21 jun. 2014

Reparación a las Víctimas

La publicación el 7 de junio 2014 de los 10 puntos sobre la inclusión, reparación, protección de las víctimas del conflicto armado y la expectativa de no repetición, que hacen parte del tema 4 de la agenda en el proceso de  paz de La Habana, despertó una serie de buenos comentarios de sectores sociales y políticos, de un lado, y ataques de la ultraderecha que no concibe un proceso de paz por sus posiciones guerreristas. Este es un tema que atañe a todos: a la academia, los partidos políticos, los gremios empresariales, los defensores de derechos humanos, investigadores en ciencias sociales, etc. Los siguientes meses estarán copados de reflexiones, análisis e intervenciones de la sociedad civil sobre el desenvolvimiento de este tema central de la agenda porque no puede admitirse un proceso de paz sin vincular a las víctimas que han soportado el peso de la guerra.

Lo polémico y proceloso será establecer los  procedimientos sobre la forma de llevar a cabo y satisfacer los derechos de las víctimas. Con lo acordado parcialmente en la Habana estamos viendo un primer paso para tener en la cuenta a las víctimas de cara a la reparación, para asumir “responsabilidades”, y dentro de lo razonable de una desmovilización que se pretende, de manera subsiguiente poder aplicar un tipo de justicia que le de claridad al proceso de paz.

No todas las víctimas podrán reclamar directamente a los delegados de las  partes en la mesa de negociación del proceso de paz; pero los voceros e las agrupaciones de víctimas si deberán tener unos espacios de exposición de motivos, mostrar pruebas, dar razones y argumentos probatorios que conduzcan al diseño de los procedimientos de indemnización y reparación. Los voceros de las víctimas aportaran los listados con nombres, fechas, sitios de los hechos, georreferenciación geográfica, etc., para determinar a las víctimas y su entorno.

Sería una especulación hablar de la terminación del conflicto sin tener claridad sobre los procedimientos para reparar a  las víctimas. No se puede hablar seriamente de la etapa de posconflicto para reconstruir la sociedad sin fijar las bases del reconocimiento de responsabilidades de las partes combatientes, las fórmulas de las indemnizaciones, la deliberación para el esclarecimiento de la verdad (causas, origen, efectos…), la protección de los familiares y víctimas supérstites, las garantías de no repetición, etc.

El tema de las víctimas es de una dimensión incalculable, hasta dónde puede llegar? Se trata de un reconocimiento bilateral de responsabilidad de los contendientes, dos ejércitos, el institucional (la Fuerza Pública), y el irregular o subversivo que por excesos han causad daño a los civiles no combatientes: Daños directos o colaterales. El boquete que las reclamaciones y los procedimientos indemnizatorios pueden abrir es incalculable. Pero es la única forma de fijar responsabilidades y enfrentar la realidad por los devastadores efectos que el conflicto interno ha dejado. Encontrar una fórmula de reparación debe ser una tarea conjunta, ya existen fórmulas aplicables de otros procesos de paz en diferentes países con mecanismos de conciliación. Hay que darle el rostro a las víctimas para sortear las reclamaciones, “sanear heridas”, pedir perdón e indemnizar, aunque la mayoría son daños irreparables. Una comisión de  la verdad es una especie de Tribunal de explicaciones, expiaciones y exculpaciones que, allana el campo para la confección de la justicia transicional a fin de formalizar el inicio del posconflicto. Una comisión de la verdad esclarece causas, circunstancias identifica responsables, pero no entra en detalles de cada caso. Ni la justicia ordinaria lo logra siempre, dependiendo delas características de la situación criminal. De allí se desprenderá la construcción de paz en las regiones, y sirve para afianzar el proceso de restitución de tierras (Ley 1448 de 2011).

La voluntad mostrada por las partes para incorporar el punto de las víctimas con un marco general le da más cuerpo al  proceso de paz de La Habana y lo hace ver más posible, a pesar de lo espinoso y complejo por las presiones que se presentaran, ataques, saboteos, descalificaciones y críticas burlonas. Incorporar las víctimas de un conflicto inacabado conforma la plataforma de la justicia transicional porque todos los afectados hasta ahora no han podido reclamar justicia debido a que la justicia ordinaria no funciona cabalmente dentro de un conflicto interno, si operara los guerrilleros actores de las bajas civiles estarían presos, y los militares, violadores de los derechos humanos, también. Esta frase explica la necesidad de una justicia especial de excepción, ya que la justicia común u ordinaria ha sido burlada por la guerra interna o maniatado el ordenamiento jurídico, los derechos humanos transgredidos y el Derecho internacional Humanitario, irrespetada.

La selección de unos casos relevantes, o una muestra significativa de casos que sirva para profundizar, permitirá sanciones ejemplares así sean laxas (una contradicción propia de la justicia transicional), o sanciones modélicas y para darle presentación aceptable a esta justicia de excepción. No se puede esperar una investigación minuciosa en una comisión de la verdad porque no corresponde a un aparato de justicia formal con estructuras, de comportarse así nunca terminarían o concluirían las investigaciones, y por ende no se lograría obtener los  parámetros de reparación, ni se terminaría el proceso, ni la reconciliación, ni empezaría la etapa del posconflicto, ni se obtendría la paz. Lo que si debe quedar expreso es la petición del perdón.
 Entonces si se observa la voluntad para continuar el proceso porque tanto la cúpula del Gobierno como la cúpula guerrillera se exponen a reclamaciones de crímenes, que en algunos casos no han cometido directamente porque se dieron en otros gobiernos, desde el punto de vista Estatal; o por otros comandantes de frentes guerrilleros, sobre los cuales algunos comandantes de hoy, individualmente considerados, no tenían mando u orientación directa, desde el punto de vista del grueso de la insurgencia. Pero allá en La Habana están sentados los delegados de ambos lados. También se visualiza más la aproximación hacia la firma de la paz porque se vincula a los representantes de las víctimas a la mesa de negociación.

Lograr la paz significa que funcione la justicia tradicional y se acabe la impunidad que dentro de la guerra interna funciona en doble vía: 1) la impunidad producida por los enfrentamientos y el fuego cruzado, porque la justicia no opera y no alcanza a ruralizarse, los mismos investigadores no acuden al recaudo de  pruebas por miedo a una retaliación. 2) la impunidad que resulta de los delitos no investigados y empolvados en anaqueles producto de tantos delitos comunes, organizaciones criminales y de otras violencias, porque la justicia vive alterada por la misma existencia de la guerra y de las violencias cruzadas que los amenazan. Entonces, conquistar la paz es también conquistar la justicia.

Por: Alberto Ramos Garbiras
Profesor de ciencia política en la Universidad Libre.
Imagen, tomada de redes sociales