25 ene. 2017

Trump y el populismo

Los populistas de derecha se han beneficiado de los avances digitales para difundir mentiras, calumnias, distorsiones y bulos contra políticas públicas que tienen inconvenientes de consolidación en un país. Atacan a los gobernantes por las redes sociales, difunden generalidades sin soporte científico ni teórico y crecen el malestar: así sucedió con el Brexit en el Reino Unido para lograr el retiro de la Unión Europea y así sucedió con el triunfo de Trump en los EEUU. Surgiendo de esta manera una nueva clase dirigente impreparada para el manejo del Estado.

Boris Johnson, uno de los líderes del Brexit, hoy Ministro de Relaciones Exteriores, confunde a Turquía con Egipto. Donald Trump no distingue entre ser musulmán y ser islamista. No sabe de política internacional ni de la administración pública. De sus frases se desprende que es un zafio, inculto en la mayoría de los temas, un derechista que puede aumentar el desorden mundial.

Lo del Brexit, Trump y el plebiscito en Colombia, son una muestra fáctica de cómo la Democracia es afectada por las mentiras, la manipulación, generando confusión y desviando la conducción del poder. Así el poder cambia, lo cual podría ser saludable para el arribo de otros dirigentes o la formación de una nueva clase política; haciendo el relevo; pero si los que ganan son populistas irresponsables o derechistas radicales, el pueblo va a perder más.

 Los partidos políticos con las expectativas del pueblo que los apoya también son responsables del surgimiento  de nuevas formas de populismo. En el caso de Donald Trump, un tránsfuga y saltarín del bipartidismo norteamericano, prácticamente se deslizó hacia el partido republicano sin ser ya un miembro activo y logró la nominación presidencial en las primarias, contra más de 10 aspirantes y contra la voluntad de prestantes republicanos reconocidos y saliéndose de los esquemas programáticos de ése partido. El discurso populista de derecha atrajo a los desencantados de los dos partidos tradicionales de EEUU y a los arruinados económicamente.

El partido derechista Ukip liderado por Nigel Farage y el señor Paul Nuttall se “creció” por el triunfo del referéndum sobre el Brexit, en la práctica fue un plebiscito; y  en efecto  los dos partidos fuertes (Laborista y el Conservador) se debilitaron. Los dirigentes del Ukip utilizaron la difusión de consignas a través de las redes sociales animando por la salida  (leave) de la Unión Europea (UE), con exageraciones, distorsiones y mentiras; el enfoque dado fue el de una independencia y liberación de las cargas que implica la pertenencia y una exageración de los males por la permanencia. Ese es el estilo del neopopulismo nacionalista. La Democracia se debilita pero también se debe a un adormilamiento de los dos partidos fuertes y a la falta de nuevos programas de incorporación a los golpeados por la crisis.

El electorado joven, los estudiantes y profesionales votaron por la permanencia (remain); el electorado de mayor edad, los sectores golpeados por su posición económica y trabajadores afectados por la inmigración, votaron por la salida. El líder de la derecha, el señor Farage manifestó que, “ quiere usar la plataforma y el modelo de campaña hecho para ir más allá del Ukip y crear una nueva fuerza política que capte por igual a los desencantados del Partido Laborista y del Partido Conservador". Cuando se refiere a desencantados trata de abarcar a los excluidos y golpeados salarialmente, es decir al precariado.

Se registró en el Reino Unido una fractura de las élites respecto a la opinión pública, al electorado de base y ante los ciudadanos no militantes. Lo mismo ocurrió en EEUU, tanto demócratas como republicanos descuidaron a inmensos sectores del electorado y el populismo de Trump captó a los desencantados, a los obreros, a la clase media que ha perdido capacidad de compra, a los nacionalistas, a los xenófobos, etc,

Uno de los factores  que han pervertido y degenerado la política es la mentira. El engaño, el ardid con el uso del lenguaje siempre se ha utilizado para inducir al otro en el error haciéndolo equivocar o quitándolo del lugar, el espacio de poder, disminuyéndolo en la competencia. La mentira como táctica para ganarle al otro o quitarle lo que tiene. Lo mismo sucede dentro de la guerra: se difunden mentiras para hacer equivocar al contrincante. Recordemos que la guerra también es una vía para hacer política.

Algunos cínicamente han dicho que la política es el arte de mentir. Con ello desconocen la ciencia política. Como la desconocen los charlatanes y repentistas que se lanzan a los cargos públicos de elección popular sin saber nada. Y otros han afirmado que la política es el teatro para el despliegue de la mentira. Otros actúan con mentiras o ardides para alcanzar lo que desean y después incumplen los pactos. Usualmente la mentira se había utilizado dentro de la política para inducir al otro, al competidor, engañarlo o para prometer algo posible de realizar, y luego no cumplir por razones ideológicas, compromisos con otros partidos o por intereses económicos.


Por: Alberto Ramos Garbiras. Politólogo de la Universidad Javeriana, profesor de derecho en la Universidad Libre