16 sept. 2012

Cese al Fuego


El gobierno Santos en agosto 2010 arrancó como si el país ya viviera en el postconflicto, como si se hubiera terminado la guerra interna, efecto de la quimera que dejó el uribismo. Por eso la gente está celebrando ahora la apertura de un proceso de paz, la guerra interna impide el desarrollo económico.
Todas las normas que han buscado solucionar el conflicto, expedidas hasta hoy por congresos y gobiernos anteriores (leyes y decretos), no han sido suficientes. Ni las leyes de orden público, ni el derecho de excepción de estados de sitio o conmoción interior: o se ha fracasado por los enemigos agazapados. El derecho para la paz es necesario para llegar a ella, pero no copa todo. En Colombia el gran problema no es  la falta de normas, es la prohibición de la coca.

La Ley de Víctimas no es una reforma agraria integral pero tiene elementos para ella. Esta Ley intenta cambiar la ilegal tenencia de la tierra transformada en los últimos 20 años por la contrarreforma agraria paramilitar y los daños ocasionados por las acciones guerrilleras. La Ley de víctimas es un avance importante y sirve para el proceso de  paz que arranca.

 Todos  los cálculos de Colombia para marchar hacia el  progreso se ven truncados por la no terminación del conflicto armado: la agricultura interna, las exportaciones, los cumplimientos del TLC, la ampliación de cobertura para  la educación superior, etc. No solo por las ingentes sumas de dinero para enfrentar la guerra interna sino por la desinstitucionalización que crea al tener vastas zonas rurales en guerra espantando al campesinado.

Los procesos de paz mal llevados quedan mal concluidos y los actores armados desmovilizados vuelven a rearmarse. En el caso más reciente muchos patrulleros de los paramilitares se transformaron en BACRIM. La reinserción debe brindar garantías para no ser hostigados después, estigmatizados ni perseguidos, pudiéndose llegar a la normalización.

Sin lograr la paz el Estado de Derecho no funciona, constitucionalmente queda como un enunciado una norma rectora o una aspiración pero sin efecto real. 48 años de enfrentamiento con las guerrillas, sin menospreciar las desmovilizaciones de grupos y las graneadas, más todos los esfuerzos de procesos abortados, esos 48 años han desangrado al país en vidas y recursos económicos. Las partes, Gobierno y guerrilla, están fatigados de la guerra interna, ese es el factor favorable que permite abrir el proceso de paz. Los daños causados mutuamente también los impulsa a frenar la continuidad de los combates.

Negociar en medio de las confrontaciones no es conveniente. Las demostraciones de poderío militar y de causar daño ya están hechas por las partes, esto los hace sentar en la mesa de negociaciones, se buscan y se necesitan. Seguir dando bala y bombardeando sería profundizar las grietas del resentimiento. El cese al fuego es la vía intermedia para avanzar en el dialogo. De otro lado, es ingenuo pensar que una de las partes se desarme o quede inactivo sin cese pactado de confrontaciones bilaterales, o que se entreguen sin acuerdos de reformas y reinserción. Lograr la paz cuesta, pero cuesta menos que los daños constantes de la guerra.
El cese al fuego se debería fijar con fecha de inicio lo más pronto posible después de arrancar formalmente los diálogos, para de allí en adelante evitar resquemores. También sirve para detectar a los saboteadores del proceso. Si el cese al fuego se respeta se puede producir un acuartelamiento preventivo y transitorio de las partes. Ese sería además el respiro de paz para todo el país, mientras maduran los diálogos de la Habana.

La desmovilización de grupos políticos armados se concibe abriéndoles espacios de participación política, ya se ha probado, las guerrillas desactivadas convertidas en partidos políticos, es un camino de pacificación dentro de la vía democrática. La mezquindad al cerrar esos espacios impide los arreglos y arrecia la guerra.

Comienzan a aparecer los escollos para el proceso de paz. La inclusión de Simón Trinidad (Ricardo Palmera) en la mesa de diálogo se torna en un imposible al menos hasta que pasen las elecciones en EEUU(noviembre) y se posesione Obama otra vez, si gana(enero 2013); reversar esta extradición tiene implicaciones políticas para el presidente-candidato frente a los republicanos.

Este anuncio del proceso de  paz santista ha despertado varias reacciones  pero la mayoría de la población recibió con entusiasmo la notica. Los diálogos preliminares se dieron con cautela en Cuba, así debe ser, confidencialidad ante todo. Las dos partes, Estado y guerrilla están fatigadas, y en medio de ellos la población extenuada por la guerra. Saldrán los enemigos de la paz a entorpecer los pasos preliminares, ordenaran colocar bombas para alterar el clima pre-paz y crearan el caos para que todo se suspenda.

Si el cese al fuego se respeta se puede producir un acuartelamiento preventivo y transitorio de las partes. Ese sería además el respiro de paz para todo el país, mientras maduran los diálogos de la Habana. Sino hay cese al fuego los golpes que reciban las partes podrán ser asimilados hasta cierto límite dentro de la lógica de la guerra, pero llegará un momento irresistible que rompa el proceso. La confianza no solo se logra por lo que se diga en la mesa de negociaciones sino por lo que se haga en los escenarios donde han venido actuando. Si un proceso de paz busca alcanzar la convivencia y compartir el país que nos tocó, el estar sentados con ese propósito insta a realizar los primeros pasos de no agresión para alcanzar a terminar las conversaciones que engloben los cinco puntos centrales: acceso a la tierra;, participación política no armada, fin del conflicto, condiciones  para la reinserción; como solucionar el problema del narcotráfico, y derechos de las víctimas.

Si no hay cese al fuego al comenzar los diálogos, entonces al menos declararlo ya avanzadas las conversaciones, entonces los guerreristas de todas las pelambres harán todo lo posible para atizar las diferencias y promoverán escaramuzas y atentados para impedir la finiquitación de las conversaciones que sellen la paz.

 Se percibe la total decisión de las FARC de buscar un acuerdo definitivo para pactar la paz por esa fatiga de la guerra, la debilidad evidente que han alcanzado por la seguidilla de golpes contundentes y por las deserciones múltiples. Dialogar en el exterior es convincente porque da serenidad a los interlocutores, resta la presión externa de grupos y sectores adversos; imprime más objetividad y garantiza el desenvolvimiento de las discusiones.

Por: Alberto Ramos Garbiras.
Profesor de ciencia política, Universidad Libre