20 mar. 2017

Apostillas

Por: Alberto Ramos Garbiras (*)
 Y Alejandro López Lasso (**).

Mario Vargas Llosa, novelista y analista político que, incursionó en la actividad electoral en 1990 y fue vencido por Fujimori, un populista desbordado de carácter bonapartista, publicó hace poco una columna titulada “El nuevo enemigo”, en El País de Madrid (1). Vargas Llosa, posteriormente analizó la conducta de ese personaje en el libro “ El pez en el agua”, y Alan García en su obra “El Maquiavelo de los Andes”.  Vamos a realizar unas apostillas sobre esa columna porque creemos que el premio nobel  excedió su “pluma” digital en algunas apreciaciones y en otras tiene razón.

Vargas Llosa afirma, “A diferencia de lo que muchos creíamos, que la desaparición del comunismo reforzaría la democracia liberal y la extendería por el mundo, ha surgido la amenaza populista. No se trata de una ideología sino de una epidemia viral —en el sentido más tóxico de la palabra— que ataca por igual a países desarrollados y atrasados, adoptando para cada caso máscaras diversas, de izquierdismo en el Tercer Mundo y de derechismo en el primero. Ni siquiera los países de más arraigadas tradiciones democráticas, como Reino Unido, Francia, Holanda y Estados Unidos están vacunados contra esta enfermedad: lo prueban el triunfo del Brexit, la presidencia de Donald Trump, que el partido del Geert Wilders (el PVV o Partido por la Libertad) encabece todas las encuestas para las próximas elecciones holandesas y el Front National de Marine Le Pen las francesas”.

Primero que todo la Democracia liberal tampoco es perfecta, ni ha brindado todas las garantías, ni ha logrado un punto de satisfacción para el ejercicio de los derechos humanos, los derechos sociales, culturales y económicos; ni los colectivos y del medio ambiente. Precisamente la Democracia liberal con todas sus taras e imperfecciones ha sido en gran parte la razón del rebrote de los populismos de varias caras. Por las insatisfacciones de la población y el desencanto con dirigentes tradicionales. La mayoría de los países europeos y americanos están en mora de hacer cada uno la reingeniería a las democracias ancladas en lo representativo y participativo que funcionan en lo apariencial, pero no en lo real, buscar que el interés general y el bienestar de la población, se vuelva a disfrutar.

Además, el populismo si bien es cierto no conforma un sistema ni una teoría científica, para la ciencia política, si es una ideología y no una epidemia viral. En la acepción marxista, ideología es todo aquello que se construye con nociones, ideas y argumentaciones para lograr sostener algo, como la religión o el derecho, a fin de apuntalar a una clase o a una casta en el poder. Y el populismo del siglo XX lo logró. Ahora este neopopulismo de variadas formas también se  impulsa y construye con discursos de quienes pretenden relevar a los partidos en obsolecencia o a clases dirigentes anquilosadas y embelesadas con el poder sin lograr el  bienestar de excluidos, precarios, destechados, y arrancados de la tierra, entre otros.

En el caso del referéndum para buscar el  Brexit del Reino Unido  respecto a la Unión europea, el electorado joven, los estudiantes y profesionales votaron por la permanencia (remain); el electorado de mayor edad, los sectores golpeados por su posición económica y trabajadores afectados por la inmigración, votaron por la salida. El líder de la derecha, el señor Farage manifestó que, “ quiere usar la plataforma y el modelo de campaña hecho para ir más allá del Ukip y crear una nueva fuerza política que capte por igual a los desencantados del Partido Laborista y del Partido Conservador". Cuando se refiere a desencantados trata de abarcar a los excluidos y golpeados salarialmente, es decir al precariado.

Se registró en el Reino Unido una fractura de las élites respecto a la opinión pública, al electorado de base y ante los ciudadanos no militantes. Lo mismo ocurrió en EEUU, tanto demócratas como republicanos descuidaron a inmensos sectores del electorado y el populismo de Trump captó a los desencantados, a los obreros, a la clase media que ha perdido capacidad de compra, a los nacionalistas, a los xenófobos, etc.

Tiene razón Vargas Llosa cuando expone que los dirigentes del Brexit, “ganaron el referéndum proclamando que, saliendo de la Unión Europea, Reino Unido recuperaría su soberanía y su libertad, ahora sometidas a los burócratas de Bruselas”. Uno de los factores  que han pervertido y degenerado la política es la mentira. El engaño, el ardid con el uso del lenguaje siempre se ha utilizado para inducir al otro en el error haciéndolo equivocar o quitándolo del lugar, el espacio de poder, disminuyéndolo en la competencia. La mentira como táctica para ganarle al otro o quitarle lo que tiene.

Algunos cínicamente han dicho que la política es el arte de mentir. Con ello desconocen la ciencia política. Como la desconocen los charlatanes y repentistas que se lanzan a los cargos públicos de elección popular sin saber nada. Y otros han afirmado que la política es el teatro para el despliegue de la mentira. Otros actúan con mentiras o ardides para alcanzar lo que desean y después incumplen los pactos. Usualmente la mentira se había utilizado dentro de la política para inducir al otro, al competidor, engañarlo o para prometer algo posible de realizar, y luego no cumplir por razones ideológicas, compromisos con otros partidos o por intereses económicos.

Todas estas razones han facilitado que  la derecha política prenda un discurso populista contra los refugiados so pretexto de proteger lo nacional, y argumentar la necesidad del proteccionismo del mercado, los productos y las fronteras. Y han puesto a los dirigentes de los partidos formales a enfrentarse a unos nuevos dirigentes políticos de derecha populista que levantan los ánimos en una amplia población contra la dirigencia tradicional, de esta forma los señores Boris Johnson y Farage en el Reino Unido, avanzaron montados sobre el Brexit.

La ONU no ha logrado encausar el orden mundial. Hoy, las guerras inmanejadas, las oleadas de migrantes y refugiados, el terrorismo global, y el populismo manipulado por impostores, alteran las instituciones democráticas no modernizadas, resultan impulsando el desorden mundial por el arribo de una clase dirigente intonsa, e incapaz de resolver lo que no resolvieron tampoco, los estadistas de la postguerra fría (en los años posteriores a la caída del muro de Berlín); estos estadistas de la Unión europea y su aliado atlantista, EEUU, no lograron establecer una justicia penal internacional efectiva que castigara a los transgresores de los derechos humanos.

Expone Vargas Llosa que “El populismo frenético de Trump la ha convencido de que es posible detener el tiempo, retroceder a ese mundo supuestamente feliz y previsible, sin riesgos para los blancos y cristianos, que fue el Estados Unidos de los años cincuenta y sesenta. El despertar de esa ilusión será traumático y, por desgracia, no sólo para el país de Washington y Lincoln, sino también para el resto del mundo”. Aquí también acierta el escritor peruano porque  en su discurso de posesión Trump llamó a confrontar y desaparecer al estado islámico (ISIS), para borrarlo de la faz de la tierra, ni siquiera tuvo la diplomacia de abrir un resquicio para la búsqueda de una solución con buenos componedores: su afirmación está en la línea del exterminio y del choque de civilizaciones guiado por Dios. Cuando se sabe que ése grupo radical islámico reclama un territorio cercenado  desde el final de la primera guerra mundial. Y exhiben un fanatismo extremo guiados por otro Dios. O sea quedó servido el choque de monoteísmos.

Generalmente cuando se habla de populismo se relaciona inmediatamente con demagogia, mentiras, autoritarismo, caracterizado además por apelar al sentir nacional y un enfoque discursivo dirigido a problemas fundamentales y señalando a los que produjeron los mismos, sus propuestas se alejan de la realidad, los populismos de la extrema derecha que emergen en Europa y de Donald Trump, que creía que sus desbordadas propuestas no tenían límites, sin embargo hay otro tipo de populismo.

 Es la propuesta de Ernesto Laclau que expresa en su libro "La razón populista”, afirma que el populismo para ser razonable y saludable para la democracia tiene 3 características fundamentales:

1. Pensar identidades sociales: significa que se debe reflexionar qué valores representa, y que sectores y expresiones sociales pueden encontrarse en el lenguaje común. 2. Articular demandas dispersas: Unir las diferentes demandas y necesidades sociales de los sectores marginados de la participación política y forjar la construcción colectiva de esos sectores.3. La construcción de lo político:Ese encuentro conjunto entre los sectores que se reconocen democráticamente en un lenguaje común del líder popular tejen lo colectivo, construyendo lo político.

Todo un nuevo paradigma, que responde muy bien a la mirada reducida de Vargas Llosa, que lo define como una epidemia viral que amenaza la democracia liberal, como si esa misma tecnocracia ganadora en la democracia liberal no tuviera cansados a los ciudadanos.

Pero no acierta Vargas Llosa, cuando homologa o asemeja a todos los populismos de izquierda sin matizar entre ellos, ni reconoce que el asunto central estriba en el acoso que hacen a los votantes del pueblo quienes desesperados por ascender al poder los insuflan con discursos esperanzadores para atraerlos durante las campañas electorales. Los gobiernos de Chávez, Correa, Evo Morales, Lulla Da Silva, Maduro, u otros; unos con el socialismo real y otros con el socialismo del siglo XXI, tienen diferencias en lo administrativo aunque estuvieron impregnados por el populismo.  En España, el populismo izquierdista de PODEMOS que pudo llegar al poder en coalición con la izquierda Unida (IU) y los socialistas liderados por Pedro Sánchez que, por equivocarse no alcanzó  la presidencia del Gobierno y habrían podido vencer a la clase política corrupta. PODEMOS ha demostrado hasta ahora que ese estilo populista sirve para controlar a los partidos tradicionales, al menos para aconductarlos, no dejarlos desbordar, para desenmascararlos y hacerlos corregir políticas erradas.

(*) Magíster en Ciencia Política, Universidad Javeriana; PhD, Doctorado en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España).

Y Alejandro López Lasso (**). Abogado de la Universidad Libre, miembro del grupo de investigación REPUBLICA en temas de derecho administrativo, constitucional e internacional.


(1) . Vargas Llosa Mario. “El nuevo Enemigo”.  Columna Piedra de Toque publicada en la página editorial del diario El País de Madrid , www.elpais.es , marzo 5 del año 2017.