26 oct. 2013

Obstáculos para la Paz

La jornada electoral del 2014 alteró el ritmo, de por si parsimonioso, del proceso de paz. Si se consigue la firma de un acuerdo definitivo el Gobierno sería reelegido, o puede dejar sucesor, si logra al menos un preacuerdo trascendental. Si se rompe el proceso de  paz, la oposición de extrema derecha remontaría en las encuestas y el arrastre electoral. El uribismo hace todos los calambures retóricos belicistas para que fracasen los diálogos, calculando sacar más de 20 senadores y Presidente de una lista de ternados poco atractivos que ya está previsto, sino despegan serán sustituidos por un “protohombre”.

En estas circunstancias un cese al fuego bilateral es  la única forma creíble de preacuerdo y muestra de voluntad indeclinable, y manera de blindarse ante suspicacias y saboteadores. La fuerza pública seguiría actuando contra todos los grupos armados por fuera de los procesos de paz, insurgentes o no insurgentes. Seguir conversando en medio del fuego cruzado es una necedad que facilita el saboteo del proceso y la profundización del conflicto interno. Hay que aprovechar las ventajas: conversar en el exterior, no haber despejado un territorio, tener todavía una opinión expectante, etc. Pero la falta de discreción en las declaraciones de las partes, y la falta de un más mesurado comportamiento de los medios de comunicación para evitar el alarmismo, están ayudando a  enrarecer el proceso.

Las conversaciones en La Habana se han convertido en un forcejeo temático para imponer  las concepciones ideológicas y lograr los propósitos sobre los puntos discutidos. Hasta en los diálogos interpersonales se dan estas pretensiones, de lado y lado; pero desfasarce del tiempo útil, ese es el error. La táctica de dilatar la negociación no  le sirve en esta ocasión a las FARC porque el margen de maniobra que le queda al Presidente Santos es estrecho. Está torpedeado por otro Santos y por los enemigos de la paz. Burlarse de J.M. Santos es perjudicarse ellos mismos que, serán compelidos a continuar en la guerra interna, abriéndole la posibilidad de triunfo lectoral  a un candidato adverso a la paz política o negociada.

La realidad política y jurídica obra hoy, dentro de esta coyuntura en una triple vía. Primero, el Gobierno nacional está apurado para obtener un resultado so pena de ver galopar a los contrincantes despedazando el proceso de paz, ante la inminencia del calendario electoral. Segundo, no se puede prescindir de algún tipo de justicia, ni salirse de las mínimas obligaciones internacionales. La táctica de las FARC al pretender en retrospectiva un juicio de responsabilidades por las causas del conflicto colombiano llevaría un tiempo que sobrepasa la realidad de esta coyuntura, se surtiría en muchos meses, cuando ya el  proceso lograrían enterrarlo otros. Tercero, El Gobierno de Santos, no solo ha buscado la paz  en escala para los colombianos. Ha tratado de logar la recomposición de las relaciones con los países vecinos porque la guerrilla sigue siendo un factor perturbador en  la vida fronteriza, y no deja de tener afinidad ideológica con Venezuela y Ecuador dentro del proyecto Bolivariano. Entonces, no lograr un acuerdo de paz es retroceder en materia de política exterior al año 2002.

Lo que el gobierno del Presidente Santos no ha querido es dejar desbordar los temas de la agenda para que lleguen a un escenario como el de la Constituyente, donde otros partícipes promoverían contrarreformas, desbaratarían y sabotearían lo pactado. Tanto la Constituyente como el Referendo, dos mecanismos de reforma constitucional permitirían incluir lo acordado en La Habana, como mecanismo de refrendación. Pero la vía de una Asamblea Constituyente,  por las exigencias para su conformación, facilitaría que los elegidos cambien lo pactado y aquí se iniciaría otro proceso que podría alterar o desplomar lo acordado.

Una propuesta audaz para resolver el tema de  la participación política de cara a las elecciones del año 2014, que además, contribuya a la declaratoria del cese bilateral del fuego, sería incluir dentro del referendo constitucional, el mismo día de las elecciones para Presidente de la República en mayo 2014, la pregunta reformatoria sobre el cupo de senadores para las FARC, cupo de circunscripción especial antes de que se conviertan en partido político y puedan participar en las elecciones posteriores. Así continuarían los diálogos y acelerarían la agenda temática para que en mayo pueda realizarse el referendo constitucional por  la paz como acuerdo final para la terminación del conflicto que, reafirme lo aprobado por los delegados de ambas partes.

Por: Alberto Ramos Garbiras
Profesor de ciencia política y derecho internacional, Universidad Libre; Magister en ciencia política, universidad Javeriana.