25 ene. 2010

“Honduras y la OEA”.


Por. Alberto Ramos G. (*)

Por la época, la coyuntura internacional y los reacomodos regionales en América latina, un país pequeño como Honduras, de menor extensión que muchos departamentos de Colombia, está viviendo una crisis política que paradójicamente constituye un reto para cuatro instituciones supragubernamenteles (la OEA, el ALBA, UNASUR y la ONU), y para el Presidente de la nación más poderosa del planeta tierra: Barack Obama. Si la OEA no logra la reinstalación de Zelaya en la Presidencia quedaría burlada su autoridad, y reaparecerían los golpes de Estado como técnica de arribo al poder; el ALBA pierde un país clave en Centroamérica de allí el apoyo de los presidentes que abanderan el Socialismo del Siglo XXI como proyecto político-económico, que hipotéticamente podrían reaccionar algunos de ellos con un ataque armado desde Nicaragua para hacer valer con un bloque internacional el Socialismo del Siglo XXI; para UNASUR se trata de la primera crisis seria donde debe asumir una postura de cara a las relaciones con Centroamérica que rechaza el golpe de Estado, hacia delante UNASUR puede ser el eje orientador de asuntos latinoamericanos ante las debilidades de la OEA, aunque Honduras no es país miembro, es un Estado de la región; y la ONU también tendrá que hacerse sentir en una etapa de multilateralismo, sancionando para reversar la ruptura constitucional; respecto al Presidente Obama, su postura de rechazo y su ponderación ha permitido que la OEA actué sin presiones de la Casa Blanca.

La agitación política y social en Honduras, se puede explicar como una crisis política producida por el enfrentamiento de la Derecha y los sectores progresistas de ese país. El depuesto Presidente Zelaya en un hombre adinerado, prácticamente abandono al parido Liberal, hizo un transmutación ideológica pasándose al socialismo, se convirtió, dentro del ejercicio del poder, en un defensor de los más débiles, de los sectores subalternos expoliados y olvidados durante muchos gobiernos hegemónicos de los partidos tradicionales hondureños. Las políticas públicas de Manuel Zelaya y sus programas gubernamentales, afectaron a la derecha, a los empresarios, a los estratos altos. En otras palabras, el presidente Zelaya se transformó ideológicamente, de un partido tradicional pasó a la izquierda, se inscribió en el ALBA y a la tendencia bolivariana nucleada por siete países y muy seguramente iría a fundar un partido nuevo.

Zelaya se alineó con el presidente Chávez, y su proyecto político- económico, se afilió a los países con la concepción integrista de Simón Bolívar, idea extrapolada al siglo XXI, integrarse económicamente para competir en medio de la globalización; el petróleo le llega de Venezuela a los Hondureños por un favor de Chávez, y varia ayudas de otro orden ha recibido con los intercambios, etc., esto incomodó a los que pretenden llegar al poder para las elecciones de noviembre y vieron taponado el inmediato ascenso al poder, por eso decidieron realizar el golpe de estado, un golpe atípico que han querido presentar como una sucesión institucional..

De otro lado Manuel Zelaya pensó hacerse reelegir, a la manera del neopopulismo latinoamericano estrenado en Venezuela, Ecuador y Bolivia, empezó con una consulta popular, que la denominó encuesta en las urnas (figura que no calza con la metodología de medición de intención de voto), pero lo derrocaron porque si ganaba reformando la constitución afectaría otros cuatro años los negocios y el patrimonio de la derecha empresarial Hondureña. La OEA actuó rápido por primera vez en la historia americana, expulso a Honduras de la organización, pero no ha logrado efectividad, lo que sigue es el aislamiento real de Honduras, el retiro de diplomáticos y el rompimiento de las relaciones comerciales, el bloqueo de la OEA para que se aparten del poder los golpistas; también podrían agotar la mediación diplomática ya que la OEA no lo hizo, al parecer el Presidente Oscar Arias de costa Rica se empleará a fondo como experto en solución de conflictos, por ejemplo , presentando la fórmula del regreso de Zelaya para que termine el período sin que pretenda promover la reforma de la reelección; o de regresar para someterse a los canales del derecho a la defensa y responder sobre los delitos y los infundíos que le están agregando, porque actos de corrupción no le han imputado; o regresar y tramitar inmediatamente el adelantamiento de las elecciones que están fijadas para el 29 de noviembre: o encontrar una fórmula intermedia de cogobierno sin dejar de funcional el control político.

La preocupación de todos ahora es la estabilidad política y económica, un editorial del Diario La Prensa de Tegucigalpa, expresaba: “El restablecimiento de la confianza en el país será un proceso largo, tanto cuanto sean el interés, la visión y la capacidad de las autoridades. Destruir lo hecho es cuestión de minutos, de horas o de días, pero recuperar lo perdido nos puede llevar años, sobre todo cuando al deterioro económico, político y social internos se suman condiciones adversas en el exterior. ¿Qué va a ocurrir en el sistema monetario si el área productiva resiente la inestabilidad política? ¿Cómo proporcionar empleo si a la recesión se suman la desconfianza y la inseguridad? ¿Cómo hacerle frente al enemigo externo que impulsa un bloqueo a nuestro país sin fortalecer el aparato productivo y disminuir el consumo ajustándolo a los recursos disponibles?

(*) Politólogo egresado de la Universidad javeriana.