3 sept. 2010

Geopolítica y Bases Militares


Autor Alberto Ramos Garbiras (*)


La geopolítica no es una ciencia independiente de las ciencias sociales, es una derivación de la geografía y la ciencia política. Se nutre de la cartografía, la aprovechan los odógrafos, le sirve a los estrategas militares, exploradores, navegantes, a los estadistas y por supuesto a los internacionalistas. La geopolítica ha sido utilizada para apoyar la toma de decisiones de los gobernantes; mejor, con ella se construyen tácticas geopolíticas para adoptar medidas estatales, para espiar a otros países, buscar dominio sobre yacimientos, y hasta para meterse en una guerra.


La geopolítica sirve para entender la realidad geográfica de un país, de varios estados en bloque o por subregiones, porque se parte del territorio como elemento integrante del Estado que, es inamovible, excepto por divisiones territoriales, tratados o ententes de concesión (como cedimos Panamá), guerras de secesión, o desastres naturales que lo destruyan. El teórico Ritter afirmó que la geopolítica es una parte de la geografía que estudia los aspectos materiales del mundo. La mejor definición es la del sueco kjellen, la geopolítica, una teoría del estado como organismo geográfico espacial, como territorio autónomo desde donde se levanta un país, con suelo propio y dominio.


Así como el Plan Colombia fue adoptado por los EE.UU. a la manera de un plan geopolítico para combatir el terrorismo y pretender disminuir el narcotráfico, inmiscuyéndose de una vez en la zona andina donde tienen intereses petroleros, mineros y en pos del recurso agua, luego la oferta de las siete bases militares propiciada por el Gobierno Uribe, fue acogida por el Gobierno norteamericano como una continuidad para mantener sus tropas ampliadas, controlar los países vecinos, continuar la lucha contra los actores armados y ganar espacio para los intereses en la obtención posterior de recursos naturales nuestros y sobre la biodiversidad.


La Sentencia de la Corte Constitucional conduce al trámite en el Congreso y fija la importancia del control constitucional sobre los tratados, de contera deja claridad sobre la falacia del reparcheo al tratado anterior, no era una simple adición la cesión de las 7 bases, estábamos ante un tratado nuevo.


(*) Catedrático de Ciencia Política, Universidad Libre.