22 feb. 2014

Matadero Municipal

El año 2013 pese a todos los anuncios para mejorar la seguridad en la ciudad de Cali no disminuyó el número de muertes violentas. Ocurrió lo contrario, se agravó la situación. El asesinato de más de 1970 personas dejó demostrado que no se consolidó ninguna política pública para manejar la ciudad en este sentido, fracasaron los planes presentados. En dos años del Gobierno de Rodrigo Guerrero han matado en las calles a más de 3.800 personas, sin contar a los que han sobrevivido en los andenes y el asfalto y mueren días después en la cama.

La crisis social que azota a Colombia se refleja en Cali con mayor violencia por ser una ciudad ubicada en un sitio clave para actores armados, por los corredores hacia el pacífico y hacia las cordilleras occidental y central, en cuanto facilita el contrabando, el narcotráfico y las actividades delincuenciales, en cuanto a los escapes, huidas y repliegue se refiere. Cali es además, una ciudad que atrae a los migrantes desempleados y a los desplazados por la violencia, desatendidos y excluidos. Y Cali es eje de actividades del narcotráfico.  También es atractiva por la pujanza industrial, por la geografía plana de los municipios vecinos y por el fácil acceso a esta capital. La prohibición de la cocaína es la causa principal de gran parte de la violencia.

En Cali esa violencia urbana extendida disminuye la calidad de vida porque las personas reducen los espacios donde se mueven, no pueden gozar los espacios públicos de la ciudad con tranquilidad. Y parte de las potenciales víctimas, todos los que poseen bienes, se enferman por el pánico y la tensión diaria ante el eventual ataque súbito. Por la inseguridad urbana aumenta el enrejamiento de casas y apartamentos, y los más solventes tienen que acudir a la compra de inmuebles en unidades residenciales cerradas, aislándose de otras zonas de la ciudad y gravando la economía familiar. Después de las 8 de la noche el 90% de la población se encierra en sus residencias, quedando la ciudad como cárcel. Por la inseguridad urbana crece el ejército de vigilantes de seguridad privada con una gama de uniformes que parecen ejércitos de varios países desfilando en moto por la ciudad: ejércitos decorativos e inservibles. Su papel disuasivo, no efectivo, es conocido por los delincuentes armados y activos.

Lamentablemente según el informe ‘Global Barden of Armed Violence’, presentado en Ginebra, Suiza, Cali pasó a registrarse como la cuarta ciudad más violenta del mundo, tiene una tasa de homicidios altísima por cada 100.000 habitantes. Las armas de fuego son el mayor generador de esta violencia.

Angélica Durán, candidata a doctora en ciencia política en la Brown University ha expuesto que, “El nexo entre pandillas y crimen organizado debe ser una preocupación esencial de política pública, pero es preciso entender y desagregar las múltiples formas como esa conexión tiene lugar, y dejar de pensar que eliminar pandillas es sinónimo de eliminar violencia.  Es crucial evitar que las pandillas consoliden sus lazos con el crimen organizado para que la violencia no se vea exacerbada”.

Por: Alberto Ramos Garbiras.
Profesor de ciencia política, Universidad Libre.