19 feb. 2012

Terrorismo y Medios de Comunicación

Terrorismo cibernético o virtual, comprende todas las acciones desplegadas para lograr comunicarse por correos electrónicos, sincronizando las acciones venideras, organizando las redes durmientes, abreviando los encuentros, ubicando sitios y señalando regiones, llevando a cabo transacciones financieras, difundiendo videos de decapitación, enviando mensajes amenazantes,  etc. La captura en Detroit del nigeriano Abdulmutallab que intentó hacer explotar un avión de la compañía Delta, dejó clara la forma de conscripción cibernética de nuevos adeptos(después entrenado en Yemen), para ser preparados en aspectos del terrorismo global. Ya no se trata de señales de humo, ni de cartas, palomas mensajeras y llamadas telefónicas; la comunicación principal se hace por Internet, de manera cifrada, con e-mails abiertos de manera transitoria, y enviados desde café-internet, cuya detectación es tardía después del rastreo.
Terrorismo Mediático. Se trata de utilizar todas las clases de medios de comunicación para difundir mensajes, proclamas, amenazas y actos. La página Web, Segured.com, en un boletín de octubre 2004, se refirió a esta clase de terrorismo: La decapitación es uno de los métodos más crueles de poner fin a una vida. Ya sea con golpe de espada, hacha o cuchillo, trae recuerdos de las eras más oscuras de la historia, procedimientos que la cultura occidental pensaba había dejado atrás.

La libertad de expresión está consagrada en las constituciones occidentales producto de la globalización de los derechos humanos. Todos los países miembros de  la ONU la tienen en su constitución. Vicente Romano en su ponencia sobre “La Libertad de Expresión y el Terrorismo Mediático”, dijo que, “La actual Constitución española lo hace en su artículo 20. Más aún, en su apartado d) reconoce el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Pues bien, si se tienen en cuenta las posibilidades materiales de ejercer estos derechos, uno no tarda mucho en descubrir que son muy pocos los que pueden hacerlo. Tan sólo quienes disponen de medios para expresar y difundir sus opiniones y para acceder a las informaciones. No es necesario argumentar largo y tendido para afirmar que la libertad de expresión y de información se reduce, en las sociedades burguesas, a la libertad de acceso, tanto a los medios como a las fuentes de información. Como se trata de medios, la diferente posesión de los mismos constituye la desigualdad. La persona que carece de medios, o, más exactamente, de medios de in­tercambio comunicativo, no puede hacerse entender”. (www.rebelion.org. V. Romano).

En Colombia la Constitución dentro del artículo 20 garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones. Pero todo depende de la censura imperante en el medio de comunicación y del grado de tolerancia y equidad informativa. Lo reafirma el mismo Vicente Romano, “en suma, que estos pocos tienen el poder de definir la realidad para los muchos, de decirles lo que pasa, lo que es bueno y malo, lo que hay que hacer y no hacer, cómo hacerlo, etc. Este poder de fijar el programa social de cualquier comunidad es la clave del control social”. La manipulación del lenguaje, el uso de las palabras cambiando el sentido, recortar la información para sesgarla o el cortar para impedir la difusión completa son formas de manipulación que deforman la noticia. La forma como se presentan las noticias sirve para la manipulación. Cercenan datos, solo muestran unas imágenes, no desarrollan el contexto de los hechos, el comentarista en off narra un fragmento de lo que pasó. Noticias encapsuladas y apretadas con otras a gran velocidad, menos de 40 segundos, agolpando una detrás de la otra. Esa es una forma de informan desinformando. Una forma de manipular los hechos.

La acción terrorista no es improvisada, se planea y calcula, se hace seguimiento a la víctima, se fija un día para ejecutar el acto de sangre, dependiendo de la clase o tipo de terrorismo que se practica; si es selectivo, tienen en la cuenta que no exista alrededor el paso de gente civil inocente que, podría verse afectada; si el terrorismo es indiscriminado, no les importa el daño a la sociedad, solo se fijan en la repercusión y espectacularidad del hecho para lograr ejercer presión al gobernante o líder a quien se le reclama.”Los sucesos y hechos que preceden a los actos terroristas no sólo cumplen una función motivadora, sino que también aportan las oportunidades y los recursos necesarios para llevar a cabo esas acciones. Los terroristas no tienen más remedio que ajustar sus actos a cada circunstancia y adecuarlos a los recursos disponibles en cada momento, lo cual puede dar lugar a alteraciones en su objetivo y en su estrategia” (De la Corte Ibáñez, 2006).El acto terrorista de gran impacto es intimidatorio y lleva envuelto un mensaje contra un grupo específico (gubernamental, religioso, político, étnico, etc.) que se sentirá amedrentado, o reaccionará con una respuesta similar de fuerza extrema: el terror estatal.


 Los ataques terroristas ocurridos durante la última semana de enero y los tres primeros días de febrero 2012 en las ciudades de Tumaco, Villarica, Pradera y Miranda, tuvieron amplia difusión en los medios de comunicación e impactaron a la opinión pública porque recientemente se estaba considerando un gesto de paz con la liberación unilateral de 6 militares. Aparentemente es un contrasentido y un exabrupto protagonizado por las FARC; pero desde la lógica de esa guerrilla, la impasividad del Gobierno para facilitar la logística de esas liberaciones y ante la remilitarización de ciertas zonas de combate, produce la lectura de negligencia y falta de motivación política para el diálogo. Como las FARC si están diezmadas militarmente pero no acabadas, entonces acuden al terrorismo para mostrar fortaleza y hacer cuestionar al Gobierno nacional porque no puede proteger a la población.

Estos ataques fueron concebidos bajo la forma del terrorismo selectivo (atacando puestos de policía), pero cayeron civiles transeúntes, comerciantes  y habitantes de las zonas aledañas, dañando más de trescientas viviendas. Son ocho ataques sonoros de las FARC desde comienzos del año 2012 (en Tame, Tibú, San Vicente del Caguán, Tumaco, Tambo, Cajamarca, Villarica y Miranda), sin negarlo en ningún comunicado, y unas 160 acciones armadas en todo el territorio nacional. Entonces la estrategia se presume está centrada en hacer aflojar la presión militar en las zonas opuestas en donde se concentran los ataques. El terrorismo también se usa como método a fin de hacer presencia y no diluirse en medio del conflicto, máxime cuando se extiende la versión de la derrota del grupo insurgente que combina el terrorismo. Lo hacen para demostrar que no han perdido ventaja frente al ejército institucional y para ahorrarse los combates sin exponer guerrilleros rurales, pues los explosivos los colocan milicianos urbanos de células nuevas.

La coca y su rentabilidad explican la concentración de la mayoría de ataques en el suroccidente del país (Nariño, Cauca, Meta, Tolima y Putumayo), desde el año 2008 crecieron las áreas cultivadas  haciendo metástasis cada vez que se fumigaba y erradicaba. Los paramilitares transformados en BACRIM operan en las mismas zonas: guerra continuada con la misma financiación: la venta del polvo blanco. Los daños también se reflejan en las microcuencas hidrográficas. Talan para despejar áreas de cultivo coquero produciendo aflojamiento de los suelos, deslaves y empalizadas que dañan las vías terciarias y la malla vial en general. De contera, alteran la potabilización de  los acueductos urbanos.

El terrorismo busca difundir sus acciones por los medios de comunicación para que se conozca su causa o las razones del obrar. Obtienen con los atentados un registro gratuito de sus acciones militares devastadoras. Con esa “publicidad” gratuita corren un riesgo: lo negativo del impacto en la mente de la población. No todos los medios de comunicación son objetivos. A veces solo reproducen los boletines de prensa de las brigadas militares acompañados de las fotos de los escombros. Entonces todo el registro es adverso a las pretensiones de la guerrilla que ordenó el hecho terrorista.

Por ejemplo, el diario “El Tiempo” del domingo 5 e febrero 2012 reseñó tres atentados terroristas en la página 5 con cuatro fotos, una de la fachada del puesto de policía derruido en Villarica(Cauca), y un piquete de soldados al pie de una camioneta de la policía averiada; otra foto del sepelio en Tumaco y dos fotos de niños víctimas(Nidia Balanta y Yerinton Viáfara), alrededor de las fotos análisis del periodista redactor y frases de entrevistados: la impresión final de la lectura es negativa a la guerrilla. Se ganaron una “publicidad” negativa que cualquier ciudadano desprevenido no entiende como un grupo armado que dice representar al pueblo se expone a ser abominado por las muertes de civiles inocentes. Después salieron a protestar miles de personas por las calles de Villarica luego se registró una marcha de repudio en Tumaco. El Diario “El Espectador”, edición dominical destacó los mismos hechos en dos páginas judiciales, con infografía, cronograma de acciones armadas y un mapa resaltando los sitios. El análisis literario destaca hipótesis sobre esa escalada, tiene una semblanza más ponderada, pero deja entrever una sensación de desespero de la guerrilla buscando exhibir fortalezas que ha perdido.

Las noticias sobre actos de terrorismo llegan a las salas de redacción de los medios de comunicación, entonces el comunicador se enfrenta a un dilema, si reproducir la noticia de manera escueta, si no la publica, o si la retoca y le da otra presentación para no servir de caja de resonancia de los terroristas que buscan difusión gratuita de sus actos y la extensión del pánico para lograr el objetivo planeado. Pero el periodista no se puede sustraer a la realidad, así el hecho sangriento haya sido fraguado para buscar un objetivo político (por ejemplo, hacer negociar a un Gobierno), el hecho es real y otros medios lo van a registrar, no todos se pueden colocar de acuerdo de inmediato para ocultarlo.

Algunos aconsejan contextualizar bien la situación y ser extremadamente objetivos para no servirle a ninguna de las partes. Los periodistas serios y los medios independientes no pueden tampoco tener pactos con los gobernantes para no informar, ni con los terroristas para difundir, simplemente registran la realidad. Otra cosa es el tono de la narración de ese tipo de noticia. El 11 de septiembre dejó ver una serie de vacios, falencias e inexactitudes de los medios de comunicación. Muchos periodistas fueron rebasados por la realidad. Confundían el ataque terrorista con una guerra internacional, confundían árabes con musulmanes;… etc., se evidenció que los periodistas no conocían la realidad cultural de oriente medio, se apoyaron en académicos que reforzaron sus lecturas sobre los movimientos políticos y armados en oriente, la perplejidad fue total para escuchas, lectores, periodistas y expertos. Los medios de comunicación se demoraron en reaccionar para introducir análisis equilibrados, en los primeros días primaron las imágenes catastróficas y los reportajes íntimos a familiares de víctimas, recrearon el  inmediato pasado de los acontecimientos con voces de alarma, especularon sobre la vida de os pilotos kamikazes, etc.

El acto megaterrorista contra las torres gemelas no podía ser ocultado. La sensación de impotencia invadió a todos. Pero unas horas después las cadenas de televisión dejaron de repetir el derrumbe de las torres y las nubes de polvo que salían de los escombros. Otros especularon, en México los diarios alarmaron sobre el ingreso de los terroristas del 11-S y una ola de ataques eventuales. No fue así. Los medios aumentaron el pánico creado en el país vecino. Luego el terrorismo si apareció 9 años después, pero no el terrorismo islámico sino el mafioso, el de los carteles de la droga (Sinaloa, El Golfo, la Familia, Juárez…), en su lucha contra el Estado presidido por Felipe Calderón.

Es necesario resaltar tres aspectos. 1) Hay que diferenciar y puntualizar sobre la narración de la noticia dependiendo del sitio desde donde esté el periodista.2) La formación intelectual y la militancia política del periodista. 3) De qué medio de comunicación de trata (periódico, radio, Televisión, medio alternativo, etc.) y de las libertades que ese medio dé a la difusión por los controles que ejercen desde las salas de redacción.

Sobre el primer caso, para no entrar en detalles y elucubraciones sobre los tres aspectos, se puede decir que es muy distinta la posición de comodidad de un periodista desde su escritorio que, la de un periodista de guerra con narración in situ, viviendo el fragor y las vicisitudes del conflicto en un país como Afganistán o en Irak. En estas circunstancias también depende la objetividad a la pertenencia del medio. Si el periodista redacta boletines del ejército la objetividad será nula. La terminología empleada también debe ser objeto de análisis. En algunos países a los guerrilleros los llaman terroristas sin serlo. O se acude a un vocabulario descalificador.

El cine es un gran difusor de los hechos terroristas, tanto en el cine argumental, como en los documentales. Y el uno de  los medios auxiliares de los investigadores sobre el tema porque facilita visualizar las situaciones y conocer los planes de acción. Como una investigación sobre terrorismo es difícil aplicarle un método etnológico por la cautela de los terroristas y por lo súbito de sus actos, el cine facilita ese conocimiento sin arriesgarse a morir el investigador en el trabajo de campo.

Por: Alberto Ramos Garbiras
Catedrático de Ciencia Política, Universidad Libre