24 ene. 2010

"TRIUNFALISMO Y NO AL DIALOGO"

Por: Alberto Ramos G (*)

Respecto a Nicaragua, las relaciones con Daniel Ortega han estado agrietadas también por cuatro razones: 1) Ortega es de orígen guerrillero y Uribe le enrostra una hermandad con las FARC, reflejada desde los años del Cagúan;2) Por el diferendo territorial ventilado en la Corte de la Haya, respecto a San Andrés y providencia han surgido puyas y ataques verbales binacionales;3) Daniel Ortega cortó relaciones con Colombia, aunque duró pocos días el malestar, a causa del bombardeo al campamento de Raúl Reyes; 4)El Gobierno de Nicaragua proporcionó el asilo político a tres sobrevivientes de ese bombardeo, Lucia Moret, Martha Pérez y Doris Bohórquez; afirmando Daniel Ortega que Uribe quería asesinarlas, porque practica el terrorismo de Estado.

El triunfalismo vivido por la operación jaque condujo al Gobierno a la decisión del retiro de las mediaciones (nacionales e internacionales), que ya venía limitando y suprimiendo. La última de manera clara, tajante y evidente: el NO a Nicaragua para la mediación de Daniel Ortega, solicitada por las mismas FARC. Este rechazo con un NO rotundo expuesto en el mismo seno del Consejo Permanente de la OEA por el embajador Camilo Ospina, denota un rechazo también a la vía dialogada o solución política para no pactar nada con la guerrilla, y proseguir la vía de la confrontación armada para tratar de derrotarlos. Pero Camilo Ospina no obtuvo consenso de los embajadores de la OEA, ni esta posición fue celebrada por
el Señor Insulza.

Ese aislamiento de Colombia en la región tiene cuatro ingredientes causales:1) La posición ideológica ortodoxa de Uribe,2) La obsecuencia de Colombia ante los EEUU en los trazos de la política exterior, 3) El desbordamiento de la guerra interna hacia las fronteras, y 4) El incumplimiento del DIH en lo tocante a los acuerdos humanitarios para atenuar el conflicto. El estancamiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) como bloque regional, la fortaleza de MERCOSUR, la lejanía de Colombia respecto al desarrollo del ALBA; estas tres realidades deberían motivar a Colombia para adoptar un papel destacado dentro de UNASUR (tenía Colombia la Presidencia de ese grupo en las manos), este inicial liderazgo se desvaneció por las rencillas con los vecinos, dejándole el cupo de la dirección a Chile. Sino jalona u ocupa un rol visible en esta formación federativa de naciones subcontinentales en etapa de gestación, Colombia será opacada por las fuerza progresistas de presidentes izquierdistas del área que dieron también vida a UNASUR, símil de la Unión Europea (UE).

La renuencia de Colombia, al principio, para impulsar el Consejo de Seguridad de UNASUR propuesto en Brasilia (un símil de la OTAN), dejó al descubierto los temores de Uribe Vélez como aliado de Bush, para no desagradar a quien en la práctica le imparte los lineamientos de política exterior esto lo aísla más de sus pares presidenciales que están hoy en la coyuntura política perfilando un macroproyecto económico visionario de unidad aduanera, comercial y monetaria a largo plazo, sin pedirle permiso a quien tiene el dominio hegemónico actual.

La simpatía o afinidad ideológica con las FARC, de tres Presidentes del área avinagraron las relaciones internacionales: Venezuela, Ecuador y Nicaragua. Y están maltrechas todavía. Colombia ha pretendido solidaridad plena de la OEA para combatir a las FARC, tachándolas de terroristas, pero la OEA no les ha dado ese calificativo oficialmente a través de una resolución. Esta actitud neutral se refleja en las posturas asumidas: no celebraron el ataque aéreo en zona de otro país, pero fueron ambivalentes en la advertencia, no hubo sanción. Ni tampoco avaló la extensión u homologación de la Resolución 1368 de la ONU que permitió los ataques a Afganistán. El quid del problema se explica en la geopolítica compleja de la región, traducida a las políticas públicas de los gobiernos de izquierda que comparten la misma área de influencia con un Gobierno cercano a la política republicana de Bush, con intereses contrapuestos hasta en la integración económica, pero se mantienen las aparentes relaciones o se tratan de reconstruir por los intereses comerciales existentes e interdependientes.


El triunfalismo del Gobierno después de la operación jaque conllevó en la práctica, a la propuesta de rendición de las FARC que, hizo el Gobierno invocando “el diálogo”, a través de un proceso masivo de desmovilización y reinserción similar al realizado con gran parte de los paramilitares; esta invocación se hizo, además, desconociendo la mediación internacional y la nacional, al suspender la autorización de los contactos que venían intentando Jean Pierre Gontard, Noel Sáez, Carlos Lozano y Álvaro Leyva. Y llamando el 12 de julio al diálogo directo como única vía para lograr acercamientos, prefijando condiciones para la desmovilización, sin mencionar las reformas estructurales al Estado colombiano, modelo expuesto por el arúspice y súcubo del Gobierno, José Obdulio Gaviria, un personaje de origen
oscuro, con un sesgo ideológico acomodaticio al ser un valido y beneficiario del poder presidencial.

(*) Politólogo egresado de la Universidad Javeriana. ALBERTO RAMOS