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19 oct 2021

Desajustes entre la Constitución de Cúcuta y la Constitución de Angostura

Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

 Ante la fatal experiencia federalista con los gobiernos de las provincias en el periodo posterior al grito de independencia (1810-1815), sus juntas tripartitas, sus luchas armadas intestinas y sus constituciones pre/republicanas, habiéndose perdido un tiempo vital para lograr la independencia real aprovechando que el Rey Fernando VII estaba preso por Napoleón y los españoles ocupados enfrentando a los soldados franceses, la etapa conocida como patria boba; se expusieron, se debilitaron y sobrevino la reconquista y el exterminio; se dividieron entre republicanos y monarquistas, entre federalistas y centralistas, marcados unos como autonomistas y otros como independentistas, se enfrascaron en discusiones bizantinas y perdieron el tiempo.

     Ante esa experiencia negativa Simón Bolívar, Antonio Nariño y otros propugnaron teóricamente por el orden territorial centralista. Dentro de los debates en el Congreso de Cúcuta surgió una corriente federalista que fue derrotada como se observa en las actas publicadas por la Academia Nacional de Historia, en 1923. Entre los centralistas se destacaron los congresistas José Manuel Restrepo, Pedro Gual, Fernando de Peñalver, Vicente Azuero, Francisco Soto, para logar la República unitaria, a fin de superar “el localismo regional, el caciquismo y la imitación de modelos externos”, de otro lado, los federalistas, siendo el más visible, José Ignacio de Márquez, quien se convertirá en Presidente con las elecciones de 1836 venciendo a José María Obando.

  Bolívar le había solicitado a Antonio Nariño que organizara el Congreso de Cúcuta, designándolo como Vicepresidente transitorio;  Nariño liberado de Cádiz el año anterior en medio de la rebelión de Riego, llegó oportunamente a Cúcuta después de una tortuosa travesía, redactó un proyecto de Constitución que no fue debatido debidamente por los recelos que despertaba y porque su figura de Precursor opacaba de entrada a los advenedizos y trepadores del momento; Bolívar había  encargado antes al señor Roscio que lo había designado vicepresidente, pero falleció víctima de la fiebre amarilla y luego Anzuola, quien murió por la misma infección. Encargados de tareas básicas, de manera adversa para muchos,  murieron antes de empezar las sesiones. Lamentable que los Congresistas no hubiesen estudiado el proyecto de Nariño, so pretexto que no tenía el formato y la estructura de una Constitución, pero contenía una interesante propuesta de instituciones. No respetaron la jerarquía de Antonio Nariño, en calidad de vicepresidente, ni respetaron su prestigio, conocimientos y experiencia. Como no respetaron cabalmente el texto de la Constitución de Angostura redactado por el Libertador, que si tenía estructura y formato de Constitución. Otros dos proyectos de constitución fueron presentados por los congresistas Fernando de Peñalver y Vicente Azuero.

     Viendo la redacción de las actas , las deliberaciones y retruécanos alrededor de temas intrascendentes uno puede llegar a la conclusión que fue un error la dualidad de ese Congreso al comportarse como Constituyente y cuerpo legislativo a la vez, perdieron tiempo debatiendo Ley de honores, pensiones, convertir conventos en escuelas, casas de educación en las provincias, atención a las viudas, fijación de ciudades capitales, derechos de exportación, libertad de tributos a los indígenas, y otros temas, interesantes sí, pero inoportunos porque se cruzaban con las discusiones sobre el articulado que fundaba y creaba el Estado, las única discusión urgente era la manumisión de los esclavos , que fue obstaculizada y convertida solo en Ley de Partos, un remedo de liberación porque los recién nacidos no podían gozar la libertad personal. Los congresistas/constituyentes debieron aplicarse solo a la formación de la estructura institucional del Estado, y haber aplazado las sesiones del primer Congreso legislativo para el año 1822. Las debilidades y defectos de esa Constitución están a la vista, Bolívar redactó otra para Bolivia y la aplicó en el Perú y quiso trasplantarla en la Gran Colombia, en Ocaña se reunió un Congreso constituyente y allí brotaron todas las disensiones, las conspiraciones, y hasta se urdió el crimen septembrino: la decisión de congelar la Constitución de Cúcuta está en el Decreto Orgánico de la Dictadura con carácter constitucional de 1828 y en ella llama a elaborar otra en 1830.

      El Poder Moral era una propuesta de Bolívar que consistía en crear una especie de cuarta rama del poder público, tomó la idea de Grecia con leyes que permitían hacer prevalecer la virtud de los gobernantes, hubiera sido una rama  desde donde se hubiese controlado la conducta de los gobernantes bajo los parámetros de la educación, la justicia social, la ética y la moral, una entidad que velará por la conducta sana para no caer en la corrupción, para que desde el gobierno se imprimiera el buen ejemplo; “…tomaba Bolívar su modelo del Areópago griego, el cual no constituía en realidad, un Poder Moral, sino un Tribunal Supremo, pero cuya competencia abarcaba tanto el cumplimiento de las leyes como de las costumbres. Allí reside la función del Poder Moral, como es la de ejercer esa tarea educativa, esclarecedora, concientizadora, la cual irradia en torno de un concepto central como lo es el de Justicia Social. En efecto, sólo mediante la satisfacción y realización plena de ese valor político por excelencia, que atañe a las mayorías, es decir al pueblo entendido como colectivo, puede un sistema de gobierno legitimarse en su derecho a ejercer la dirección de la sociedad. Esa legitimidad se deriva precisamente de la dimensión ética de la soberanía ejercida por los gobernantes, es decir, de la coincidencia de intereses existente entre quien invoca el mando y quien lo recibe”. (Bernard, 2008)

    El Senado hereditario, la idea que parecía más descabellada, no la sopesaron ni debatieron en la dimensión pensada por Bolívar, quien no pretendía crear una especie de grupo revestido de beneficios para quedar como una casta encumbrada o una institución semejante a la Nobleza medieval. No, tratando de interpretar esta propuesta, hay que mirar que el Libertador admiraba las instituciones de Inglaterra pero sin Rey y sin sistema parlamentario, entonces el símil de adecuación era tener, una República con un ejecutivo fuerte para que no se disolviera el Estado, para no  perder lo logrado con la guerra de independencia; un congreso bicameral como en los EEUU, pero con una Cámara Baja al estilo de la cámara de los comunes donde accedieran todos los representantes del pueblo elegidos popularmente; y un una Cámara Alta, el senado de manera hereditaria que estaría compuesto por los Libertadores, los patriotas que expusieron su vida y aportaron sus ideas, sus esfuerzos, los más preparados intelectualmente para orientar la República, confeccionar sus leyes en consonancia y debates con la Cámara Baja, y evitar las elecciones de esa cámara alta para evitar la politiquería, la llegada de advenedizos, de oportunistas electoreros, la filtración de quienes no participaron en la construcción de la República. Pero no expuso el periodo constitucional de ese tipo de senado que seguramente era de transición para logar la estabilización y el asentamiento de las instituciones que aparecían en una clase de Estado desconocido en Latinoamérica que, durante 310 años estuvo sometida a los vejámenes de la Conquista y la Colonia española.

      Sobre el Senado hereditario, Bolívar expuso en el discurso de Angostura: “De ningún modo sería una violación de la igualdad política la creación de un Senado hereditario; no es una nobleza lo que pretendo establecer porque como ha dicho un célebre Republicano, sería destruir a la vez la Igualdad y la Libertad. Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber, y los medios proporcionados para adquirir su instrucción .Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura en las elecciones: el Pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte, los Libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia. Creo que la posteridad vería con sentimiento, anonadados los nombres ilustres de sus primeros bienhechores: digo más, es del interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor Nacional, conservar con gloria, hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos, prudentes y esforzados que, superando todos los obstáculos, han fundado la República a costa de los más heroicos sacrificios. Y si el Pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre, y no lo será jamás”. Ramiro de La Espriella, sobre esta propuesta anotó, la concepción era en el fondo buena, las posibilidades de su realización práctica dudosa. Pero la intención inmediata puesta en punto de razón, y acaso apta de ser prolongada si los beneficiarios de su concepción la entendían con honradez y buen juicio. La exaltación de los héroes de la independencia no era, en verdad, un honor desproporcionado a quienes labraron con sus manos la República. (De la Espriella). La concepción y el convencimiento que Bolívar tenía en ese momento era que sin ese ejército guerrillero/patriota no se habría logrado vencer a los invasores españoles, por lo tanto, no se habría podido tener independencia ni Estado, ese ejército rebelde pasó a ser ejército institucional y sus líderes más capaces deberían estar en otra institución aportando para la marcha del nuevo Estado.

      Una tarea y responsabilidad inmensa era la del Congreso de Cúcuta porque todo estaba desde la óptica jurídica pendiente por hacerse: edificar el Estado liberado desde la horma constitucional, definir las instituciones, imprimir el sistema político a la República en formación, incluir los derechos humanos, consagrar la hacienda pública con las rentas propias, etc., pero sobre todo marcar la ruptura colonial y encauzar el orden jurídico. Se eligieron varios delegados como congresistas sin la experiencia suficiente para esta tarea constitucional, y prematuramente se inició una puja entre venezolanos y colombianos, y se empezaron a asomar las facciones políticas como se desprende de la actitud acre contra Antonio Nariño y de su versión dadas en la publicación titulada “Los toros de Fucha”.

      Tener un territorio independiente con una nación a la expectativa, exige conductores capacitados en los asuntos gubernamentales y nadie tenía esa experiencia, por obvias razones, los españoles traían a sus propios funcionarios y no daban participación a los mestizos; y la otra, los criollos que tenían algún acceso lo hacían en posiciones marginales, pero dentro de otro modelo de administración, el colonial. Entonces los capacitados eran los egresados de las universidades escolásticas coloniales-medioevales de Bogotá y Popayán, y los más formados se habían ido, o los habían desterrado, o fusilado. Para solo mirar un caso, Antonio Nariño venía de estar preso en Cádiz. 5 Diputados por cada una de las 19 provincias libres, así decía el decreto de convocatoria a elecciones desde enero de 1820, resultaron elegidos hasta miembros del clero, terratenientes y abogados jóvenes sin experiencia, con las dos terceras partes de los asistentes se hacía el quórum, así fue el comienzo con 57 de ellos.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); ha sido profesor de la cátedra: derecho internacional, en la Universidad Libre; y en   la Universidad Santiago de Cali (USC),  profesor de derecho ambiental. También, profesor de la cátedra: derechos humanos.

 Bibliografía.

Bernard Brigitte. Interpretación Trimilenaria del Poder Moral en Bolívar. Instituto de Filosofía del Derecho, José Manuel Delgado Ocand, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela. http://www.vescielo.org. Abril del año 2008.

De La Espriella Ramiro. “Las ideas políticas del Libertador”. Libro publicado por la editorial Grijalbo Ltda., preparación de Multiletras Editores, Bogotá, 1999.

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2 oct 2021

La Constitución de Cúcuta 1821

 Consolidación del Estado y primeras deformaciones.

Texto de  Alberto Ramos Garbiras (*)

La primer Constitución autónoma que tuvo Colombia como territorio liberado y compuesto de 4 países (vistos desde hoy: Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), fue la Constitución de Cúcuta; ya el territorio estaba liberado en gran parte por las batallas de Boyacá (agosto 1819) y paralelamente la de Carabobo (junio de 1821), este año 2021 se conmemoran los 200 años de su expedición. Estuvo precedida esta Constitución del Congreso de Angostura donde se expidió la Ley fundamental que le dio vida a esta unión territorial, antes Virreinato dependiente de España. Dentro del discurso de Angostura, Bolívar, trazó las líneas que deberían seguirse para la redacción de la Constitución, la primera: se necesitaba un Estado Centralizado para evitar las desarticulaciones del federalismo y las debilidades ante el enemigo externo. Faltaba liberar a Ecuador y al Perú para evitar la reconquista, para no repetir lo que hizo Pablo Morillo con 12.000 hombres cuando liberaron al Rey mofletudo. Se obstinó en este propósito, para evitar que los españoles retomaran el poder si regresaban desde esos dos territorios. Los congresistas ratificaron su elección como presidente y pidió permiso para continuar la guerra hacia el sur, encargando a Francisco de Paula Santander, del mando ejecutivo.

Ricardo Sánchez Ángel, en un reciente artículo sobre la continuidad y la ruptura, nos dice que, “El Congreso de Angostura, en el artículo octavo de la Ley Fundamental, dispuso que se reuniera en la Villa del Rosario de Cúcuta el Congreso General de Colombia, convocado por el presidente de la República, que era Simón Bolívar… Así las cosas, la fuente (de la reunión de 1821), está en la decisión de 1819, en que el Congreso mandató la nueva reunión y la decisión de los gobernantes, con el enorme prestigio y poder del presidente-libertador. Era la voluntad de la continuidad constitucional. Lo que había sido aprobado en Angostura de reunir en una sola república las provincias de Venezuela y de la Nueva Granada va a ser ratificado en la Villa, con las advertencias imperativas sobre la gravedad que significaría mantenerse separadas en vez de aprovechar todas las ventajas comparativas de la unidad”. (Sánchez, 2021)

Bolívar vivió un año muy agitado en 1821, pensando que Guayaquil se podía perder como puerto vital, que Ecuador estaba en los límites del nuevo Estado, pero había que liberarlo; estaba además preparando la batalla desarrollada luego en Carabobo que, permitió el triunfo sobre el ejército español, y redondeaba la victoria de Boyacá. El libertador había concebido desde Angostura que era necesaria una asamblea Constituyente para formalizar la consolidación jurídica del nuevo Estado. Había permanecido en Bogotá para preparan la Asamblea Constituyente e instalarla, todo cambió porque la decisión de Urdaneta y los líderes en Maracaibo, en enero 28, al independizarse como localidad, ello rompía el armisticio de Santa Ana que llevaba 5 meses de firmado, en el fondo era una tregua para darse tiempo, reabastecerse y planear la logística destinada a liberar Venezuela, mientras tanto había buscado diplomáticamente que reconocieran la independencia lograda con el éxito de Boyacá, que Morillo cambiara de actitud, y también el mismo Rey Fernando VII. Gerhard Masur, expresó, “Esperaba convertir el armisticio en paz, y designó delegados para continuar las negociaciones en Madrid”. Si, era una estrategia, pero “la calma aparente” estaba funcionando; Bolívar sabía que ellos también estaban agotados, que la rebelión de Riego y Quiroga(al inicio de 1820), para que volviera a funcionar la Constitución de Cádiz imponía un freno al envío de tropas desde España, las circunstancias le eran favorables momentáneamente; pero el levantamiento armado de Maracaibo había alertado a los españoles y acelerado el enfrentamiento, nuevamente.

Su tiempo y urgencias se concentraron en la inminente contienda. No pudo asistir a los debates de la Villa del Rosario de Cúcuta y defender la clase de Estado imaginado, su sueño de construir en el marco Constitucional lo que anunció en el proyecto de Angostura, y es sus documentos más elaborados como la Carta de Jamaica, le tocó por el fragor de la guerra desatender los debates, pero las directrices estaban dadas, dejó encargado a los señores Roscio y luego Anzuola, lamentablemente fallecieron en el primer tramo de las sesiones. Para la batalla de Carabobo integró a 6.500 combatientes, entre ellos 350 ingleses; atacó acompañado de los lanceros de Páez, el batallón de Apure, el batallón Cazadores y el batallón Tiradores: la táctica inicial se hizo atacando por dos flancos, los españoles esperaban un encuentro frontal, Bolívar les cambio la clase de combate, el ejército Patriota los hizo retirar y se logró la victoria con mil bajas del ejército invasor. Luego hizo aplacar los focos de resistencia del ejército Realista en Coro, Maracaibo, Cumaná, Puerto Cabello y Santa Marta.

Los constituyentes se reunieron desde mayo 6 de 1821 y la batalla de Carabobo se realizó el 24 de junio, Bolívar no pudo estar en la instalación ni en los debates que se dieron, cuando volvió a enterarse de la temática y de todo lo que habían cambiado respecto a las bases constitucionales que él dejó en la reunión de Angostura 1819; leyendo las ACTAS publicadas por Restrepo Piedrahita, uno se percata de los cambios. Afortunadamente se mantuvo la propuesta de estructura centralista del Estado contra la presión de federalistas integrantes del Congreso. No le otorgaron la libertad a los esclavos que el anunció en la Carta de Jamaica(1815), que había prometido al presidente Alexander Petion(1816) al recibir la inmensa ayuda para regresar a enfrentar al demoledor Morillo, que también había anunciado en el discurso de Angostura (1819), solo  aprobaron la libertad de vientres; tampoco, “sus ideas constitucionales sobre el poder moral, el senado hereditario, no convencieron, Bolívar lo vio como una reforma elitista impuesta por unos pocos a la mayoría que, no se había consultado debidamente, y que dejaba sin resolver cuestiones relativas a la identidad nacional “.(Lynch, 2008). Otra biógrafa, Gilette Saurat, escribió que los congresistas, sordos a las advertencias de Bolívar, inspirados por una ideología mal asimilada, sin querer darse cuenta de las diferencias existentes entre su propio pasado colonial y el de los Estados Unidos se limitaron a una imitación servil de lo que el Libertador en Angostura había llamado el Código de Washington.

 Esto se explica porque la mayoría de los congresistas eran criollos, se colaron o lograron representación los nuevos terratenientes que entrabaron las reformas apropiadas para edificar un Estado pluriétnico a fin de reconocer a los sectores sociales que combatieron y venían del sojuzgamiento colonial. Bolívar en una de esas cartas dirigida a Santander los llamó señorones que no conocen más allá de Bogotá; legisladores más ignorantes que malos; eruditos que podrán ser expulsados de la República como Platón arrojó a los poetas; y resaltó las diatribas con esta frase: “Ni Usted ni yo veremos cuando seamos viejos, la sincera armonía que debe existir en la gran familia de un Estado”.

A Simón Bolívar no le gustaron muchas cosas que hicieron algunos de los 57 delegatarios de 19 provincias libres, así lo deja entrever en la correspondencia que sostuvo con el General Santander, documentos que se pueden consultar en el epistolario. De otro lado,  Indalecio Lévano, cita dos de esos párrafos en su biografía sobre Simón Bolívar. Y John Lynch, expone claramente ese malestar por la forma dada a los colegios electorales. El sufragio estaba restringido a los varones que supieran leer y escribir y que contaran con bienes raíces.

 Gerhard Masur, investigador alemán explica la inconformidad así: En general la rama legislativa era omnipotente, según la Constitución de Cúcuta, en tanto que el poder ejecutivo tenía pocas facultades efectivas. Se otorgaban al presidente poderes extraordinarios solo en caso de guerra o de rebelión interna. En una frase del discurso de Bolívar, pronunciado al aceptar en Cúcuta el 6 de octubre la Presidencia de la Gran Colombia, deja entrever su molestia y lanza la invectiva contra los malformadores del proyecto constitucional redactado para el Congreso de Angostura, les dijo: “Marcharé a las extremidades de Colombia a romper las cadenas de los hijos del Ecuador, a convidarlos con Colombia, después de hacerlos libres(…)Esta espada no puede servir de nada el día de paz, y este debe ser el último de mi poder, porque así lo he jurado para mí, porque lo he prometido a Colombia, y porque no puede haber República donde el pueblo no está seguro del ejercicio de sus propias facultades”.

Un análisis detallado de las facultades entregadas a la rama legislativa podría darnos la luz para ver una especie de golpe de estado disfrazado con facultades excesivas al congreso sobre el Presidente, ya no de control político sino de codirección del Estado, a la manera de un híbrido o injerto del sistema parlamentario. Todos sabían que el proseguiría combatiendo a los españoles, pero  el artículo 117 le “ata las manos” para la campaña del Sur al exigir que para dirigir las fuerzas de tierra y mar, necesita el previo acuerdo y consentimiento del Congreso; otra muestra de este amarre es el artículo 121, se estipuló previo acuerdo y consentimiento del Senado para nombrar toda especie de ministros y agentes diplomáticos y los oficiales militares desde coronel hacia arriba. “Solo seis años permanece vigente la Constitución, porque en 1827 las dos cámaras reunidas en Congreso deciden su reforma y la convocatoria de la Convención de Ocaña. De allí en adelante el enfrentamiento de los grupos políticos conduce, en primer lugar, al fracaso de la Convención de Ocaña, y, luego a la disolución de la Gran Colombia, los decretos orgánicos de la Dictadura y la abolición definitiva de su vigencia”. (De la Espriella, 1999).                                                                          

Venía de triunfar en Venezuela donde los caudillos regionales presionaban por obtener cargos regionales y acceso a la propiedad de las tierras recuperadas, en las memorias de O-Leary se percibe este ambiente que creció, hasta fortalecer la figura del general Páez, de Bermúdez y de Mariño. Estos caudillos militares y agrarios se quedaron con el poder administrando el triunfo. Mientras Bolívar se dirigía a Cúcuta para enterarse de primera mano sobre las Actas, de lo discutido y aprobado por los constituyentes que tramitaron la confección de esa Constitución. El 7 de septiembre lo ratificaron como presidente, el 22 llegó a Cúcuta y se posesionó como presidente ratificado el 3 de octubre de 1821; expresó su renuencia para asumir el poder ejecutivo, le insistieron como lo describe Lynch, aceptó con la observación de que se ausentaría para continuar las batallas del sur (Bombona, Junín, Pichincha, Ayacucho…), a fin de liberar todo el territorio hasta Perú, postulando tres candidatos a la Vicepresidencia: Nariño, Urdaneta y Santander. La Gran Colombia como Estado nació de la guerra de independencia y siguió en guerra para poder disponer del territorio como parte del Estado, pero sin invasores adentro, todo concebido como un proyecto continental de independencia y de extensión del Estado hasta los límites del primer virreinato al que pertenecimos desde 1542.  Francisco de Paula Santander no entendió la grandeza de ese proyecto, de allí la actitud cicatera para reunirle tropas y recaudar los dineros destinados a esa gesta.

Masur, el mejor biógrafo, en mi opinión, sintetizó el resultado de esta elaboración constitucional así: “La Constitución de Cúcuta no era lo que Bolívar había esperado para Colombia. No obstante, implicaba una mejora en comparación con los planes que los revolucionarios habían hecho a comienzos de la guerra. Nadie podía esperar que un grupo de hombres sin experiencia jurídica y poco conocimiento de las cuestiones políticas o administrativas realizase una obra perfecta. Empero, Bolívar vio solo los puntos débiles, aunque evitó cuidadosamente hablar de ellos en público. Una Constitución imperfecta era mejor que nada. Con todo, confesó su desencanto a sus amigos”. (Masur, 1984).

La responsabilidad y visión del proyecto total independentista que, tenía Bolívar, lo hizo atender los asuntos pendientes de la guerra para poder construir el Estado, no pudo concurrir a las sesiones del Congreso de Cúcuta, siendo él el Presidente escogido desde diciembre de 1819 en Angostura para todo el Estado grande allí proyectado, pero pensó que su elaboración constitucional redactada ese año, con la experiencia que le había brindado el primer constitucionalismo pe-republicano en Venezuela (1811 y 1813) y los estudios derivados de las primeras constituciones francesas (1791, 1793 y 1795), las  federalistas norteamericanas (1787), con la influencia de la de Cádiz (1812), la Haitiana (1805) y el bill of rigths inglés (1689), eran suficiente base teórico -constitucional que respetarían los neófitos .

De todas maneras ante la realidad vivida ese duro año 1821 y la responsabilidad militar que asumió Simón Bolívar, el producto final del congreso constituyente era la edificación de un Estado republicano que reemplazaba las instituciones borbónicas coloniales y era el nacimiento de una república con unas primeras deformaciones, como anticipo de los saboteos jurídicos que siempre ha tenido nuestra historia constitucional cada vez que se hace una reforma para avanzar y modernizar el Estado, resultan injertos deformativos que conllevan los intereses de grupos empotrados en los instersticios del poder, o de agentes agazapados detrás de las figuras principales. “En vez de los grandes departamentos de Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, se crearon provincias menores. Se eliminaron los cargos de vicepresidentes regionales y en su lugar se designaron intendentes. Venezuela fue dividida en tres provincias y Nueva Granada en cuatro. Fue sin duda un paso adelante hacia la idea de la gran República colombiana”. (Masur, 1984).

    Ernesto Rey Cantor, doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, acaba de redactar un interesante ensayo, donde expresa que, Los Constituyentes liberales, apoyados por la masonería norteamericana y francesa y con la participación de destacados prelados católicos, aprobaron esta Constitución impregnada de los principios masónicos. Y citando a Pérez Escobar, agrega que, Simón Bolívar tuvo una formación contractualista y enciclopedista fundamentada en Locke, Montesquieu y Rousseau, y masónica orientada a la revolución, bajo los principios de libertad, igualdad y fraternidad, gracias a su maestro Simón Rodríguez. Por ello, y entre otras razones, la Constitución de Cúcuta no contiene disposiciones relativas a la religión católica. Por su formación, Bolívar era partidario del catálogo de derechos y libertades fundamentales”. (Rey Cantor, 2021)

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); ha sido profesor de las cátedras: derecho internacional y derecho ambiental, en la Universidad Libre y la Universidad Santiago de Cali (USC). Profesor de la cátedra: derechos humanos.

Bibliografía.  

De La Espriella Ramiro. “Las ideas políticas del Libertador”. Libro publicado por la editorial Grijalbo Ltda., preparación de Multiletras Editores, Bogotá, 1999.

Liévano Aguirre Indalecio. “Bolívar “. Libro de la editorial Oveja Negra Ltda., impresores ediciones Lerner Ltda. Bogotá, edición de marzo 1987.

Lynch John. “Simón Bolívar”. Libro publicado por la editorial Crítica S.L, de Barcelona, 2008

Masur Gerhard. “Simón Bolívar”. Libro publicado por el círculo de lectores. Traducción de Pedro Martín de la Cámara. Edición no abreviada. Bogotá, 1984.

Rey Cantor Ernesto. “La constitución de la República de Colombia de 1821 y la formación del Estado nacional”. Universidad Libre, documento dirigido al evento de Cúcuta conmemorando los 200 años. Bogotá, de la expedición septiembre de 2021.

Sánchez Ángel Ricardo. “La constitución de la República de Colombia. Entre la continuidad y la ruptura”.  Ponencia presentada en el Congreso de Historia Conmemorativo en Villa del Rosario, Norte de Santander. 26, 27, 28, 29 y 30 de agosto de 2021.

Saurat Gilette. “Bolívar el Libertador”. Libro publicado por la editorial Oveja Negra Ltda. Serie protagonistas. Bogotá, año 1987.

 

 

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