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31 mar 2012

Nicolás Orejuela

Nicolás Orejuela fue hasta hace poco el decano de derecho de la Universidad de San Buenaventura, hoy es el Director de la Unidad de Acción vallecaucana (UAV). Es un intelectual joven y carismático. Logró la aprobación de una nueva facultad para la universidad, el programa de Gobierno y Relaciones Internacionales que, necesitaba la región. Escribió un interesante libro titulado “Los Estados de Excepción en Colombia”, donde me honra en una cita bibliográfica. El libro hace una seria revisión del funcionamiento del derecho de excepción que facilitó los rasgos autoritarios de varios gobiernos durante la violencia de los años 50, otros en el decurso del Frente Nacional y en los gobiernos posteriores al desmonte de esa apropiación bipartidista del Estado. Sin suficientes controles se desbordaron los estados de excepción, sobretodo el estado de sitio.
Sin controles la declaratoria de los estados de excepción puede terminar en degeneración del poder. El libro fue escrito desde la corriente de la sociología jurídica, utilizó el método comparado evaluando mecanismos de control en otros países. Y hace énfasis en las deficiencias del control colombiano a partir de 1976. Observa el autor la existencia constitucional de la conmoción interior, la guerra exterior y la emergencia social, económica y ecológica, como figuras exóticas dentro del contexto de las instituciones democráticas, al suspender normas del estado de derecho para solucionar grandes retos, limitando algunos derechos humanos para garantizar la continuidad de la democracia, utilizando decretos Express con acento unipersonal.

En el caso colombiano con la constitución de 1991 surge el Estado Constitucional, superamos el esquematismo del simple estado de derecho. Los controles al poder le dan esa configuración, empezando por el control constitucional. Al mismo tiempo se remozaron los estados de excepción con el fin de quitarle vuelo al presidencialismo, y se ajustan los controles, pero el control administrativo (la firma de todos los ministros) y el control político (el Senado admitiendo prórrogas), siguen siendo retórica constitucional y un adorno.

 También explica como la violencia y los diversos conflictos internos no se acabaron con el extenso uso del estado de sitio, conflictos que en los últimos años se desdoblaron metamorfoseándose en otros conflictos y desafíos contra la institucionalidad estatal. Llega a la conclusión que el control parlamentario para los estados de excepción ha sido casi nulo y por lo tanto ineficiente. Revisa el control jurídico que tuvo la Corte Suprema de Justicia desde la sala de casación como un mero formalismo sin evitar los excesos que se cometieron. Sobre ese control material la Corte Constitucional en sus tres notorias etapas desde 1991 ha evitado la proliferación y continuidad de declaratorias innecesarias, pero la demora en pronunciarse con el control “automático” deja avanzar los decretos contentivos, los que desarrollan la declaración y esto trae perjuicios.

Por: Alberto Ramos Garbiras
 Catedrático de Ciencia Política, Universidad Libre

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19 mar 2012

Minería y Daños Ambientales

Es una obligación del Estado planificar el manejo y explotación de los recursos naturales. El artículo 80 de la Constitución se centra en la planeación y el respeto por el desarrollo sostenible. La autoridad ambiental debe ejercerse so pena de permitir el detrimento de aguas y suelos y afectar los derechos colectivos, de contera, vulnerar derechos humanos de los habitantes de las zonas donde se realizan explotaciones ilícitas  que van en menoscabo de la naturaleza.

La lentitud para sancionar deja avanzar el daño ambiental, y sobre todo ni aplican las normas mineras, las ambientales ni el derecho de aguas, ni la jurisprudencia que hace primar el derecho a la vida y los derechos colectivos sobre el argumento del derecho al trabajos de unos pocos, entonces la legislación queda írrita. Y la Justicia ambiental administrativa no se realiza.
Las Resoluciones como actos administrativos le permiten a la autoridad ambiental sancionar para clausurar, multar cerrar, hacer corregir. Se trata de impedir las actividades letales, en el caso del río Lilí  la explotación de carbón que van contra las declaraciones de Río de Janeiro y los principios del Código de los Recursos naturales y la ley 99 de 1993, donde se expresa que prima el consumo humano del agua sobre cualquier otro uso. Entonces procede la responsabilidad patrimonial del Estado por daños a terceros y el daño ambiental. Tampoco aparece la justicia ambiental penal, ni la justicia ambiental civil.

La contaminación producida por la minería ilegal y la legal sin control a las licencias, en los cerros de Cali y  la parte intermedia de soporte al parque natural los Farallones daña la calidad de las aguas con aguas ácidas, más las aguas negras de las conexiones fraudulentas. Este problema de contaminación tiene graves consecuencias. La mayoría de los ríos desemboca en el río Cauca, que corre aguas abajo hacia otros municipios como pasando por  Palmira para usos de consumo humano y otros usos que puede causar daños teratogénicos, esto se traduce no sólo en un peligro para la salud de los caleños y vallunos y para el medio ambiente, sino en sobrecostos en el tratamiento de aguas, a cargo de EMCALI, una potabilización que no logra la pureza con el cloro y el carbono activado entre otros componentes. Se deben corregir las falencias de las administraciones pasadas, y las omisiones de la CVC especialmente la falta de control para evitar la minería, la tala en las cuencas y el vertimiento de contaminantes a los ríos.

El río Lilí tiene un recorrido de 20 kilómetros y hace parte de la cuenca del río Meléndez, está nutrido por unos 30 nacimientos, en la parte baja se observa la infame caparrosa producida por la explotación carbonífera que, envenena las aguas, pero ni siquiera lo dejan ni desembocar tranquilamente al río Cauca, lo convirtieron en caño al entubarlo al canal de aguas residuales a la altura del barrio San Judas. Igual como ocurrió con la atrocidad cometió EMCALI hace años, los ríos Cañaveralejo, Meléndez y Lili, fueron canalizados y conducidos a través de un único canal (Canal Sur) a su actual desembocadura en el Río Cauca. Esto acabó con el paisaje, las rondas, dañaron la posibilidad de disfrute o no del ambiente aledaño al río  y facilitó las descargas de aguas residuales en los ríos convirtiéndolos de ipso facto en caños.

La minería de oro está contaminando las aguas del río Cali. No se ha suspendido la explotación en las minas del Socorro. Deforestan y construyen socavones, contaminan  con cianuro y mercurio los ríos Pichindé y Felidia y de contera el río Cali, afectando la potabilización en el acueducto de San Antonio.

En el  Chocó la explotación de oro no ha dejado de ser atractiva, el saqueo, la deforestación y el daño a biodiversidad es inconmensurable. Como lo publicó la fundación SOS Planeta Verde, “La empresa "Colombia Hardwood" ha comenzado a tumbar árboles en Bahía Solano para exportar a China, las maderas más finas del Chocó: algarrobo, sande, cedro amargo, bálsamo, caimito, chanul y virola. Esta empresa no es cualquiera. Es dueña de REM Forest Products, del Billonario canadiense Frank Giustra, un corsario financiero que  obtuvo una licencia de aprovechamiento forestal otorgada por Codechocó en 2006 (Resolución 2293) para explotar durante 15 años más de cinco millones de metros cúbicos de madera; unos US$ 1.500 millones. Esta compañía tienen a su vez vínculos financieros con Pacific Rubiales Energy, Medoro Resources, Alange Corp, Gran Colombia Gold. Es decir, se trata de un proyecto de envergadura: madera, oro y petróleo”.

Por: Alberto Ramos Garbiras
Ex Procurador Ambiental del Valle.
Ex Miembro de la Dirección Municipal del Partido Verde, Cali.
Profesor de derecho ambiental, Universidad Libre y USC.

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10 mar 2012

El Terrorismo Renaciente


Cali se está viendo cercada por las acciones terroristas en los municipios vecinos, como en otras épocas ocurrirán actos que alteren la ciudad, pero en esta coyuntura del primer trimestre 2012, los actos se prolongaran porque cada vez más las FARC están abandonando la guerra de guerrillas (por las dificultades y altos costos que ello implica para ellos), entonces intensificarán el terrorismo porque no arriesgan grupos de hombres, y se ahorran los combates que ahora no pueden enfrentar.

Las FARC al ver fracasar los intentos de diálogos  con el Gobierno después del envío de varios mensajes, sino se abre la ventana de un proceso de paz, reactivaran el terrorismo. Trasladar otra vez la guerra a las ciudades, pero sin controlar las goteras de las capitales, ni dominar el territorio, solo para desestabilizar los grandes centros urbanos, esta puede ser la táctica de las FARC en la próxima fase de la guerra por  la debilidad que tienen y las “ventajas” que ofrece el terrorismo para hacer presencia militar ofensiva.

Cali es un puerto seco (la antesala de Buenaventura) y la capital más importante del sur donde está el otro puerto del Pacífico, Tumaco. Por los puertos se accede al mar, por esta vía se realiza el contrabando de armas y se exporta la coca, cuando no se hace vía aérea. El sur conecta con Ecuador un país “aliado” de las FARC en los últimos años. De Cali, vía Pradera, geoestratégicamente está ubicada la salida hacia el corredor militar hacia el páramo de l as Hermosas que, conecta el Valle con Tolima camino a Cundinamarca, donde está la capital del país.

La muerte de los principales cabecillas está reduciendo el mando de las FARC y su capacidad operativa. Entre más espacios pierde la guerrilla para controlar territorios rurales y cercanías a los cascos urbanos, más incurrirá en el terrorismo para hacer presencia porque esta modalidad de ataque no le exige combate, ni siquiera asaltos.

La falta de comunicaciones por las interferencias ha hecho que las FARC pierdan sincronización de sus acciones. La gonometría para detectar los mensajes y localizar los sitios le impide su uso con tranquilidad, entonces el aislamiento es mayor como si estuvieran a mitad del siglo XX.

La guerrilla en Colombia ha pasado por todas las formas de lucha: guerra de guerrillas, guerra de movimientos, guerra de posiciones, terrorismo…se ha financiado con todas las formas extralegales por ser un actividad paraestatal: con giros desde el extranjero en épocas de la guerra fría, secuestros, extorsiones, narcotráfico, etc., ha confrontado a gobiernos liberales y conservadores, a los frentenacionalistas y luego a los disfrazados de formaciones alternativas como terceras fuerzas. Las FARC es la guerrilla más vieja de América latina. Todas las condiciones con las que se explicó el origen de la guerrilla, hoy se mantienen.

Los procesos de paz mal llevados quedan mal concluidos y los actores armados desmovilizados vuelven a rearmarse. En el caso más reciente muchos patrulleros de los paramilitares se transformaron en BACRIM. La reinserción debe brindar garantías para no ser hostigados después, estigmatizados ni perseguidos, pudiéndose llegar a la normalización.

 El enfrentamiento de ejércitos es visto como algo arcaico, vetusto, sin valor efectivo. Y sin ruborizarse los generales dan partes del triunfo en las batallas, sin haber existido lucha. El terror estatal prospera en las guerras internacionales y en las internas. El terror estatal es la respuesta al terrorismo. Y esta nació por los excesos de los ejércitos estatales.
 Los aviones de la segunda guerra mundial utilizados por los estados entrelazados en la guerra dieron esa lección macabra: bombardear ciudades y destruir países, para doblegar al adversario. El terror estatal de la era del unilateralismo hace lo mismo: en las guerras preventivas y en las de aplastamiento. Las guerrillas que no han alcanzado el triunfo: aumentan el terrorismo con el mismo fin. No combatir y huir. El daño a la otra parte se busca sea total para no dejar resurgir. El cubrimiento de los medios de comunicación aumenta la espectacularidad de los hechos, mostrando solo los daños.

El problema se agrava los desplazados de la violencia no cesan y se agrega a ello los desplazados por los desastres naturales, entre ellos el invierno que también arroja gente a  las ciudades por la falta de inversión en las cuencas hidrográficas y en la protección de los jarillones, dineros que esquilman los mismos dirigentes de la clase política que reclaman más represión mientras mutilan el presupuesto público, lo cual genera inequidad social y más hambre. El último informe de Desarrollo Humano ubica a Colombia como uno de los países más inequitativos en la distribución de la riqueza.

Todos  los cálculos de Colombia para marchar hacia el  progreso se ven truncados por la no terminación del conflicto armado: la agricultura interna, las exportaciones, los cumplimientos del TLC, la ampliación de cobertura para  la educación superior, etc. No solo por las ingentes sumas de dinero para enfrentar la guerra interna sino por la desinstitucionalización que crea al tener vastas zonas rurales en guerra espantando al campesinado. La modernización institucional para acoplarse a los desarrollos dentro de UNASUR también se ve afectada porque no se puede avanzar al no aparecer el escenario del post- conflicto.

Los sucesos sangrientos del Palacio de Justicia enturbiaron cualquier continuidad dialogada. Luego las FARC sintieron truncado el proceso de paz iniciado con Belisario Betancur por el exterminio de la Unión Patriótica (UP). Las FARC no acudieron al escenario de la  Constituyente de 1991 dejando escapar una oportunidad de reinserción que al M-19 le dio frutos; y desaprovecharon el territorio del Caguán para formar un Distrito de Paz que habría podido ser gobernado por ellos, sin separación o secesión violenta, ni fractura territorial: pudieron haber logrado una reinserción de poderes locales, lo que controlaban fácticamente sobre los cinco municipios habrían podido gobernarlos con un arreglo de paz, sin burlarse del Presidente Pastrana. Durante los 8 años del uribismo no recibieron ninguna oferta, tuvieron que correrse de la guerra de posiciones que habían logrado y replegarse a las fronteras.

Por. Alberto Ramos G.  Catedrático de Ciencia Política, Universidad Santiago de Cali (USC); politólogo egresado de la Universidad Javeriana.

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1 mar 2012

Terror estatal y desapariciones

Miremos un caso ya lejano donde si se registró un comportamiento terrorista. La toma violenta de las Altas Cortes, en el Palacio de Justicia que le puso fin prácticamente al Gobierno de Belisario Betancourt, rematado con la tragedia por la avalancha de lodo que desapareció a la ciudad de Armero (Tolima). Un Gobierno que se había iniciado el 7 de agosto de 1982, y aún tenía 9 meses de mandato pendiente. El impacto fue de tal magnitud que se erosionó su credibilidad y legitimidad. También se erosionó  la imagen del grupo guerrillero M-19, y por supuesto, la imagen de la Fuerza Pública colombiana por la desproporción en el uso de las armas durante la contra toma, por el incendio del palacio, la violación del derecho de gentes, y el desaparecimiento de rehenes, la mayoría inocentes visitantes y empleados públicos que fueron ejecutados extrajudicialmente.
El M-19 actuó empleando el terrorismo y la fuerza pública desbordada actuó empleando el terror estatal: de esa combinación se produjo el holocausto. La mezcla terrorismo guerrillero y la financiación de la mafia produjo en este caso un híbrido malsano por el encargo que de deduce tenía la guerrilla para destruir los expedientes sobre la extradición, situación que venía tratándose de impedir con las amenazas al ponente Patiño Rosseli. Al iniciarse la toma del Palacio de Justicia se produjo un vacio de poder porque el Presidente dejó de ejercer la comandancia de la Fuerzas Militares dejando a los altos militares llegar al extremo producir el incendio del edificio con los rehenes adentro. No fue un golpe de estado transitorio, él lo admitió, porque creyó que la desproporcionada pretensión del M-19 de juzgarlo por incumplimientos del proceso de paz se pasaba de la raya. Aquí  las fuerzas oscuras o lo enemigos ocultos insuflaron  el ánimo de los militares para terminar de un tajo con los guerrilleros y con el proceso de paz a costa de la inmolación de civiles, inocentes y de los magistrados.

Por eso 26 años después las responsabilidades individuales continuaban en los despachos judiciales. Un proceso donde hubo múltiples investigadores y nula eficacia, desde el Tribunal Especial de Instrucción creado inicialmente, pasando por los despachos de la justicia penal militar, el juzgado 30 de Bogotá, la Comisión de Acusaciones de la Cámara, la Fiscalía, la Comisión de la verdad y los jueces sin rostro. Quedan pendientes los juzgamientos de figuras institucionales, que por acción y omisión, unos y  otros, participaron en crímenes de lesa humanidad, imprescriptibles.

El exceso en el uso de la fuerza estatal sobrepasando los límites de la reacción a un ataque, dentro o fuera del escenario de la fragancia, produce una conducta enmarcable en el terror estatal. La contratoma del palacio de Justicia, en noviembre del año 1985 fue una reacción necesaria por parte de la Fuerza Pública, pero el uso de tanques y morteros fue un exceso que llevó al incendio. Los sobrevivientes fueron sacados a la Casa del Florero, su atención era indispensable, pero la sospecha sobre la identidad y origen de algunos llevó a las doce desapariciones (creyeron que eran guerrilleros camuflados de civiles) y los eliminaron. Irma Franco y “el negro” si eran guerrilleros, los otros diez, no.

El caso de magistrado Auxiliar Carlos H. Urán fue espantoso, salió vivo, lo asesinaron, lo cremaron y luego lo introdujeron otra vez para simular muerte en el sitio. El Dr. Reyes Echandía murió por un proyectil de nueve milímetros blindado, en ésa época, de uso casi privativo de la Policía, según hipótesis de su hijo Yesid. El Dr. Nicolás Pájaro Peñaranda, sobreviviente del holocausto, fue llevado herido a un centro hospitalario de la Caja Nacional y de allí pretendieron sacarlo por la sospecha de ser guerrillero, los militares no conocían a los magistrados, por lo tanto todo tiznado y desarrapado que saliera en medio de la ofuscación era sospechoso. Estos son actos de terror estatal: el mismo Estado viola derechos humanos, elimina sin fórmula de juicio.

La condena  a 30 años del general Plazas Vega impuesta por el Tribunal Superior de Bogotá, le imposición para que el ejército pida perdón en público, la mención sobre crímenes de guerra cometidos por las tropas en la retoma, que se investigue a los ex ministros del Gobierno en ése momento, a miembros dela Policía y del DAS que hayan participado, y la invocación de intervención a la Corte Penal Internacional(CPI) para investigar al Ex Presidente Belisario Betancur, ha desatado la ira de ciertos sectores, la impavidez de parte de la población civil y los debates en las facultades de derecho. El argumento del Tribunal, además de la supuesta falta de acción de la Comisión de Acusación, es que el delito de desaparición forzada es permanente: esto es, que aunque empezó en 1985, aún hoy sigue perpetrándose porque las víctimas no aparecen. Pretender investigar a Betancur por parte de la CPI si es un desacierto porque según el Estatuto de Roma no procede por extemporáneo.

Ante esta descripción jurídica, el encartamiento jurídico de Plazas Vega lo deja en una sin salida, el comandó la operaciones de retoma y no ha podido probar la división del trabajo militar desde la salida de los sobrevivientes-rehenes-víctimas y sospechosos (tenían en ese momento cuatro calidades) que fueron llevados luego a guarniciones militares y a la Escuela de caballería. La desaparición forzada es un crimen complejo, mucho más en las condiciones de esta investigación con pruebas audiovisuales tomadas por noticieros de televisión. El tribunal Superior esgrimió la teoría de la responsabilidad mediata para poder enlazar a Plazas Vega dentro de la cadena de órdenes que llevaron a la desaparición. Es decir se produjo el resultado porque dentro del aparato institucional (Ejército) se actúo de consuno y en cadena para desaparecer y tapar el crimen. Entonces los miembros de la cadena se involucran.

El M-19 perpetró un acto de terrorismo al irrumpir violentamente en el Palacio de Justicia aquel 6 de noviembre. Amenazaron con volar el Edificio y pretendían juzgar al Presidente de la República. Los militares llegaron con una decisión parecida. Retomar el palacio con helicópteros y tanques cascabel. El derecho de gentes fue violado por ambas partes. La barbarie en los ataques ha prolongado estas investigaciones que ahora pasan a la Corte Suprema de Justicia.

Por: Alberto Ramos Garbiras.
 Profesor de Ciencia Política, Universidad Libre.
 Politólogo de la Universidad Javeriana.

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