNASUR, el uruguayo, José Bayardi. La Unión Europea (UE) después del viaje del residente Santos en junio 2015, también aprobó la presencia de un enviado especial; EEUU tiene al Sr Aronson y Alemania a Tom Koenigs. Podría hablarse de otra vuelta de tuerca a la internacionalización del conflicto colombiano o de la atención  que los organismos multlaterales le prestan a esta negociación en la fase final irreversible, para evitar la fase agónica en la que había caído por el recrudecimiento de las confrontaciones.

En todo caso vamos a observar una etapa novedosa dentro del conflicto nacional con veeduría internacional, monitoreos y comprobaciones; sin estar normadas en el derecho internacional las formas de desescalamiento, ni siendo obligatorio. Todo se hará de manera consensuada para ganar confianza y volver a reanudar los puntos de los acuerdos. Una forma práctica es poner a funcionar las reglas del derecho de gentes y del derecho de guerra, ambos constituyen el DIH, pues cumplirlo les facilitaría el menú del desescalamiento y humanizaría la confrontación porque ni la regla más elemental la cumple: los enfrenamientos deben ser solo entre combatientes. Están afectando a la población civil: con los bombardeos estatales, de un lado; y con el terrorismo indiscriminado y ecológico, del otro lado.

La nueva etapa de desescalamiento a iniciarse el 20 de julio puede verse como la última oportunidad para revivir el proceso de paz. Y ante la férrea posición del Gobierno nacional de no pactar un cese bilateral, durante casi tres años, determinó programar acciones de disminución en la confrontación sin abandonar el Presidente el papel de Jefe de las Fuerzas Armadas y responsable del orden público pero desgradualizando lo ataques, para bajarle intensidad a la guerra. En la práctica es un cese bilateral del fuego el que se va a iniciar, sin reconocerlo expresamente.

Será un cese bilateral atípico porque no lo admitirá expresamente el Gobierno, pero lo practicará. Y será un cese al fuego disuasivo porque ambas partes en la mesa de negociación están crispados, y en el campo de batalla, alertas. La prueba de que el cese al fuego sirvió fueron los casi 5 meses iniciales del año 2015, disminuyeron los ataques y los daños en un 85%, y la ciudadanía había vuelto a creer. Al romperse el desescalamiento por los hechos sangrientos de Buenos Aires (Cauca), y la respuesta con bombardeos aplicados a un campamento en Guapí, más otros bombardeos, con la consiguiente racha de ataques a punta de terrorismo indiscriminado, sabotajes y terrorismo ecológico, se alteró la confianza nacional.

Ahora veremos otra vez la disminución de operaciones en los cuatro meses siguientes, hasta el 20 de noviembre 2015, disminución de ataques y hostilidades programadas y consensuadas gradualmente, serán la recta final para la consecución de la paz con una guerrilla, o el fracaso definitivo del proceso de paz, y la reanudación de la guerra.

Por| Alberto Ramos Garbiras.
Abogado titulado, profesor de ciencia política y derecho internacional en la Universidad Libre; especialización en derecho Constitucional, Universidad Libre; magister en ciencia política de la Universidad Javeriana, P.h.D, en política latinoamericana de la Universidad Nacional (UNED) de Madrid-España. Miembro del Colectivo de Paz y Posconflicto de la Universidad Libre, Cali.
Imagen| Redes Sociales.