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16 mar 2017

Neopopulismo en Europa

El populismo de extrema derecha que promovió el Brexit en el Reino Unido y los otros populismos de derecha de Europa al enfilar baterías de ataque contra la permanencia en la Unión Europea que los integra cada vez más con cargas impositivas y les resta autonomía, claramente dan a entender también que están contra la globalización (igual que Trump), porque consideran que sus mercados internos se han afectado por la apertura excesiva. Se tornan proteccionistas y fortalecedores de lo nacional. Están convencidos que el menoscabo de sus economías se debe a los compromisos internacionales, a las subvenciones y a la penetración excesiva de mercancías en el contexto de la globalización: esa es una expresión del nacionalismo. Los populistas de derecha atacan las migraciones excesivas, la tolerancia a los refugiados y tiene temor por los avances del terrorismo global.

Según el investigador Álvaro G. Zarzalejos, “Un abanico de causas algo más amplio es el que ofrece el Real Instituto Elcano, en un reciente informe titulado 'Causas del rechazo a la globalización: más allá de la desigualdad y la xenofobia', los autores coinciden en que, además del desencanto, otros catalizadores del populismo han sido el declive económico de las clases medias, la xenofobia, la revolución tecnológica y la crisis del Estado del bienestar”.

 Los países de Europa que están viendo florecer el neopopulismo de derecha son, Austria, Hungría, Polonia, Turquía; Holanda, Francia, el Reino Unido,  Alemania, Suecia, Bélgica, Italia, Hungría y Polonia, sus líderes son hostiles a la migración. Todo este florecimiento responde a la falta de acción y cumplimiento  de los partidos políticos convencionales o tradicionales con sus electores; a las crecientes masas que se sienten sin partido, al precariado expósito, a los nuevos problemas sin soluciones; a la complejidad del funcionamiento institucional, a lo enmarañado del edificio jurídico europeísta manejado desde Bruselas; a su funcionamiento que no entiende la gente del común y lo ven encriptado; a la corrupción si castigo ;al apoderamiento y monopolio del Estado por unas élites, etc. Entonces le creen al “salvador “que aparece y se proyecta como el mesías que sacará al  país de la confusión, luego se comprobará que algunos no saben del manejo estatal. Los tres rasgos comunes que alimentan sus discursos son: la xenofobia, la antiglobalización y el retiro de la Unión Europea.

La xenofobia es la negación de la diversidad humana, de la pluriculturalidad. Esta intolerancia no permite que un gobernante tenga equidad en sus actos. Se desprende que tampoco tolerará la reclamación de los derechos humanos de esas razas menospreciadas: afrodescendientes, asiáticos, latinos, musulmanes, etc.; tampoco las religiones a las que pertenecen, ni sus costumbres, ni vestuarios. La xenofobia llevada a esos extremos se inclina hacia la supremacía nacional y los actos de esos líderes, si llegan a gobernar, serán despóticos.

Con esa lógica xenófoba de los populistas nacionalistas que creen proteger a sus connacionales cerrando las fronteras, obstaculizando la entrada a los extranjeros no blancos que, ven además pobres, de raza inferior y ven amenazados sus mercados internos; con esa lógica la globalización debe ser cambiada por otra forma de interconexión entre países, y con esa visión el multilateralismo tampoco debería operar: es un criterio que llevaría al enclaustramiento de los Estados-Nación : una especie de exaltación a la “autarquía” y una consideración de los demás como bárbaros. Esto llevaría a pensar a otros sectores que preferible sería el maltusianismo, atacado en otras épocas porque buscaba disminuir las tasas de crecimiento. Los neoracistas promotores de muros ya no piensan cerrar ciudades como en la antigüedad, sino  cerrar países.

El neopopulismo nacionalista de los derechistas desconoce la universalidad ganada por los derechos humanos, declarados patrimonio de la humanidad y sostén principal de la arquitectura jurídica de la ONU, aplicando una lógica jurídica mundializada después de los momentos históricos más trágicos: la sumatoria de todas las guerras medievales, los conflictos del siglo XIX, y las dos guerras mundiales. La ONU debe resolverle las posiciones erradas a los xenófobos acerca del sistema vigente de protección a los refugiados, de cómo tratar el problema de las migraciones (generadas por el hambre, la pobreza y las exclusiones laborales), de la necesaria atención a los desplazados climáticos afectados por los desastres del calentamiento global, y el espantamiento de poblaciones creado por el terrorismo global. Las cuatro formas de movilización interestatal de personas, son asuntos diferentes.

El neopopulismo europeo alebrestado por el mal ejemplo de Donald Trump, busca despertar pasiones: religiosas, nacionalistas, de superioridad étnica, proteccionistas de mercados internos, etc., para mover las simpatías rápidas por el líder que atiza esas pasiones, sin que tampoco tenga las soluciones reales. Trump invocó en su posesión a Dios como guía y protector. Esto nos coloca en un punto de confrontación de monoteísmos y despierta más pasiones y emociones porque le da tintes teocráticos a lo que pueda decidir y se revive la aversión por los impíos. A dónde puede llegar el orden mundial que siempre ha anhelado la ONU con un presidente como Trump que no es estadista y altera las pocas cosas que funcionan creyendo que su visión es la acertada sin conocer el funcionamiento y los efectos de la geopolítica mundial.

A los miembros de la Unión Europea también les llegó la hora de redefinir las instituciones democráticas para que puedan satisfacer las necesidades de la gente y se expanda la justicia social. Si en cada Estado se incumple o no se proponen políticas públicas de bienestar extendido, sino se frenan los gastos suntuarios  y no controlan la corrupción absorbiendo ésta el presupuesto de la nación, y sin modernizar las instituciones, allí brotará alguna forma de populismo. Es la hora de parar el desmonte progresivo del estado del bienestar.

 La ONU y la Unión Europea deben acometer esta tarea de conjunto. Estos lineamientos es conveniente que salgan de los encuentros multilaterales y se impartan las instrucciones acompañados de la banca mundial. Así mismo de cómo cumplir con los propósitos de la ONU en cuanto a cooperación, desarrollo, incremento tecnológico y asistencia  a los países del sur del mapamundi. La ONU tiene que encontrar la forma adecuada para que al fin funcione el multilateralismo de que se jacta, promover rápido una reforma desde la Asamblea General, única manera de sofrenar el unilateralismo malsano. Y la Unión Europea, también. Solo esos dos entes transnacionales lograran frenar la vesania que se asoma de forma intimidante llevándonos a un desorden mundial mayor. 

El neopopulismo de derecha ataca la globalización, llaman al proteccionismo. Esto se explica así: el problema lo indican como extremo (la causa, exponen es la globalización), y la solución es protegerse como la crisálida (la oruga o gusano de la mariposa que se encapsula), que se encierra en sí misma para desarrollarse y protegerse de los depredadores y agentes externos. El llamado de los populistas de derecha al estilo Trump o Le Pen, es a proteger lo nacional, pero este es un enfoque simplista porque la mundialización  no es compatible con el aislamiento. Indudablemente la globalización económica necesita ser moderada.

La Democracia occidental necesita ser reorganizada en muchos de estos países. Es muy difícil homogeneizar todas las democracias de Europa y América, por no decir, imposible. Todas las piezas institucionales son disímiles y las reformas constitucionales son graduales, dependen de las necesidades reales y de  las fuerzas políticas representadas en los parlamentos; así que esto exigiría unos cambios procelosos y tormentosos. Pero si se puede ir avanzando en lo fundamental: Sacar a la Democracia de las garras del neoliberalismo, de la voracidad de los empresarios, de los poderes ocultos detrás de los mandatarios, de las castas económicas, para poder avanzar hacia el verdadero estado social de derecho.

Un caso contrario se da en España con el partido político PODEMOS de corte populista de izquierda, surgió en el año 2014, después del 15-M del 2011, en la plaza de la puerta del Sol con las largas acampadas. Su líder Pablo Iglesias acepta el marco teórico de Ernesto Laclau y reconoce que es un asunto de pasión por lo que se hace; reflexionando sobre el origen de PODEMOS, resaltó que se trató de entender lo mejor posible las expresiones de inconformidad por los malos manejos que se venían presentado de parte del Partido Popular y los desmanes contra  las instituciones democráticas. Se recogieran las expresiones de inconformidad y las quejas de los ciudadanos de a pie, se comprendió que reclamaban la normalidad y aplicación del derecho dentro de la Democracia porque la alteraron. Rompieron el equilibrio de poderes y los abusos contra las leyes cometidos por las mismas élites producen estas distorsiones y el malestar general. Han irrespetado la Constitución y allí hay un programa. Podemos lo está adelantando. Es decir el cambio se puede hacer cumpliendo el orden jurídico que, transgrede las élites.


Por: Alberto Ramos Garbiras | Abogado con especialización en Derecho Constitucional de  la Universidad Libre Seccional Cali; Magíster en Ciencia Política, Universidad Javeriana, PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de derecho internacional en la Universidad Libre y derecho constitucional en la Universidad Santiago de Cali (USC) .