9 nov. 2013

Guerra y política

Ofrecerle a una guerrilla que haga política con votos, curules y accedan a los cargos públicos es una forma de solucionar la guerra interna. La participación política en la vida democrática se abre para que aparezca otro partido político y concursen en las elecciones quedando a disposición del electorado. Si tienen simpatías lograran ascenso en las zonas de influencia, si el desprestigio es máximo no escalaran a otras curules por fuera de la especial y transitoria. Negarse a la apertura de los espacios políticos es obturar parte de la solución negociada.

Lamentablemente todos los grupos humanos han acudido a la guerra para solucionar sus conflictos y diferencias, así lo demuestra la historia como ciencia social. Los períodos de relativa paz en el planeta tierra fueron pocos, siempre ha habido  un conflicto en alguna parte. Y cuando fueron intensas las guerras se solucionaron o venciendo a los  enemigos o pactando con ellos.

Un ringlero de confrontaciones bélicas incontables desde los enfrentamientos de la comunidad primitiva; pasando por las guerras de la antigüedad hasta llegar a la omnipotencia del imperio romano doblegando a gran parte de Europa; posteriormente las inenarrables guerras medioevales entre señoríos feudales; luego las guerras de los reyes absolutos, vinieron las revoluciones burguesas contra la monarquía, y dentro de las  repúblicas democráticas siguieron los enfrentamientos como guerras civiles, guerras internacionales entre dos países, guerras mundiales, guerras de baja intensidad dentro de la guerra fría, guerra contra el terrorismo; y el armamentismo continua con la fabricación de armas nucleares hasta tener estados nucleares para amenazar a otros. Como lo expresa Arthur Kaufmann, “actualmente domina la concepción de que solo una guerra defensiva es permitida y no una guerra de agresión”. El problema estriba en que la mayoría argumenta que su empuñamiento de las armas es defensivo.

Todos han hecho política a través de la guerra, unos para quitarles territorio a los otros, para solucionar diferendos, también por causas religiosas, para detentar el poder, etc., y los promotores argumentan que se trata de una guerra justa. El binomio guerra y política es indisoluble. Y la relación guerra y derecho siempre se presenta: van a la guerra para cambiar el derecho injusto y los que están en el poder responden con las armas para hacer respetar el derecho vigente. Desde  la teoría de San Agustín con el concepto del bellum iustum. La fuerza pública es sinónimo de monopolio de la fuerza, con las armas estatales de amonesta y actúa para hacer espetar el derecho,  porque la validez de la norma no es suficiente. Los insurgentes utilizan las armas para hacer política y desconocen el derecho vigente.

El Derecho Internacional surgió para regular las guerras internacionales, existe un derecho de guerra y otro de gentes para reglar las guerras internas. Bush utilizó la guerra preventiva atacando por sospechas, la invasión reemplazó a la guerra para evitar los combates y no solo la guerra ha sido fuente del derecho, el que se impone cuando se triunfa, ahora hemos visto a la invasión como fuente del derecho, esto cambia la teoría de las fuentes: Irak fue invadido y se impuso un modelo institucional e implantación constitucional. En Afganistán con invasión autorizada por la ONU, también.

Las guerrillas con los focos, los frentes y las coaliciones hacen política armada para llegar al poder o se desmovilizan para hacer política desarmada organizando partidos políticos para participar del poder. Otros utilizan a los  paramilitares  para mantenerse en el poder. Hay contratistas internacionales para reemplazar al ejército de un país y hacer valer el poder mundial de una potencia, así lo hace los EEUU reclutando latinos y tercermundistas en calidad de contratistas. El derecho apuntala y justifica el poder.

Por: Alberto Ramos Garbiras
 Profesor de ciencia política, Universidad Libre.