Texto de Alberto Ramos Garbiras (*).
La semana anterior al ataque conjunto
entre Israel y los EUU contra Irán venía Omán intermediando las conversaciones
allí y desde Ginebra sobre el desarme nuclear, diálogos como tantos otros
lugares que se han realizado desde el año 2015 (gobierno de Barack Obama), y
muchas reuniones anteriores promovidas alrededor de la Organización
Internacional de Energía Atómica (OIEA), desde que empezaron a producirse
Tratados internacionales para desnuclearizar el planeta, en medio de la Guerra
Fría. Esta ruptura abrupta de las conversaciones alentadas por Omán deja
claro que las palabras de Donald Trump no se cumplen, entendiéndose que no es
un interlocutor serio ni válido, para ningún jefe de Estado. Se burla del
multilateralismo y del derecho internacional, y asalta países para crecer el
poderío energético-fósil de los EEUU.
Donald Trump cree que la ola de
protestas de los iraníes inconformes con el régimen teocrático de los Ayatolas
podría ser atraídos con la guerra aérea misilística al descabezar la cúpula
religiosa de la teocracia que inauguraron desde 1979, gobernando bajo los
cánones del Corán y no de la Constitución, violando los derechos humanos y
restringiendo las libertades básicas de las mujeres. La furia irracional de
estos ataques aéreos puede es despertar el nacionalismo iraní y el radicalismo
chiíta.
Varias causas subyacen a esta guerra
regional que ya no es un Blitz, sino una guerra prolongada con Estados
nucleares como protagonistas principales. Netanyahu y la élite sionista le
cambiaron a Trump el manejo del tiempo que estaba llevando y lo sumergieron en
un conflicto de incalculables dimensiones que pasa de la disputa por la
tenencia de armas nucleares; en el fondo la geopolítica de hoy, expansiva.
extractivita-fósil y de choques económicos por los grandes mercados, busca
fortalecer a un grupo de autócratas que ya han desmontado las democracias y
desconocen tanto el derecho interno de los países donde gobiernan como el
derecho internacional que, aparentemente le daba al mundo un rumbo para
conducir el orden mundial.
La posición enhiesta de presidente
español Pedro Sánchez al negar la utilización de las dos bases militares que
EEUU tiene en Andalucía, Rota y Morón (una cercana a Cádiz y la otra a
Sevilla), es plausible porque la sustenta en la falta de aprobación que no
obtuvo Trump, ni la solicitó, al Congreso del país que gobierna, ni el Consejo
de Seguridad de la ONU, además de violatoria del derecho internacional. Y
lógico expondría a España a retaliaciones de Irán. Los ataques a las bases
militares de Baréin, Qatar, Emiratos
Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudí, Jordania e Irak, en esta guerra regional que aceleró la
retorsión o venganzas y actos de respuesta a quienes cooperen con EEUU e
Israel.
Como lo describí desde mayo del año 2025, en
mi libro titulado “Dos guerras de invasión: Ucrania y Gaza. El derrumbe del
derecho internacional”, Noam Chomsky dijo que “una de las consecuencias de
la guerra contra el terrorismo es la resurrección de la guerra fría, con más
participantes que nunca en el club nuclear. También se han ampliado los
escenarios factibles de estallar en diferentes partes del globo”. Ante la
unificación del planeta tierra por la globalización de la economía, la ONU como
organismo multinacional compuesto de países grandes y chicos, se desfasó para
proporcionar un gobierno mundial. Los temas prioritarios de atención tocan a
varios países: el terrorismo, el calentamiento atmosférico (efecto
invernadero), el narcotráfico, la pobreza, el hambre, el desempleo y las
migraciones por falta de oportunidades, más los refugiados por el efecto de las
guerras de exterminio y otras causas, y la ONU se queda corta para
solucionarlos. Como lo expuso Emilio Lamo de Espinoza, “el gran reto del siglo
XXI es generar una arquitectura política nueva que permita la gobernabilidad de
la humanidad finalmente existente como tal, como unidad”. De esta manera nos
encontramos ante un déficit de gobernabilidad mundial hoy desmoronada por las
autocracias y el despojo de tierras en guerras de invasión.
Israel y EEUU tratan de explicar la
inminencia de un ataque iraní contra ellos; entonces acudieron a una guerra
preventiva que no encaja en los parámetros de la legítima defensa de los
Estados planteada en la carta fundacional de la ONU. Las explicaciones
contradictorias de Trump y Marco Rubio, bascosas e incoherentes no ofrecen
credibilidad y aumentan el descontento del partido Demócrata porque exponen a
la población gringa que circula en Europa y otros lugares.
En
una columna de opinión sobre los autócratas y las guerras. publicada en la
Revista Sur www.sur.org.co, 10 de junio de 2024, expresé la impotencia de la Corte Penal Internacional CPI para
juzgar a los autócratas que acuden a la guerra de exterminio, con el fin
expulsar a los otros de sus poblados con “limpiezas étnicas”, o anexar
territorios para el Estado que agrede,
lo hacen prevalidos de la superioridad militar que da la disposición de
armas nucleares, la capacidad atómica/nuclear de estas potencias que respaldan
esas acciones al borde del desatamiento de una tercera guerra mundial,
con componente nuclear, marchando sobre el desorden mundial porque ya se
fracturó el orden mundial surgido después de la segunda guerra mundial. Hoy la
relación de los países que integran la ONU se quedó sin derecho internacional y
sin penalización. Estas dos guerras (en Ucrania y en Gaza), de exterminio y
aplastamiento que dejaron inútiles los valores en los que se sostenía la ONU (mantener
la Paz, obtener la seguridad, hacer respetar la soberanía de los Estados,
evitar las intervenciones abusivas…), devolviendo al planeta tierra al estado
de barbarie, a la edad media a la altura de 1648 cuando aparecía el
primigenio derecho internacional. Estas dos guerras de exterminio observadas
por todos en parabólicas, cadenas de tv , redes sociales y demás medios de
comunicación; admitidas por varios Estados cómplices, neutros o indiferentes y
rechazadas por otros que no pueden impedirlas, estas dos guerras nos colocan
ante una realidad irrefutable : la mayor fuente del poder son los arsenales
nucleares. De esa detentación y ostentación surgen las definiciones
geopolíticas y los bloques territoriales que se organizan para definir las
condiciones de existencia de los otros Estados.
(*) Abogado de la Universidad Santiago de Cali (USC); magíster en Ciencia Política de la
Universidad Javeriana; PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de
Madrid (UNED- España); estudios de actualización política en la Universidad
Complutense de Madrid (2013, 2017, 2019 y 2025). Ha sido profesor de las
cátedras: derecho internacional, ciencia política, derecho constitucional y
derecho ambiental, en la Universidad Libre.
