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16 abr 2021

Devenir y porvenir del centro político

 Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

En la historia política de Colombia, el centro político no ha funcionado como un campo de acción o un eje efectivo, dentro de la oposición, ni dentro del poder. El bipartidismo ha opacado al centro político: En el siglo XIX el conservatismo fue la derecha del espectro, político con la iglesia como aliado, y el liberalismo fue la izquierda (el progresismo de mediados de siglo, luego los radicales del Olimpo, y después la lucha armada y congresional de Rafael Uribe Uribe). El supuesto centro político decimonónico lo construyeron Rafael Núñez Y Miguel Antonio Caro, al fundar el Partido Nacional (con liberales y conservadores), y se tomaron el poder, pero ese centro político fue una derecha reforzada (1886-1905); luego la misma fórmula se aplicó con el experimento del Republicanismo (1905-1930), o sea: dos frentes nacionales. Al regresar el partido liberal al poder en 1930 con Olaya Herrera, e inaugurarse la República Liberal, esos 16años se presentaron con un partido liberal ya no radical y de izquierda como el del sigo XIX, sino como un partido moderado y de avanzada (Olaya Herrera, López Pumarejo y Eduardo Santos). 

 Jorge Eliécer Gaitán pretendía con el populismo llegar al poder a través de la UNIR, regresó al liberalismo, este se dividió con la otra candidatura, la de Turbay Avinader. El asesinato de Gaitán acentuó la presencia del conservatismo en el poder, pero ya no como una derecha sino como la extrema-derecha de corte falangista, por el exterminio del opositor, desatando una guerra civil, mal llamada Violencia con mayúscula impersonal y abstracta. El Frente Nacional, una asociación de liberales y conservadores, so pretexto de conciliar a los dos partidos enfrentados en esa guerra bipartidista, los desperfiló, los desideologizó y los convirtió en un bipartidismo amorfo ideológicamente, se despojaron de los fundamentos ideológicos y se hermanaron en la burocracia, los contratos, el mal gobierno y las exacciones del erario público. Los dos partidos durante esos 16 años no ocuparon los extremos del espectro político, ni derecha ni izquierda, fueron una derecha acomodada, un centro-derecha, no se controlaron uno al otro, ninguno hizo oposición, y arrinconaron a los partidos alternativos o de terceras fuerzas: La ANAPO, El MRL y el Frente Unido. Y alentaron con la apropiación del aparato del Estado, a la creación de la oposición extraparlamentaria o armada (Las Guerrillas).

  Después de 1974, regresó el partido liberal al poder durante 5 periodos seguidos, excepto el interregno de Belisario Betancourt, y se comportó como un partido de centro derecha al entregarle en cada gobierno (López Michelsen, Turbay, Barco, Gaviria y Samper), la mitad del poder al conservatismo, generando una prolongación frentenacionalista que despersonalizó a los dos partidos políticos. Después de expedida la constitución de 1991, el pluripartidismo incorporado como norma constitucional (artículo 107) apareció como una pantomima con partidos políticos de fachada que eran bipartidistas en el fondo, aunque posaban de nuevos (Colombia Democrática, Alas Equipo Colombia, La U, Cambio Radical…) Y el centro político pretendieron coparlo ellos, sin ser un verdadero centro, sino partidos de derecha. La oposición la hizo la Alianza M-19, luego el Polo Democrático, y luego el Partido Verde. Entonces, el Centro Político no ha actuado como tal sino como imposturas de los que fingen ser del centro político. Colombia está en estos momentos en un proceso de polarización ante el fracaso de la implementación del proceso de PAZ y necesita que un verdadero Centro Político que convoque a la reconstrucción nacional.

 Ser ejercer y actuar como de centro no es ser indeciso ni tibio, ni eludir los temas (eso creen muchos). El campo de acción del centro debe ser la búsqueda de acciones y políticas públicas que mejoren los derechos sociales y los derechos colectivos; también velar por el respeto de los derechos humanos y garantizar la convivencia, dentro de todo lo que quepa para cumplir con el estado de derecho. Asimismo, evitar rupturas traumáticas con los sectores sociales, ser puente de dialogo con los movimientos sociales, hacer respetar la biodiversidad y el medio ambiente. Unas posturas de centro sirven para equilibrar los extremos, el problema es tratar de mantener un comportamiento equilibrado de sus aliados y componentes porque habrán de aparecer los oportunistas que quieran pactar con la derecha o con la izquierda para obtener beneficios momentáneos y rompan el equilibrio. Fernando Mires, Profesor emérito de la Universidad de Oldenburg, Alemania, expuso que, “Trasladando la opinión de Hirschman al plano político, podríamos afirmar que tanto pasiones como deberes transmutan energías bajo la forma de intereses y demandas, ideas e ideologías. Pero para que eso ocurra, se requiere de un espacio público de reflexión y debate. De acuerdo con Platón y Aristóteles, sin ese espacio público, el de la política, somos bárbaros. No obstante, ese espacio entre las pasiones y los deberes, sin una centralidad que permita a la sociedad “pensarse a sí misma” a través de sus contradicciones (no hay otro modo de pensar), puede ser destruido en cualquier momento. Los ejemplos históricos sobran” (Mires,2020).

 En Italia, dice Alfio Mastropaolo, el centro izquierda se formó en la década de los años 60s, ideado por De Gasperi para excluir del gobierno a la extrema izquierda, a los comunistas y socialistas ligados por el pacto de unidad de acción; y para excluir a la extrema derecha, neofascista y monárquica. El ciclo del centrismo se había iniciado en 1948 cuando la Democracia Cristiana logró la mayoría de los votos en el parlamento. De Gasperi, prefirió aliarse con los otros partidos menores de centro para equilibrar además de las posiciones parlamentarias de los extremos, las eventuales veleidades autoritarias, integristas y clericales que podían presentarse en el interior de su mismo partido.

 El centrismo quiere ocupar geométricamente el centro de la esfera política porque los polos están copados y la confrontación se ha vuelto híspida, acentuándose las posturas extremas en el lenguaje utilizado; agresiones, ataques indirectos que llevan a la violencia, descomposición de las formas de hacer política, con injurias, calumnias, mentiras en redes sociales, difamación, etc. La polarización, los señalamientos, llevan a la crispación total, a tal punto que afectan a la misma población: unos fanatizados, otros confundidos, y no ven opción de cambio. Generan además incredulidad contra toda la clase política indistintamente por la cantidad de ataques. Y acentúan la deslegitimidad institucional.

 La población puede hastiarse por la polarización extrema a la que se llega en un país, causando daño a las instituciones, a la economía, al desarrollo. Los partidos de centro tratan de acercarse para conformar una alianza amplia que les permita llegar a la conducción del Estado, ya que ninguno de esos partidos individualmente considerados puede alcanzar el triunfo (esto se da a veces cuando aparece un populista como outsider por fuera de los partidos), pero no es lo común, y ese populista aprovecha la crisis de los partidos y la ingobernabilidad ostensible en ese país.

 Es necesario diferenciar tres momentos de despliegue: El centro político como gobierno, el centro político como oposición, y el centro político en formación durante una campaña electoral. El caso italiano del centrismo en el gobierno durante muchos años liderados por la Democracia Cristiana, es muy ilustrativo de que si funciona este campo político. El centro político como oposición se presenta como un compás de espera mientras se registra una próxima elección buscando ser gobierno solos o con otra coalición. Y el centro político en formación es más un interrogante que una realidad porque aún no existe, se está creando y proyecta un mecanismo de selección (consulta, encuesta, convención, colegio electoral u otro) y apenas concibe un programa de gobierno conjunto para poder desplegarla campaña electoral. Pero impacta por la expectativa que genera.

 Actualmente dentro de la Unión Europea, el centro derecha tiene 10 gobiernos en Rumania, Países bajos, Lituania, Letonia, Irlanda, Grecia, Eslovenia, Eslovaquia, Croacia, y Chipre. Los gobiernos de centro derecha, tienen la mayoría en el parlamento; regularmente acompañados de otros dos partidos, o tres, máximo. Pero no son coaliciones amplias. De otro lado, esto es muy diferente que tener al frente del gobierno a una derecha pura o extrema, como en Hungría con Viktor Orban, Bulgaria con Boyko Borisov, y Polonia con Mateusz Morawiecki, xenófobos, nacionalistas y autoritarios.

 Usualmente cuando gobierna el centro político se observan coaliciones presididas u organizadas por un partido grande de centro o por un líder independiente (outsider) que triunfó en una coyuntura particular. Algunos de esos gobiernos en manos del centrismo son de centro derecha, otros de centro izquierda y donde hay una gran coalición (a veces son de centro centro) como hoy en Australia, Bélgica, Francia y Luxemburgo. En otros países europeos, pero no miembros de la UE, hay seis gobiernos de centro, 3 de ellos de centroderecha (Montenegro, Noruega y Reino Unido), y 3 de centro izquierda (Albania, Kosovo y Macedonia). La izquierda como tal, gobierna sola en España y Moldova. En España está acompañado el PSOE con una formación socialista que tuvo origen en las potestas del 15M del 2011, y constituida en el año 2014 como partido político PODEMOS. Sé enfrentan a una oposición híspida, torticera y de extrema derecha como el partido VOX, al lado del PP que finge ser de derecha, pero ya llegó a la extrema derecha, entre ambos licuaron al partido CIUDADANOS que decía ser del centro político, pero perdió el rumbo y se fue diluyendo hasta volverse de derecha.

 En una anterior columna publicada en febrero titulada, “El centro político: confluencia de fuerzas y tendencias”, expresé que, “El centro político que se pretende coaligar para definir un candidato único en la consulta interpartidista de marzo 2022 tiene matices, corrientes, tendencias y expresiones diversas que en una primera etapa de confluencia no se pueden excluir porque no prosperaría el llamado al formar el centro. Aquí el pluralismo político debe aplicarse, ser tolerantes y empezar a definir puntos convergentes, a proponer ideas que conformarían la plataforma programática para tener un ideario que los acerque más o los purgue al ver algunos que no encuentran afinidades. Quienes no se encuentran cómodos en el espectro de la derecha, ni de la izquierda, y sean moderados de centro se acercarán en esa primera etapa, luego los que posan de centro, al ver que definitivamente no pueden escapar a los extremos de la órbita, buscaran los polos a los que pertenecieron o deben pertenecer para no divagar: retornaran a los extremos: Una auto purga o profilaxis. (Ramos Garbiras, 2021). Dentro de esas corrientes y tendencias hay líderes de gran prestancia y competitivos como Jorge Enrique Robledo, Humberto De la Calle, Juan Manuel Galán, entre otros.

 El centro político como coalición ha funcionado en muchos países, su presencia no es de larga duración en el poder porque sirve de colchón a partidos fuertes que retornan solos al mando del Estado, entonces ayudan a reencauchar ese partido fuerte, este los utiliza y el proyecto coalicionista concluye con el mandato, siendo los partidos minoritarios, volátiles y en un próximo período pueden aparecer en otra coalición o haberse disuelto. Las coaliciones políticas acuden a los partidos de centro (de izquierda o derecha) que usualmente son minoritarios ante los partidos fuertes. Un partido de centro se vuelve fuerte, por un período más largo, cuando logra nuclear a varios partidos pequeños de centro. Y algunos partidos de la izquierda, asumen el poder solos con escaso apoyo parlamentario como en Dinamarca, Portugal, España y Moldova, logran co-gobernabilidad con poliarquía y alcanzan una estabilidad que estaba perdida. O estas izquierdas jalonan el centroizquierda siendo mayoría en el parlamento, pero se apoyan en coaliciones reducidas con algunos pactos de gobernabilidad, como en Suecia, Checoeslovaquia, Malta, Finlandia y Dinamarca.

 (*) Especialización en derecho constitucional, Universidad Libre; Magister en ciencia política de la Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional (UNED) de Madrid España; ha sido profesor de derecho internacional y ciencia política en la Universidad Libre. Profesor de la cátedra derechos humanos, en la misma universidad.

 Bibliografía.

 Mastropaolo Alfio. Concepto de centrismo. Diccionario de política. Dirigido por Norberto Bobbio Siglo XXI editores. Impreso en México, página 242. Quinta edición en español 1987-

Mires Fernando. “Existe el centro político”. www.eltiempo.com, periódico El Tiempo, diciembre 5 de 2020.

Ramos Garbiras Alberto. El centro político: confluencia de fuerzas y tendencias”. Columna publicada en el semanario virtual, Caja de Herramientas, www.viva.org.co, edición número 718, febrero de 2021

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26 mar 2021

Centro político en la coalición de la esperanza

Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

   Ya se observa que son muchos los aspirantes a la presidencia de la República, y la campaña política está entrando en calor. Casa de los aspirantes a la presidencia para el año 2022 busca ubicarse en los espectros políticos que se identifican en cualquier país donde la agitación electoral se registra. Son tres espectros: Derecha, Centro y la Izquierda. Los otros espacios son cercanos o afines a uno de los tres, por esa razón en virtud al enfilamiento o identificación con la ideología que contienen sus programas y portan, son subsumidos o absorbidos por uno de los tres espectros. Si un partido o movimiento político insiste en no hacer coalición o en no identificarse con uno de esos tres campos de la acción política, no pasara de la inscripción y la participación en la primera vuelta y queda solo en el registro con la foto en el tarjetón.

     Los calculistas lo hacen para ligarse con uno de los dos triunfadores encaminados hacia la segunda vuelta electoral. Pero los reciben como añadidos para una participación burocrática, si les respetan el pacto al que lleguen. Pero quien tenga vocación para ganar y ejercer el poder, construye la coalición desde antes de empezar la primera vuelta y realiza mecanismos de selección previos para seleccionar el candidato que obtenga la fortaleza con el posicionamiento de su nombre frente a consultas, convenciones, encuestas, u otra forma de selección.

    Descontando al monopartidismo (donde hay un solo partido político hegemónico) y a las dictaduras (donde proscriben y persiguen a todos dejando un partido de fachada o mampara); hay países con sistemas bipartidistas donde solo funcionan dos espectros: la Derecha y la izquierda. Y otros con sistema pluripartidista, donde funcionan los tres campos políticos. Colombia, de tradición bipartidista (liberales y conservadores), entró en el pluripartidismo desde 1991, pero nominalmente (artículos 107, 108 ,109, 110, 111 y 112 de la Constitución), porque la mayoría de los partidos políticos que aparecieron con nombres nuevos aparentaron ser nuevas formaciones políticas y resultaron ser una combinación de bipartidistas con algunos independientes o recién llegados hasta el año 2006.

    Por ejemplo, el partido liberal en los últimos 30 años se ha creído del centro político, apoyados en la tradición de los renovadores de mitad de siglo, en los radicales del siglo XIX, y las posturas de Rafael Uribe Uribe, López Pumarejo o Jorge Eliécer Gaitán; pero desde el Frente nacional (1958/1974), se volvió un partido de derecha al hermanarse con el partido conservador. Y con sus mutaciones post-constitución de 1991 también lo llevaron a estrechar esa hermandad con diferentes fachadas (Colombia Democrática, Alas Equipo Colombia, Convergencia Ciudadana, partido de la U, Cambio Radical…). La derechización y disolución ideológica hay que evaluarla en los diferentes momentos de fusión y camuflaje. Por eso es necesario diseccionar la corriente LSD del liberalismo con fracciones del santismo, el gavirismo, el samperismo y el vargasllerismo.

   Luego de una precaria vida de la Alianza Democrática M-19, apareció el Polo Democrático, otra coalición de fuerzas, y en el 2009 el partido Verde, también una confluencia de fuerzas políticas. Recuperó la personería la UP, el galanismo no ha podido hacerlo, las FARC se desmovilizó con nombre homónimo, hoy Los comunes; a Colombia Humana le fue negada mañosamente la personería jurídica, pero tiene el mayor potencial de votos demostrado de las fuerzas alternativas; y otros tienen origen étnico como el MAIS, ASI tendiendo a ser partidos de alquiler.

     De tal manera, con giros diferentes, nuevas fuerzas de fracción se mueven hoy para alinderarse y tratar de formar el Centro Político. Compromiso Ciudadano, orientado por Sergio fajardo que no ha dejado de ser un grupo significativo, los santistas hoy llamados En Marcha (a lo Macrom), DIGNIDAD, una escisión del POLO liderados por Jorge Enrique Robledo; disidentes del liberalismo como corriente socialdemócrata LSD; Humberto De la Calle es el liberal más sobresaliente porque ha sido coherente, no como muchos que posan de independientes y están a la expectativa de un acomodo burocrático. Otros exmiembros del partido de la U y de Cambio Radical, como Rodrigo Lara, esperan agregarse; o personalidades out siders, buscan aglutinar una opción presidencial con la llamada Coalición de la Esperanza, para realizar una consulta interpartidista en marzo y seleccionar un solo candidato que se presente a la elección presidencial. Lo están haciendo de manera oportuna y con el ánimo de competir decentemente para construir un centro político fuerte que no vaya a ser de emergencia como en el 2018, por eso no funcionó y dilapidaron el poder. Si logran construir un Centro Político consistente tendrán la opción de pasar a la segunda vuelta y allí instalados coaligarse con los afines. Sino lo logran, será la coalición más importante para definir la presidencia en el 2022.

    El 20 de marzo se realizó un conversatorio virtual coordinado desde Cali por el partido político DIGNIDAD, moderado por Michel Maya, magister en gobierno y relaciones internacionales, quien habló de este tiempo de transformación de cambio, de las amenazas a la democracia, no solo por los grupos armados y las violencias dispersas, además por la descomposición de la institucionalidad, retomando expresiones de Humberto de la Calle y de Sergio Fajardo. El dirigente del partido DIGNIDAD, Jorge Enrique Robledo, dijo que, “la coalición de la esperanza es un proyecto con vocación de éxito. Un verdadero pacto nacional para vencer el continuismo”. De la Calle expreso, “Aquí estamos los que podemos cuidar el estado de derecho. Actuamos saliéndonos de la confrontación y la ferocidad, pero con un propósito audaz de cambio, sin menoscabo del estado de derecho y de la Constitución, nuestra guía. El camino que está recorriendo Colombia es inadecuado, nocivo y peligroso”. Juan Manuel Galán, se refirió a la necesidad de reorientar la política sobre las drogas para evitar la estela de muertes, como se observa en el pacífico colombiano, hoy sitiado por bandas armadas. Y Juan Fernando Cristo, expresó:” Estamos juntos porque venimos conversando sobre la necesidad que tiene Colombia de superar las dificultades que tenemos desde hace varias décadas. Queremos construir una convergencia amplia con sectores ciudadanos, movimientos sociales, miembros de las organizaciones de víctimas, de las defensoras de los derechos de la mujer. Todo sobre la base de que no son los caudillismos los que van a solucionar los problemas del país. Queremos un liderazgo colectivo que parta de la pluralidad, para representar a los ciudadanos, con propósitos comunes. En abril entregaremos una agenda común. Queremos una lista única al Congreso”.

    El ánimo de los precandidatos está bien enfocado hacia la consulta de marzo 2022, hay conciencia sobre el tramo complejo que debe recorrerse para edificar el Centro Político, la competencia con gallardía y la búsqueda de escenarios apropiados para ir mostrando, explicando y tratando los problemas que deben resolverse en la sociedad colombiana. Ir tejiendo la coalición para que la emulación sea sana, progresiva y destacable. Saber hasta dónde llegar en la competencia interna de la coalición. En la Coalición de la Esperanza llegará la figura que seleccione la Alianza Verde, uno de ellos (Iván Marulanda, Camilo Romero, Sanguino, Carlos Amaya, Angélica Lozano), se encontraran con Alejandro Gaviria, ex ministro de salud respetado por todos, entre otros. Lo importante es no presentar más de una decena de nombres porque se desperdiga la campaña, pero tampoco negar la posibilidad a quienes tienen capacidad de arrastre electoral y tienen prestigio por el desempeño pulcro en sus cargos públicos o en las curules del Congreso.

    El caso de Ecuador es aleccionador, para la elección presidencial de febrero 2021, en primera vuelta no hubo coalición de Centro Político, no lo formaron, se presentaron más de 6 que posaban ser del Centro (de un total de 16 aspirantes), todos dispersaron los votos. No intentaron hacer una consulta popular interpartidista para seleccionar uno. Entonces solo llegaron a la segunda vuelta los dos de la polarización política que en estos últimos 4 años se ha aumentado por la traición de Lenin Moreno a Rafael Correa. Moreno se alió con la derecha de Guillermo Lasso, Bucaram y Jaime Nebot. Ecuador se debate entre el correísmo y el neoliberalismo. El candidato Yaku Pérez del partido indígena Pachakuti, demando los resultados por fraude electoral. Se enfrentarán el 11 de abril, Andrés Arauz, ex ministro de Rafael Correa y el banquero Guillermo Lasso.

(*) Especialización en derecho constitucional, Universidad Libre; Magister en ciencia política de la Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional (UNED) de Madrid España; ha sido profesor de derecho internacional y ciencia política en la Universidad Libre. Profesor de la cátedra derechos humanos, en la misma universidad.


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19 mar 2021

Terratenientes, caudillos y militares, siglo XIX

Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

Los conquistadores que posaron o fingieron ser grandes señores ibéricos, aunque fuesen iletrados la mayoría, llegaron con la visión, el objetivo y la misión de escalar socialmente porque venían de no poseer bienes materiales en una España feudal donde admiraban la Nobleza y a los hidalgos poseedores de la tierra. Los campesinos españoles arrancados de la tierra en el continente europeo, viajaron a América acompañados por desclasados del Medioevo, analfabetas unos, y delincuentes otros; llegaron con el objetivo de conseguir tierras y lograr exacciones. Por lo tanto, la campaña de Conquista dentro de la empresa de dominación y anexión en nombre del Rey, y la “creencia” de evangelizar para ganar almas y grey al catolicismo, asistidos por curas doctrineros, fueron la excusa para arrebatar a los indígenas la tierra, tomarla y repartirla a los “soldados” que, conformaban la empresa de vasallaje y exterminio. Evangelizar para disminuir impíos y apoderarse de las tierras de un continente del que se apropiaron desde México hasta Argentina, excepto Brasil y Norteamérica, tomados por portugueses e ingleses, que hicieron lo mismo.

  Con la instalación de las instituciones coloniales hicieron lo mismo durante 260 años más, pero ya establecidos con las formas de dominación colonial. Al ser vencidos en las guerras de independencia entre 1810 hasta 1824, gradualmente fueron expulsados para fundar los Estados-Nación republicanos, ascendiendo al poder en primera línea los criollos con la mitad de sangre española, y en segunda línea los mestizos advenedizos; procedieron a tomarse la tierra que los españoles habían usurpado. Se auparon estos criollos en la nueva estructura del Estado, y se afianzaron también en el poder burocrático, prevalidos de la prestancia que les daba la propiedad sobre grandes extensiones de tierras.

  De la hacienda colonial se pasó al latifundio republicano y a un proceso de tradición de las propiedades hasta copar la explotación agrícola sobre los terrenos habitables. Las siguientes etapas fueron de anexiones, la colonización de nuevas zonas, la tala, el desbroce de otros territorios, para lo cual utilizaban a campesinos pobres para que descuajaran los bosques, hicieran explanadas y levantaran pueblos, ampliando el comercio y fomentando cultivos (añil, quina, café, tabaco, …), y apoderándose con artimañas de los baldíos dispersos: bienes de la Nación que no habían sido repartidos.

  Lariza Pizano, realizó un análisis sobre el periodo poscolonial, o sea el de la conformación de los estados independientes (Estados-Nación), que se extiende por la demora que hubo para salir de las estructuras coloniales, a fin de lograr superar esos fardos y modernizar el Estado.  Por esta razón los cambios en la organización formal de la autoridad no supusieron transformaciones reales en el funcionamiento del sistema político. Al investigar sobre las guerras civiles del siglo XIX, sus causas y desarrollos, uno puede observar que aún perviven conductas similares y factores en el manejo de la política y el ejercicio del poder. Y las trapisondas, triquiñuelas y conspiraciones, para competir, para burlar la oposición y el control al ejercicio del poder.

  El investigador británico John Lynch, expresó en su obra sobre caudillos en Hispanoamérica que, aparecieron como parte de un proceso histórico en el cual los líderes personalistas acumulaban una serie de funciones y acrecentaban su poder de manera gradual en respuesta a intereses específicos. El culto al caudillo fue un culto republicano, surgido en el transcurso de la guerra y la revolución. Los habitantes de Hispanoamérica reconocían un genuino caudillo a primera vista y creían que sus actos eran los propios de su figura y no simplemente los de un presidente o general enmascarado. El caudillo poseía tres rasgos básicos definitorios: una base económica, una implantación social y un proyecto político. En un principio, emergió como héroe local, el hombre fuerte de su región de origen cuya autoridad emanaba de la propiedad de la tierra y el control que ejercía sobre los recursos locales, sobre todo acceso a hombres y abastecimientos. Asimismo, poseía un historial que incluía la realización de determinadas hazañas que causaban viva impresión por su importancia o por el grado de valor demostrado en ellas.

  Durante el siglo XIX, el uso de las armas y retar a una confrontación que llegará a convertirse en guerra civil, fue recurrente.  Se empleó ese método desde las regiones por parte de los caudillos más fortalecidos en tierras y prestigio que, para algunos estaba conectado con la forma como había nacido el Estado: con la guerra de independencia contra los españoles. Estos habían dominado desde la Conquista, arrasando con los indígenas. Fue una combinación de violencia  y normas implantadas, para la dominación y el sometimiento: La práctica continuó desde que nació la República y siguió hasta 1878, a partir de este año, llegan al poder miembros de la burguesía republicana, políticos y gramáticos conectados con las élites de los partidos Las otras tres guerras civiles(1885, 1895 y 1899), no estuvieron dirigidas por esa generación de guerreros independentistas transmutados en caudillos agrarios, pero si por militares y civiles pertenecientes a esa nueva burguesía que, aprendieron el manejo y confrontación con los del otro partido, y utilizaron los partidos políticos como aparatos de guerra. Un país grande en territorio, pero difícil de recorrer por falta de vías de comunicación y vehículos de transporte, todo concentrado en caballos y los barcos en lo fluvial. Esta situación hizo que funcionara el aislamiento general y solo la conexión por provincias, estados soberanos o departamentos, después; permitiendo el fortalecimiento de los caudillos, los supremos por región que, fracturaron la soberanía.

  Guerra y política, un binomio indisoluble en el siglo XIX. Los caudillos agrarios, propietarios de grandes latifundios desprendidos de la hacienda colonial, lograban con el ejercicio de la política regional alcanzar fortalezas y nuclear campesinos, peones y artesanos, como seguidores apoyados en un discurso laico del lado liberal y religioso del lado conservador. Indudablemente al asumir la dirigencia de los partidos políticos les permitió a quienes sobresalieron en la conducción de la política y de las hostilidades, aglutinar personal como clientelas captadas en las haciendas donde los caciques los reclutaban en épocas de guerras civiles. Caudillos y caciques sabían encarar las dinámicas de cambio, o empujar los temas que se iban necesitando.

  Podemos encontrar Caudillos agrarios en Colombia y en Hispanoamérica hasta pasada la mitad del siglo XIX. Sin confundir caudillos con terratenientes sin mando político, o con los gamonales del siglo XX, que corresponden a otra categoría. El rasgo común de los caudillos agrarios, militares y políticos de la segunda fase en la república decimonónica (1830 – 1863), se encuentra en su conexión con la parte final de la guerra de independencia y la formación de la República grande (Colombia, Venezuela, Ecuador 1819- 1830). Fueron militares sin carrera porque lograron los distintivos o charreteras en el fragor de la lucha contra los españoles. Y luego se convirtieron en líderes regionales, los llamados Supremos, y estuvieron atentos a la formación de los partidos políticos.

  El prototipo del caudillo agrario, terrateniente, militar y político fue el caucano Tomás Cipriano de Mosquera. Acompañó a Simón Bolívar en la última fase de la guerra de independencia, se destacó con mucha notoriedad; luego de la disolución de la Gan Colombia, en el curso de los primeros gobiernos republicanos apoyó al presidente José Ignacio de Márquez. Dirigió el ejército nacional para enfrentar a José María Obando, otro caudillo de esa misma región. Actuó al lado de Pedro Alcántara Herrán, lo acompañó en su ejercicio presidencial, y posteriormente va a ejercer la presidencia de la República 4 veces.

 Tomás Cipriano de Mosquera, que fue catalogado como conservador, se deslindó de ese partido, con enjundia y tenacidad, ejecutó políticas públicas novedosas durante su primera presidencia, colaboró con el gobierno de otro caudillo del mismo porte, José Hilario López , como jefe militar y político desde el gran Cauca, y  luego  venció y derrocó a un caudillo sectario del oro partido, al presidente conservador Mariano Ospina Rodríguez, e impulsó la formación del Olimpo radical, convirtiéndose otra vez en presidente del primer período de los liberales afrancesados e ilustrados que orientaba Manuel Murillo Toro.

  Esto se decían de Páez sus adversarios «No puede Venezuela gozar de tranquilidad mientras viva en ella el general Páez, porque si manda la convierte en juguete de sus caprichos, y si no manda hace del gobierno un instrumento suyo o ha de conspirar siempre para volver al mando, resultando de todo ello que no puede haber ningún sistema estable y seguro» ;ejercía un poder independiente de cualquier institución, libre de toda constricción y, al intentar perpetuarse en el poder, constituía una fuerza desestabilizadora para el gobierno. (Lynch, 1993)

 Bibliografía:

Lynch John. “Caudillos en Hispanoámerica”. EDITORIAL MAPFRE director coordinador: José Andrés-Gallego Traducción de: Martín Rasskin Gutman Diseño de cubierta: José Crespo. Título original Caudillos in the Hispattic World. Oxford University Press. 1993.

 Pizano Lariza. “Caudillismo y clientelismo: expresiones de una misma lógica. El Fracaso del Modelo liberal en Latinoamérica», Revista de Estudios Sociales [En línea, Publicado el 20 noviembre 2018.

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26 feb 2021

Iglesia, Estado y política en el siglo XIX

Texto de Alberto Ramos Garbiras (*)

 Todas las 8 guerras civiles del siglo XIX en Colombia, después de fundado el Estado-Nación (1819-1830), tuvieron un componente religioso, detrás de otro factor destacado. En dos de esas guerras lo religioso va a ser el factor principal, en la guerra de los Conventos (1839) y en a guerra por la educación (1876 -77). La guerra de los conventos, una reacción de las congregaciones católicas para evitar la expropiación de los conventos del sur por inoficiosos produjo levantamientos armados que tuvo que sortear y enfrentar el presidente José Ignacio de Márquez, autorizando el despliegue militar encabezado por Pedro Alcántara Herrán.

  El presidente en 1839 estaba dando aplicación a una ley de 1824 que ordenaba utilizar los conventos de Pasto para la instrucción pública o sea ampliar la cobertura educativa, ya que tenían pocos monjes y escaso uso. Fueron los conventos de: San Felipe Neri, Santo Toribio, el de los Dominicos, los Agustinos y los Mecedarios. Esta guerra civil se encadenó con otro factor que la prolongó dos años: El levantamiento armado de los Supremos (1840- 41). Líderes regionales santanderistas alentados por José María Obando, para impulsar la secesión regional como excusa, pero la verdadera causa era defenderse del proceso penal abierto contra él por el asesinato del mariscal Sucre, en Berruecos, ocurrido en la mitad del año 1830.

 La guerra de las escuelas o por la educación, se desarrolló como una reacción de la iglesia católica contra la decisión del presidente Aquileo Parra, al disponer implementar la reforma educativa aprobada desde 1870 durante la administración del presidente Eustorgio Salgar, para adecuar la enseñanza en las escuelas con los parámetros de la libertad de cultos aprobada en la Constitución de 1863. Los liberales radicales, impregnados por el pensamiento de la ilustración, las ideas socialistas europeas antes de la consolidación del marxismo, y el pensamiento laico del liberalismo europeo querían des-romanizar la enseñanza, más no desconocer el catolicismo, solo pretendían dar apertura y cabida a otros cultos y romper la exclusividad de la enseñanza en manos del catolicismo. Esto produjo la reacción de los obispos y curas que desde los púlpitos lanzaron arengas contra el presidente y la política educativa que afectaría la fe católica con un fuero que ellos consideraban intocable.

  Los obispos Manuel Canuto (de Pasto), Carlos Bermúdez (de Popayán), Joaquín Guillermo González (de Antioquia), Antonio Parra (de Pamplona), y José Ignacio Montoya, fueron sancionados, expulsados de los oficios religiosos, otros desterrados del país, con una ley de extrañamiento, llegando a buscarse la intervención del papa Pio IX para reversar las sanciones. Esta guerra contuvo además al menos otras 6 causas y factores (lucha bipartidista, reclamos por fraude electoral, apertura de caminos para el desarrollo agrícola, construcción del ferrocarril del norte, por la entrega de los baldíos, y un amplio sector reclamando un orden territorial centralista); pero los motivos religiosos impregnaron toda la actitud de los conservadores alzados en armas contra los liberales radicales en el poder. En las otras guerras civiles como la de 1851, la de 1854, 1859, 1885, 1895 y la de 1899, el sentimiento religioso y las injerencias de la iglesia en la política estaban presentes, moviendo los ánimos, insuflando los espíritus, acompañando a los conservadores en cruzadas armadas contra los liberales.

 La iglesia estuvo presente durante los 50 años del período de la Conquista, acompañaron a conquistadores y encomenderos para adoctrinar a los indígenas; durante los 260 años de la  Colonia, fueron el brazo ideológico de las autoridades españolas y acompañaron a los virreyes; permanecieron activos  durante la guerra de independencia (1810- 1819) al lado de los españoles .Y al vencer el ejército patriota para fundar el Estado Colombiano, comenzaron a reacomodarse al lado de los presidentes republicanos y a pretender no ser tocados dentro del nuevo orden jurídico donde no encajaban del todo sus aspiraciones e intereses. Des patronato Real patronato republicano, ese tránsito originó discusiones para querer permanecer intactos con los ingresos.

  La ruptura entre iglesia y Estado republicano parecía obvia pero se quedaron porque la ideología religiosa estaba expandida en todas las actividades, hasta en la mentalidad de los criollos santafereños más librepensadores; el “entendimiento” se fue dando, los choque y fricciones se manejaban con tacto por ambas partes hasta que las medidas al empezar a quitarles beneficios se fueron expidiendo en materia de censos agrarios, diezmos, desamortizaciones de bienes de manos muertas, derechos de estola(cobros por impartir los sacramentos), la libertad de cultos, la libre circulación de volantes por las imprentas, etc., al verse disminuidos en los ingresos y rentas, las tensiones fueron recurrentes.

  En 1851 la guerra civil de los conservadores hacendados y esclavistas contra el gobierno de José Hilario López que aplicó reformas a fondo como: La liberación de los esclavos, expulsión de los jesuitas (mayo de 1850), los obispos no serían juzgados por tribunales eclesiásticos, sino por los civiles, los curas párrocos nombrados por los cabildos, reformas antimonopólicas, flexibilización del acceso la tierra, y otras para tratar de consolidar el modelo republicano. Por todo ello, los curas acompañaron a los terratenientes. Hasta que en la guerra de 1876 en medio del Olimpo Radical se reventaron las relaciones, acudiendo el clero a la invocación de los derechos de una religión universal o sea transnacional que pedía a través del Papa el respeto de las comunidades católicas en el Syllabus como forma de injerencia, chocando estos contenidos con la reforma constitucional aprobada en Rionegro en 1863.

 Al término de la guerra de independencia, nos dice Jorge Villegas, se disputaban la hegemonía tres poderes: 1) La iglesia católica; 2) el ejército triunfador, una guerrilla patriota de mulatos, pardos, cuarterones,  peones, campesinos, afrodescendientes, y mestizos, entre otros que, se reconvierte en ejército institucional; 3) El estado naciente, un República tripartita que se inspiran sus forjadores en tomar lo mejor del constitucionalismo francés, inglés, norteamericano, y adaptar algo de la Constitución haitiana y la Gaditana, para moldear un Estado que reemplazara a la imposición colonial borbónica. Dos poderes nuevos y uno anclado en el pasado represor, dominante y sojuzgador.

 La iglesia logra sortear las reformas y contemporizar con varias administraciones, inclusive desestabilizar a los gobiernos liberales de mitad de siglo; combatir a los reformadores del Olimpo Radical y llegar a la convivencia con el fundador de la Regeneración, Rafael Núñez, que les devolverá los beneficios perdidos y los empoderará en la normativa constitucional de 1886, y les garantizará primacía sobre los otros cultos dentro del concordato de 1887. La “lealtad” la demostraron durante las guerras civiles de 1885 y de 1895, y la emprenderán contra el oponente ideológico de La Regeneración, Rafael Uribe Uribe, que será estigmatizado como ateo y soliviantado los ánimos contra sus acciones políticas y militares. La novela histórica de Juan Gabriel Vásquez, La forma de las ruinas, lo describe así en medio de la investigación judicial del abogado Anzola, que descifra las instigaciones de sacerdotes para impulsar la tesitura o le ánimo de los dos carpinteros asesinos (Galarza y Carvajal) que con hachuelas le maceraron el cráneo en la plaza de Bolívar, ánimo hacia la eliminación del líder, apuntalado por élites del conservatismo en complicidad con el director de la policía.

(*) Especialización en derecho constitucional de la Universidad Libre; Magíster en Ciencia Política, Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); profesor de las cátedras: derechos humanos y derecho internacional, en la Universidad Libre.


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